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La salvación para nuestro mundo

PesebreNochebuena (Escuchar este sermón)
En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación  y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio,  mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.  Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.

 

Tito 2:11-14

Posiblemente en esta Navidad, venimos a la iglesia, pues queremos encontrar refugio. La iglesia a lo largo de estos 2000 años siempre ha servido de refugio, de refugio material como también espiritual. Cada vez que estoy de vacaciones y llega el día domingo tengo ganas de ir a una iglesia. Muchas veces donde estaba vacacionando no había iglesias evangélicas, había más templos católicos y abiertos los domingos. Y me gustaba entrar en ellos aunque más no sea para orar, para estar en silencio para buscar la presencia de Dios. Eso es refugio espiritual. Hay muchos que cuando llegan las fiestas buscan ese refugio espiritual y eso es bueno. Si hoy has venido por esa razón lo vas a encontrar y no sólo encontrarás en esta iglesia refugio espiritual sino también un mensaje para tu vida. El mensaje más importante del año, el mensaje central de la navidad.

“Aunque el final del mundo sea mañana, hoy plantaré manzanos en mi huerto” ? Esas fueron palabras de Martín Lutero. Y por qué dijo eso? Porque tenía esperanza. Porque vivía con fe y alegría a pesar de todos los problemas del mundo. Tienes tú esa alegría y esperanza. Hoy la podrás también obtener si lo decides.

En estos tiempos agitados con tantas noticias de guerras, violencia, corrupción política en muchos países, gente que sufre que no es por cierto muy distinto a otros años y otras décadas vamos a encontrar refugio espiritual en la iglesia.

El refugio espiritual que encontramos en la iglesia lo podemos hallar en cada domingo del año, porque el Espíritu de Dios está aquí: Jesús lo prometió: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18:20) Aquí recibimos de Dios, recibimos la fuerza y poder de Dios no humanos que, necesitamos para cada día de la semana para que cada semana sea victoriosa y bendecida, los cristianos no sólo contamos con nuestras propias fuerzas, contamos además con la fuerza de Dios para vivir.

La palabra para el día de hoy  nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio.
Si queremos un mundo mejor mientras vamos en camino hacia la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo al final de los tiempos, se nos muestra cuál es la fórmula para vivir mejor en este planeta. Jesucristo nos ha dado la receta: rechazar la impiedad y las pasiones humanas. Impiedad significa el rechazo de Dios, de la fe en Dios y de la obediencia de la palabra de Dios. Cada vez que nos alejamos de la iglesia, que dejamos de orar y dejamos de leer la Biblia, estamos generando más ateos en el mundo y eso genera un mundo cada vez peor. Pasiones humanas, significan las perturbaciones y la vida desordenada de los seres humanos sin Dios. El ser humano sin Dios, sin respeto por la palabra de Dios, es un ser si bien inteligente, pero no sabio. Una computadora puede ser inteligente, pero no es sabia. La sabiduría es saber hacer las cosas correctas. Si queremos saber cómo hacer las cosas correctas en este mundo para que todo marche bien tendremos que volver a acercarnos a la sabiduría de Dios. La sabiduría de Dios se encuentra en su palabra: la Biblia. El ser humano sin Dios habla muchas estupideces acerca de la Biblia mostrándose como inteligente. Pero Dios no sólo es inteligente, es además sabio. La sabiduría sólo se puede obtener cuando estamos conectados con Dios. Estadistas y gobernantes buscan sabiduría para gobernar el mundo y sofocar las pasiones humanas, la única y mejor manera es volvernos a Dios.

Jesús nos da la solución por medio del apóstol para la solución de mundo y no sólo del mundo de tu familia y de tu propia vida: la salvación. Jesús vino a este mundo nació, vivió creció, predicó, murió en una cruz y resucitó para darnos una oportunidad más, al mundo, a todas las generaciones, a nuestras familias y a tu propia vida. Y es por gracia, es gratis, no cuesta nada. Tan sólo debes tomar la decisión más importante de tu vida: arriesgarte a creer en él. A confiar en él, a entregar tu vida a él. A comenzar a vivir una vida nueva, como un cristiano verdadero. A confiar tu vida en él y él te dará la salvación más allá de esta vida.

Tú vida ya no será la misma. Y además podrás gozar de una vida de calidad superior, bendecida, en este mundo que va camino a su fin cuando Jesús retorne. Dios quiere bendecirte en esta noche y darte refugio en esta iglesia. Darte el cambio que estabas buscando, pero todo depende de ti, hoy. Cómo hacerlo: pide perdón a Dios por haber pecado, por haber estado separado de él. Acéptalo como Dios y tu Señor y decide dar un paso de fe entregando tu vida a él y a su iglesia. Si has podido hacerlo entonces puedo decirte que la Navidad será feliz para ti.

Si es tu deseo ora conmigo: Señor Jesús, en esta noche, quiero celebrar una feliz Navidad, pero feliz por haberte encontrado a ti que eres la salvación. Ayúdame a entregarme a ti de veras para que a partir de mañana pueda mostrar que soy salvo por medio de los hechos a través mi vida transformada. Ayúdame a entregarme a ti en fe y en espíritu. En el nombre de Jesús. Amén.

¿Tu lámpara, está llena o vacía?

Domingo de la Eternidad-Ultimo Domingo del Año de la IglesiaDiez Virgenes

“El reino de los cielos será entonces como diez jóvenes solteras que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio.  Cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes.  Las insensatas llevaron sus lámparas, pero no se abastecieron de aceite.  En cambio, las prudentes llevaron vasijas de aceite junto con sus lámparas.  Y como el novio tardaba en llegar, a todas les dio sueño y se durmieron.  A medianoche se oyó un grito: “¡Ahí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!”  Entonces todas las jóvenes se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas.  Las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando.”  “No —respondieron éstas—, porque así no va a alcanzar ni para nosotras ni para ustedes. Es mejor que vayan a los que venden aceite, y compren para ustedes mismas.”  Pero mientras iban a comprar el aceite llegó el novio, y las jóvenes que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas. Y se cerró la puerta.  Después llegaron también las otras. “¡Señor! ¡Señor! —suplicaban—. ¡Ábrenos la puerta!”  “¡No, no las conozco!”, respondió él.

»Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora.”

Mateo 25:1-13

¿Cuántos se han quedado alguna vez sin combustible? La mayoría de las veces cuándo hacemos esta pregunta casi podríamos decir que todos la responden afirmativamente. Parece que cada año miles y miles de personas llaman al auxilio de rutas porque se han quedado sin combustible. Además de ruedas pinchadas, baterías descargadas y llaves perdidas, quedarse sin combustible es una de las mayores razones de por qué la gente llama a los auxilios.
Una podría esperar que esas cosas sucedieran sólo en el pasado hace una generación, cuando los medidores de combustible no eran tan exactos y cuando los autos no contaban con luces de advertencia tan sofisticadas como hoy en día. Pero hoy podemos ya ver cuando el combustible se está acabando (dándonos quizás una hora o más de marcha) y luego tenemos otros aparatos más que nos indican constantemente el número estimado de kilómetros por recorrer. Se podría decir que no hay ninguna excusa para quedarse sin combustible.

¿Pero, entonces, por qué hacemos lo que hacemos e incluso más que lo que lo hacía la gente años atrás, cuando no se contaba con toda esta tecnología? Quizás podamos responderlo al final del texto, especialmente en relación al significado de la parábola. En nuestro texto, no es nafta lo que falta, sino “aceite de oliva” el combustible que se usaba en la época de Jesús para encender las lámparas. Y me animo a decir que vamos a descubrir que las cinco vírgenes insensatas no se “quedaron sin” combustible; en realidad nunca lo tuvieron.

En primer lugar tenemos que decir que esta parábola de Jesús apunta a un grupo de personas más íntimo. Si comenzamos a leer desde los capítulos anteriores veremos que esta parábola está dirigida a sus discípulos más allegados, es decir a sus seguidores, a los creyentes. Podríamos decir que el mensaje para hoy también está dirigido a la iglesia, a los creyentes, es decir está dirigido a la membresía de nuestra iglesia.

Sabemos que las parábolas son historias que Jesús compuso para enseñar algo. Son como comparaciones. Quiénes son las vírgenes de la parábola? Son la total membresía de toda congregación Cristiana. Cinco de las vírgenes, la mitad de ellas de acuerdo al conteo de Jesús, eran insensatas, es decir no eran sabias. Cinco de ellas no estaban preparadas para el encuentro con el novio. No tenían aceite en las lámparas para cuando necesitaron encenderlas. Estas cinco eran parte del cortejo nupcial de vírgenes pero en realidad no pudieron tomar parte de éste pues no estaban preparadas responsablemente para éste.

Esto se asemeja a una vida de apariencias que no es real. Eso es lo que simboliza la actitud de las vírgenes insensatas. Se mostraban como parte del cortejo nupcial pero en realidad no estaban siendo parte de él. No, no lo eran. A primera vista, parecían dispuestas a acompañar al novio con sus luces brillando en la oscuridad, pero sólo era una apariencia externa, como una lámpara sin aceite; como un espíritu humano seco, no nutrido por el Espíritu Santo; como un cuerpo vacío no conectado con Dios.
La necedad más grande del ser humano es la negación de Dios. El necio dice: “no hay Dios” (Sal 14:53) es un tonto, pero no tanto por el hecho de negar su existencia, sino más que nada por no reconocerlo a El necesario para la vida. El pecado del hombre es necio porque expresa una aparente locura. La misma situación vivió el hijo pródigo, hasta que pasado el tiempo se dio cuenta de esto y volvió al padre (Lc 15)

En el caso de las vírgenes insensatas podemos ver un sentido de apariencia, en las prudentes podemos ver un sentido de realidad. Vemos que ellas vivían auténticamente, de una forma sincera y honesta. Las vírgenes sabias simbolizan la realidad espiritual de la vida de las personas con una conversión real. La prudencia confiere sabiduría. Les otorga sabiduría espiritual y eso es lo que llamamos el temor de Dios, el respeto por Dios al aceptar sus mandatos. No sólo tenían lámparas, sino también contaban con la provisión de aceite.

El aceite es la representación del Espíritu Santo. Para poder brillar en la oscuridad debemos tener combustible; es el Espíritu el que nos da esa luz. Cuando el Espíritu no está presente en la vida de la persona, todas las formas de piedad y religiosidad son una mera y vacía apariencia; los frutos sólo provienen del esfuerzo humano y no por la gracia de Dios. Es una apariencia externa de buenas intenciones y sólo poder humano.

Uno de los versículos más importantes en esta parábola es aquel que se refiere a la demora del esposo y la inseguridad acerca del tiempo de su venida. Sin embargo, sólo las fieles y prudentes se quedan a velar. Del mismo modo, los cristiano preparados y prudentes podrán recibir al novio, nuestro Señor Jesucristo. La fe débil se adormece por la tardanza. La fe fuerte prevalece hasta que llega el tiempo.

El aceite es la figura bíblica del Espíritu Santo (Ro 8:9) Para poder brillar en las tinieblas es preciso contar con el combustible, esto es el Espíritu Santo que nos da la luz. Cuando el Espíritu no está presente en la realidad de la vida toda forma de piedad y de religiosidad es mera apariencia espiritual, pero vacía; fruto y resultado del esfuerzo humano, pero no de la gracia de Dios, es decir es una apariencia externa de piedad.

Uno de los versículos más importantes de esta parábola es la demora del esposo. Y la inseguridad ante el momento de su venida. No obstante eso, sólo los fieles y prudentes podrán mantenerse. De la misma manera los fieles prudentes y preparados cristianos podrán recibir al novio, a nuestro Señor Jesucristo. La fe débil, se adormecerá por la demora. La fe fuerte prevalecerá hasta el momento adecuado.

