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Demos lugar a Dios

2do. Domingo después de Epifaníacana3

El maestro de alegría

“Por tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas.  «Hagan sendas derechas para sus pies», para que la pierna coja no se disloque sino que se sane.

 Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.  Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos; y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor. Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el arrepentimiento, aunque con lágrimas buscó la bendición…. Tengan cuidado de no rechazar al que habla, pues si no escaparon aquellos que rechazaron al que los amonestaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si le volvemos la espalda al que nos amonesta desde el cielo”.

Heb 12:12-17.25

 

Sal 105

Ex 33:17-23

Jn 2:1-11

 

El maestro de alegría es el tema tradicional para este segundo domingo después de Epifanía. Y especialmente está relacionado por la alegría de las bodas de Caná, donde Jesús activamente toma parte de esa alegría y demuestra que él está a favor de que la gente se alegre, viva feliz y disfrute de la vida.

En el día de hoy queremos hablar también acerca de la alegría, la alegría que viene de Dios. La alegría que podemos recibir sólo de parte de Dios. Estamos a comienzo de un nuevo año de una nueva etapa y lo que Dios quiere es que comencemos con todas las fuerzas, el entusiasmo y especialmente la alegría. Y no sólo está hablando de la alegría personal sino también de la alegría a nivel comunitario. Jesucristo no niega las alegrías y logros personales, pero especialmente está siempre dirigiéndose a la comunidad como base de la fe, desde donde se origina y se mantiene la fe y desde donde podemos nutrirnos cuando la fe es débil y la alegría es escasa. La iglesia es la forma humana que tenemos de comunicarnos con Dios y de recibir la ayuda y sostén de Dios en la tierra. Quien se mantenga conectado a una comunidad se mantendrá conectado a Dios y podrá seguir siendo bendecido por Dios durante toda su vida.

“Renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas. «Hagan sendas derechas para sus pies», para que la pierna coja no se disloque sino que se sane”.

Seguramente que, por muchas aflicciones o problemas en la vida personal o también a nivel comunitario podremos pasar por situaciones de dudas, miedos e inseguridades. Esto es muy humano. Somos seres humanos y somos propensos a la debilidad de pensamiento. Pero la palabra de Dios nos dice hoy que, pese al cansancio y a la debilidad física, debemos seguir adelante y hacer todo lo posible para que el cansancio físico, y especialmente el cansancio y la debilidad mental no tengan lugar en nuestras vidas. Para que las cosas se sanen. Es decir, el apóstol está suponiendo que, lo normal es que las cosas estén sanas, especialmente en un nivel espiritual. Si no nos encontramos con fuerzas, no es por tanto una situación deseable y normal. Debemos poder colocar toda nuestra confianza en la gracia de Dios, es decir en la bendición de Dios, en el favor inmerecido, en el regalo que, Dios quiere darnos por medio de su Espíritu Santo. Ese regalo es su gracia. La gracia puede ser: oraciones respondidas, puede ser fuerza sobrenatural de su Espíritu, puede ser cambios de forma sobrenatural en las cosas que humanamente parece que no tienen solución o que no hay salida. Cuando la gente dice, no hay solución, no hay salida. Dios dice sí, hay solución, sí, hay salida, si hay progreso sí, hay cambio, sí hay futuro, sí, hay bendición, sí hay prosperidad, sí hay promesas cumplidas, sí hay sanidad, sí hay esperanza, sí, hay un camino que se abre, sí, hay una puerta que se abre, sí, hay un nuevo horizonte, sí, hay un año mejor, sí hay más posibilidades, sí, hay vida. Pues todo lo contrario que pueda surgir de nuestras mentes y de nuestra boca, la mayoría de las veces no son los pensamientos que vienen de Dios. Dios, partir de la lectura para el día de hoy nos está diciendo que, él quiere que cambiemos. Y este mensaje, en primer lugar está dirigido hacia una comunidad concreta de los Hebreos, hacia una iglesia, y por lo tanto está dirigido hoy hacia nuestra congregación también. Está en nosotros creer, aceptar y tomar esta promesa de Dios con fe y con confianza y respeto a Dios.

Muchas veces podremos preguntarnos en nuestras vidas; ¿Cuál será la mejor forma de honrar a Dios de amar a Dios? ¿Se han preguntado alguna vez esto? Yo creo que, todo cristiano se formula esta pregunta a diario. Yo por lo menos cada mañana quiero ver cuál es la mejor forma de respetar y obedecer a Dios, cuando cada mañana le pido perdón a Dios por mis pecados. En esta mañana, Dios nos está hablando a nosotros como iglesia que, lo más importante que tenemos que hacer si queremos honrarlo y obedecerle es aceptar su palabra:

“Renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas. «Hagan sendas derechas para sus pies», para que la pierna coja no se disloque sino que se sane”.

