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Los libros del Antiguo Testamento

I. LOS LIBROS HISTORICOS

-Los cinco libros atribuidos a Moisés-

El primer libro, Génesis, es el libro del comienzo. Empieza con el testimonio de la fe en que Dios por su Palabra creadora ha hecho el universo. Narra el origen del género humano y de su culpa, de Abraham y los demás patriarcas del pueblo de Dios y termina con el comienzo de su historia como pueblo.

El segundo y el cuarto libro, Exodo y Números, respectivamente, forman una obra mayor. Nos cuentan cómo Dios se revela como Salvador de su pueblo oprimido y lo libera de la esclavitud. En el monte Sinaí le da su pacto y su ley, pero desde un principio el pueblo que Dios había elegido es desobediente e ingrato, por lo cual Dios se ve obligado a castigarlo, y retenerlo en el desierto por el término de 40 años.

El tercer libro, Levítico, nos trasmite leyes y preceptos para la fe y la vida de Israel. Aparentemente fue escrito por los sacerdotes del templo en Jerusalén.

En el quinto libro, Deuteronomio, el pueblo, al terminar el período de su peregrinación a través del desierto, es recordado otra vez a su vocación y al pacto con su Dios. Se presume que este libro fue escrito por los sacerdotes poco antes de la destrucción de Jerusalén.

Los restantes libros históricos.

El libro Josué narra cómo el pueblo de Dios, después de la muerte de Moisés, guiado por Josué, toma posesión del territorio prometido, Palestina.

El libro de los Jueces nos informa sobre la lucha del pueblo contra los pueblos vecinos hostiles, y sobre los salvadores que Dios le mandó, los llamados “Jueces”, como Gedeón y Sansón.

Los siguientes cuatro libros grandes ( I y II Samuel, I y II Reyes)

forman parte de una obra histórica mayor sobre 1os reyes de Israel. Nos informan sobre los comienzos bajo e) profeta Samuel, los reinados de Saúl y David, la gran división y la historia de ambos reinos, del septentrional: Israel, y del reino austral: Judá, hasta la destrucción de Jerusalén y el exilio.

Los dos libros de Crónicas datan de la época post-exílica. Su finalidad es mostrar cómo Dios guía a su pueblo, desde Adán hasta la época de la cautividad babilónica.

El libro del escriba Esdras y del gobernador Nehemías cuentan las dificultades y peligros que tuvo que superar el pueblo al reedificar la ciudad de Jerusalén y el templo, a su regreso del exilio.

AI grupo de los libros históricos pertenecen también el librito de Rut, cuyo contenido es la historia de la abuela del rey David, y el librito de la reina Ester, de origen judío, que nos informa sobre las persecuciones y la protección que experimentaron los judíos en el extranjero.

II. LOS LIBROS DIDACTICOS

El libro de Job trata el problema del sentido del sufrimiento. Job aprende a humillarse bajo la mano de Dios aunque no comprende su manera de actuar.

El Salterio con los 150 Salmos es el devocionario e himnario del pueblo de Israel. Nuestros cultos y canciones demuestran la importancia del Salterio para los cristianos.

Al rey Salomón se le atribuyen los tres libros siguientes llamados:

Proverbios, que enseñan que el temor a Dios es la base de toda la sabiduría de la vida;

Eclesiastés, que nos induce a la prudencia frente a la vanidad de la vida humana;

y el Cantar de los Cantares, una colección de antiguas canciones relativas al amor y las nupcias.

III.    LOS LIBROS PROFETICOS

Los libros históricos ya nos hablan algo de los profetas, mensajeros de Dios para su pueblo. Sus palabras y hechos nos han sido trasmitidos en los libros proféticos.

Entre ellos hay profetas de la época de los reyes (Oseas, Amos, Miqueas, Isaías), del tiempo de la catástrofe (Jeremías y Lamentaciones), del exilio (Ezequiel, Deuteroisaías) y de la época postexílica (Daniel, Hageo, Zacarías, Malaquías).

Los tres primeros son llamados PROFETAS MAYORES, pues de ellos poseemos libros extensos con mensajes importantísimos.

lsaías es entre los profetas, el mensajero intrépido enviado por Dios a los reyes de Israel. En la segunda parte de este libro encontramos los mensajes de varios profetas anónimos. Del Deuteroisaías (Cáp. 40-55) tenemos las profecías de “Adviento” y los himnos del “Siervo de Dios”.

Jeremías es el mártir de Dios, pues por su obediencia a Dios se gana el odio de su propio pueblo y sus autoridades. Profetizó el nuevo pacto de Dios. También se le atribuye el libro Lamentaciones que data de la época de la destrucción de Jerusalén.

Ezequiel es el profeta que Dios llamó a ser el pastor y centinela de su pueblo cautivo.

