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¿Estamos preparados?

Ultimo Domingo del Año de la Iglesia

Domingo de la Eternidad

Domingo de la Eternidad

“Así que si alguien les dice: “¡Miren, aquí está el Cristo!”; o “¡Miren, allí está!”, no le crean. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, de ser posible, incluso a los elegidos. Pero ustedes, tengan cuidado. Ya los he prevenido de todo.

»En aquellos días, después de esa gran aflicción, sucederá que el sol se oscurecerá y la luna dejará de brillar;  las estrellas caerán del cielo y los poderes celestiales se estremecerán.  Entonces verán al Hijo del Hombre venir en las nubes con gran poder y gloria,  y él enviará a sus ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, desde los extremos de la tierra hasta los extremos del cielo.

»De la higuera deben aprender esta parábola: Cuando sus ramas se ponen tiernas, y le brotan las hojas, ustedes saben que el verano ya está cerca. De la misma manera, cuando ustedes vean que todo esto sucede, sepan que la hora ya está cerca, y que está a la puerta. De cierto les digo que todo esto sucederá antes de que pase esta generación. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

»En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo. Sólo el Padre lo sabe. Pero ustedes, presten atención y manténganse atentos, porque no saben cuándo llegará el momento”.

Marcos 13:31-37

Salmo: 126

A.T.:  Is 65:17-25

Epístola: Ap 21:1-7

Este domingo nos trae otro final. Es un poco difícil percibir en éste nuestro mundo ya de gran cuño secular que, precisamente en esta fecha una etapa termina. Se trata del fin de año de la iglesia.

En este domingo queremos hablar acerca de las cosas últimas y además de las cosas eternas. La palabra último en nuestro vocabulario de todos los días no tiene una connotación muy positiva que digamos. No nos gusta ser últimos, llegar últimos, llegar al final de las cosas, porque lo último implica final y el final escasez, duda, miedos, el fin de las cosas conocidas y situarse ante lo nuevo o la nada. De allí que tenemos un dicho: “mejor malo conocido que, bueno por conocer”. Nos aferramos a lo que tenemos en la mano nos acostumbramos a la vida que llevamos, a la rutina que establecemos. Un pensador decía que ‘el hombre es un animal de costumbre’. Con el tiempo se acostumbra, se afinca, se amolda, para bien o para mal. Y cuando nos están hablando de que algo se va a terminar queremos que no sea así que pronto empiece algo nuevo porque no soportamos la pérdida, la incertidumbre. De allí que en el lenguaje de la cinematografía hasta se acuñó ese término ‘final feliz’. A las personas les gusta siempre un final feliz. ¿Tendremos nosotros un final feliz en nuestras propias vidas?

Un pariente mío no quería que su padre fuese velado. Al morir dijo: ‘-Para mí acá en el sanatorio se terminó todo. Cuanto antes lo llevemos al cementerio mejor así terminamos con todo esto’. Esas fueron las palabras de mi pariente. A partir de sus palabras y muchas veces de reacciones similares de la gente. Nos damos cuenta el miedo que hay a la muerte, al ritual cristiano que rodea a la muerte. Nos damos cuenta de una fe endeble, contagiada por muchas ideas que circulan por el mundo pero sin una base sólida con fe en las escrituras. Un miedo a afrontar el final, el sufrimiento ante el final y a fin de cuentas falta de fe y esperanza en lo que vendrá después del final.

Hoy estamos aquí, reunidos todos, en un culto en el cual recordamos a las personas fallecidas durante el años. Para las personas que mencionamos hoy, las fechas, los datos, nos damos cuenta que para esas personas realmente todo se terminó. Aunque quisiéramos construir el panteón más grande y más fuerte. El nicho más robusto o la tumba más imponente. La vida en esta tierra para estas personas terminó. La pregunta que podemos hacernos en este domingo es si nosotros sabemos que en cualquier momento nos llegará a nosotros un final.

El texto que, en especial nos acompaña en este domingo que se desprende del Evangelio de Marcos. Texto este que tiene que ver con retorno y expectación de nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué habrán esperado los cristianos de la época del Evangelio de Marcos?, un nuevo tiempo, el reino de Dios, el juicio final, la presencia misma de Dios por medio de Jesucristo…

Una buena pregunta en este domingo para cada uno de nosotros podría ser: ¿Qué esperamos nosotros al pensar en la segunda venida? Pues a partir de este domingo que es el fin, el próximo comienza un nuevo año de la iglesia y la espera de una venida.

Dos palabras claves se nos presentan a partir de la lectura de este Evangelio para este Domingo. Dos palabras que nos darán la comprensión de la sección escogida y nos ayudarán en la reflexión en este día de reposo: desconocimiento, y preparación.

