Archivos
Estamos en itunes

Conceptos

El Culto

 

 

El culto interpretado como un “Servicio a Dios” es el alma de una comunidad cristiana; ocupa el centro de su vida. Dios mismo reúne a los creyentes bajo su Palabra, y éstos responden con sus cantos y oraciones, con sus confesiones y sus alabanzas. Se produce así lo que enseñó Lutero: El Señor nos habla por medio de su santa Palabra, y nosotros a Él por medio de las oraciones y los himnos o canciones.

 

Dios nos llama a participar de su compañerismo, y nos acepta como hijos suyos. Así también el culto produce comunión entre nosotros, los feligreses, para que nos aceptemos mutuamente como hermanos de nuestro Señor. Tener vinculación con Dios significa también vinculación con el prójimo; he aquí una tarea que nos impone el culto.

 

En las iglesias evangélicas se celebran cultos por muchos motivos y en distintos lugares. Hay cultos para adultos y niños, para enfermos y ancianos, en días domingos o durante la semana. Hacemos cultos conducidos por un pastor o por un lector, celebrados en un templo o en un salón, en un domicilio particular o en un hospital. Son todos servicios divinos de la comunidad cristiana bajo la Palabra de Dios.

 

En cualquier lugar podemos estar cerca de Dios; a pesar de ello edificamos templos y salones parroquiales. Porque la congregación necesita ambientes que ofrezcan posibilidades para reunirse todos, tantas veces como quieran.

 

Como señal del amor a Dios se harán y se mantendrán nuestros templos lindos y cuidados. Sin embargo, el verdadero adorno de una iglesia es la grey que se reúne. Dios puede prescindir de los edificios; el verdadero templo, en el cual Dios quiere habitar, es la congregación creyente.

Por eso nuestros templos no son santuarios. Sus instalaciones son funcionales y están al servicio de la comunidad: el altar, el pulpito, la pila bautismal, el armonio (u órgano o piano, o cualquier tipo de instrumentos) y los bancos (o sillas o cómodas butacas). En muchas iglesias se adorna el altar con la cruz vacía (señal de Cristo resucitado) y ésta nos recuerda que Cristo se entregó por nosotros; las velas o candelabros y las flores o cuadros que embellezcan el lugar son  símbolos de nuestra entrega y agradecimiento a Dios.

 

El culto es interpretado como un “Servicio a Dios”. Está vinculado con la palabra griega “leiturgía” que es “servicio”. Tiene un doble significado; por un lado expresa los beneficios que Jesucristo brinda a su iglesia mediante las dádivas de gracia, la palabra y los sacramentos (según Hebreos 8:2); por otro lado se refiere al servicio que la congregación brinda a Dios como expresión de agradecimiento y adoración en su plegaria y su ofrenda (según Romanos 15:16).

Hoy día se da el nombre de “Liturgia” más bien a la parte de adoración del culto (que puede ser escrita y repetitiva o espontánea); el centro de la parte de proclamación es el sermón (o predicación). Por lo general en las iglesias evangélicas se celebran los cultos dominicales según un orden litúrgico constante. La explicación de las partes componentes del mismo están puntualizadas a continuación (Este es un ejemplo de una iglesia evangélica luterano-reformada).

 

ORDEN DEL CULTO DOMINICAL

 

ORACION SILENCIOSA

 

HIMNO (Canción) DE APERTURAInvocación (Oficiante): En el nombre del

Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Se lee un salmo semanal o se dice: Nuestro socorro está en el nombre del Señor, quien hizo los cielos y la tierra[1].

 

O: INTROITO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Congregación (C): Gloria sea al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era al principio es ahora y será siempre por los siglos de los siglos[2]. Amén

 

O: CONFESION (PUBLICA)DE PECADOS

 

 

C: Dios ten piedad de nosotros. Cristo ten piedad de nosotros.

Dios ten piedad de nosotros[3]. (o un canto de perdón de pecados)

 

O: PROCLAMACION DE GRACIA

 

 

 

O: Gloria a Dios en las alturas

C: Y en la tierra Paz para los hombres de buena voluntad[4]. Amén. Amén. Amén (o canción de alabanza)

O: El Señor sea con ustedes

C: Y con tu espíritu. (o abrazos unos con otros)

 

 

O: ORACION

 

C: Amén.