El libro de Daniel se originó en la época de opresión del siglo II a.C., a la que se refieren los libros apócrifos de los Macabeos. El ejemplo del fiel Daniel ante los reyes babilónicos anima a los judíos a perseverar en la fe de sus padres. En varias visiones se explica la historia de los antiguos imperios.

Los restantes libros profetices forman parte del grupo de los DOCE PROFETAS MENORES, algunos de los cuales son importantes.

Oseas es el profeta del nuevo pacto basado en la gracia divina.

Amós anuncia el castigo divino sobre la injusticia social y la falsa piedad, muy comunes en el pueblo de Dios.

La historia de Jonás enseña al pueblo de Dios que la misericordia divina abarca a todos los hombres.

En las palabras de Miqueas la cristiandad encontró la profecía acerca del nacimiento del Salvador en Belén (Mateo 2).

y en las de Malaquías el anuncio de la misión de Juan Bautista (Mateo, Cáp. 17).

El mensaje del Antiguo Testamento (AT)

El Antiguo Testamento nos narra como Dios, Creador y Señor del mundo, eligió al pueblo de Israel entre todos los pueblos. En él Dios se revela como el Santo y Misericordioso, y por medio de ese pueblo llegará la bendición divina a todos los hombres.

La historia de Israel comienza con Abraham. Dios lo llama y él cree en ese Dios al que no conoce. Por eso le acompaña la bendición divina a él y a sus descendientes. La mano protectora los conduce a Egipto. Allí se multiplican formando un pequeño pueblo. Pronto son oprimidos y forzados a trabajar como esclavos, pero Dios ve su miseria y entonces elige a Moisés para que los libere de la esclavitud. En el monte Sinaí Dios celebra con su pueblo el pacto de la gracia, otorgándole los Diez Mandamientos que habrán de servir como norma de su vida. En el desierto Dios se manifiesta como el protector y el salvador de su pueblo. Lo conduce hacia la tierra que había prometido a Abraham.

Por medio de los jueces. Dios da a su pueblo poderosos salvadores. Más tarde serán los reyes quienes guían al pueblo de Dios. El templo es el símbolo de la presencia de Dios entre ellos.

La historia del pueblo de Dios no sólo es una historia de la bendición y gracia divinas, sino también es historia de la desobediencia y de la culpa de Israel. Estando aún en el monte Sinaí y en el desierto, se rebelaron contra su Dios, olvidando el pacto y la vocación por El.

Conocen los mandamientos de Dios, pero no viven de acuerdo con ellos. Olvidan el temor a Dios y adoran dioses ajenos; olvidan el amor al prójimo y violan la justicia y la verdad. Ofrendan en el templo sacrificios de animales y de frutos para alcanzar el perdón de sus pecados, pero no cambian sus vidas. No obstante Dios no quiere sacrificios sino obediencia.

Por esto. Dios les envía sus mensajeros, los profetas. Ellos deben llamar al pueblo de Dios para que se aparte de su camino que lo llevaría al castigo divino. Pero el pueblo hace caso omiso de la Palabra de Dios trasmitida por medio de sus profetas. Prefiere escuchar a los falsos profetas que le hablan de felicidad, bienestar y paz. Por esto le llega el castigo divino. La ciudad de Jerusalén es destruida y quemado el templo, y el pueblo es llevado al exilio. Por muchos años permanece cautivo de los babilonios.

Pero con esto no ha terminado la historia de Dios con su pueblo. El castigo divino por su desobediencia fue duro, pero ahora manda proclamarle su gracia y consuelo divinos y lo deja volver a su patria.

Se edifica otra vez en Jerusalén un templo, y los profetas predican en el nombre de Dios. La ley de Moisés, la “Torá”, es la base del pueblo, y el fiel cumplimiento de la ley es la característica de su fe. Despiértase la esperanza en un nuevo rey David y en el día en que Dios manifestará la gloria divina y liberará a su pueblo de toda necesidad.

Sin embargo, el plan de Dios es otro. Esto nos dice el Nuevo Testamento.

Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento es la primera parte de la Biblia. La mayoría de los 39 libros han sido escritos en hebreo, algunos pocos en arameo. Se dividen en libros históricos (Los cinco primeros libros, Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, Reyes y Crónicas, también Esdras, Nehemías y Ester), libros de enseñanza (Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares) y libros proféticos (Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías).

La palabra latina „Testamentum“ significa última voluntad, legado, pero también alianza. Los primeros cristianos comienzan a hablar del “Antiguo Testamento”. Quizás hoy en día designar a ambos libros como antiguo y nuevo testamento no sea del todo correcto. “Antiguo” no debiera considerarse como “viejo” o “pasado de moda”. Para evitar que esto suceda, se lo conoce también al Antiguo Testamento como “Biblia Hebrea” o “Primer testamento”. Los escritos veterotestamentarios (del Antiguo Testamento) representaban la Biblia de Jesús y de los primeros cristianos. Son irrenunciables para entender el cristianismo.