Cuando hablamos de desconocimiento pensamos en que cada uno de nosotros ignoramos cuáles son los planes de Dios aún para el día de mañana. Desconocimiento en el sentido que muchas veces creemos que tenemos el control absoluto sobre nuestras vidas. Planeamos nuestra vida, con estudios, proyectos de trabajo especiales, distintas formaciones, metas a largo plazo. Aún existen muchos cristianos que, llegan a preocuparse por su futuro y sus planes diversos no pudiendo siquiera vivir su vida con contentamiento. Desconocimiento pues no sabemos qué, será de nuestra vida mañana, y desconocimiento pues no sabemos siquiera cuándo vendrá el Señor.

Cuando hablamos de preparación, esto implica preguntarnos si de veras estamos preparados ante el encuentro cara a cara con el Señor Jesucristo que, vendrá a juzgar a los vivos y los muertos como confesamos dominicalmente en nuestro Credo. ¿Hay o hubo un momento diario en nuestras vidas donde tenemos en cuenta esta perspectiva? Seguramente que, esto sea difícil, pues anhelamos la vida, amamos vivir, trabajar, planear y aún hasta gozar de esta tierra que Dios nos regaló, pero sin perder esta perspectiva y que, no debe ponernos ansiosos sino sólo expectantes.

No sabemos cuándo será el fin del mundo, la segunda venida de Jesucristo, aunque haya muchas sectas y agoreros hayan querido predecirlo, ni aún los ángeles del cielo saben cuándo será. A partir de la Biblia sabemos que cada día que pasa más cerca está el fin.

La pregunta más importante que podemos hacernos hoy, es, si estamos preparados. ¿Qué significa estar preparados? Es más simple de lo que puedas imaginar. La respuesta corta es que debes recibir a Jesucristo como tu Salvador y creer en él como el Señor, es decir quien dirige tu vida por medio de su palabra la Biblia. Estar listos para esa venida no es más que ser cristianos verdaderos y coherentes. No exige a nadie que deje de ocuparse de sus asuntos cotidianos. Que deje de proyectar de soñar y de trabajar. No hace falta que el granjero abandone su granja, ni el vendedor su mostrador, ni el doctor a sus pacientes, ni el carpintero su martillo y sus clavos, ni el albañil su mortero y su paleta, ni el herrero su forja. Lo mejor que pueden hacer todos y cada uno de ellos es ser hallados cumpliendo con su deber, pero cumpliéndolo como cristianos, y con un corazón preparado y listo para irse.

- Lo verdaderamente triste es vivir como si nunca fuese a llegar el momento de dar cuenta a Dios de todos nuestros actos, porque, aunque a uno no le toque ser testigo del final de este mundo, le llegará el momento de la muerte, y comparecerá ante el tribunal de Dios.

Además, el Juicio final es una realidad consoladora para quien ha vivido como cristiano. En unos tiempos donde tanta gente inocente padece las consecuencias de una crisis que no ha provocado, sufre la prepotencia de los poderosos, los más débiles se sienten indefensos ante los atropellos de leyes injustas y se ven recortadas libertades por ideologías totalitarias, parecería que el mal es lo que verdaderamente triunfa.

Que llegue el momento en que un Juez juzgue según la verdad y haga verdadera justicia, no es algo que pueda ser temido por quien ha vivido como cristiano. Dios deja una medida grande –super grande según nuestra impresión– de libertad al mal y a los malos; pero, no obstante, la historia no se le va de las manos. El mal no tendrá la última palabra.

Ojalá podamos regresar hoy a nuestros hogares sabiendo qué significa estar preparados. Y aceptar esa invitación.

El Último Domingo nos recuerda que pronto en un día vendrá nuestro último día en la tierra. Y el Señor y se presentará delante de todo el mundo. La fe nos fortalece hacia el encuentro con ese día crucial de la salvación del Señor que pronto viene.

Amén.

Un mundo nuevo

Ultimo Domingo del Año de la Iglesia

Ultimo Domingo del Año de la Iglesia

“¡Fíjense bien! ¡Ya estoy creando nuevos cielos y nueva tierra! De los primeros, nadie volverá a acordarse, ni los traerá más a la memoria. Al contrario, ustedes se alegrarán y regocijarán siempre en lo que voy a crear. Estoy por crear una Jerusalén alegre y un pueblo gozoso. Yo me alegraré con Jerusalén; me gozaré con mi pueblo, y nunca más volverán a oírse en ella voces de llanto ni de clamor”[…] “No trabajarán en vano, ni darán a luz hijos que estén bajo maldición, porque ellos y sus descendientes son un linaje bendecido por el Señor. Antes de que me pidan ayuda, yo les responderé; no habrán terminado de hablar cuando ya los habré escuchado. El lobo y el cordero descansarán juntos, el león comerá paja como el buey, y la serpiente se alimentará con el polvo de la tierra. En todo mi santo monte no habrá aflicción ni nadie hará daño a nadie. Yo, el Señor, lo he dicho».

Isaías 65:17-19.23-25

Salmo 126

Ap 21:1-7

Mt 25:1-13

Hay tres enormes puertas que conducen a la catedral de Milán. En una de las puertas hay una inscripción en mármol debajo de un bonito bouquet  de flores que dice: “Las cosas que gustan son temporarias”. En la segunda puerta hay una cruz con una inscripción : “Las cosas que nos molestan son temporarias”. Sin embargo, en la puerta central, hay una gran inscripción que dice: “Las cosas eternas son las más importantes”.