 

 

 

O: LECTURA BIBLICA

 

 

 

 

C: Aleluya, Aleluya, Aleluya.

 

 

 

 

 

 

 

 C: CREDO

 

 

 

 

 

HIMNO (o canciones)

 

 

O: SERMON (o prédica)

 

HIMNO (o canciones)

 

 

 

O: ANUNCIOS (También se pueden hacer al final antes de la canción de despedida)

 

 

 

 

HIMNO (o canciones)

 

 

 

O: ORACION DE INTERCESION

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PADRENUESTRO

 

 

 

 

O: BENDICION

El Señor te bendiga y te guarde. Haga el Señor resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia. Vuelva el Señor su rostro a ti y te conceda la Paz.

 

C: Amén. Amén. Amén. (O canción de despedida)

HIMNO DE CLAUSURA (Canción de despedida)

 

 

Al llegar oramos en silencio nos concentramos para que  nuestra participación en el culto sea bendecida. (Salmo 51:10-12).Con la canción (canciones) de apertura nos unimos con toda la cristiandad en la alabanza a Dios.”En el nombre” significa: Celebramos el culto por orden y poder del trino Dios quien se halla presente entre nosotros. Con esta expectación estaremos reunidos.

“Amen, amen, esto significa: Sí, sí, que así sea”.

El versículo o el salmo del introito se intercala cada semana. Corresponden al carácter especial que le damos a cada domingo. Algunos domingos derivan su nombre del comienzo del Salmo del Introito respectivo: por ejemplo;”Cantate” (cantad) según Salmo 98:1.

Con este canto de alabanza la congregación da su respuesta y se dirige a su Señor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Es imposible acercarnos a Dios y adorarle, sin estar conscientes de nuestro estado pecaminoso. Esto nos impulsa a reconocer nuestro distanciamiento de Dios y clamar por su gracia divina.

 

 

 

 

 

En el nombre de Jesucristo y por mandato de Él se proclama a la congregación el perdón de sus pecados. Se hace con un versículo bíblico.

 

La congregación responde al anuncio del perdón con la alabanza de los ángeles de la escena de Navidad (Lucas 2:14).

 

El oficiante y la congregación se saludan mutuamente suplicando que Dios les asista en el culto.

 

 

 

Esta oración pronunciada antes de la lectura bíblica. Tiene por finalidad concentrar nuestros pensamientos en los dones de Dios. En ella ruega la comunidad que Dios le ayude a escuchar y entender correctamente.

 

 

 

Para cada domingo está prevista la lectura de determinadas porciones de la Biblia. La selección de estas data en parte de más de mil años de antigüedad. Estos textos se llaman “perícopas” (secciones) y proceden mayormente de los Evangelios y las Epístolas. Su contenido define el tema del culto y también las lecturas para los días de la semana entrante, conforme al año litúrgico.

 

La grey responde a Dios cantando alabanzas por el don de su santa Palabra. “Aleluya” es un vocablo hebreo, del Antiguo Testamento, y significa: ¡Alabad al Señor! En el tiempo de cuaresma se canta en lugar del alegre aleluya

un sencillo amén.

 

 

 

 

Los feligreses pronuncian en este lugar, por lo general el “Credo Apostólico”. Usan así las palabras, con las cuales la Iglesia ha confesado a través de los siglos su fe, ratificando la comunión con toda la cristiandad.

En fiestas especiales se repite el “Credo Niceno”.

 

(Aquí pueden celebrarse bautismos).

 

 

 

El predicador ubicado en el púlpito ( o podio o tarima; lugar desde donde se predica) saluda a la congregación con un augurio de paz y lee una porción de las Sagradas Escrituras. La prédica es la interpretación de esta porción bíblica como la palabra de Dios dirigida a la grey reunida. La selección de los textos bíblicos para la predicación se atiene por lo general a un orden determinado.

 

 

Por los anuncios se dan a conocer los acontecimientos y las actividades de la congregación, se las relaciona con el culto y la oración. También se comunica para qué obra de amor se destina la ofrenda del culto.

