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“La sanidad del cuerpo y del alma”

19º Domingo después de Trinidad

“¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. ¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará. Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz”.

Santiago 5:13-16 (NVI)

 

Salmo: 32:1-11

AT: Ex 34:4-10

Evangelio: Mc 2:1-12

 

La epístola de Santiago se centra más que nada en mostrar el verdadero comportamiento cristiano, es decir el llamado cristianismo en la práctica. También es así en el versículo para este día: el apóstol nos da de forma bien simple una clara indicación. Así escribe: “¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas” En lugar de alabanzas, podríamos decir ‘salmos’ como algunas otras versiones bíblicas o también ‘himnario’ o ‘cancionero’, pues la palabra griega para “psalmos” significa simplemente “canción”.

Uno le podría decir: Estimado Santiago: ¡Se sobre entiende!  Está bien claro que, nosotros como cristianos tenemos que llevar todo a Dios en oración: durante los tiempos de sufrimiento suplicamos por asistencia y ayuda, y en épocas de alegría agradecemos y cantamos alabanzas. Está bien claro, Santiago. Pero no es tan entendible para todos los cristianos, lamentablemente. Y porque Santiago sabía de esto y porque Dios lo sabe, es por eso que se nos lo pide expresamente en la palabra de Dios, en la carta de Santiago. No se da por sentado, lamentablemente que la oración sea una necesidad de todos los cristianos para cualquier estado de ánimo. A menudo hay una gran pereza y cansancio en la vida de oración y a esto yo mismo lo conozco. Y si no sería porque en la Biblia se nos exhorta tanto a mantenerse firmemente en la oración, para muchos desaparecería la oración cotidiana. Pues el diablo intenta lograr por medio de toda una serie de objeciones y excusas que nuestra oración no se lleve a cabo.

 

Cuando estamos enfermos o tenemos que sufrir por circunstancias diversas, allí surge una refutación: “Orar no ayuda, tienes que ponerte en movimiento! Tienes que proporcionar y organizarte tú mismo la ayuda, para que Dios pueda ayudarte!” Escuchamos de todas partes: ¡tienes que tomar los problemas por el asta, y sólo lo lograrás cuando lo hagas con firmeza!

Hay quienes creen también que, por medio de los especialistas adecuados todos los problemas se pueden solucionar; hay que encontrar sólo el médico competente para la enfermedad correspondiente y ese es el que encontrará la solución. O hay quienes piensan que, por medio de su buen ánimo y fuerte predisposición podrá despejar todos sus problemas y que con el tiempo todo se cura. La palabra de Dios dice por el contrario: “¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore”. Orar a Dios, pidiéndole ayuda y confiar en él, pues al fin y al cabo toda la ayuda terminará viniendo de él, no importa por dónde venga: a través de nuevas fuerzas que, nos regale, o por medio de la intervención de personas o especialistas o por medio de paciencia.

Otra objeción que, ponen muchas personas que están sufriendo es: “Estoy enojado con Dios; me abandonó, es por eso que ya no le oro más” Una respuesta peligrosa. La Biblia llama a este mal humor un “corazón endurecido” Quien se haya alejado de esa forma de Dios, se alejará también de poder vivir una buena vida. Aunque no lo entiendas a Dios, aunque estés sufriendo en la vida, será siempre mejor, clamar a Dios en oración o quejarte ante él que darle la espalda.

Hay otras personas que están sufriendo que, no oran, porque no saben qué decir. El sufrimiento los ha enmudecido. Pero también esta objeción es una excusa, pues estas personas pueden recibir ayuda. En muchos anexos de las Biblias o himnarios hay oraciones elaboradas o citas bíblicas para diferentes situaciones de necesidad que se pueden leer. O uno puede orar el Padrenuestro, simplemente, en éste está comprendido todo. Se le puede pedir a otra persona cristiana orar juntos o que ore por ti. O simplemente uno puede llegar a orar, juntando las manos y suspirando: “Señor, ten piedad de mí!” Dios escucha y entiende también esta oración y le agrada mucho.