Hoy es el último domingo del año de la iglesia. Un nuevo año de la iglesia comienza el próximo domingo con el primer domingo de Adviento. Uno de los temas para este domingo es la eternidad. La palabra eternidad significa: Infinitud sin principio, sucesión ni fin. Por lo tanto, si es también algo que no tiene principio, quiere decir que ya ha comenzado. No existe sólo a futuro. Ya es un hecho, ya está aquí. La pregunta es: ¿qué es lo que ya ha comenzado?. Nosotros los cristianos creemos que, lo que ya ha comenzado es el reino de Dios. Y por medio de la venida de Jesucristo a este mundo, tenemos la oportunidad de participar, de vivir en él.

Muchos piensan en la eternidad como algo a futuro. Algo que, está más allá de nuestra comprensión, algo que no existe en el aquí y ahora. Es verdad, quizás no sea un tema tan interesante para mucha gente. Hay mucha gente que quiere vivir su vida ahora. Especialmente los jóvenes. Cuando hay salud, juventud, hay ganas de vivir y de trabajar y de hacer cosas. No hay tiempo para pensar en las cosas más allá de esta vida. Sin embargo, cuando los problemas vienen, queremos que alguien o algo nos ayude. Inmediatamente nos acordamos de Dios. Cuando vienen los problemas de salud o la vejez, tal vez comenzamos a pensar que, nuestra vida en esta tierra tarde o temprano se terminará. Entonces allí encontramos tres posturas en la gente. Primero, no me importa nada. Cuando llegue la muerte lo aceptaré y después de ella quizás me encarne en un gato o un caballo como piensan algunas religiones. No tienen conciencia, ni les interesa lo que vendrá. Son personas que, no creen en nada y lógicamente menos en Dios. Y la segunda postura es: tengo que prepararme ahora sí para el encuentro con Dios. Con ese Dios que, sí creo, aunque no me interesé durante la mayor parte de mi vida. Y la tercera postura, es la de aquellos que, siguen viviendo tranquilos su vida como siempre confiando cada día en la providencia de Dios y preparados para el encuentro con Dios, cuando ello  suceda.

¿Nosotros, en cuáles de las tres posturas nos encontramos?

Para los que creemos en Dios, la Biblia nos dice que, al final de los tiempos, inclusive más allá de nuestra propia vida: “¡Ya estoy creando nuevos cielos y nueva tierra!” Dios tiene preparado algo especial para los que creen en él y ansían llevar una vida entera según los mandatos de Dios. Es tan especial y prometedor que, ninguna palabra humana alcanzaría para describir la grandeza de ese nuevo hogar que Dios nos tiene preparado:

“Ustedes se alegrarán y regocijarán siempre en lo que voy a crear”.

No importa la edad que tengas, si eres joven, y estás disfrutando de esta vida y de tu fuerza y de tu juventud y de que quizás piensas que no necesitas a Dios. Con el tiempo, si de veras crees vendrás de rodillas ante Dios por ayuda. Y si tienes más edad, y ya empezaste con problemas de salud o debilidades, seguramente te estás aferrando más a Dios. Independientemente de la edad que tengas y de si crees o no en Dios hay algo que en este domingo queremos decir y que es muy importante: Este mundo como lo ves, aunque lo veas lindo, tiene un final para ti. La vida que Dios nos ofrece, por el contrario es eterna. No tiene ni principio ni fin. Y no sólo es eterna, sino que es maravillosa. “Estoy por crear una Jerusalén alegre y un pueblo gozoso”. Alegría y gozo. Dos palabras raras en la realidad de nuestros días o por lo menos la realidad de lo que los medios de comunicación nos quieren pintar. Sin embargo, para el cristiano, estas palabras comienzan a ser ‘realidad’ de todos los días en el momento que comienza a creer en él y a depositar su vida en las manos de Dios. Y esa es la realidad del cristiano que, se fundamenta en la providencia de Dios. De alguna manera esa ‘vida eterna’, comienza ya a manifestarse en la vida de las personas que creen y aman a Dios.

¿Sabías que la vida  que nos queda se puede calcular? Eso es lo que creen los especuladores. Las agencias de seguro, para ganar dinero y no perderlo, han efectuado un cálculo por medio de una fórmula matemática. Lo que se llama cálculo de la esperanza o expectativa de vida. ¿Quieres saber cuánto te queda de vida? Según el país del mundo donde estés viviendo podrás hacer el siguiente cálculo: En nuestro país, la expectativa media de vida es de 80 años. Si tienes más de 80 años entonces estás viviendo años de regalo. Si todavía no los tienes, entonces debes restar 80 menos la edad que tengas ahora. A ese resultado, debes quitarle un 33%. Según los especuladores, esa es la edad que te queda por vivir. Según Dios, pueden ser aún más o menos años. Lo más importante es tener en cuenta que, en algún momento, tu vida en esta tierra se va a terminar. Eso es un hecho. ¿Estás de acuerdo con ello? Pienso que, tanto ateos como cristianos están de acuerdo con ello. ¿La pregunta podría ser ahora, cómo te gustaría vivir la eternidad? Encarnado en un sapo como dicen algunas religiones. Flotando en la nada como dicen los ateos. O disfrutando de una vida eterna, plena, bendecida como dice la lectura para el día de hoy: “Yo me alegraré con Jerusalén; me gozaré con mi pueblo, y nunca más volverán a oírse en ella voces de llanto ni de clamor”.