El aceite en la parábola simboliza el Espíritu Santo, la presencia de Dios. Ni el pastor, ni ninguno de nosotros pueden juzgar a nadie de no tener el Espíritu Santo de Dios. No somos jueces, tan sólo queremos leer lo que Jesús nos advierte a cada uno de nosotros y cada uno de nosotros debemos juzgarnos a la luz de la palabra de Jesús para nosotros hoy y acá. Debemos preguntarnos si estamos preparados. ¿Estamos preparados para el encuentro con el novio? Estar preparados significa haber experimentado una conversión en nuestras vidas, independientemente de la edad que tengamos y de si hemos ido toda la vida a la iglesia o no, debemos poder estar conscientes de poder decir, sí creo en Jesucristo, sí creo en su palabra la Biblia y creo que su palabra es la autoridad para mi vida, y creo que al obedecer su palabra le estoy mostrando mi devoción y pertenencia a él. Estoy demostrando que creo en él. Estoy demostrando que estoy preparado. Y si estoy preparado estoy poniendo a Dios en el primer lugar de mi vida. Estoy creyendo en él y eso significa también confianza en él por encima de todos mis miedos e inseguridades. Estar preparado significa llevar una vida de frutos, es decir mostrando delante de Dios y de la gente que soy cristiano con mi manera de pensar, de hablar y de actuar. Por supuesto que no somos prefectos y pecamos a diario, por eso pedimos perdón y necesitamos de la Santa Cena todas las veces que sea posible y sabemos también que no nos vamos a salvar por nuestros méritos. Pero cada día debo ser consciente que eso es lo que quiere Dios de mí, eso es estar preparado. Mostrar que el Espíritu de Dios vive en mí por medio de mi forma de vida obedeciendo a Dios; mostrar que hay aceite en mi lámpara y Dios producirá el fuego y la luz. Judas era uno de los 12 discípulos, pero con el tiempo se vio que él no era un seguidor verdadero. Se comportó como una de las vírgenes tontas. De la misma forma puede haber también en las iglesias un porcentaje de vírgenes que no tiene aceite en sus lámparas a la hora de la llegada del novio.
No venimos a la iglesia por costumbre, tradición o religión venimos a la iglesia porque es parte de nuestra obediencia y compromiso con Dios que hicimos el día de la confirmación o el día que aceptamos verdaderamente a Cristo. Y Cristo quiere ver cómo están nuestras lámparas hoy: ¿llenas o vacías?

Si tomamos literalmente las palabras del Evangelio para hoy, la diferencia entre las vírgenes insensatas y las sabias era una: las vírgenes sabias tenían aceite para sus lámparas, mientras que las insensatas no lo tenían. Las vírgenes prudentes tuvieron la oportunidad de conseguir aceite y así lo hicieron. Las vírgenes insensatas tuvieron un montón de tiempo para hacerlo, pero no lo hicieron.

Jesús nos está advirtiendo en esta parábola que va a ver un número de personas que van a pasar como cristianos que, se juntan con cristianos y se hacen miembros de iglesias cristianas y que incluso piensan que son auténticos cristianos porque son parte del “cortejo nupcial” pero quedarán muy sorprendidos y desilusionados de saber que no son salvos en el momento de regreso de nuestro Señor.
¡Qué duro es esto! Pero qué importante. Este texto no está buscando crear miedo o inseguridad en el corazón de los cristianos. No está buscando robar la seguridad al cristiano. Está más bien buscando advertir a aquellos que viven en una seguridad falsa, pero no en una salvación. En los últimos días, así como en los tiempos de Jesús y hoy también, habrá de aquellos que aparecerán como cristianos, pero no lo serán. Y lo peor de eso es que la mayoría de ellos ni siquiera se dan cuenta.

Cómo podemos saber o medir acerca de nuestro compromiso con Dios y darnos cuenta de si estamos preparados, he aquí algunos pensamientos:
Los que son cristianos ya no temen más a la muerte, como una vez pasaba con los no creyentes; aquellos que son cristianos tienen hambre por la palabra de Dios, por ir a la iglesia a adorar a Dios; aquellos que son cristianos ven ahora las verdades espirituales, que antes eran invisibles cuando no creían; aquellos que son cristianos tienen un testimonio interno del Espíritu; aquellos que son cristianos desean conocer más de Cristo íntimamente; aquellos que son cristianos están felices de abandonar esta vida y ansía el día en que Cristo retornará.
Nuestra pregunta para nosotros hoy: ¿Estas cosas que caracterizan a todo cristiano te caracterizan a ti? ¿Tienes estos “signos vitales” de vida espiritual? Si no es así, entonces tienes que tomarte el tiempo de realmente aceptar a Jesucristo de una forma consciente y confesar tu pecado y confiar en lo que Jesús hizo en la cruz del Calvario. El llevó tu castigo y te ofrece su justicia y la vida eterna. No esperes hasta que sea demasiado tarde para reconocer que no tienes aceite (es decir no eres salvo). Confía en él ahora. Amén.

No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios

Día de recordación de la Reforma
rosa de Lutero

»Así que, no los teman, porque no hay nada encubierto que no haya de ser manifestado, ni nada oculto que no haya de saberse.  Lo que les digo en las tinieblas, díganlo en la luz; y lo que oyen al oído, proclámenlo desde las azoteas.  No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien, teman a aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.  ¿Acaso no se venden dos pajarillos por unas cuantas monedas? Aun así, ni uno de ellos cae a tierra sin que el Padre de ustedes lo permita,  pues aun los cabellos de ustedes están todos contados.  Así que no teman, pues ustedes valen más que muchos pajarillos.  A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.  Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

 

Mateo 10:26b-33


Dijo Martín Lutero:
“No solo eres responsable por lo que dices sino también por lo que no dices”.
En nuestra cultura de hoy en día hay muchos que, ocultan su fe. O más bien decimos que estamos viviendo en una sociedad que pretende ser moderna y educada y trata de respetar las opiniones y así también las creencias de todos por igual. El respeto por los demás está muy bien, eso también proviene del amor enseñado por Cristo. Muchos en nuestros días promueven el respeto por el prójimo, la no discriminación y el trato igualitario basándose sabiéndolo o no, en la premisa del amor al prójimo. Nuestra pregunta en el día de hoy es: ¿De dónde proviene todo este movimiento del amor al prójimo?

Hoy en día hay muchas sociedades especialmente del mundo occidental y civilizado que se olvidan que nuestra cultura actual, —y esto era bien consciente hace unas pocas décadas atrás—, está impregnada de la cultura de los cristianos, esto es la cultura del Evangelio de Cristo. Muchas de las constituciones de Europa y de los países de América, de más de doscientos años de edad, están basadas en el mensaje revolucionario y siempre moderno del evangelio de Cristo.