 

Después de los anuncios puede celebrarse la Santa Cena.

 

 

 

 

 

La grey eleva ante Dios todas las cosas que le inducen a dar gracias, a pedir e interceder.

Por norma, comenzamos con el agradecimiento por la abundancia de los dones espirituales recibidos. Continúa la intercesión por la Iglesia y sus obreros, por los pueblos y sus gobiernos, por los feligreses y sus necesidades especiales, como también por toda preocupación especial de la obra. Concluimos la oración con la plegaria por la santificación en espera de la vida eterna.

 

 

 

 

 

 

Con la oración que el Señor enseñó a sus discípulos estamos colocados nuevamente en la comunidad de la Iglesia de Jesucristo, en todo tiempo y todo lugar.

 

 

 

La congregación es despedida por la bendición dada al pueblo de Dios del antiguo pacto (Números 6:24 – 26). La bendición divina es el don de gracia al pueblo de Dios que sale a hacerse cargo de su misión en el mundo,

 

 

la feligresía la recibe con el triple amén.

 

 

 



[1] Salmo 128:4; Sal 32:5

[2] Gloria Patri

[3] Kyrie (Señor, en el NT griego)

[4] Gloria in excelsis

El año eclesial cristiano

El año eclesial cristiano posee un calendario litúrgico que, se fundamenta en la semana de siete días, con su primer día el domingo (del latín: dies Dominicus, o día del Señor) o el primer día de la semana (a partir de Mc 16:2). Y se fundamenta también por el calendario solar que rige en occidente y además por dos fiestas cristianas: La Navidad (Natividad) y la Pascua de Resurrección, con sus correspondientes domingos previos de reflexión. Nochebuena y el día de Navidad tienen una fecha fija, el 24 y 25 de diciembre respectivamente. El domingo de Pascua de resurrección se celebra desde el Concilio de Nicea (año 325) en todas las iglesias cristianas a excepción de las ortodoxas, el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera boreal o del otoño austral. El calendario litúrgico cristiano se rige, por ende, por tres criterios distintos: el calendario solar para los domingos, el calendario lunar para la fijación del domingo de Pascua de resurrección y un día fijo para la Navidad.

El año eclesial se divide en los tiempos propios (Tiempo de Navidad y de Pascua de resurrección) y el tiempo de Trinidad (con otras fiestas y domingos del año). Por tanto las partes del año eclesial son: El tiempo navideño, el tiempo pascual y el tiempo de la Trinidad. El tiempo navideño comienza con el Primer Domingo de Adviento y finaliza con la fiesta de la Epifanía (manifestación); el tiempo pascual comienza con el domingo Septuagesimae (70 días antes de la Pascua) o después del Último Domingo después de Epifanía, Y finaliza con Pentecostés. Allí comienza el tiempo de la Santísima Trinidad que abarca la cantidad de Domingos correspondientes del año en curso hasta el Primer Domingo de Adviento.

El año eclesial comienza con el Primer Domingo de Adviento que, se establece a partir del día 25 de diciembre que se celebra la Navidad, contando hacia atrás 4 domingos. Si Navidad cae en domingo, coincide con el 4to. Domingo de Adviento. Después de Navidad se pueden celebrar incluso dos domingos más llamados después de Navidad hasta la Epifanía. Con el Último Domingo después de Epifanía comienza el tiempo de Pascua.

La Cuaresma es el tiempo de meditación previo de 40 días antes de la Pascua. Este consta de cinco domingos de Cuaresma y el Domingo de Ramos. Comienza con el Miércoles de Ceniza (el miércoles que cae 40 días antes de la Pascua sin contar los domingos; éste se celebra desde el año 1091). Desde la celebración del Domingo del Domingo de Pascua se cuentan 40 días hacia adelante, fecha en la que se celebra el día de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo (Hch 1:11) se celebra siempre en jueves. Los siete domingos que componen este tiempo se denominan Domingos después de Pascua (se cuenta el Domingo de Pascua). El tiempo pascual termina con el Domingo de Pentecostés, cincuenta días después del día de la resurrección. Con el domingo siguiente el Domingo de la Santa Trinidad, comienza el Tiempo de la Trinidad.