Nunca más sufrimiento, nunca más dolor, nunca más problemas de salud. Nunca más problemas económicos. Nunca más preocupaciones; nunca más injusticias; nunca más llanto, nunca más tragedias; nunca más guerras; nunca más hambre; nunca más sangre derramada; nunca más envidias, ni odios, nunca más discriminación, nunca más odios, nunca más muerte. Pero sí vida, esperanza, alegría, gozo, oportunidades, amistad, fe, confianza vida interminable y que todo por lo cual trabajamos conservarlo por siempre.

Qué tipo de vida, te gustaría vivir más allá de estos, relativamente, pocos años de vida que te quedan? Yo me inclino por depositar toda mi esperanza en mi salvador. Me inclino por predicar que, mi salvador superó la muerte, resucitó, está vivo, bendiciéndome ahora, fortaleciéndome con su Espíritu Santo y acompañándome con victoria en esta vida sobre la tierra que, también puede ser hermosa, pero por sobre todas las cosas preparándome ya ahora para vivir en la eternidad con él. El cielo, yo no lo conozco, pero según la palabra de Dios, en la cual he decidido creer, me dice que: “ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor”… y no entrará en ella nada que sea impuro, o detestable, o falso, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero (Ap 21:27).

Yo deseo estar inscrito en ese libro. Para ello Dios me pide fe en su Palabra y entrega a él. No te limites con vivir una vida de escasez, años de sacrificio en esta tierra sin la posibilidad de ver tu vida acompañada eternamente por Dios.

En el momento que, decides poner tu confianza y tu esperanza en Dios, el reino de Dios, el comienzo de esa vida eterna comienza ya a manifestarse en esta vida. Quieres ya, a partir de ahora comenzar a degustar de lo que tiene Dios provisto para ti? Tan sólo dile en esta mañana a Dios: “Señor, ayúdame a confiar en ti. Ayúdame a sentir que, sólo tú eres Dios y que las promesas de tu palabra fueron, son y serán realidad para mi vida. Ayúdame a recibir ya hoy esa seguridad. Por tu Hijo Jesucristo, quien dio su vida para que yo pueda disfrutar de esa vida que no tendrá fin ya ahora. Amén”

Enzo Pellini©

Domingo de la Eternidad

¿Qué obituario escribirá Dios de mí? 

Ultimo DOmingo del año de la iglesia

Ultimo Domingo del Año de la Iglesia

“Domingo de la Eternidad- Consuelo en la vida y en la muerte”

 

“Respondió el Señor:

—¿Dónde se halla un mayordomo fiel y prudente a quien su señor deja encargado de los siervos para repartirles la comida a su debido tiempo? Dichoso el siervo cuyo señor, al regresar, lo encuentra cumpliendo con su deber. Les aseguro que lo pondrá a cargo de todos sus bienes. Pero ¡qué tal si ese siervo se pone a pensar: “Mi señor tarda en volver” , y luego comienza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y emborracharse! El señor de ese siervo volverá el día en que el siervo menos lo espere y a la hora menos pensada. Entonces lo castigará severamente y le impondrá la condena que reciben los incrédulos.

»El siervo que conoce la voluntad de su señor, y no se prepara para cumplirla, recibirá muchos golpes. En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más”.

Lucas 12:42-48 (NVI)

 

 

A algunos cristianos les da igual el cuándo vendrá otra vez Jesús. Viven contentos en este mundo y ansían quizás con tranquilidad que, el día del juicio final no venga tan pronto. Otros, sin embargo, anhelan el cielo, desean quizás dejar atrás una vida llena de enfermedades y lamentos. Los primeros cristianos estaban convencidos que Cristo retornaría en un tiempo inmediato. Algunos de ellos hasta dejaron sus oficios y vendieron todas sus propiedades, porque pensaban que, no necesitarían ya más de todas las cosas materiales. Ahora está “pronta espera” se ha diluido; luego de dos mil años todavía no ha venido Jesús. Que el vendrá “pronto” ya no se puede afirmar más en términos humanos del tiempo, sólo según la medida del tiempo de Dios, donde mil años son como un día (Sal 90:4). O también se podría afirmar que, cada persona luego de morir está a un paso del día del juicio final.