Hoy en día hay muchos que rechazan la iglesia o hasta Cristo, y eso ha sido así en todas las épocas desde la resurrección de Jesús. Hubo altos y bajos donde el Espíritu de Dios fue más o menos rechazado por la sociedad. Pero muchos que lo rechazan no se dan cuenta que todo aquello que promulgan como bueno y moderno y civilizado no tiene otra fuente que las mismas enseñanzas de Cristo. En la iglesia lo sabemos bien que tenemos que respetar y amar a todos pues esto es un mandamiento de Cristo: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. (Mt 22:37-40) o “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los odian, y oren por quienes los persiguen, para que sean ustedes hijos de su Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” (Mt 5:44). O la regla de oro: “Así que, todo lo que quieran que la gente haga con ustedes, eso mismo hagan ustedes con ellos, porque en esto se resumen la ley y los profetas.” (Mt 7:12)

Por eso cuando en el día a día, nosotros cristianos decidimos no quedarnos callados como la lectura del Evangelio nos dice para hoy:
“A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.” No estamos queriendo discriminar a nadie, ni imponer nada distinto a lo cual ha sido ya plasmado en esta sociedad en que vivimos. Pues nuestra cultura, aunque hoy en día se esfuercen por no llamarla cristiana, pues quieren que la sociedad sea inclusiva para otras creencias también, es definitivamente cristiana en sus bases. No podemos negar lo que ya somos. Si negamos nuestras bases, nos volveremos una cultura retrógrada y manejada por los caprichos, intereses de una cultura individualista y materialista que, quizás sin darse cuenta, se está alejando de la bendición de Dios.

“A decir verdad, este pueblo se acerca a mí con la boca, y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; el temor que de mí tiene no es más que un mandamiento humano, que le ha sido enseñado.” (Is 29:13) y también leemos en el salmo: “El Señor anula los planes de las naciones; frustra las maquinaciones de los pueblos. Pero los planes y pensamientos del Señor permanecen por todas las generaciones. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
¡el pueblo que él escogió como su propiedad! (Sal 33:10-12)
Eso sucede cuando damos más importancia a la palabra de los hombres y no a la palabra de Dios. No queremos que esto pase, es por eso que queremos siempre y todos los días tener la valentía que tuvo Martín Lutero de poner en primer lugar la palabra de Dios por encima de los no buenos intereses humanos. El fue un cristiano comprometido con Dios, con su palabra, con la iglesia y se encontró en un lugar desde el cual pudo ser una pieza importante y fundamental para grandes cambios en la marcha de la iglesia. Cada uno de nosotros no necesitamos ser como Lutero, quizás no hagamos cambios grandes y visibles en la historia, pero sí se nos llama en la palabra del evangelio a tener la valentía de Lutero de ser fieles a la palabra de Dios y de ser valientes cristianos que no se quedan callados cuando la gente o la sociedad nos quiera silenciar de hablar la palabra de Dios.

Las iglesias existen para que los cristianos se reúnan semana a semana para escuchar la palabra y ser fortalecidos espiritualmente, pero la misión esencialmente es hacia afuera. Los mejores misioneros somos cada uno de nosotros los que nos llamamos cristianos, cuando tenemos que dar testimonio de nuestra fe delante de los que no creen y allí tenemos que mostrar nuestra valentía y jugarnos por Dios. Muchas veces Dios no puede bendecirnos como El quisiera pues nosotros no somos lo suficientemente fieles a él. Tampoco puede bendecir nuestras iglesias porque no somos tan valientes de mostrar nuestro cristianismo delante de aquellos que no lo son. La misión no es tarea de una sola persona, llámese en nuestro caso el pastor. La misión es de cada uno de los que nos llamamos cristianos. No se puede pretender que una sola persona pueda hacer crecer las iglesias. Las iglesias que crecen son las iglesias misioneras, las iglesias en las cuales cada uno de los miembros sabe muy bien que debe dar testimonio afuera de la iglesia cuando la ocasión se le presenta.

“Así que, no los teman, porque no hay nada encubierto que no haya de ser manifestado, ni nada oculto que no haya de saberse. Lo que les digo en las tinieblas, díganlo en la luz; y lo que oyen al oído, proclámenlo desde las azoteas”
Lutero nos trae hoy su testimonio. Un cristiano comprometido con Dios, con la palabra de Dios que, quiso obedecer más a Dios que a la opinión de la gente más que nada que no estaba en Dios.
Muchas veces nos vemos en la misma situación que Lutero, cuando debemos decidir qué decir y qué hacer. ¿Hablo acerca de mi fe? — ¿o hablo acerca de lo que al otro le gustaría escuchar de mí para quedar bien, sonar bonito y respetuoso? Y el campo de entrenamiento de los cristianos no necesariamente está en la China o en países exóticos y lejanos. El campo de misión de cada cristiano está en el lugar que pasamos la mayor cantidad de tiempo: nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestras amistades. ¿Seríamos capaces de dar nuestro testimonio como cristianos en ese ámbito? En realidad eso es lo que Dios está esperando de nosotros. Deberemos elegir a quien queremos agradar: “A cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Ser misionero en países lejanos no es para cualquiera. Pero ser cristianos tampoco es para cualquiera, requiere amor y devoción por el Señor Jesucristo. No obstante eso, el recompensa a sus hijos fieles con la bendición en esta vida y la salvación más allá de nuestra vida en la tierra. Recordemos esta hermosa promesa del Evangelio que, de seguro también la debe estar disfrutando Lutero en algún lugar del cielo: “A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos”.
Santo Espíritu de Dios, permítenos confesar nuestra fe de la manera que a ti te agrada. Danos la fuerza para serte fieles. Despierta nuestros sentidos para ser sabios. Llena tu iglesia de tu presencia y permítenos ser creyentes en el modo que a ti te agrada. Cuida, preserva y extiende tu iglesia y protege a cada una de las familias creyentes. Amén. (Escuchar este sermon)

¿Cuán santa es tu iglesia?

 10mo Domingo después de TrinidadIglesita0

“Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella.  Dijo:

—¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos.  Te sobrevendrán días en que tus enemigos levantarán un muro y te rodearán, y te encerrarán por todos lados.  Te derribarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán ni una piedra sobre otra, porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte.

