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El mensaje del Antiguo Testamento (AT)

El Antiguo Testamento nos narra como Dios, Creador y Señor del mundo, eligió al pueblo de Israel entre todos los pueblos. En él Dios se revela como el Santo y Misericordioso, y por medio de ese pueblo llegará la bendición divina a todos los hombres.

La historia de Israel comienza con Abraham. Dios lo llama y él cree en ese Dios al que no conoce. Por eso le acompaña la bendición divina a él y a sus descendientes. La mano protectora los conduce a Egipto. Allí se multiplican formando un pequeño pueblo. Pronto son oprimidos y forzados a trabajar como esclavos, pero Dios ve su miseria y entonces elige a Moisés para que los libere de la esclavitud. En el monte Sinaí Dios celebra con su pueblo el pacto de la gracia, otorgándole los Diez Mandamientos que habrán de servir como norma de su vida. En el desierto Dios se manifiesta como el protector y el salvador de su pueblo. Lo conduce hacia la tierra que había prometido a Abraham.

Por medio de los jueces. Dios da a su pueblo poderosos salvadores. Más tarde serán los reyes quienes guían al pueblo de Dios. El templo es el símbolo de la presencia de Dios entre ellos.

La historia del pueblo de Dios no sólo es una historia de la bendición y gracia divinas, sino también es historia de la desobediencia y de la culpa de Israel. Estando aún en el monte Sinaí y en el desierto, se rebelaron contra su Dios, olvidando el pacto y la vocación por El.

Conocen los mandamientos de Dios, pero no viven de acuerdo con ellos. Olvidan el temor a Dios y adoran dioses ajenos; olvidan el amor al prójimo y violan la justicia y la verdad. Ofrendan en el templo sacrificios de animales y de frutos para alcanzar el perdón de sus pecados, pero no cambian sus vidas. No obstante Dios no quiere sacrificios sino obediencia.

Por esto. Dios les envía sus mensajeros, los profetas. Ellos deben llamar al pueblo de Dios para que se aparte de su camino que lo llevaría al castigo divino. Pero el pueblo hace caso omiso de la Palabra de Dios trasmitida por medio de sus profetas. Prefiere escuchar a los falsos profetas que le hablan de felicidad, bienestar y paz. Por esto le llega el castigo divino. La ciudad de Jerusalén es destruida y quemado el templo, y el pueblo es llevado al exilio. Por muchos años permanece cautivo de los babilonios.

Pero con esto no ha terminado la historia de Dios con su pueblo. El castigo divino por su desobediencia fue duro, pero ahora manda proclamarle su gracia y consuelo divinos y lo deja volver a su patria.

Se edifica otra vez en Jerusalén un templo, y los profetas predican en el nombre de Dios. La ley de Moisés, la “Torá”, es la base del pueblo, y el fiel cumplimiento de la ley es la característica de su fe. Despiértase la esperanza en un nuevo rey David y en el día en que Dios manifestará la gloria divina y liberará a su pueblo de toda necesidad.

Sin embargo, el plan de Dios es otro. Esto nos dice el Nuevo Testamento.

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