También es el caso que: para algunos cristianos el tiempo sobre la tierra parece ser bastante prolongado, más que nada cuando se trata de mantenerse con fe y esperanza en el Señor Jesucristo.  Durante toda la vida cristiana hay muchas influencias que ambicionan llegar a destruir la fe inocente y sembrar  dudas. Jesús sabía esto desde el comienzo, pues él lo había visto de antemano. Y es por esta razón que, narra la parábola del mayordomo fiel y del mayordomo necio. El termina la historia con la exhortación: “El señor de ese siervo volverá el día en que el siervo menos lo espere y a la hora menos pensada”.

 

Hoy estamos participando del último domingo del año de la iglesia, según la tradición litúrgica de muchas iglesias cristianas. El próximo domingo será el primer domingo del Adviento, comienzo de un nuevo ciclo en el año eclesial. Durante este domingo, también llamado “Domingo de la eternidad” queremos ocuparnos de hablar de las cosas últimas, concretamente de los últimos tiempos que, según la Biblia, tendrán lugar cuando Dios lo disponga.

Cuando comenzamos a hablar acerca de las cosas últimas, lo primero que nos viene a la mente es la muerte, en especial nuestra propia muerte. ¿Quién no ha pensado alguna vez en su propia muerte? Y conforme los años pasan y vamos envejeciendo, y vemos a nuestro lado seres queridos que nos van dejando, más nos vamos haciendo la idea que, la muerte es algo real y que no le sucede a los demás sino que también puede sucederme a mí en cualquier momento. ¿Qué pensamos acerca de nuestro propio fin? ¿Qué sucederá con mi vida? ¿Tenemos miedo, quizás, de morir? ¿Tenemos miedo de dejar este mundo o de dejar a nuestros seres queridos? ¿Tenemos miedo de encontrarnos con Dios?

 

Es posible vivir la vida como una ilusión. Piensas que eres amable, considerado y de ánimo alegre cuando en realidad no lo eres. Piensas que estás haciendo las cosas bien para tus hijos cuando en realidad, luego de veinte años te encuentras que no lo estuviste haciendo. ¿Qué pasaría si pudieses leer tu propio obituario? ¿Cómo te vería en verdad la gente? Aquí está la historia de un hombre que lo pudo hacer: “Una mañana de 1888 Alfred Nobel, el inventor de la dinamita, se despertó leyendo su propio obituario. El obituario fue impreso como resultado de un simple error periodístico. En realidad el hermano de Alfred había muerto y el periodista informó descuidadamente la muerte del hermano equivocado. Cualquier persona se hubiese sentido chocado por la circunstancia, pero para Alfred fue más que turbador debido a que se vio a sí mismo como el mundo en realidad lo veía. El “rey de la dinamita”, el gran industrialista que había amasado una inmensa fortuna gracias a  los explosivos. En estas frases se resumía la vida entera de Alfred. Ninguna de sus verdaderas intenciones de derribar las barreras que separaban a la humanidad para que la paz fuese reconocida o se tenga seriamente en consideración. El fue visto simplemente como un mercader de la muerte. Y sólo por eso sería recordado. Cuando leyó su obituario con horror, resolvió dejar claro al mundo el verdadero significado y propósito de su vida. Eso lo logró al disponer acerca del destino de su fortuna. Su última voluntad y testamento—una fundación de cinco premios anuales para contribuciones sobresalientes en física, fisiología o medicina, literatura y paz (la sexta categoría de economía fue añadida más adelante) –sería la expresión de los ideales de su vida y finalmente sería por lo cual sería él recordado. El resultado fue la entrega de premios más cara jamás dada a aquellos que habían demostrado haber hecho lo mejor posible para la causa de la paz mundial. Hoy es llamado el premio nobel de la paz”

 

A veces pensar lo que la gente escribiría en tu obituario, es bueno para saber cómo estás viviendo tu vida ahora. ¿La estás viviendo para Dios o la estás viviendo para las cosas que sólo son importantes para el mundo?

 

¿Cuál es nuestra postura cuando pensamos que Jesús vendrá pronto? Cuál es nuestro comportamiento actual pensando que Jesús puede venir en cualquier momento? Aunque muramos antes de que Jesús venga, cuál piensas va a ser la opinión de Jesús sobre tu vida, cuando él te despierte?

 

Hay muchas personas que, si bien dicen creer en Dios, no se ocupan de las cosas que Dios considera importantes. Y viven a su manera. Ponen su importancia en las cuestiones materiales solamente, descuidando las cosas que Dios quiere que cuides:

Si llevas adelante una carrera exitosa pero un hogar arruinado, todo fue en vano. Has perdido el hogar en el proceso de construir la casa.

Algunos ganan para el hogar, pero no ganan en el hogar. Algunos ganan en la vida pero no ganan para la vida.

Son buenos para las profesiones pero no pueden mantener una relación afectiva o llegan hasta olvidarse de Dios en el proceso. Buscan satisfacer sus necesidades materiales para toda la vida pero se olvidan de construir una relación perdurable con Dios.