Dios nos está llamando a cambiar de actitud mental y espiritual, nos está llamando a levantarnos, nos está llamando a tomar fuerzas, nos está llamando a adoptar una actitud activa de cambio. Ese cambio se da en primer lugar por medio de nuestros pensamientos. Cambiar nuestros pensamientos, de debilidad hacia fortaleza, de falta de confianza hacia fe y confianza en Dios. Y de hacer caminos derechos, para que otra vez no cometamos los errores de debilitarnos en la fe.

Con estas palabras yo interpreto que, Dios puede ayudarnos y bendecirnos pero, para ello es necesario que, nosotros hagamos nuestra parte. Y hay algo que el 100% de nuestra congregación sí puede hacer y eso es cambiar nuestros pensamientos de debilidad y desesperanza a pensamientos de fe y de confianza en Dios, de esperar y ver siempre lo mejor. Eso es tener una mente abierta como a Dios le agrada. Dios quiere que le demos lugar a él para que él pueda hacer milagros en esta comunidad, pero lo único que nos pide es que nos levantemos que, nos fortalezcamos y no demos lugar al diablo en nuestras mentes, con pensamientos negativos acerca de la iglesia, sino que, nos alcemos con la fe que Dios sí quiere que tengamos. Cuando damos ese paso de obediencia a Dios, Dios puede comenzar a hacer las cosas milagrosas que, nosotros como seres humanos limitados y finitos no podemos hacer. Pero nosotros tenemos que abrir el grifo del poder de Dios. Abrir el grifo del poder de Dios es, abrir nuestra mente para esperar y confiar que Dios puede hacer milagros. Confiar, confiar, tener fe y esperanza que Dios, no se maneja con nuestros pensamientos y parámetros sino que Dios es mucho más poderoso y desea que vivamos nuestra vida con una alegría y perspectiva inimaginables.

“Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos”

Ustedes se preguntarán: ¿qué es lo que Dios quiere que yo haga, para que él pueda realizar milagros en mi iglesia y luego en mi vida y en mi familia?. En primer lugar el quiere tu entrega por medio de tu fe y tu confianza en él. El quiere tu obediencia a él, pero esa fe, esa confianza y esa obediencia a él debe comenzar en la manera en que piensas durante todo el día. Ser cristiano no es sólo venir una o dos horas a la semana a la iglesia. Ser cristiano continúa también cuando sales de la iglesia. El quiere que lo honres con tus pensamientos de fe y confianza, con tus palabras de fe y confianza con tu familia y con los demás miembros de la iglesia durante toda la semana. Así estás obedeciendo y honrando a Dios. Así Dios puede comenzar a modificar las cosas que para el ser humano parecen imposibles en esta iglesia. Si permitimos que Dios cambie sobrenaturalmente las cosas en esta iglesia primero, él luego se va a ocupar de cambiar milagrosamente las cosas en tu vida y en tu hogar también.

“Tengan cuidado de no rechazar al que habla, pues si no escaparon aquellos que rechazaron al que los amonestaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si le volvemos la espalda al que nos amonesta desde el cielo”

Aquí se piensa en que si todos aquellos que rechazaron a Jesús en la tierra, han recibido ya su merecido. Nosotros tenemos que, estar alertas de tampoco de rechazar a Cristo en este tiempo donde él no está en la tierra. Debemos cuidar de obedecerle.

Tenemos más bien que aceptar la palabra de Cristo como palabra divina, para que podamos alcanzar la paz, vivir en santidad y recibir la gracia de Dios.

Dios quiere que vivamos también en esta vida pudiendo disfrutar de las cosas buenas de la vida. El nos da todas las herramientas necesarias para lograrlo. Esta tierra todavía no es el paraíso, el cielo prometido en la Biblia. Pero tampoco es el infierno. Dios quiere que vivamos insertos en un mundo, donde hay muchos problemas. Pero el también nos dice en Isaías 26:3 “¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos!”.

El mundo en que vivimos es el mismo para todos cristianos y no cristianos. Pero la calidad de vida, y la asistencia de Dios para los cristianos es diferente y eso es la gracia de Dios. Y nosotros tenemos la decisión de qué clase de vida queremos tener: con el favor de Dios o sin él. ¿Qué clase de iglesia queremos tener una iglesia donde Dios quiere habitar trayendo su alegría y su favor o sin esto? Todo depende de nosotros. De la calidad de nuestros pensamientos y de nuestras palabras. Todo depende de nuestra acción de hacer las sendas derechas para nuestros pies, para que la pierna coja no se disloque sino que se sane.

