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Cómo colmar tu espíritu

2° Domingo después de Trinidadinvitacion

¡Vengan a las aguas

todos los que tengan sed!

¡Vengan a comprar y a comer

los que no tengan dinero!

Vengan, compren vino y leche

sin pago alguno.

¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan,

y su salario en lo que no satisface?

Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno,

y se deleitarán con manjares deliciosos.

Presten atención y vengan a mí,

escúchenme y vivirán.

Isaías 55:1-3b 

 

Sal 36:6-11

Ef 2:17-22

Lc 14:16-24

 

Esta es una invitación especial la que, escuchamos de parte del profeta Isaías. Esta invitación fue pronunciada hace muchísimos años de parte del profeta al pueblo de Israel. No obstante, esta invitación está aún vigente y no ha caducado, sigue en pie. Quien en verdad habla detrás de esta invitación es Dios mismo. Esta es una invitación atemporal y que trasciende todos los pueblos razas, nacionalidades, idiomas, creencias, estados de ánimo, situaciones en las cuales nos encontremos.

 

Las palabras que escuchamos se parecen a las de una propaganda más de los negocios de nuestros días. Se está ofreciendo satisfacer alguna necesidad. Aquí se habla de agua, de satisfacer la sed, se habla de poder comprar, incluso para aquellos también que no tengan dinero. Se habla de comprar vino, leche, etc. Y finalmente se dice en un versículo algo que, considero que es la clave para el mensaje de este domingo: “¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface?”.

La insatisfacción. En el día de hoy quisiera resaltar mi predicación en especialmente la palabra satisfacción y vida.

La palabra satisfacción significa, colmar; colmar la necesidad.

 

Hemos hablado en predicaciones anteriores acerca de que todas las personas sean cristianas o no están compuestas de una parte no física que, llamamos el espíritu de la persona. Y que este espíritu tiene vida y por tanto debe también como todo ser vivo ser alimentado, ser satisfecho.

La manera en la cual se puede satisfacer el espíritu es alimentándolo con la comida correspondiente. La única comida que existe para satisfacer el espíritu, es una comida de tipo espiritual. Si no satisfacemos el espíritu, éste al igual que el cuerpo se enferma y puede llegar a morir también. Dijimos además que el espíritu es quien tiene control sobre el cuerpo, es quien dirige el cuerpo.  Si el espíritu no está bien, tampoco el cuerpo lo estará. Muchas veces por no recibir alimento espiritual buscamos satisfacer su necesidad con otras cosas. Pero que no dan satisfacción al espíritu.  “¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface?”

 

Así vivimos la vida, buscando hacer cosas que nos satisfagan, puede ser en lo económico, buscando ganar más y más dinero, para gastar más y más. O poniéndonos metas cada vez más altas, especialmente materiales creyendo que, eso nos va a dar la felicidad. Creemos que, vamos a alcanzar la felicidad por medio del dinero, el trabajo incesante o las actividades hobbies o distintos placeres. Pero nos damos cuenta a la larga que, éstas en lugar de satisfacernos nos han dado aún más hambre.

Y de esto dan testimonio muchas personas, como leí, hace poco, sobre personas que habían comenzado un trabajo de voluntariado en actividades cotidianas, como por ejemplo trabajar para food Banks, o ayudar a ancianos o ayudar a los niños a cruzar la calle o cualquier cosa que implique dar de nuestro tiempo para ayudar al prójimo. No sé si estas personas eran cristianas o no, posiblemente no. Pero sin quererlo encontraron la manera de sentirse bien. ¿Qué es lo que en realidad encontraron? Encontraron la manera de llenar sus espíritus, de alimentar sus espíritus y quizás después de toda una vida de hacer cosas que no le colmaban.

 

Hoy el Señor nos quiere dar una solución a esa necesidad de satisfacer nuestros espíritus. No necesitas esperar una vida, esperar hasta que estés jubilado para hacer una actividad extra que te llene el alma. Aunque todas estas actividades mencionadas son buenas en sí mismas, son tan sólo una expresión mínima en comparación con lo que Dios tiene para ofrecernos hoy. “¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno,    y se deleitarán con manjares deliciosos. Presten atención y vengan a mí,    escúchenme y vivirán”

¿De qué está hablando Dios por medio de las escrituras del profeta? De algo muy sencillo que, hemos escuchado muchas veces en la iglesia. De entregarse a Dios, de escuchar la palabra de Dios y de aceptarla. De comenzar a vivir una vida diferente. De comenzar a poner en práctica las enseñanzas y consejos y mandamientos de Dios.