En este día, queremos pensar acerca de las cosas últimas. Pero no con temor, con tristeza, con solemnidad o con espíritu lúgubre. Sino que, queremos pensar que Dios nos regala hermosos años para ser vividos. Dios quiere que disfrutemos de esta vida que él nos da. Quiere que disfrutemos de cada uno de los regalos materiales que él nos permite alcanzar. Quiere que disfrutemos y cuidemos de nuestras familias, pero por sobre todas las cosas, quiere que cuidemos de su iglesia, de su Palabra y de respetarlo a él. Si ponemos a Dios en el primer lugar de nuestras vidas, no sólo él nos va a cuidar y a darnos todas las demás cosas que ansiamos, sino que también nos va a ver como mayordomos fieles que, no le tenemos miedo a él, sino amor y nos va a conceder la vida eterna.

¿Qué te gustaría que figure el día de mañana en tu obituario de Dios? ¿Cómo te verá Dios cuando partas a su presencia? Te verá como un mayordomo fiel o como un mayordomo necio?

 

Esta parábola, no se refiere sólo a cuestiones materiales o de dinero. Esta parábola está hablando de qué lugar es el que ocupa Dios en tu vida. Dónde lo pones a Dios en el horario, en la agenda de tu vida.  Poner a Dios en primer lugar o ser un mayordomo fiel significa en primer término que pese a  cualquier circunstancia de la vida, yo me mantengo fiel a su palabra y a sus promesas. Ser un mayordomo fiel significa que creo en Dios, en su palabra la Biblia, que lo he aceptado como Dios, Señor y Salvador de mi vida. Ser un mayordomo fiel significa que, luego de esta vida él vendrá a buscarme y a llevarme con él donde él vive y recibiré la recompensa por haber creído en él y en su Palabra. Ser un mayordomo fiel significa que, vivo mi vida pensando en positivo, tratando de amar a mi prójimo quienes son: yo mismo, mi familia, mis parientes, mi iglesia, mi comunidad, cualquier persona con la cual me encuentre.

Ser un mayordomo fiel significa que, quiero mantenerme en contacto con Dios, por medio de mi participación activa en una iglesia, por medio de la oración y la lectura de la Biblia y algo muy importante: en poder tener un estado de ánimo alegre y feliz pues confío y creo en las promesas de asistencia de Dios.

Si pierdo todo esto y comienzo a pensar en cualquier cosa menos en Dios, estoy comenzando a ser necio e infiel con Dios.

A nadie se le obliga ser cristiano. Tú puedes creer en lo que quieras. Pero sólo hay uno que es bueno que, tiene la verdad y que cumple su Palabra, ese es nuestro Señor Jesucristo, por qué no pruebas vivir tu vida según Cristo, no sólo te sorprenderás maravillosamente en esta vida, sino que al final de los tiempos recibirás una recompensa sin igual! En este último Domingo del año de la iglesia, no queremos hablar de la muerte sino de la vida. ¿Quieres vivir una vida llena de vida? Quieres volver a tener una vida verdadera y eterna más allá de esta? Acércate a Dios, y recíbelo como tu Señor y el cambiará aquellas cosas que puedan estar hoy vacías en tu propia vida. Amen

 

Salmo: 126

A.T.: Is 65:17-25

Ap. 21:1-7

 

 

 

 

 

El Ultimo Domingo del Año de la Iglesia puede ser interpretado de dos maneras: o como Domingo de la Eternidad o Día de recordación de los que han fallecido en Cristo (Domingo de los Difuntos). Como Domingo de la Eternidad las lecturas correspondientes apuntan hacia el futuro que, se encuentra más allá de nuestra imaginación. Es por ello importante que experimentemos y vivamos este maravilloso futuro no sólo como pura realidad espiritual. Pues por medio de Jesucristo ha entrado la eternidad a nuestra vida y puede ser asequible ya en nuestra realidad cotidiana.

 

En el Ultimo Domingo del Año de la Iglesia escucharemos acerca de la Jerusalén celestial, la ciudad eterna que, se nos promete como morada futura. La espera nos parece larga, pero para Dios mil años son como un día y por voluntad de su creación nos otorga aún el tiempo necesario para el arrepentimiento. Por ello nos alegramos por la ciudad prometida y esperamos pacientes en el conocimiento que el día del Señor llegará en cualquier momento.

 

 

 

 

 

 

 

Ultimo Domingo del Año Eclesial

“Domingo de la Eternidad- Consuelo en la vida y en la muerte”

»El reino de los cielos será entonces como diez jóvenes solteras que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes. Las insensatas llevaron sus lámparas, pero no se abastecieron de aceite. En cambio, las prudentes llevaron vasijas de aceite junto con sus lámparas. Y como el novio tardaba en llegar, a todas les dio sueño y se durmieron. A medianoche se oyó un grito: “¡Ahí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!”  Entonces todas las jóvenes se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. Las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando.”  ”No —respondieron éstas—, porque así no va a alcanzar ni para nosotras ni para ustedes. Es mejor que vayan a los que venden aceite, y compren para ustedes mismas.”  Pero mientras iban a comprar el aceite llegó el novio, y las jóvenes que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas. Y se cerró la puerta. Después llegaron también las otras. “¡Señor! ¡Señor! —suplicaban—. ¡Ábrenos la puerta!”  ”¡No, no las conozco!” , respondió él.

»Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora”.

Mateo 25:1-13 (Predicación)

„Esperad que el novio viene“,  (así hemos cantado recién). El himno habla sobre la venida de Cristo. La parábola de las diez vírgenes que Jesús contó, dice exactamente lo contrario: El novio se atrasa, se hace esperar demasiado. Y ahí estamos frente a un problema que, siempre ha preocupado a la cristiandad: ¿Cuándo vendrá de nuevo y se hará visible, el Señor Jesucristo y nos llevará al cielo?

A algunos cristianos les da igual cuándo vendrá otra vez Jesús. Viven contentos en este mundo y ansían quizás con tranquilidad que, el día del juicio final no venga tan pronto. Otros, sin embargo, anhelan el cielo, desean quizás dejar atrás una vida llena de enfermedades y lamentos. Los primeros cristianos estaban convencidos que Cristo retornaría en un tiempo inmediato. Algunos de ellos hasta dejaron sus oficios y vendieron todas sus propiedades, porque pensaban que, no necesitarían ya más de todas las cosas materiales. Ahora está “pronta espera” se ha diluido; luego de dos mil años todavía no ha venido Jesús. Que el vendrá “pronto” ya no se puede afirmar más en términos humanos del tiempo, sólo según la medida del tiempo de Dios, donde mil años son como un día (Sal 90:4). O también se podría afirmar que, cada persona luego de morir está a un paso del día del juicio final; ningún cristiano deberá vivir todos los 2000 años de la historia de la iglesia de forma personal, sólo una pequeña parte de ella.

También es el caso que: para algunos cristianos el tiempo sobre la tierra parece ser bastante prolongado, más que nada cuando se trata de mantenerse con fe y esperanza en el Señor Jesucristo.  Durante toda la vida cristiana hay muchas influencias que ambicionan llegar a destruir la fe inocente y sembrar  dudas. Jesús sabía esto desde el comienzo, pues él lo había visto de antemano. Y es por esta razón que, narra la parábola de las diez vírgenes y el novio que, se hace esperar de forma tan ‘inesperada’. El termina la historia con la exhortación: „¡Por tanto, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora!“

Para poder comprender la historia tenemos que comprender las antiguas tradiciones sobre los festejos de casamiento. Antiguamente los casamientos eran completamente distintos a los de hoy en día. Antaño una boda era la ocasión para que dos grandes familias pudiesen entablar una alianza. Además la boda era al mismo tiempo la mudanza festiva de la novia de casa de sus padres a la casa del novio y con su gran familia. Esto es así incluso hoy en nuestros tiempos en culturas como en Africa o Asia que, han perdurado en lo primitivo: La fiesta tradicional de casamiento comienza cuando el novio con sus amigos y otros parientes van donde vive la novia para buscarla. La primera parte de la boda tiene lugar con la novia y la segunda parte con el novio. Antes que el novio se encuentre con la novia, esta se viste y se adorna con hermosura. Sus amigas y otras muchachas le hacen compañía; estas son las „ vírgenes“ o también llamadas „celestinas“. Teniendo en cuenta que las muchachas por aquel tiempo se casaban bien jóvenes, podemos llegar a imaginarnos un grupo de ruidosas y contentas adolescentes. Están muy alegres ante el inminente acontecimiento de la fiesta.  Pero primero hay que esperar al novio y su séquito. El viene pronto. En el caso de la parábola que Jesús cuenta, se encuentra recién a medianoche con la novia. ¿No es esto raro? ¿No es descortés? ¿Por qué no se ha planeado mejor toda la boda?

Estas preguntas son quizás propias de la cultura moderna. Cuando pensamos también en bodas en algunas regiones de América Latina, me viene a la mente que a veces esto no es tan diferente. Algunas fiestas de casamiento, donde he participado, a veces empiezan hasta dos horas más tarde de lo planeado. Uno podría dar varios motivos de por qué es así; pero a los invitados les da casi igual. Sí, normalmente la espera no les molesta. Están reunidos, hay un ambiente festivo, hay alegría por la fiesta que va a comenzar, se encuentran entre parientes y conocidos y se puede charlar. Quizás hasta Jesús y sus discípulos lo hayan visto de la misma manera y fuera normal que el novio se retrase de esa manera al encuentro con la novia. A la novia y sus damas de compañía tampoco les importaba. La alegría previa es una linda alegría y si se extiende mejor.