Oremos: Señor, permítenos creer y confiar. Para ello danos la valentía de pensar y de hablar palabras de fe, de confianza de esperanza en nuestra iglesia y fuera de ella, para así poder honrarte y obedecerte. Danos tu favor. En el nombre de Jesús. Amén.

¿Un buen año?

Año ViejoAño Viejo

“Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.

No se dejen llevar por ninguna clase de enseñanzas extrañas. Conviene que el corazón sea fortalecido por la gracia, y no por alimentos rituales que de nada aprovechan a quienes los comen”.

Hebreos 13:8-9

 

Es una costumbre alemana, por lo menos de muchos amigos míos pastores que, al final del año me envían una especie de carta circular que reparten entre sus amistades, donde hacen un resumen de todo lo que vivieron como familia durante el año. Hace una especie de balance informativo de los acontecimientos más importantes que vivieron como familia. Algunos otros más metódicos llevan un diario personal de lo que van viviendo en sus días. Yo llevo también un diario, aunque más que un diario es un periódico, donde de vez en cuando dejo por escrito mis vivencias. Pero sería bueno poder hacer una especie de balance escrito, aunque más no sea una carilla de las cosas que nos gustaron de este año que pronto pasa y por qué no nos gustaron y también escribir las cosas buenas que nos pasaron en este año y poder escribir por qué nos gustaron. Esto nos puede ayudar para mirar más objetivamente lo que queremos lograr y lo que queremos evitar, siempre que esté a nuestro alcance para el próximo año.

 

Seguramente que este ejercicio nos va a ayudar mucho, por lo menos en aspectos objetivos y humanos. Nos sirve para organizar nuestros pensamientos y también para organizar nuestras actividades. Aunque muy bien sabemos también que, hay acontecimientos de nuestra vida que por más que planifiquemos no salen y hay acontecimientos de nuestra vida que por más que no queramos que sucedan suceden. Estas puedan ser las cosas negativas que nos suceden.

También pueden suceder cosas hermosas e inesperadas en un nuevo año, por qué no? Quien no crea que cosas hermosas y buenas pueden llegar a suceder en el año que viene, entonces es porque se encuentra muy desahuciado, negativo y agotado, ya no tienen fuerzas para pensar en positivo porque decimos: ha perdido la esperanza.

Hay un dicho especialmente usado en el ámbito de la medicina que dice: “Mientras hay vida hay esperanza”. Aunque a nosotros los cristianos nos gusta expresarlo a la inversa: “Mientras hay esperanza hay vida”.

La persona que pierde la esperanza, o pierde todo. Pierde la fuerza motriz para impulsarse desde lo negativo hacia lo positivo. Pierde la energía para visualizar un futuro venturoso y claro. Qué podemos hacer si nos encontramos así, si de veras es nuestro caso que, hemos perdido la esperanza?

 

Leí recientemente un pensamiento del famoso psicoanalista austríaco Viktor Frankl que, tuvo que pasar los años de la guerra en un campo de concentración el dijo: “Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino. Cuando ya no podemos más cambiar una situación – somos desafiados a cambiar nosotros mismos.

 

Nosotros los cristianos tenemos una de las oportunidades únicas en este mundo de cambiar, porque sí de veras tenemos una esperanza. Y esa esperanza está en Jesucristo. El es Dios, es poder, es cambio, es nueva oportunidad, es la única manera, la única forma de lograr que las cosas se modifiquen y para bien. La Biblia nos dice hoy que: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. Frente a la gran desesperanza que vive mucha gente, frente a los medios de comunicación que muchos tienen a un en mayor estima, atención y credibilidad que la Biblia misma, donde pues vamos a encontrar esperanza? En ninguna parte. La sociedad que no se apoya en Dios comienza a desmoronarse. Podemos escuchar lindos consejos, buenas filosofías o corrientes de pensamientos positivos pero todo eso no basta si no se está basado en un poder que no cambia que no se altera y que sí efectivamente tiene el poder de cambiar las cosas a diferencia de las: ‘enseñanzas extrañas’ que podamos escuchar. La única fuente inagotable de poder y de esperanza a toda prueba es Jesucristo, su palabra y sus promesas.

 

Es verdad lo que dice este psiquiatra Viktor Frankl: “Cuando ya no podemos más cambiar una situación – somos desafiados a cambiar nosotros mismos”. Y a esto lo podemos aplicar a la fe cristiana. Cuando vemos que nuestros propios recursos humanos no tienen poder alguno para cambiar la realidad, la situación que estamos viviendo, somos obligados, desafiados a cambiar nosotros mismos. Si no nos queremos enfermar o hasta morir, tenemos que cambiar, aceptar lo que no se puede cambiar y dejar ir lo que nos está quitando la felicidad o enfermando.