 

Las personas que encontraron la satisfacción de su espíritu haciendo obras de bien al prójimo, recibieron alimento espiritual, muy bueno y auténtico, sin embargo Dios hoy nos está ofreciendo alimento en abundancia. Dios nos está ofreciendo estar conectados directamente con su poder, todos los días de nuestros días. No quiere decir esto que no tenemos que hacer esas actividades tan abnegadas y filantrópicas como las que hacen los voluntarios. Sino que lo que él está queriendo decir es que, él te quiere ofrecer todo esa bendición y bienestar aún sin la necesidad que hagas nada. Simplemente quiere darte su bendición para que tú espíritu pueda sentirse bien en primer lugar por tener una relación con él y la seguridad de su protección de su favor, aún más allá de esta vida. Claro que Dios quiere que hagas cosas buenas y loables en bien de los demás. Pero él quiere que comiences a disfrutarlas en tu vida personal al establecer una relación con él.

 

Es una bendición de Dios, el poder trabajar, el poder hacer cosas, el poder ayudar a los demás, pero siempre y cuando si primero te sientes bien porque eres sostenido espiritualmente por Dios. Dios nos da la libertad de realizar cosas en la vida, pero siempre y cuando si en primer lugar la hacemos para él. Como dice en Col 3:23: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo”.

 

“Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos. Presten atención y vengan a mí, escúchenme y vivirán”. ¿Por qué el profeta habla de manjares deliciosos?, porque es una manera muy simple de explicar lo que significa satisfacer un gusto y una necesidad. Yo no sé qué, hora es ahora y cuánto hambre tienen ustedes, pero pensemos en la comida que más nos guste, que más tendríamos ganas de comer ahora. ¿Cómo nos sentiríamos de poder comer eso? ¡Felices! ¡Hay un dicho en alemán que dice que comer pone a la gente feliz! Sí, porque se está satisfaciendo una necesidad. La necesidad que el cuerpo tiene de alimentarse y de disfrutar y saborear de una buena comida. Lo mismo sucede a un nivel espiritual. La persona que ha probado degustar del espíritu de Dios, alguna vez no lo quiere dejar más, porque satisface de una forma poderosísima la vida. Hasta incluso muchos afirman que cuando se recibe mucho del Espíritu de Dios hasta a veces no se tiene hambre. La persona se siente satisfecha.

 

Has probado alguna vez degustar del Espíritu de Dios. Es muy fácil lo primero que tienes que hacer es entregar tu vida a él. Con humildad, creer en él en su palabra. Creer que él es Dios. Creer en Jesucristo como el Señor a quien quieres seguir y obedecer, creer que él no sólo te quiere guiar durante tu vida sino que además te recibirá más allá de esta vida en su reino. Comienza a probar de Dios, dale tu vida a él. Comienza a participar de la iglesia por amor a él. A leer la Biblia, a hablar con él a diario y te sorprenderás de haber encontrado algo que, quizás estuviste buscando a diario, estresado, cansado y era algo que se encontraba a la vuelta de la esquina, accesible y que incluso llegó a colmarte de una manera como nunca lo hubieses imaginado.

Estás a tiempo de encontrarle el sentido a tu vida. De encontrar cómo satisfacer tu vacío espiritual, ese vacío que no te deja vivir feliz. Está aquí en esta iglesia y en cada iglesia donde se predique a Cristo.

Acepta la invitación que Dios hoy te hace y aquí encontrarás el cambio que estabas buscando: “Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos. Presten atención y vengan a mí,  escúchenme y vivirán”

 

Oremos:

Señor tú nos ofreces una invitación. Es una invitación especial, aceptarla es la diferencia entre sentirse bien o mal; entre sentirse realizado o frustrado en  la vida; entre sentirse pleno o vacío en al alma; entre la salvación y la perdición eterna, danos la valentía se aceptarla y de ser como personas sabias y sensatas. En el nombre de tu Hijo Jesús”

 

 

 

El Culto

 

 

El culto interpretado como un “Servicio a Dios” es el alma de una comunidad cristiana; ocupa el centro de su vida. Dios mismo reúne a los creyentes bajo su Palabra, y éstos responden con sus cantos y oraciones, con sus confesiones y sus alabanzas. Se produce así lo que enseñó Lutero: El Señor nos habla por medio de su santa Palabra, y nosotros a Él por medio de las oraciones y los himnos o canciones.

 

Dios nos llama a participar de su compañerismo, y nos acepta como hijos suyos. Así también el culto produce comunión entre nosotros, los feligreses, para que nos aceptemos mutuamente como hermanos de nuestro Señor. Tener vinculación con Dios significa también vinculación con el prójimo; he aquí una tarea que nos impone el culto.

 

En las iglesias evangélicas se celebran cultos por muchos motivos y en distintos lugares. Hay cultos para adultos y niños, para enfermos y ancianos, en días domingos o durante la semana. Hacemos cultos conducidos por un pastor o por un lector, celebrados en un templo o en un salón, en un domicilio particular o en un hospital. Son todos servicios divinos de la comunidad cristiana bajo la Palabra de Dios.