También las personas que están bien pueden llegar a encontrar objeciones y excusas que le impidan orar dando gracias o cantar alabanzas. Tal o cual puede decir que está muy ocupado. Hay lindas ocasiones donde se puede orar, por ejemplo durante festejos familiares, cumpleaños, etc. (¡Aunque haya muchas personas cristianas que incluso lleguen a avergonzarse de orar en familia!) ¡Hay tantas cosas que hacer todos los días! Y qué fácil se pierde de vista lo más importante en la vida del cristiano: que hay que agradecer a Dios y cantarle alabanzas (y no sólo en la iglesia)

Hay personas que están bien y felices pero no tienen la más mínima predisposición para agradecer y alabar a Dios. Con los enamorados pasa esto muchas veces. Encuentro tan triste que dos jóvenes cristianos se enamoren que se prometan permanecer juntos los dos y disfrutar la vida de a dos, pero el agradecer y alabar a Dios es algo que no está en sus planes. ¡Cuántos son los que, no ven como algo necesario tener una festiva boda por iglesia y cantar e interceder a Dios por la vida que van a comenzar junto con toda la comunidad!

Y entonces otra vez alguna otra persona que está bien puede decir: “Yo no puedo cantar, no tengo voz”. Muchas veces soy escéptico a esto. Pienso que la mayoría de las veces la mayoría de la gente puede cantar. Muchos quizás no tengan el hábito y no lo hayan ejercitado correctamente. Pero cualquiera que quiera cantar sinceramente y no pueda hacerlo con su boca, por lo menos lo podrá hacer con su corazón. O podrá leer en voz alta del himnario. O podrá comprarse algún CD con hermosos himnos y acompañar el canto en espíritu. O, -y esta es la mejor posibilidad- podrá cantar junto con otros cristianos y hacer música, durante los cultos y otras ocasiones.

“¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas”. ¡Dejemos de lado nuestras objeciones y excusas, simplemente! Especialmente, si nos encontramos en una situación de la vida donde nos encontramos de buen ánimo. Pues allí vive nuestra fe: en que podamos compartir tanto la alegría como el sufrimiento con Dios que, podamos hablar con él como si se tratase de un amigo; y aún más pues le podemos pedir ayuda y agradecer por todo.

Pero tampoco es tan así que, o estamos sufriendo o estamos de buen ánimo; la alegría y el sufrimiento son dos estados de ánimo extremos. Normalmente no sufrimos y tampoco somos especialmente felices, normalmente nos sentimos normal. ¿Cómo debería ser entonces con la oración? ¿Diría Santiago que no necesitaríamos entonces orar; orar sería entonces para casos de situaciones extremas, durante sufrimientos especiales o alegrías especiales? De ninguna manera. Santiago cuando menciona los dos extremos, él se está refiriendo también a todas las tonalidades intermedias de nuestros estados de ánimo. No queremos suspender nuestras conversaciones con Dios, tampoco durante un día normal, o promedio. “Oren sin cesar” Dice otra exhortación bíblica.

Algunos de ustedes hayan quizás visto las historias televisivas o serie de Don Camillo, aquel singular sacerdote italiano. El tenía la costumbre muy a menudo de pararse delante de la cruz en su iglesia y hablar con el  crucificado, con Jesús, su Señor. El le hablaba de todo lo que pasaba por la mente y nunca le ocultaba nada. Le decía acerca de lo que le daba alegría y de lo que le enojaba y de lo que le emocionaba. De la misma forma debe ser nuestra oración. Pues es esencial para nuestra fe cristiana y nuestra vida cristiana: que cuidemos la comunión con nuestro Señor que, hablemos con él y que le escuchemos y de esta forma él va a poder estar cada vez más cerca de nosotros. “¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas”. Hay alguien que se sienta normal, siga entonces manteniéndose firme en la oración. Amén

 

 

 

El 19º Domingo después de Trinidad tiene como tema central la sanidad integral. La narración de la sanación del paralítico nos aclara en el día de hoy 19º Domingo después de Trinidad, que el hombre no comprende sólo el cuerpo que se enferma y luego muere. Cuando Jesús sana, sana siempre toda la persona, para que de esa forma el alma recobre también su salud,