En estos últimos días del año quizás muchos de nosotros también seamos desafiados a cambiar nosotros mismos, pero no cambiemos volcándonos hacia las cosas que en verdad no contienen esperanza, como las que dice el apóstol las: “creencias extrañas”. Cambiemos nosotros mismos buscando hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas y permitir que la voluntad de Dios pueda involucrarse por completo en nuestro ser.

 

Si de veras queremos cambiar, si de veras queremos cambiar nosotros mismos elijamos cambiar en tanto nos arrojamos a los brazos de nuestro Señor Jesucristo que, es el mismo ayer y hoy y siempre y por los siglos.

Volquémonos hacia la fe infantil, la fe como la de un niño. Inclinémonos hacia creer en Dios con fe y confianza inocentes. Inclinémonos hacia la Biblia l apalabra de Dios y depositemos nuestra dedicación nuestro tiempo y nuestra atención en ella más que a los medios de comunicación que por otro lado no buscan informar sino más bien es un muy buen negocio para sus dueños. No está mal leer los diarios, pero si los diarios tienen mayor atención y autoridad que mi Biblia allí hay un problema. Vayamos a la fuente milagrosa y de poder que es la Biblia que, no es solamente un libro es además la palabra de Dios. Busquemos empezar y terminar el día en oración solos o en familia. Pidámosle a Dios que cambie nuestra manera de ver la vida que, nos de esperanza para poder visualizar las cosas buenas y positivas y no las cosas que no alimentan la esperanza. Está en nosotros poder elegir qué tipo de vida queremos vivir en el año que comienza. Hay muchas cosas que serán la voluntad de Dios en el año que comienza, pero sólo para aquellos que viven según la voluntad de Dios. Muchos dicen cuando un acontecimiento siniestro ocurre: Tienes que aceptarlo así es la voluntad de Dios. No. Yo no sé si todo lo malo que nos pasa es la voluntad de Dios. Si yo estoy del lado de Jesucristo, si alimento mis pensamientos con la Biblia, si oro a Diario si voy a la iglesia si tengo confianza en Dios que él me protegerá, entonces estoy viviendo dentro de la voluntad de Dios. Pero si no estoy viviendo de esa manera, es muy probable que las cosas no deseadas no venga precisamente de Dios.

 

Dios quiere cuidarnos en este año. Así también como quiso cuidarnos en los años que pasaron. Dios quiere darnos un año de calidad. De un cuidado sobrenatural perfecto. Pero nosotros tenemos primero que dejar que él lo pueda hacer. Debemos darle lugar en nuestro corazón. Debemos abrir nuestra vida a él. Debemos dedicarle tiempo diario por medio del alimento espiritual leyendo la Biblia y empezando y terminando nuestro día en oración. Debemos honrarlo con nuestra participación en la iglesia. Debemos honrarlo con nuestra fe y confianza en él. Uno de os descubrimiento más hermosos que hice en este año que pasó fue el de releer el versículo de Hebreos 11:6 “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan”. Y yo me lo digo a diario así, si de veras quiero agradar a Dios tengo que tener fe. Tengo que cambiar mi mente mis pensamientos hacia la fe y la confianza, hacia ver lo mejor lo más positivo lo más esperanzador pues de otro modo no estoy mostrando mi fe. —Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua.

—Ven —dijo Jesús.

Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó:

— ¡Señor, sálvame!

En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió:

— ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” Mt 14:28ss

 

Jesús te va a ayudar en este año. Te quiere ayudar, pero tú tendrás que entregarte a él con fe en cada minuto del año que comienza. Tienes que vivir en los términos de su voluntad. Tienes que depositar sólo tu obediencia y confianza en él. El no cambio, el es el mismo y lo será por siempre. Está en nosotros aferrarnos a él para que cada año sea incluso mejor que el que pasó.

Sólo a Dios sea la gloria en este nuevo año que comienza. Amén

 

Jesús siempre responde

16to. Domingo después de Trinidad

Jesús siempre responde.

Jesús siempre responde.

“Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y Marta, sus hermanas. María era la misma que ungió con perfume al Señor, y le secó los pies con sus cabellos…Las dos hermanas mandaron a decirle a Jesús: «Señor, tu amigo querido está enfermo…A su llegada, Jesús se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros de distancia, y muchos judíos habían ido a casa de Marta y de María, a darles el pésame por la muerte de su hermano. Cuando Marta supo que Jesús llegaba, fue a su encuentro; pero María se quedó en la casa.

—Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.

—Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.

—Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.

Entonces Jesús le dijo:

—Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

—Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo…Entonces quitaron la piedra. Jesús, alzando la vista, dijo:

—Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste.

Dicho esto, gritó con todas sus fuerzas:

—¡Lázaro, sal fuera!