 

En cualquier lugar podemos estar cerca de Dios; a pesar de ello edificamos templos y salones parroquiales. Porque la congregación necesita ambientes que ofrezcan posibilidades para reunirse todos, tantas veces como quieran.

 

Como señal del amor a Dios se harán y se mantendrán nuestros templos lindos y cuidados. Sin embargo, el verdadero adorno de una iglesia es la grey que se reúne. Dios puede prescindir de los edificios; el verdadero templo, en el cual Dios quiere habitar, es la congregación creyente.

Por eso nuestros templos no son santuarios. Sus instalaciones son funcionales y están al servicio de la comunidad: el altar, el pulpito, la pila bautismal, el armonio (u órgano o piano, o cualquier tipo de instrumentos) y los bancos (o sillas o cómodas butacas). En muchas iglesias se adorna el altar con la cruz vacía (señal de Cristo resucitado) y ésta nos recuerda que Cristo se entregó por nosotros; las velas o candelabros y las flores o cuadros que embellezcan el lugar son  símbolos de nuestra entrega y agradecimiento a Dios.

 

El culto es interpretado como un “Servicio a Dios”. Está vinculado con la palabra griega “leiturgía” que es “servicio”. Tiene un doble significado; por un lado expresa los beneficios que Jesucristo brinda a su iglesia mediante las dádivas de gracia, la palabra y los sacramentos (según Hebreos 8:2); por otro lado se refiere al servicio que la congregación brinda a Dios como expresión de agradecimiento y adoración en su plegaria y su ofrenda (según Romanos 15:16).

Hoy día se da el nombre de “Liturgia” más bien a la parte de adoración del culto (que puede ser escrita y repetitiva o espontánea); el centro de la parte de proclamación es el sermón (o predicación). Por lo general en las iglesias evangélicas se celebran los cultos dominicales según un orden litúrgico constante. La explicación de las partes componentes del mismo están puntualizadas a continuación (Este es un ejemplo de una iglesia evangélica luterano-reformada).

 

ORDEN DEL CULTO DOMINICAL

 

ORACION SILENCIOSA

 

HIMNO (Canción) DE APERTURAInvocación (Oficiante): En el nombre del

Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Se lee un salmo semanal o se dice: Nuestro socorro está en el nombre del Señor, quien hizo los cielos y la tierra[1].

 

O: INTROITO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Congregación (C): Gloria sea al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era al principio es ahora y será siempre por los siglos de los siglos[2]. Amén

 

O: CONFESION (PUBLICA)DE PECADOS

 

 

C: Dios ten piedad de nosotros. Cristo ten piedad de nosotros.

Dios ten piedad de nosotros[3]. (o un canto de perdón de pecados)

 

O: PROCLAMACION DE GRACIA

 

 

 

O: Gloria a Dios en las alturas

C: Y en la tierra Paz para los hombres de buena voluntad[4]. Amén. Amén. Amén (o canción de alabanza)

O: El Señor sea con ustedes

C: Y con tu espíritu. (o abrazos unos con otros)

 

 

O: ORACION

 

C: Amén.

 

 

 

O: LECTURA BIBLICA

 

 

 

 

C: Aleluya, Aleluya, Aleluya.

 

 

 

 

 

 

 

 C: CREDO

 

 

 

 

 

HIMNO (o canciones)

 

 

O: SERMON (o prédica)

 

HIMNO (o canciones)

 

 

 

O: ANUNCIOS (También se pueden hacer al final antes de la canción de despedida)

 

 

 

 

HIMNO (o canciones)

 

 

 

O: ORACION DE INTERCESION

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PADRENUESTRO

 

 

 

 

O: BENDICION

El Señor te bendiga y te guarde. Haga el Señor resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia. Vuelva el Señor su rostro a ti y te conceda la Paz.

 

C: Amén. Amén. Amén. (O canción de despedida)

HIMNO DE CLAUSURA (Canción de despedida)

 

 

Al llegar oramos en silencio nos concentramos para que  nuestra participación en el culto sea bendecida. (Salmo 51:10-12).Con la canción (canciones) de apertura nos unimos con toda la cristiandad en la alabanza a Dios.”En el nombre” significa: Celebramos el culto por orden y poder del trino Dios quien se halla presente entre nosotros. Con esta expectación estaremos reunidos.

“Amen, amen, esto significa: Sí, sí, que así sea”.

El versículo o el salmo del introito se intercala cada semana. Corresponden al carácter especial que le damos a cada domingo. Algunos domingos derivan su nombre del comienzo del Salmo del Introito respectivo: por ejemplo;”Cantate” (cantad) según Salmo 98:1.