Pero las casamenteras decidieron después de haber esperado bastante, descansar del cortejo nupcial. Ya anochecía; no se preveía que hubiera luz de luna esa noche; no había linternas a batería en esa época; tenían antorchas para alumbrarse en la noche: pequeñas lámparas de aceite montadas sobre varas. Las muchachas formaban un desfile de lámparas. Cinco de las diez adolescentes eran sabias y precavidas y sabían que un cortejo nupcial podía demorar mucho, incluso hasta horas. Puesto que en pequeñas lámparas no entraba tanta aceite, tomaron vasijas de reserva de aceite por las dudas. Las otras cinco que no eran tan sabias y precavidas contaban sólo con sus antorchas. ¿Por qué no las aconsejaron a las demás?. Sí, seguro que les habrán aconsejado. Pero ese consejo puede haber sonado como innecesario y hasta pesimista: “¡Pero, si no va a durar tanto!”. Ahora nosotros sabemos que duró bastante hasta la medianoche. Tanto duró que las alegres adolescentes se tranquilizaron dejaron sus antorchas clavadas en la arena y se sentaron al costado del camino y se durmieron. Y al rato llegaron los mensajeros del novio gritando: “¡Despiértense dormilonas! ¡Vamos! Ya viene el novio! ¿No desean ir con él? Las muchachas se despertaron y se dieron cuenta que el aceite de sus lámparas estaba casi agotado, los pabilos apenas si alumbraban. Rápidamente las cinco sabias rellenaron sus lámparas con la reserva que llevaban. Para las demás no alcanzaba. Deberían ver de dónde conseguir más aceite. Las sabias se agruparon bailando y contentas se unieron al cortejo del novio hacia su casa. Luego la puerta se cerró y la fiesta comenzó. Las otras cinco se perdieron la alegría, llegaron demasiado tarde y ya estaba cerrado con llave. Quien llega tarde se pierde la vida.

Cuando leemos la parábola de las diez vírgenes, conociendo el trasfondo de la antigua tradición nupcial, podremos comprobar fácilmente lo que Jesús quería decir. El nos dice: ¡No se asombren que el día del juicio final venga más tarde de lo que imaginaban! Prepárense a esperar más, estén preparados para eso!. Disfruten de su prolongada comunión, disfruten de la alegría previa, espérenme! ¡Ya voy a volver!

Y más adelante nos dice – y esto es más importante aún- Manténganse despiertos (o: “velad” en otras versiones bíblicas) y esto significa en el idioma figurado de la Biblia: ¡Manténganse con fe! ¡Hagan que su fe siga alumbrando! Sean en este sentido sabios y previsores- su fe no debe ser como el fuego producido por la paja, sino una brasa duradera que se mantenga encendida hasta el final de sus días.  Mantengan su luz de la fe encendida, y no se vanaglorien que esto sea gracias a la buena voluntad de ustedes. La fe no es cuestión de buena voluntad, sino que la fe es un regalo del Espíritu Santo. La luz de la fe puede mantenerse encendida sólo cuando el Espíritu Santo le proporciona combustible, el aceite de la fe, en las proporciones necesarias. Este aceite de la fe no es otra cosa que el Evangelio de Jesucristo, su buena noticia. Cuando escuchamos sobre su amor, acerca de su sacrificio en la cruz, de su resurrección y de su señorío real, allí se enciende otra vez la fe. Una y otra vez debemos rellenarnos, debemos una y otra vez escuchar esto. La luz de la fe también proporciona combustible, cuando confesamos nuestros pecados delante de Dios y él nos perdona, cuando recibimos en la Santa Cena el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Un cristiano actúa de forma sabia y previsora cuando se acostumbra a llenar su lámpara de la fe con aceite nuevo, los domingos en los cultos, como así también por medio de sus devocionales diarios. Conozco suficientes ejemplos de cristianos no sabios que, no necesitan de mantener su fe con combustible, sino que dicen: “Yo tengo mi propia fe” y cuando les pregunto qué tipo de fe es esa, no saben que contestar o me topo con cosas raras. Cuidémonos de procurarnos el aceite de la fe de Dios para que nuestra luz de fe pueda alumbrar y sigamos viviendo en la magnífica alegría previa a la fiesta nupcial de Dios que tendrá lugar en el cielo. Amen

Salmo: 126

A.T.: Is 65:17-25

Ap. 21:1-7

El Ultimo Domingo del Año de la Iglesia puede ser interpretado de dos maneras: o como Domingo de la Eternidad o Día de recordación de los que han fallecido en Cristo (Domingo de los Difuntos). No es admisible una combinación de ambos. Por lo menos eso es lo acostumbrado en las iglesias de la Reforma.

Como Domingo de la Eternidad las lecturas correspondientes apuntan hacia el futuro que, se encuentra más allá de nuestra imaginación. Es por ello importante que experimentemos y vivamos este maravilloso futuro no sólo como pura realidad espiritual. Pues por medio de Jesucristo ha entrado la eternidad a nuestra vida y puede ser asequible ya en nuestra realidad cotidiana.

En el Ultimo Domingo del Año de la Iglesia escucharemos acerca de la Jerusalén celestial, la ciudad eterna que, se nos promete como morada futura. La espera nos parece larga, pero para Dios mil años son como un día y por voluntad de su creación nos otorga aún el tiempo necesario para el arrepentimiento. Por ello nos alegramos por la ciudad prometida y esperamos pacientes en el conocimiento que el día del Señor llegará en cualquier momento.