La predicación de tipo misionero

La palabra misión significa “Envío”. La predicación misionera se dirigió desde sus comienzos hacia los no cristianos y hacia los todavía no cristianos, más tarde y especialmente hoy en día se dirige hacia los no cristianos y hacia los que ya no son más cristianos. Lo misionero no es un objeto en sí mismo sino que, se origina por un encargo. Los predicadores misioneros son enviados de los enviados de Dios, del Señor resucitado. El cristianismo primitivo reconocía la figura de los “evangelistas” (Hch 21:8; Ef 4:11) como portadores de un don (o carisma). Un nivel precedente al de la predicación evangelística fueron las predicaciones por medio de catecismos de los tiempos de la Reforma y también durante el pietismo.
El “movimiento de reavivamiento” originó un gran movimiento de la predicación misionera hacia las calles y las plazas en salones y carpas (por ejemplo: S. Keller, J. Mott, W. Busch, R. Graham) su congregación es el “mundo” (como dijo John Wesley).

En la predicación misionera todo depende, aunque no todo, de la persona del predicador, llámese del evangelista. Que puede beneficiar o bloquear la palabra misionera. Pues está sometido a tentaciones, espirituales como privadas. Al evangelista que, frecuentemente es un “laico” le falta la armadura protectora del púlpito. Se dirige al aire libre del mundo. Pero puede edificarse siempre por la fuerza del Espíritu de Dios (Sal 104:29ss; Mt 10:19ss).

El tipo de predicación que sigue la historia de la salvación

 

Una forma muy antigua y muy simple de la predicación cristiana es la que narra los “grandes hechos de Dios” (Hch 2:11) describiendo el camino que, Dios ha transitado con la humanidad: desde la creación del mundo y la ruptura entre Dios y el ser humano, sobre la historia de Israel hasta Jesucristo y hasta la consumación del mundo. La predicación según la historia de la salvación da testimonio que, Dios no ha abandonado este mundo y que a pesar de todo, este mundo seguirá siendo de Dios. Jesucristo como Señor y Salvador es la salvación del mundo. La historia de Dios con la humanidad es una historia de salvación. Los ejemplos del Nuevo Testamento acerca de este tipo de predicación los encontramos en los viajes misioneros en los Hechos de los Apóstoles. El ejemplo más detallado es el de el discurso de defensa de San Esteban (7:2-53); otros ejemplos: 10:36-43; 4:8-12, et als.

La predicación según la historia de la salvación se la encuentra a menudo en las fiestas del año de la iglesia. Ésta nos da la base para la fe cristiana en la historia y la preserva de llegar a ser sólo ideas. Aunque sólo lo puede lograr, cuando al mismo tiempo deja en claro de qué forma aquellos sucesos de otrora coinciden con los de hoy y tienen que ver con el ser humano actual.

¿Cómo elegir una versión bíblica que sea apropiada para ti?

 

 

A menos que ya leas el hebreo bíblico, el arameo y el griego, necesitarás una traducción bíblica. Podrías sí, aprender estas lenguas, pero alguien ya ha hecho ese trabajo por ti. Escoge sabiamente, para poder disfrutar durante toda una vida una relación con las Escrituras.

 

1.     Examínate a ti mismo y tus motivaciones

Piensa acerca de quién eres y por qué quieres explorar la Biblia. ¿Necesitas una Biblia simple o una versión más compuesta? Esta Biblia será para uso devocional o para el estudio en profundidad? ¿Necesitarás una con montones de imágenes y letras pequeñas?

 

2.     Considera una Biblia impresa en un lenguaje que realmente hables

Por ejemplo, si vos no hacéis uso de palabras como vosotros o escudriñad, indagad, pues una versión distinta!

 

3.     Busca una versión actual, no una versión parafraseada

Una paráfrasis es una reformulación de la Biblia, una interpretación de una versión. Es como hacer una fotocopia de una fotocopia; la resolución y la claridad comienza a disminuir. Mira en la página de la portada o prefacio si dice algo así como: “traducida de los idiomas originales”.