Con este canto de alabanza la congregación da su respuesta y se dirige a su Señor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Es imposible acercarnos a Dios y adorarle, sin estar conscientes de nuestro estado pecaminoso. Esto nos impulsa a reconocer nuestro distanciamiento de Dios y clamar por su gracia divina.

 

 

 

 

 

En el nombre de Jesucristo y por mandato de Él se proclama a la congregación el perdón de sus pecados. Se hace con un versículo bíblico.

 

La congregación responde al anuncio del perdón con la alabanza de los ángeles de la escena de Navidad (Lucas 2:14).

 

El oficiante y la congregación se saludan mutuamente suplicando que Dios les asista en el culto.

 

 

 

Esta oración pronunciada antes de la lectura bíblica. Tiene por finalidad concentrar nuestros pensamientos en los dones de Dios. En ella ruega la comunidad que Dios le ayude a escuchar y entender correctamente.

 

 

 

Para cada domingo está prevista la lectura de determinadas porciones de la Biblia. La selección de estas data en parte de más de mil años de antigüedad. Estos textos se llaman “perícopas” (secciones) y proceden mayormente de los Evangelios y las Epístolas. Su contenido define el tema del culto y también las lecturas para los días de la semana entrante, conforme al año litúrgico.

 

La grey responde a Dios cantando alabanzas por el don de su santa Palabra. “Aleluya” es un vocablo hebreo, del Antiguo Testamento, y significa: ¡Alabad al Señor! En el tiempo de cuaresma se canta en lugar del alegre aleluya

un sencillo amén.

 

 

 

 

Los feligreses pronuncian en este lugar, por lo general el “Credo Apostólico”. Usan así las palabras, con las cuales la Iglesia ha confesado a través de los siglos su fe, ratificando la comunión con toda la cristiandad.

En fiestas especiales se repite el “Credo Niceno”.

 

(Aquí pueden celebrarse bautismos).

 

 

 

El predicador ubicado en el púlpito ( o podio o tarima; lugar desde donde se predica) saluda a la congregación con un augurio de paz y lee una porción de las Sagradas Escrituras. La prédica es la interpretación de esta porción bíblica como la palabra de Dios dirigida a la grey reunida. La selección de los textos bíblicos para la predicación se atiene por lo general a un orden determinado.

 

 

Por los anuncios se dan a conocer los acontecimientos y las actividades de la congregación, se las relaciona con el culto y la oración. También se comunica para qué obra de amor se destina la ofrenda del culto.

 

Después de los anuncios puede celebrarse la Santa Cena.

 

 

 

 

 

La grey eleva ante Dios todas las cosas que le inducen a dar gracias, a pedir e interceder.

Por norma, comenzamos con el agradecimiento por la abundancia de los dones espirituales recibidos. Continúa la intercesión por la Iglesia y sus obreros, por los pueblos y sus gobiernos, por los feligreses y sus necesidades especiales, como también por toda preocupación especial de la obra. Concluimos la oración con la plegaria por la santificación en espera de la vida eterna.

 

 

 

 

 

 

Con la oración que el Señor enseñó a sus discípulos estamos colocados nuevamente en la comunidad de la Iglesia de Jesucristo, en todo tiempo y todo lugar.

 

 

 

La congregación es despedida por la bendición dada al pueblo de Dios del antiguo pacto (Números 6:24 – 26). La bendición divina es el don de gracia al pueblo de Dios que sale a hacerse cargo de su misión en el mundo,

 

 

la feligresía la recibe con el triple amén.

 

 

 



[1] Salmo 128:4; Sal 32:5

[2] Gloria Patri

[3] Kyrie (Señor, en el NT griego)

[4] Gloria in excelsis

Jesús nos ayuda

Apostoles y profetas

Como ovejas que no tienen pastor

Primer Domingo después de Trinidad

Apóstoles y profetas

“Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, y enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «Ciertamente, es mucha la mies, pero son pocos los segadores. Por tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies.»

Mateo 9:35-38

 

Sal 34:2-11

Jer 23:16-29

1 Jn 4:16-21

La palabra del Evangelio de Mateo para hoy se ocupa principalmente de tres cosas: en  primer lugar de las personas que, necesitan ayuda; en segundo lugar de cómo ayuda Jesús; y en tercer lugar de cómo cada uno de nosotros podemos colaborar con Jesús.