El muerto salió, con vendas en las manos y en los pies, y el rostro cubierto con un sudario.

—Quítenle las vendas y dejen que se vaya —les dijo Jesús.

La conspiración para matar a Jesús

Muchos de los judíos que habían ido a ver a María y que habían presenciado lo hecho por Jesús, creyeron en él”.

Juan 11:1-3.17-27.41-45

Sal 68:1-7.20-21

Lm 3:22-26.31-32

2 Tim 1:7-10

A Jesús se le otorgó todo poder en el cielo y en la tierra. Y sabemos que él ayuda. Esto es un hecho. Cómo ayuda y hasta qué punto, también nos llega a sorprender una y otra vez. Sobre esto se trata lo que hemos leído para el día de hoy en el capítulo 11 del evangelio de Juan.

El que necesitaba de ayuda era un buen amigo de Jesús, Lázaro de Betania, el hermano de María y de Marta. Cada vez que Jesús iba a Jerusalén pasaba a visitarlos. Ahora Lázaro se encontraba muy enfermo, y Jesús estaba muy lejos. Jesús se había ido a un sitio solitario junto al Jordán, pues había cada vez más persecución hacia su persona de parte del pueblo judío. En un momento un mensajero viene con un mensaje: “Señor, tu amigo querido está enfermo”. Sin embargo Jesús se queda allí. Sus discípulos pensaban que él no quería correr el riesgo de ser apresado al encontrarse tan cerca de la capital. Sin embargo Jesús fundamenta esto diciendo que: “Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado”. ¡Sonaban tan raras y misteriosas estas palabras!. Jesús se muestra como Señor omnisciente, pues ya sabe cuál será el desenlace de esa enfermedad. Aún más, él conoce la razón de esa enfermedad: servirá para glorificar a Dios y glorificar al Hijo del Hombre.

Estimados hermanos y hermanas en la fe, este suceso no tiene sólo un significado para Lázaro y la gente de aquel entonces. Este suceso tiene aún un mensaje y una vigencia siempre renovada, aún para nosotros hoy y aquí, para todos los que somos hijos de Dios y amigos de Jesús y creemos en él: “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” (Ro 8:28) Y también nuestras enfermedades, también nuestras necesidades y problemas no son permitidas por Dios, sólo para enojarnos, sino para que por medio de éstas experiencias negativas se pueda entender el sentido de nuestra vida. Es decir que, hemos sido creados para honrar a Dios. Si estás enfermo, si te encuentras en estado de pobreza, si estás triste, si tienes problemas, tan sólo cree solamente y recibe el consuelo de Dios que, eso no significará muerte, sino tendrá un sentido último de glorificar a Dios y a su Hijo Jesucristo. Pues Jesús también quiere demostrar su poder en ti, quiere ayudarte a salir de donde estás, a su modo y a su tiempo.

Para sorpresa de sus discípulos, Jesús se pone en marcha hacia Betania dos días después. Con esto está queriendo mostrar: ahora es el tiempo preciso, aunque desde el punto de vista humano esto sea incomprensible. La razón humana dice: O Jesús tendría que haber ido urgente a ver a Lázaro o bien Jesús se queda allí para no correr riesgos ante gente que quería apresarlo. Pero Jesús es un rey soberano: él dice, ahora es el momento de ayudar. Dos días después, de lo que la razón humana calculaba. ¿Por qué esto sucedió de esa manera? Nos podemos dar cuenta por los sucesos que se dieron más adelante.

Al comienzo hay una conversación interesante con los discípulos. Ellos no querían dejar partir a Jesús. Tenían miedo que pudiera ser apedreado. Y Jesús les dice: “¿Acaso el día no tiene doce horas? El que anda de día no tropieza, porque tiene la luz de este mundo. Pero el que anda de noche sí tropieza, porque no tiene luz”. En otras palabras: quien tiene un largo camino por recorrer, tiene que calcular transitar por él mientras tenga la luz del día. Con esto Jesús quiere decirles a sus discípulos que, él es el Señor, él sabe cuándo es el momento preciso; él; sabe exactamente cuándo es el momento para ayudar, aunque por el momento no sepamos cuál es su plan para con nosotros. De qué forma va a ayudar Jesús lo vemos en sus misteriosas palabras: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo” Y otra vez los discípulos están desorientados y le dicen: “Señor, si duerme, es que va a recuperarse”. Como diciendo que no necesita ir. Sí, la verdad que de a momentos resulta difícil entender a Jesús. Pero sin embargo es tan claro y sencillo: Quien muere en Jesús, no muere en realidad, sino que la muerte es tan sólo como un sueño, pues se va a despertar alegremente de ella. Y eso es lo que Jesús quiere demostrarle a Lázaro. Jesús quiere ser bien claro con sus discípulos. Les dice: “Lázaro ha muerto, y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a verlo”. Así se hacen camino, aunque todavía sin entender y Tomás mira todo con la negatividad muy común en el ser humano que aún no comprende lo que significa vivir la fe: “Vayamos también nosotros, para morir con él”. Sí, estimados hermanos y hermanas en la fe, muchas veces somos tan brutos los seres humanos que, no queremos reconocer que, todo lo que Jesús hace lo hace bien.