 

4.     Determina el nivel de la versión en cuanto a la fidelidad de las palabras originales

Mira las notas al pie que ofrezcan traducciones alternativas o que señalen dónde los textos bíblicos son difíciles y el significado incierto. Los traductores a menudo tienen que tomar decisiones difíciles; las buenas traducciones te dan muchas pistas.

 

5.     Lee un pasaje familiar

¿Puedes entender lo que estás leyendo? ¿Te ayuda a escuchar la palabra de Dios de nuevo? Considera un pasaje que sea otro que  Juan 3:16.

 

A propósito del día de la Reforma protestante (31.10): protestantes, luteranos o evangélicos?

Se llamó a “protestantes”  por primera vez a aquellos miembros del reino (príncipes y ciudades) que, durante la asamblea real de la ciudad alemana de Speyer en 1529 protestaron contra una resolución de la mayoría católica, de allí proviene este nombramiento tan antiguo. Es por tanto una designación formal originalmente de política exterior, sin relación al contenido confesional religioso.

 

¿Y “Luterano”? Esta designación nació más que nada de la parte católico-romana de la cristiandad hacia los seguidores de Lutero. Martín Lutero nunca quiso que los que formaban una iglesia de la Reforma se llamasen así.

 

”Evangélico” es la designación que las mismas iglesias y cristianos de la Reforma de Lutero y Calvino hacían de sí mismos, puesto que la base de su fe se fundamentaba sólo en el Evangelio, es decir el mensaje de la Gracia de Dios se hacía efectivo a través de la fe en Jesucristo (y no por medio de otras cosas).

 

“Protestantismo” es ahora una designación muy amplia que incluye también fenómenos culturales y espirituales que, se ha emancipado ampliamente de sus raíces religiosas, mientras que “evangélico” se entiende siempre como relacionado a la confesión y a la iglesia.

 

El Adviento

Proviene de la palabra latina Adventus que, significa “llegada o venida” y se refiere concretamente al Salvador prometido por Dios. Según la interpretación cristiana Jesús es el mesías esperado. El tiempo de Adviento antes de la Navidad debiera usarse como tiempo de preparación ante la venida de Jesús y estar receptivo a su mensaje. Cada uno de los cuatro domingos de Adviento está designado con un tema especial: “El Señor que viene”, “El redentor que viene”, “El precursor del Señor” (se piensa en Juan el bautista), “La alegría está cerca”.

 

En sus comienzos, el Adviento tenía un carácter de tiempo de reflexión y arrepentimiento como preparación para la celebración de la Navidad. Durante este tiempo no es que queremos tan sólo recordar a Cristo a manera de onomástico, y tan sólo recordar el relato bíblico del suceso de la navidad, sino y más que nada el sentido del Adviento es proyectarse hacia el futuro a la espera de la segunda venida (Adventus=venida) de nuestro Señor como regente de este mundo y fundador de la nueva Jerusalén. Durante el Adviento nos centramos en la certera posibilidad que, el Señor está por venir que, a diario se nos aproxima y nos está invitando una y otra vez al arrepentimiento y a entregarnos a él.

Nos preparamos también para el Adviento por medio de los tres domingos finales del Año Eclesial. La temática del Primer Domingo de Adviento es la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la llegada de Jesús a este mundo. Si bien cada año repetimos este gran ciclo que llamamos año eclesial, vamos no obstante avanzando hacia el final de los tiempos y la segunda venida de nuestro Señor. El Adviento debe ser tomado como la oportunidad de un nuevo comienzo para el ser humano y una oportunidad clara para la congregación donde se predicará sobre las oportunidades que Cristo nos ofrece de alcanzar la salvación.

El Adviento bien puede definirse con aquel versículo de Apocalipsis 1:8 «Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el que es, el que era, y el que ha de venir. Soy el Todopoderoso.»  Recordamos el principio pero tenemos en mente la inminente venida.

Durante este tiempo predicaremos también sobre el bautismo de arrepentimiento (con Juan el bautista). Alabaremos a Dios también como María por medio del Magnificat (Engrandece) “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lc 1:46-47).