Veamos, en primer lugar: La gente necesita ayuda. Dondequiera Jesús caminó, pudo ver enfermos, discapacitados y otro tipo de gente con cargas. El decía de ellas que: “estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor”. El tipo de personas que, no tenían a nadie que, las pueda sacar de la miseria en la cual se encontraban. Ese tipo de gente lo había antes y también lo hay ahora, siempre lo ha habido. Pensemos por ejemplo en: desamparados, alcohólicos que deambulan sin albergue y sin rumbo fijo por las calles. Pensemos en la juventud marginal y sin una meta de vida que, se destruyen a sí mismos y que aparentemente ya no cuentan con ningún tipo de seguridad. Pensemos en enfermos que, ya no tienen cura o personas ancianas en cuidados intensivos de quienes nadie más ya se ocupa, quienes reciben una atención mínima diaria necesaria de parte de enfermeros. Aunque no sólo estos grupos al margen necesitan de ayuda. Hay otros necesitados de ayuda de los cuales muchas veces no nos percatamos. Hay muchos que exteriormente parecen estar bien que, transmiten la idea de encontrarse bien, pero que interiormente están destruidos y claman por ayuda. Pienso por ejemplo a los bien educados alcohólicos que, ya no pueden combatir su estrés laboral si no es por medio de alguna bebida fuerte. Pienso en las personas emocionalmente enfermas que, les cuesta el siquiera poder vivir el día a día. Pienso en aquellos que viven en peleas y disgustos con los demás; sufren constantemente de irritación y frustración.

Si bien puede haber a nuestro alrededor personas satisfechas de la vida y que puedan no estar sufriendo de mayores problemas, podrán necesitar de ayuda en cierto sentido. Es decir, cuando se trata de vivir así como nuestro creador espera que vivamos. En la Biblia se nos dice claramente cuál es el sentido de nuestra vida: Dios nos creó para que le honremos con nuestra vida. Cuando nosotros comenzamos a obedecerle y a confiar en él incondicionalmente, cuando comenzamos a hacer el bien a nuestro prójimo de la misma manera que lo desearíamos para nosotros, entonces estamos comprendiendo el verdadero sentido de la vida. Pues de lo contrario estamos errando el camino. Y esto nos sucede siempre: erramos en lo que debe ser el sentido principal de nuestra existencia, pecamos. Y ninguna persona puede zafar de ello; en este sentido todos nos transformamos en desamparados, “desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor”. En el libro del profeta Isaías dice: “Todos perderemos el rumbo, como ovejas, y cada uno tomará su propio camino” (Is 53:6).

Hay que admitir que, como a personas del siglo XXI no nos gusta escuchar esto. No nos gusta la idea de ser ovejas, nos gustaría más bien dirigir nuestros destinos y poder vivir la vida que queremos. Y allí no nos damos cuenta lo torcido que se encamina nuestra vida. Nos parecemos a niños que, por un lado quieren saber más que lo que saben los padres y por otro lado todavía están necesitando de la guía de ellos e interiormente están clamando aún por su ayuda. Nos parecemos a niños que, necesitan el regazo de la madre así como apoyarse en los hombres del padre para sentir sus abrazos. En una nueva versión bíblica no se dice: como ovejas que no tienen pastor, sino “como niños sin padres”. Tal cual, así de desamparados somos nosotros los seres humanos, no importa si los demás lo notan o no, y no importa tampoco si nosotros lo notamos o no.

En segundo lugar: Jesús nos ayuda. Para Jesús las necesidades de la gente no le son indiferentes. Cuando Jesús vio a la gente necesitada, dice la Biblia que, “tuvo compasión de ellas”. Es por eso que él hacía cosas por la gente. El reconciliaba a la gente que, se encontraban como niños sin padres, sin su padre celestial. Se convertía en buen pastor para la gente que, eran como ovejas que no tenían pastor. El no hacía acepción de personas. No tenía algunas ovejas preferidas en su propio rebaño, sino que ayudaba indistintamente a todos. Tres veces se repite la palabra “todos”. Jesús recorría “todas” las ciudades y las aldeas, y enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba “toda” enfermedad y “toda” dolencia del pueblo. Y puesto que en la Biblia así se dice todos tenemos que tener en claro que: Jesús también me quiere ayudar a mí, pues el no rechaza a nadie que venga a él por ayuda.

Ahora, veamos bien cómo es que Jesús ayuda. En nuestro texto bíblico encontramos dos palabras importantes: “El enseñaba” y “sanaba”. Ambas cosas las hacía por medio del poder de la palabra de Dios. El le enseñaba a la gente “con poder”. Hasta los mismos enemigos reconocían esto. El hablaba la palabra autorizada de parte de Dios, del padre celestial. Y por medio de sus curaciones confirmaba esta autoridad. Cuando a los ciegos les decía: “recibe la vista”, estos podía ver; cuando le gritaba al paralítico: “toma tu camilla y vete”, enseguida caminaba. Cuando le ordenaba al cadáver: “Levántate”, éste volvía a la vida. Jesús ayudaba con gran poder y este poder estaba también en sus palabras. Y así es hasta el día de hoy. Sus palabras las encontramos en la Biblia. Allí Jesús nos muestra claramente y con poder divino cómo es que nosotros también debemos obrar, de modo de poder honrar a Dios y poder encontrarle el sentido a la vida.