Luego entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo.  «Escrito está —les dijo—: “Mi casa será casa de oración”; pero ustedes la han convertido en “cueva de ladrones”.»

Todos los días enseñaba en el templo, y los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los dirigentes del pueblo procuraban matarlo.  Sin embargo, no encontraban la manera de hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba con gran interés”.

 

Lucas 19:41-48

Muchas veces hemos escuchado aquel prometedor versículo bíblico donde Jesús nos dice: “…Sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella” (Mt 16:16)

Pero hoy Jesús nos habla de una iglesia, o templo, como parte de una ciudad, sobre la cual no quedará piedra sobre piedra. ¿De qué iglesia está hablando? Una de las pocas ocasiones donde se menciona que Jesús lloró. Lloró por la ciudad de Jerusalén. Lloró por su pueblo judío. Lloró porque no estuvieron abiertos a creer en él como Hijo de Dios, como Mesías, como el salvador enviado y escogido por Dios. Lloró por las consecuencias que le depararían al pueblo escogido por haber rechazado al Cristo. Es una de las pocas oportunidades en el Nuevo Testamento donde podemos ver una clara y definitiva profecía de Jesús acerca de lo que le pasaría a Israel y más concretamente a su ciudad capital Jerusalén. Todo lo que Jesús brevemente describe sucedió con Jerusalén. Y no sólo la ciudad sino y especialmente el templo, el lugar más sagrado para los judíos. Inclusive hasta el día de hoy. Uno de los problemas más grandes de los israelitas es que quieren recuperar el espacio donde se encontraba el templo de Israel que hoy está ocupado por una mezquita musulmana. Los judíos más radicales hasta estarían decididos a ir a una guerra para poder recuperar ese templo. El lugar donde según los judíos se encuentra Dios y donde pueden adorarle de la forma más apropiada por medio de los conocidos sacrificios descritos en la Biblia.

Pero para nosotros cristianos, por medio de la revelación de Jesucristo, sabemos que Dios no vive en templos construidos por seres humanos. En todo caso cada uno de nosotros somos un templo viviente: “¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” (1 Co 3:16). Así nos dice el apóstol Pablo. Dios debe manifestarse por medio nuestro a través de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y actos. No necesitamos un lugar específico donde adorar a Dios y tampoco Dios se encuentra en un lugar específico. No necesitamos de un edificio donde adorar a Dios. La iglesia como la palabra lo dice, significa originalmente: reunión. Es decir la reunión de aquellos que confiesan a Jesucristo: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (Mt 18:20). Tampoco necesitamos más hacer sacrificios de animales para agradar a Dios como hacían los creyentes del Antiguo Testamento. Jesucristo mismo fue sacrificado por nosotros para que podamos hallar la gracia y el beneplácito de Dios otra vez y todos aquellos que aceptan ese sacrificio y creen en Cristo podrán tener la salvación que él ofrece. Somos salvos todos aquellos que creemos, gracias a la sangre de Cristo derramada en la cruz. Por lo tanto no necesitamos de un edificio específico para encontrar a Dios, ni ningún edificio específico nos va a acercar más a Dios.

Por otro lado, así tambien necesitamos de la iglesia, es decir la reunión, porque así se nos ordena a cada uno de los creyentes: “Acuérdate del día de reposo, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. (Ex 20:8-10) O también Pablo nos dice: “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Heb 10:25)
Dios nos pide que nos congreguemos simplemente para amarlo a Él, congregarse es la única forma conocida para amar solo a Dios, por medio de nuestra presencia física en la iglesia, nuestra reverencia, nuestra adoración y nuestra alabanza. Así se nos dice en el mandamiento más importante: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”…Éste es el primero y el más importante de los mandamientos” (Mt 22:38). Algunos buenos creyentes se olvidan de esto. Se olvidan que esto es lo más importante. Todo lo demás que hacen para Dios es muy bueno y loable, pero se olvidan de lo primero y fundamental.

Es por eso que construimos iglesias, en el sentido de edificios, o lugares de reunión. Es por eso que cada comunidad está feliz con su templo, con el edificio que los identifica como cristianos. La iglesia no debería ser un edificio que nos identifique como a una etnia, o como un grupo de personas de un mismo idioma o un origen o características en común. La iglesia debería ser un lugar donde nos sintamos identificados por nuestra fe cristiana. Ese es el sentido y basamento de toda comunidad cristiana. Es verdad no podemos negar que en una iglesia puede haber características propias, como idioma, raza, distintos aspectos culturales. Eso está muy bien, no lo podemos negar. Pero no debería ser el aspecto más importante que nos impulsa a reunirnos. Lo más importante es congregarnos porque nos identificamos por nuestra fe en Cristo Jesús.

Cuando comenzamos a ver a la iglesia con este pensamiento, comenzamos a entender el sentido principal de la iglesia. Cuando comenzamos a actuar como cristianos y a saber que Cristo vive en nosotros y lo llevamos en nuestro ser a cualquier lado donde vamos comenzamos a ser la comunidad de los santos que se describe en las palabras de Credo Apostólico. Cuando esos santos comienzan a congregarse en cualquier lugar que hayan decidido hacerlo y al que llaman templo o iglesia. Esa iglesia sí, se transforma en lugar santo. Cuando comenzamos a venir a la iglesia cada domingo con esa devoción y sabemos que estamos aquí en sólo y en primer lugar para adorar a Dios, entonces esta iglesia se transforma en el lugar santísimo como era el lugar más santísimo del templo de la Biblia, pues la presencia misma de Dios habita en este lugar. Pues Dios se complace de venir a habitar aquí, porque estamos entendiendo para qué hay que venir a la iglesia.

En este momento Dios está aquí. Está aquí, porque aquí hay creyentes que entienden esto en esta mañana. Han venido a adorar a Dios. Han venido a congregarse. Han venido esta mañana a la iglesia porque quieren obedecer a Dios. Han venido porque le aman y quieren mostrárselo semana tras semana. Y especialmente Dios está aquí porque cada domingo al principio invocamos la presencia de Dios al decir que estamos reunidos “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. ¿Está Dios presente hoy aquí? Por supuesto, por medio de su Santo Espíritu. Y venimos a la iglesia porque necesitamos de Él para poder iniciar la semana. Necesitamos alimentarnos espiritualmente. Si el Espíritu esta bien alimentado todo lo demás también lo estará. Si el Espíritu no esta alimentado todo lo demás no lo estará aunque tengamos abundancia de cosas.