Se necesitan dos días para ir a pie desde el Jordán hasta Betania. Cuando Jesús se encuentra allí con sus discípulos, ya Lázaro hacía cuatro días que había fallecido. Aunque Jesús se hubiese apurado, no hubiera podido llegar a tiempo, antes que Lázaro fallezca. Muchos parientes, vecinos y amigos llegan a la casa mortuoria. Se escucha agudos lamentos y llanto, se escuchan cánticos y oraciones. Los parientes más cercanos de Lázaro son sus dos hermanas que, se encontraban sacudidas. María se había recluido en su casa. Marta, la más activa se apresta a encontrarse directamente con Jesús, cuando él llega. Casi como reprochándole al saludarle le dice: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Aunque también expresa hacia Jesús una gran confianza que, aún no se había agotado: “Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas”. Y allí Jesús le promete: “Tu hermano resucitará”.

Y eso era algo que, Jesús le prometía a todo el mundo. Todo aquel que creyera en él resucitaría a la vida eterna. Tan claro y tan sencillo es esto, tan grande es el poder de Jesús que, inclusive puede ayudar más allá de la muerte y tiene poder sobre la muerte misma. Para Marta esto es claro. Allí le dice: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final”. Y allí Jesús dice algo aún más raro a partir de las palabras de la mujer:

“YO, soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera;  y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás”. Con esto Jesús revela, en qué momento y de qué forma va a resucitar Lázaro, o en el día del Juicio Final o antes. El cuándo y cómo es cosa de él, eso no tenemos por qué saberlo. Lo más importante que, tenemos que saber es que la ayuda de su parte la vamos a recibir y sólo de él, y no de ninguna otra parte. Así lo expresa con estas palabras YO SOY. Y también las otras palabras de Jesús que se expresan de esta misma forma como cuando nos dice: “YO SOY el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Jn 14:6). No tenemos necesidad de saber, cuándo y cómo nos ayudará Jesús, lo más importante es que confiemos que, sólo confiemos, lo que él obrará por medio de su Hijo. “¿Crees esto?”, le pregunta Jesús a Marta. ¿Crees esto? Nos pregunta él a nosotros hoy aquí en la iglesia. Y queremos hacer como Marta, queremos confiar con una fe infantil, inocente, ese tipo de fe que produce que las montañas se muevan: “Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo”.

En ese instante Marta siente que debe llamar a María. Corre hacia la casa y llama a su hermana. Y eso tiene que ver con confiar en Jesús también, el que nos movamos para llevar a otros hacia Jesús también. Cuando María se encuentra con Jesús le dice lo mismo que le había dicho su hermana: si hubieras estado aquí mi hermano no estaría muerto. Y comienza a llorar y los parientes también comienzan a llorar. ¿Amaba Jesús a María? Ciertamente. Ambas hermanas y Lázaro eran sus grandes amigos. ¿Llora el también con ellos? No, no lo hace. El hace otra cosa que no podemos entender: ¡se enoja!. Se enoja por ese duelo. Se enoja por la falta de fe que, es el motivo de ese duelo. ¿Es que acaso no confiaban que él podría hacer algo? A su modo y a su tiempo? Si hubieran tenido confianza no hubieran necesitado llorar y desesperarse. Ojalá queridos hermanos y hermanas, fuera nuestra confianza en tiempos de dolor y necesidad, más grande que nuestra tristeza.

Jesús deja que los demás lo guíen hacia la tumba donde se encontraba Lázaro. De camino, el también se pone a llorar, no por tristeza por la pérdida, sino de tristeza para la falta de fe de la gente. Su enojo se transforma en tristeza. Así también es el Hijo de Dios Jesucristo, al mismo tiempo Dios y ser humano con todos los sentimientos propios de un ser humano. Y otra vez esa tristeza se torna en enojo cuando escucha palabras de duda y falta de confianza. Ahí hay uno que dice: “Éste, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera?”. También María estaba llena de dudas. Cuando Jesús ordena que abran la tumba ella le dice: “Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí”. Y Jesús le pide tener confianza: “¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?” Entonces la piedra de la tumba es removida. Jesús ora agradeciendo en voz alta, le dice al Padre: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado”. Y allí llama al muerto Lázaro: revive y sale caminando, envuelto todavía en mortajas. ¡El llamado de Jesús, es el llamado del Creador, del que tiene el poder de resucitar a los muertos! Jesús ayuda y lo hace como ningún otro ser humano lo podría hacer. Jesús hace que las cosas vuelvan a tener vida, a su modo y a su tiempo.