Lo que él dijo sobre el amor, sobre la oración, sobre la preocupación y sobre el matrimonio, es palabra indiscutible de Dios; tranquilamente podemos aferrarnos de esa doctrina, pues ésa es la mejor forma de vivir. Y cuando no cumplimos esos mandatos, entonces él nos dice en su evangelio: “no te pongas triste, a pesar de todo Dios te ama. Te perdona. Empieza de vuelta, arrepiéntete, e intenta sensatamente, cumplir mejor su voluntad”. Y allí Jesús te promete: “Tus pecados te son perdonados”, te salva y te sana, por medio de la fuerza de su palabra, así como en aquel entonces lo hacía con el ciego y con el paralítico y con el fallecido. Ya no eres más una oveja descarriada, ya no eres más una persona destruida o un niño huérfano, en Jesús, tienes ahora a Dios que te ayuda y a un buen pastor. Esto no quiere decir que, sólo vas a recibir caricias de Jesús. No, algunas veces, el pastor tiene que darle un empujón con su cayado, para que se ponga en la fila otra vez y así se aparte del peligro. Pero de una cosa podrás estar seguro: el pastor lo hace de corazón y por tu bien y para ayudarte verdaderamente. El te dará lo que necesitas; él te curará las heridas; él te cuidará en el peligro; él te traerá de vuelta; él cuidará de tu vida. Si confías en él, ya no importará que, los problemas de tu vida no se solucionen de inmediato. Hasta puede pasar que, tengas que soportar algunas cargas extras. Pero eso no importa. Lo más importante es saber que, siempre hay alguien conmigo en mi vida y en quien puede confiar que me ayudará y me cuidará de que todo salga bien. Sí, e incluso te regala una entrada gratis para el cielo, donde allí la última enfermedad y el último problema pasarán al olvido. E incluso aunque tengas que soportar cargas, en lo más profundo de tu corazón podrás estar feliz, más feliz que los que no conocen a este buen pastor. Tú tendrás la certeza que, él está contigo y te ayuda y ya cuentas con la alegría de saber que el cielo te espera.

En tercero y último lugar: Las personas pueden también colaborar con Jesús. Y allí llegamos al tema de la misión. Así como el padre en el cielo envió a Jesús al mundo, de la misma manera Jesús nos envía a nosotros cristianos como colaboradores para ayudar a nuestro prójimo. Ser cristiano significa no solamente, dejarse ayudar por Jesús, sino también colaborar en esa ayuda con Jesús. Y a eso lo sabemos bien. Sabemos que, tenemos que hacer sentir a los demás ese amor de Jesús y tenemos que compartir la buena noticia de Jesús. Que tenemos que ayudar y hacer lo bueno ya lo sabemos. Pero en nuestro texto de predicación se nos los dice de otra forma: “pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies”. Y esta ayuda comienza con la oración.

No es que Dios necesite de nuestra oración. Sino que, de esta manera él quiere así que reconozcamos que toda ayuda proviene de él. No somos nosotros los señores de la mies, sino que él lo es. No es que nosotros tenemos que pensar en cuál es la ayuda que la gente necesita, sino que él ya nos la ha dado. Y cuando toda ayuda según la voluntad de Dios comienza en la cruz, entonces la palabra de la cruz debería ser el mensaje central en nuestra ayuda. Aunque este mensaje pueda incluso parecerle extraño y sonar raro a la gente de nuestros días. Especialmente nos dice Jesús, tenemos que pedir a Dios que envíe “trabajadores a la mies”, es decir mensajeros que, prediquen la palabra de la cruz y puedan acercar los sacramentos a la gente. En primer lugar, pedimos a Dios por los futuros pastores y misioneros que se comprometan con su vida por el Evangelio. En muchas iglesias y sínodos se nota ya la escasez de pastores; pocos jóvenes están listos para emprender este oficio. Pero el pedido por trabajadores en la cosecha de Dios no se relaciona sólo con eclesiales. Pedimos por muchos cristianos más que, den testimonio fiel y eficiente de los dones del Evangelio, en el sitio donde estén. El pedido por los trabajadores en la cosecha hace que no solamente pensemos en nosotros mismos. Cuando pidamos  de esta manera, entonces comprobaremos que, nosotros no somos los obreros únicos e indispensables de su cosecha. Puede ser incluso que, otros hagan mejor que nosotros el trabajo de colaborar con Jesús. Es por eso que, al pedir así nos confiere humildad y sumisión a Dios. No tenemos que impulsar la misión de forma compulsiva, como si cielo y tierra dependiesen de toda nuestra fuerza de voluntad. Ponemos nuestro mejor empeño sí, pero sabemos al mismo tiempo que, en todo el mundo hay incontables personas que realizan este trabajo en la gran misión. Y también al pedir así, nos damos cuenta que, nos entendemos como un gran equipo tanto en la iglesia cristiana como en la congregación. Somos una comunidad que sirve y que se reúne bajo la palabra y el encargo de un mismo Señor. Hay muchas personas distintas en la congregación, así como hay distintos dones y talentos, pero hay un solo Señor, un solo encargo, una misión y una meta que, todas las personas lleguen a formar parte del rebaño del Señor Jesucristo y se conviertan en espigas maduras en el campo de cosecha de la vida eterna. Amén