Muchos de los del pueblo de Israel en aquel entonces, y también hoy, no entendían de que se trataba el templo. El templo no era santo en sí mismo. Los que lo hacían santo eran ellos mismos. Pero como ellos no estaban reconciliados con Dios por medio de Jesucristo, Dios no habitaba en ellos ni en ese templo. Es por eso que Jesús llora. Pues ese templo que no estaba lleno de la presencia de Dios no les duraría mucho. Aún con las murallas altísimas y anchísimas. Construido en 46 anos de trabajo, lleno de oro y tallados de madera de cedro de la mejor calidad, ese templo no duró pues los que los visitaban no permitían que Dios pueda habitar en el templo de sus vidas. Cuando permitimos que Dios habite en el templo de nuestro interior y cada uno de nosotros somos un templo andante y reflejamos el amor, la pureza y la honestidad de Cristo en nuestro interior, cualquier lugar donde decidamos congregarnos será santo. Y aún más será santísimo pues lo estaremos haciendo para amar y obedecer a Dios.
Que Dios nos permita comprender y disfrutar de la presencia de Dios cada vez que venimos a este santo lugar y que su Espíritu pueda acompañarnos con sus milagros a lo largo de la semana. Amén.

No se trata de lo que no tienes

9no. Domingo después de TrinidadTalente

 »El reino de los cielos será también como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes.  A uno le dio cinco mil monedas de oro, a otro dos mil y a otro sólo mil, a cada uno según su capacidad. Luego se fue de viaje.  El que había recibido las cinco mil fue en seguida y negoció con ellas y ganó otras cinco mil.  Así mismo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil.  Pero el que había recibido mil fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

 »Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos.  El que había recibido las cinco mil monedas llegó con las otras cinco mil. “Señor —dijo—, usted me encargó cinco mil monedas. Mire, he ganado otras cinco mil.”  Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”  Llegó también el que recibió dos mil monedas. “Señor —informó—, usted me encargó dos mil monedas. Mire, he ganado otras dos mil.”  Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”

 »Después llegó el que había recibido sólo mil monedas. “Señor —explicó—, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido.  Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo.”  Pero su señor le contestó: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido?  Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses.

 » ”Quítenle las mil monedas y dénselas al que tiene las diez mil.  Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.  Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.”

Mateo 25:14-30

El domingo pasado hemos escuchado la predicación acerca de los frutos del Espíritu. Y dijimos que si bien somos salvos por la Gracia de Dios y por nuestra fe, por amor a Cristo debemos hacer obras de bien todos los días. En el día de hoy el texto nos habla que tenemos que usar los dones y talentos que Dios nos dio. Pues si no los usamos los perdemos.

En esta parábola, los siervos somos cada uno de nosotros, los cristianos. El señor, es Dios mismo que nos encomendó a cada uno de nosotros diversos dones y talentos. ¿Cuáles son esos dones y talentos? ¿Son acaso cosas materiales? ¿O sólo cosas espirituales? En realidad se trata de todas nuestras capacidades innatas y adquiridas. Tiene que ver con lo espiritual y también con lo material.

Cada cosa de la cual poseemos o contamos debe ser puesta al servicio de Dios. En primer lugar, cada cosa que hacemos aunque sea hecho en nuestro trabajo particular debe ser hecha con una mentalidad dirigida hacia la gloria de Dios. Si somos empleados de una fábrica, por ejemplo, cada cosa que hagamos, deberemos efectuarla como si lo estaríamos haciendo para Dios. Es decir hacerlo de la mejor manera, con la mayor honestidad posible, con la mayor dedicación y con toda alegría. Como si Dios nos estuviera viendo. Pues es él en realidad quien nos dio ese trabajo y aun más nos dará si lo hacemos para su gloria. Además de eso, con nuestro testimonio debemos mostrar a los que nos rodean que, actuamos así porque Cristo nos pide vivir una vida distinta, diferente a los demás que no están en Cristo. Es por eso que decimos en nuestro Credo Apostólico cada domingo: ‘Creo en la comunión de los santos’. Es decir, creo en una comunidad de personas que se comportan diferentes a partir de las enseñanzas de Cristo.

En nuestra familia estamos multiplicando los talentos, seamos padres o madres o hermanos o hijos o abuelos o hasta bisabuelos, cuando mostrarnos delante de nuestra familia los talentos y dones que Dios nos dio. Si decimos que somos cristianos porque pertenecemos a una iglesia, debemos comportarnos como cristianos aun delante de nuestra propia familia. Debemos mostrar ese talento que nos hace cristianos, por medio de nuestra fe y confianza en Dios; por medio de nuestras conversaciones, por medio de nuestro vocabulario y nuestra manera de expresarnos y por medio de nuestra manera de actuar.

También en todo momento debemos reflejar nuestra fe delante de los demás. Hay mucha gente que tiene hasta vergüenza y miedo de hablar de su fe delante de la familia. Porque su familia no es cristiana o no tienen fe o pertenecen a otra iglesia. No se trata de imponer la fe o una religión, se trata de mostrar que somos cristianos tanto en nuestro interior como en nuestro exterior. Habrá veces que mostrar nuestros talentos implicara que deberemos hablar valientemente de Cristo mismo y de forma directa delante de nuestra familia y habrá otras veces que lo deberemos mostrar con nuestro comportamiento externo. No somos cristianos porque pertenecemos a una iglesia. Somos cristianos porque hemos aceptado a Jesucristo como nuestro Señor y salvador y queremos vivir conforme a su Palabra, la Biblia y queremos mostrar nuestra manera de vivir delante de los demás aun, delante de los nuestros. Eso se llama mostrar o reproducir nuestros talentos.