Y allí, naturalmente creen todos. Ahora creen. Y festejan y lo alaban como si se tratase de un rey. Días después lo acompañan en la entrada triunfal en Jerusalén. Pero un par de días después, su fe muere otra vez. Intimidada por el poder humano, gritan: „crucifícalo, crucifícalo!“ Y allí si sucede lo que los discípulos temían y lo que él de antemano había predicho. El camino hacia Betania, le conduciría a la muerte. Aunque poco tiempo después su propio cadáver yace en una tumba, sellada con una gran piedra. Y aquí también se revela su gloria y aún de una forma más grandiosa que la resurrección de Lázaro. Aquí también lo hace según su plan y su agenda incomprensible para nosotros. Dos días espero hasta ir a Betania; dos días espero él mismo en su propia tumba y al tercer día resucitó de entre los muertos con toda la gloria. Él, el que dijo: “YO soy la resurrección y la vida”. Él, el que sólo él puede salvarnos de todo mal y nos va a resucitar de los muertos. Según su plan y horario a su manera. Él lo ha prometido y para ello él mismo fue a la muerte. El puede ayudar él te va a ayudar, de eso tenemos que estar seguros.

Que la paz de Dios que, sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y mentes en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén

Quiero dar, pero sólo para Dios

“El amor de Dios”dar a Dios

13er. Domingo después de Trinidad

 

 

»Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa.

 

»Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa. Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”.

Mateo 6:1-4

 

Sal 112:5-9

Gn 4:1-16ª

1 Jn 4:7-12

 

El tema tradicional para este domingo es el amor de Dios. El texto del evangelio para la predicación de este domingo proviene del sermón del monte de Jesús. Y Jesús quiere hablarnos sobre dos cosas importantes. Una de ellas es el hacer buenas obras para bien de nuestro prójimo y para gloria a Dios, pero también está queriendo remarcar que, todo lo que hagamos debe tener por finalidad glorificar plenamente a Dios, no a nuestra persona o nuestras obras para conseguir el aprecio y la gloria de la gente por lo que hacemos. Y especialmente lo que hacemos en la iglesia, debe tener por finalidad alabar enteramente a Dios. Y algo muy importante que, también se desprende de las palabras mismas de Jesús es que, nuestras buenas obras también son recompensadas por Dios, pero en tanto y en cuanto provengan de un corazón limpio, sincero, humilde que sólo busca la aprobación de Dios y no de la gente.

 

¿Cuál es el tema fundamental de la lectura que hemos escuchado: dar ofrendas para Dios? No, ese no es el tema principal. Jesús está utilizando a las ofrendas, al dar dinero como un ejemplo. El tema que Jesús está abordando es mucho más amplio. Está hablando de cómo debería ser nuestra actitud cuando decidimos agradar y amar a Dios.

Hay muchas personas que, todavía no han aprendido lo que significa amar y agradar a Dios por medio de la iglesia. Recuerdo que había una mujer de mi familia que, cada día que volvía de la iglesia decía: ¡bueno, ya cumplí! Para ella el ir a la iglesia era parte de un cumplimiento, de una especie de ley, de sacrificio. Le habían enseñado seguramente en su iglesia que, Dios era algo así como un policía que impartía leyes y que había que cuidarse de no cometer infracciones. Para ella el ir a la iglesia era una obligación. Hasta el día de hoy es así para ella. Para otros el ir a la iglesia es el otro extremo. Creen que Dios es amor, que Dios los ama y por ello, todo está bien. Todo vale y todo es permisible no hay reglas ni leyes, yo hago lo que quiero soy libre y hago lo que se me da la gana y lo que me hace sentir bien. Eso es también el otro extremo esa persona no entiende en absoluto lo que significa agradar a Dios.

 

Agradar a Dios, sea participando de la vida de la iglesia, o dando dinero para Dios o cualquier cosa material para el crecimiento y mantenimiento de la iglesia. O dando de nuestro tiempo y dedicación para la edificación de la iglesia tiene que ver en primer lugar con un acto de amor a Dios. Es imposible ser un buen cristiano, un fiel seguidor de Jesús, si primero no entiendo lo que significa amar a Dios.