Contar con la bendición de Dios

Domingo de Trinidad

“El Señor le ordenó a Moisés: «Diles a Aarón y a sus hijos que impartan la bendición a los israelitas con estas palabras:

»“El Señor te bendiga

        y te guarde;

el Señor te mire con agrado

        y te extienda su amor;

el Señor te muestre su favor

        y te conceda la paz.”

»Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, para que yo los bendiga.»

Números 6:22-27

Sal 145

Ef 1:3-14

Jn 3:1-15

 

Hoy es el domingo de la Santa Trinidad. Lo escribimos con mayúsculas porque se trata de algo muy importante. Queremos hablar de la misma presencia plena y bendición de Dios. Trinidad si bien puede ser un concepto poco entendido, harto intelectualizado y discutido para nosotros es muy simple y a la vez muy supremo. La trinidad significa que Dios a lo largo de la historia de la humanidad se manifestó en tres formas distintas: como Padre, Creador, como Hijo, mediador y salvador y como Espíritu Santo, la presencia misma viva y espiritual de Dios. Esto es verdaderamente santo, es decir sublime y maravilloso y a la vez misterioso, pues nunca podremos comprender con nuestras mentes humanas el completo sentido de esto.

En el día de hoy vamos a explicar qué tiene Dios para decirnos a cada uno de nosotros en relación a Dios en tres personas por medio de la bendición aaronítica que escuchamos repetirse todos los domingos al final de nuestros cultos.

Estamos acostumbrados a escuchar estas palabras. A veces las palabras por escucharlas tantas veces pueden hacerse monótonas y no tener casi ya más significado para nosotros, es por eso que, intentamos cambiarlas, renovarlas para que esto no suceda aunque es un poco inevitable a veces.

Aquí en esta bendición, escuchamos el nombre de Dios tres veces. Y creemos que aún en los tiempos del Antiguo Testamento, ya Dios se manifiesta por medio de esta bendición en la forma de tres personas.

¿Qué sucede cuando se pronuncia una bendición? Se abren las compuertas para el favor y poder de Dios. Hemos hablado ya en cultos anteriores qué significaba la palabra bendición: contar con el apoyo, la protección, el amparo, la ayuda de Dios en todo momento, no sólo en los momentos de bonanza, sino también en los momentos de prueba. Contar con la seguridad que nos brinda ser protegidos por Dios.

Me asombro muchas veces de la cantidad de seguros que existen y que se pueden contratar. Eso es algo bueno, si se puede contar con el dinero para hacerlo. Pero a la vez, hay que saber muy bien que los seguros son también un buen negocio para las mismas empresas. El seguro en sí mismo es nada más y nada menos que, una apuesta al miedo. Si tienes miedo contrata un seguro. Y el miedo se te irá y vivirás tranquilo y protegido y no te pasará nada.

Algunos seguros son buenos e importantes y otros no tanto.

La bendición de Dios es algo así como estar asegurados. En ese sentido yo personalmente me siento más seguro con el seguro que Dios me da que, además es gratis, aunque no es barato. Cuando quieres comenzar a disfrutar de un seguro, debes contratarlo. Con el seguro de la bendición de Dios también deberás hacer una especie de contrato, un contrato de por vida. En primer lugar, deberás aceptar a Jesucristo como tu salvador y jefe de tu vida. Eso significa aceptarlo por fe y comenzar a obedecer su palabra por sobre todas las cosas.

En el momento que esto sucede en tu vida el seguro comienza a tener vigencia, al igual que con los seguros humanos.

Cuando el pastor pronuncia las palabras de bendición al final del culto no se trata de palabras mágicas. Es sólo una comunicación que el pastor imparte de parte de Dios. Sus palabras invocan una bendición real, verdadera, efectiva y poderosísima. Pero para ello tú tienes que tener ese seguro contratado. Sólo si cumples lo que dijimos, esa bendición comenzará a ser realidad en tu vida. La bendición de Dios vale para los que creen en él y quieren honrarlo a él obedeciendo su Palabra.

¿Ustedes saben cuál es la diferencia entre las iglesias religiosas y las iglesias vivas? Cuando hablo de religiosas, me refiero a las iglesias donde la gente se reúne tan sólo por una tradición religiosa y donde aparentemente no se ven los milagros de Dios. Una iglesia viva es aquella donde cada uno de los miembros vive una relación diaria y plena con Dios y Dios se hace presente en esa gente y su iglesia con su poder.