En la misma iglesia mostramos nuestros talentos. Cuando nos mostramos amorosos, pacientes y tolerantes delante de los demás. Cuando hablamos bien de la iglesia, de la comisión directiva y del pastor, dentro y fuera de la iglesia. Cuando no criticamos y llevamos chismes de la iglesia afuera de ella. Cuando hablamos con positividad, fe y confianza en Dios acerca de la iglesia. Cuando invitamos a otras personas que puedan tener la necesidad de escuchar la Palabra de Dios y que no pertenezcan a nuestra iglesia. Cuando invitamos a miembros de nuestra familia que no pertenecen a ninguna otra iglesia para venir a los cultos. Cuando hacemos todo lo posible para que nuestra iglesia crezca y buscamos denodadamente hacer todo lo posible para que nuestra iglesia tenga un futuro y un futuro espléndido en los términos de Dios.

Cuando buscamos asistir a todas las actividades de la iglesia: cultos dominicales, estudios bíblicos, reuniones de mujeres, reuniones de comisión, almuerzos, etc. Cuando llevamos nuestros niños, sean hijos o nietos a la iglesia. Cuando oramos por nuestra iglesia y lo hacemos prioridad diaria en nuestro cronograma de actividades. Cuando damos dinero para nuestra iglesia y lo hacemos con generosidad; cuando para eso ponemos como prioridad a la iglesia a la cual decimos pertenecer. Allí estamos mostrando los talentos que Dios nos dio y hacemos todo lo posible para multiplicarlos. Dios no nos está pidiendo hacer cosas que no podemos. Dios no nos está pidiendo mostrar talentos, dones o posibilidades que no tenemos. Dios nos está pidiendo mostrar y multiplicar los talentos y dones, llámese las capacidades que si tenemos, para su obra. Dios nos está diciendo que si hay algo que sí podemos hacer pero no lo estamos haciendo, no estamos multiplicando los talentos que él nos otorgó.

Para aquellos que se dicen cristianos pero no utilizan sus talentos, el final de la parábola es trágico y duro. No hay un final feliz para aquellos que no han vivido su fe conforme a las cosas que pudieron hacer y no las hicieron. Y eso no es castigo de Dios, es la consecuencia de nuestra falta de fidelidad a la fe que decimos que profesamos. Así dice el evangelio para hoy: “Quítenle las mil monedas y dénselas al que tiene las diez mil. Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.”

Sin embargo queremos centrarnos en las cosas positivas. Y queremos centrarnos en las buenas promesas de Dios para aquellos que hacemos lo mejor posible con las cosas que Dios nos regalo. Me acuerdo de un hermoso dicho de un famoso hombre de éxito que siempre se repetía para sí mismo: “Hago lo mejor que puedo con lo que tengo, en el lugar donde me encuentro”. Y ese debería ser también nuestro dicho si queremos cumplir con Dios y queremos valorar y multiplicar nuestros talentos para él: “Hago lo mejor que puedo con el talento y las posibilidades que Dios me dio, en el lugar que Dios me colocó: en mi iglesia, en mi familia, en mi ciudad”.

Quizás para resumir las consecuencias de aquellos que no ponen sus talentos al servicio de Dios, es algo así como aquel dicho que dice: ‘No exijas un Dios de tiempo completo si tú eres un cristiano de tiempo parcial’.
Sin embargo confiamos que hay muchos que están dando a pleno de los talentos que si recibieron. Y confiamos que los que no están poniendo sus talentos que recibieron de Dios, a partir de hoy puedan ponerlos para él y su iglesia. Para que Dios pueda bendecirlos de verdad en esta vida y para que al final de los tiempos Dios nos pueda recibir en el cielo diciendo: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”.

Confiamos que cada domingo cuando nos dejamos exhortar por Dios por medio de su evangelio y aceptamos con humidad cambiar nuestra vida, no importando la edad que tengamos, ni la vida que hayamos llevado en el pasado, El tiene preparadas cosas maravillosas para nuestra vida aquí y ahora, para nuestra familia y para nuestra iglesia. Pues queremos ser obedientes a Dios y decidimos hacer las cosas que a Dios le agradan y que nos convienen en esta vida y para heredar la vida eterna.
Los milagros de Dios no se han agotado. Están cada vez más presente. A veces pasa que no los vemos porque debemos dar un paso más y ese paso más se llama: obedecer a su palabra.

En cada sermón Dios nos está exhortando a cambiar el rumbo de nuestra vida. Si hoy estás en la iglesia, hay algo seguramente está dirigido a ti y para tu bien en tanto decidas cambiar tu vida. Que el Señor nos pueda bendecir muy ricamente en esta semana y que podamos comprobar que él cumple sus promesas cuando decidimos serle fieles. Amen

La vigencia del arrepentimiento

3er Domingo de TrinidadJesus frente a los pecadores-

Muchos recaudadores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para oírlo,  de modo que los fariseos y los maestros de la ley se pusieron a murmurar: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.»

Él entonces les contó esta parábola:  «Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla?  Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros  y vuelve a la casa. Al llegar, reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido.”  Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.

»O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?  Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido.”  Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente.

 

Lucas 15:1-10
En la filosofía en boga en nuestros días, se puede ver que hay muchos que ponderan el amor entre la gente. Muchos, por no decir casi todos, independientemente de ser cristianos o no, valoran el amor al prójimo. Muchos afirman que lo más importante es el amor, los afectos los buenos valores, las buenas virtudes, el hacer el bien, el ser una buena persona. Y muchos no saben que todos esos valores han sido acuñados en nuestra sociedad actual por el cristianismo. Más concretamente por las enseñanzas de Jesús. Hasta tan bien ha echado raíces ese mensaje del amor que, todos buscan tratar de amar a todos hasta el punto de no caer en discriminar a nadie, no importando su raza, religión, postura política, sexo, etc. Muchos en verdad no saben, más que nada los no cristianos que defienden ese estilo de filosofía que, ésta precisamente ha sido acuñada en esta sociedad por el cristianismo de forma exclusiva. Aunque muchos hoy en día no sean tan afectos con los cristianos. La mayoría de la gente que rechaza el cristianismo lo hace por malas experiencias con la institución iglesia (que no es otra cosa que una institución formada por seres humanos) y otros lamentablemente porque no han tenido padres cristianos que los hayan podido educar en la fe. O sólo porque la fe se perdió, así sin más.
No obstante pulula aún ese pensamiento generalizado de que “hay que amar a todos y no hay que discriminar a nadie” eso es lo más importante. Y para nosotros cristianos esto está claro, y está claro que ese mandato viene más que nada de nuestro Señor Jesucristo, a quien queremos obedecer.