Me gusta enseñar en el curso de confirmación el significado del tercer mandamiento: Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Elegimos venir a la iglesia porque queremos darle algo especial a Dios. Queremos regalarle nuestro tiempo, queremos mostrarle que él es lo más importante  cada domingo, cada día de reposo. Cuando damos dinero a la iglesia y apartamos nuestros diezmos o el dinero que hemos recibido, lo hacemos porque queremos honrarlo a él con los primeros frutos que hemos obtenido. Cuando damos así eso es un acto de amor, un acto de entrega y de confianza en que él suplirá todo lo que necesito y aún más me dará conforme al amor que muestro cuando doy mis ofrendas.

El otro día que contaron que una miembro de la comisión directiva de mi ex congregación se fue a otra iglesia por problemas que tuvo con algunos miembros de la congregación. Mientras yo estaba allí, esta persona parecía ser una buena cristiana y una buena miembro de la iglesia. Antes de irse, como tenía las llaves de la iglesia, una noche entró y se llevó las plantas y macetas que había donado para la iglesia que, se encontraban en el altar, porque según decían eso le pertenecía. A muchas personas, les dio risa esto. A mí me dio mucha tristeza, pues me di cuenta cuan necio y pobremente ignorante era esta persona ante los ojos de Dios. Me di cuenta que, es como Jesús dice en esta lectura: “como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje”. Lamentablemente me di cuenta que, todo lo que había hecho, no fue hecho para Dios, fue simplemente para ella, para mostrarse delante de la gente. Cuando las personas dan para Dios de esa manera, es imposible que reciban la recompensa, es decir las bendiciones de Dios. Eso no es dar. Eso no es alabar a Dios, eso no es amar a Dios. Eso no es ser cristiano, eso no es la iglesia.

 

Dios nos quiere recompensar, también en lo material, y esto no tiene nada que ver con creer en teologías de la prosperidad o creer que Dios es un Dios suplidor sólo de lo material. Las bendiciones de Dios también comprenden las cosas materiales de la vida. Sería necio creer que Dios no nos va a bendecir materialmente también. Pero para ello, debemos conducirnos con la actitud correcta y la actitud correcta es amar a Dios. Esto quiere decir que, todo lo que hagamos, aunque sea hasta el más mínimo alfiler que demos para la iglesia o la monedita más chica o el billete más valioso debe ser dado únicamente para Dios y su gloria y por total entrega y amor a él solamente, sin esperar nada a cambio y con total devoción. “El Señor da la riqueza y la pobreza; humilla, pero también enaltece. Levanta del polvo al desvalido y saca del basurero al pobre para sentarlos en medio de príncipes y darles un trono esplendoroso” (1 Sa 2:7-8). Dios puede darnos, pero si despreciamos a la iglesia de Dios y no damos con la actitud correcta también puede quitarnos y eso hay que tenerlo en cuenta también.

 

Suponemos que a esto ya lo sabemos, por eso queremos centrarnos en la alegría que, sí sabemos produce el amar a Dios con humildad y con total entrega. El texto de hoy nos habla de dar, pero  de un dar de forma más amplia. Nos habla de ayudar, de dar, de compartir de ser solidarios con los que sufren con los que necesitan ayuda, nos está hablando de no ser orgullosos y soberbios, sino de ser humildes, nos está hablando que Dios nos pide ayudar y dar sólo para su gloria, no esperando recibir, ni de la gente, ni tampoco siquiera de él. Dios nos va a recompensar eso sí es un hecho y mucho, pero sólo si tenemos la actitud correcta. Dar sin ser orgullosos ni soberbios, dar porque Dios nos da y por eso podemos dar. Ayudar a los demás porque él no es indiferente con nosotros y porque él es solidario y se interesa por los necesitados, por los sufrientes, por los dolidos, por los desposeídos. Dios no es un Dios individualista e indiferente. Dios es un Dios compasivo y amoroso y está esperando lo mismo de nosotros y de nuestra congregación. Quizás está pueda ser la manera en la cual Dios quiera bendecirnos aún más en aspectos de nuestra vida que, nos estamos preguntando por qué no recibimos respuestas ni bendiciones de Dios, quizás sea este un aspecto a considerar en nuestras propias vidas.

 

Recordemos que, Dios sí quiere que mostremos nuestras buenas obras. Dios quiere que brillemos con nuestro testimonio, con nuestro buen comportamiento y con nuestra vida de cristianos. Pero todo debe ser hecho con un espíritu de amor a Dios enteramente y en primer lugar. Esa es la actitud que va a ser poderosamente recompensada por Dios con sus ricas bendiciones en esta vida y en la vida venidera.

 

Oremos:

Señor, Dios santo, gracias por tus palabras de amor. Cada palabra que leemos de ti en la Biblia, nos quiere beneficiar. Aún cuando nos exhortas estás buscando bendecirnos. Ayúdanos a aceptar tu palabra con humildad y a comenzar a dar y a ayudar con la actitud correcta de abnegación y humildad pensando sólo en agradarte a ti. Amen,