La diferencia radica en que, reciben la bendición de Dios, el favor de Dios, pues creen en él y buscan honrarlo a él obedeciendo a su palabra. Cuando tú comienzas a creer verdaderamente en él, le permites a Dios obrar en tu vida y en tu iglesia. Nuestras palabras de bendición pueden ser tan sólo parte de una celebración litúrgica religiosa repetidas todos los domingos simplemente, o se pueden convertir en una verdadera irrupción de Dios en nuestras vidas cuando comenzamos a confiar que Dios está aquí presente, especialmente en la iglesia y quiere acompañarnos también durante toda la semana en el lugar donde estemos. La bendición de Dios se hace presente y efectiva cuando ahora y durante la semana, y todos los días, a cada hora la repetimos y sacamos de nuestra boca todas las palabras sin fe y negativas y las reemplazamos con palabras de fe, victoria en Cristo y confianza. Allí comienza a obrar Dios y manifestarse esa presencia viva y real en nuestras vidas. Si creemos en que Dios nos bendice que, Dios nos muestra su favor, entonces también tenemos que nosotros mismos comenzar a cambiar nuestras palabras, nuestro discurso diario. En la Biblia dice: “Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona” (Mt 15:18) Quiere decir que, tenemos que sacar palabras de nuestro interior que, no nos contaminen con lo que no es de Dios. Nuestras palabras deberían corresponder con la palabra de Dios, de esa forma estamos apoyando, creyendo en Dios. Y de la misma manera tenemos que hablar con los demás y no contaminarnos al frecuentar gente que, siempre tiene el mismo discurso negativo.

El Señor te bendiga y te guarde: significa que Dios quiere cuidarnos. Apartarnos de los peligros de la vida. Impedir que nos alejemos de él de su bendición y que otros quieran alejarnos de él. El nos quiere dar lo mejor. Algunas veces esto no coincidirá con nuestros pedidos, pero siempre será lo mejor para nosotros.

Haga el Señor resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia: significa que, Dios se fija en nosotros que, nos está cuidando, está velando por nosotros. Su mirada está puesta permanentemente sobre nosotros. Martín Lutero comparó la mirada de Dios con la presencia misma del sol. Hay muchas personas sin embargo que, se ocultan de él. No quieren aceptar su existencia y su poder, viven ocultándose de él, pero eso es imposible, pues Dios, siguiendo la comparación es como él sol. Tú no puedes negar su existencia y si no quieres recibir su calor y luz es porque no quieres o no crees, pero no porque él no exista ni quiera ayudarte. Aunque también Dios va a brillar en aquellos que le sean obedientes, los que no obedecen a Dios, o no le crean a Él, podrán ser muy religiosos, pero eso no significa que estén recibiendo el favor de Dios. Es algo así como la comparación que hacíamos de los seguros. Si tu seguro se vence, se vence la cobertura del seguro. Si dejas de creer en Dios, y de confesarlo a diario a él, Dios no podrá bendecirte.

Vuelva el Señor tu rostro a ti y te conceda su paz: Contar con el favor de Dios verdaderamente, eso es lo que hacemos cuando pedimos su bendición. Que Dios se acerque que, nos brinde su cuidado y sostén. Que podamos vivir en paz. La paz que se produce al vivir de forma bendecida.

Recordemos que, la bendición de Dios está y se hace efectiva sólo en aquellos que entregan su vida a Cristo y comienzan a confiar verdaderamente en él.  Dios te invita a creer en sus bendiciones. Muchos buscan el favor de Dios, Dios otorga esa bendición. Pero para ello, nuestra actitud debería ser no solo de enfocarse en lo que vemos humanamente. No importa lo que diga el estudio médico, no importa como anden tus finanzas, no importa qué mal puedan andar tus relaciones, ten fe, ten confianza en Dios y verás su bondad. El es Todopoderoso, así lo repetimos dominicalmente, omnisciente, Creador del universo (del cielo y de la tierra) y te tiene en la palma de su mano. Nada es difícil para él. Aférrate a esta verdad por fe y concéntrate en su bondad. Permítele que su paz se afirme en tu corazón y tu mente de forma de poder ir disfrutando de la bendición de Dios todos los días de tu vida.

Oremos: Padre, te agradecemos por tu infinita bondad en nuestras vidas. Hoy escogemos afirmar nuestro corazón y nuestra mente en Ti y en tu bendición, no importando cómo puedan ser las circunstancias. Confiamos que veremos el poder de tu bendición. Danos tu paz, en tanto mantengamos nuestra mente en ti. Permítenos bendecir a los demás y hablarles a otros sobre ti para que también puedan disfrutar de esta bendición. En el nombre de Jesús. Amén.