En el día de hoy, nos encontramos que Jesús estaba acercándose a pecadores. Es decir estaba mostrando su gran amor hacia todos sin distinciones de condición social o religiosa. Pero quisiéramos hoy también definir qué es un pecador, o qué es el pecado. Porque Jesús utiliza esta expresión, no la niega, es más él afirma que: “Habrá más alegría por un solo ‘pecador’ que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”. El reconoce que el pecado y el pecador siguen existiendo. El hace una diferencia por tanto entre el que peca y el que no. Para él es claro que no son dos tipos de personas iguales. Hemos hablado muchas veces acerca de lo que significa el pecado. La palabra pecado en nuestra sociedad más que nada para los no cristianos, suena como pasada de moda. Como algo del pasado, hasta arcaico y retrógrado. Parece que sólo se puede utilizar la palabra pecado en el marco de una iglesia o de la teología. Para nosotros no es una palabra arcaica. Es una palabra que sigue teniendo un valor muy actual. Pecado significa separación de Dios, sólo eso. ¿En qué radica esa separación? O ¿cómo podemos darnos cuenta que vivimos separados de Dios? La única guía que tenemos para darnos cuenta es La Palabra de Dios, reunida en la forma de libro que llamamos Biblia. Y especialmente leemos la Biblia a la luz del mensaje de Jesucristo. Cuando no llevamos nuestra vida conforme a la palabra de Dios, es decir acorde a lo que la Biblia nos pide, estamos viviendo una vida a nuestra manera y no a la manera de Dios.

Hay muchos que, ponen en tela de juicio lo que la Biblia dice y piensan que tienen más autoridad sobre ella al querer interpretarla a su conveniencia. Hay muchos que ponen en tela de juicio la Biblia diciendo que, hay que adaptar la Biblia a nuestros tiempos, como si ellos fueran los depositarios autorizados para darle otra interpretación u omitir partes de la Biblia a su placer. Hasta escuché decir que: ‘Dios no se hace presente por medio de “libritos” —refiriéndose a la Biblia— que Dios se manifiesta en otras extensiones’. Y eso es verdad, Dios se manifiesta por medio de su Santo Espíritu, pero eso no contradice la Biblia. Muchos critican que la Biblia ha sido escrita por hombres, eso es verdad, pero esos hombres han sido inspirados por ese mismo Espíritu para dejar la palabra de Dios por escrito, y hasta para decidir qué libros de la Biblia debían permanecer allí por ser fieles aún al Espíritu Santo de Dios.
No confundamos el espíritu de este mundo con el Espíritu Santo de Dios.

En esta sociedad, hay muchos que se dejan llevar por el espíritu de este mundo transformándose así en pseudo-cristianos, es decir gente que cree ser cristiana, pero a su manera no a la manera de la Palabra de Dios. Creyéndose incluso con más autoridad que los mismos apóstoles, para poder definir qué de la Biblia es todavía Palabra de Dios y qué no lo es más.
Para Jesús, el pecado era algo claro. Era estar separado de Dios, a partir de un comportamiento que nada tenía que ver con su Palabra. Jesús nunca discriminaba, estaba, se acercaba a los pecadores pero con la intención de que se arrepientan y se vuelvan a Dios. Y lo conseguía claro está porque es Dios, pero también por su amor al prójimo. Ese es el amor que Jesús nos manda a ejercer: ver a todo el mundo como nuestro prójimo y digno de amor, pero no por ello consentir que lo que muchos estén haciendo corresponda a la voluntad de Dios. Jesús no aprobaba el pecado: echó a los comerciantes del templo por aprovecharse de la gente y profanar el templo. Acusó la traición de Judas. Enfrentó la vida de corruptos como Zaqueo o de vida desordenada como la mujer samaritana. O de la vida inmoral de la adúltera. Si bien a todos los aceptó, también los perdonó “de su pecado” y les dijo en más de una oportunidad: “vete y no peques más”.

Esta sociedad sin embargo, a veces pseudo-cristiana nos dice que hagamos todo lo que nos haga sentir bien, que hagamos la nuestra, lo más importante es sentirse feliz y amar a todo el mundo, paz y felicidad. Y eso es verdad, no se contradice a las promesas de Jesús cuando el promete una “vida en abundancia” para todos los que le sigan. Pero esa vida en abundancia está basada en una nueva vida en Cristo, basada en sus enseñanzas.

Cuando Jesús habla de: “Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta”. Está hablando no sólo de una conversión, es decir de comenzar a creer en Cristo como Hijo de Dios, sino también está hablando de un cambio de vida, de conducta.
No es suficiente decir: creo en Dios, debemos mostrarlo. Así lo dice también Jesús hablando de cómo identificar a los verdaderos cristianos: “Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán”. (Mt 7:16ss) Y si le preguntáramos hoy a Jesús, de dónde podemos obtener la información para saber cuáles son las cosas que él desea que cambiemos y que nos “arrepintamos”. El seguramente nos diría: “¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece” (Jn 14:21 ss). ¿Dónde están esos mandamientos? En la Palabra de Dios, la Biblia que es la base de nuestra fe.

A lo largo de toda la historia de la salvación se ve (en la Biblia) que Dios obra y se manifiesta por medio de su Espíritu en las vidas personales, familiares y en las congregaciones donde se les fue fiel a su palabra, no es de otro modo.
Que Dios nos permita permanecer fieles a su Palabra, aún vigente, y que por medio de su obediencia, ya que es la  única forma en que el Espíritu Santo obrará en nuestras comunidades, nuestras vidas se vean colmadas de la sabiduría de Dios y del verdadero amor de su Hijo Jesucristo.
Arrepintámonos de aquellos pecados de los cuales somos conscientes para que Dios pueda transformar nuestras vidas y haya beneplácito de Dios y alegría en cielo por nuestra vida aquí y ahora. Amén.

Tener fe no es para todos

Domingo de Pentecostés- Culto de ConfirmaciónHoly Spirit

Le contestó Jesús:
—El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él.  El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió.
»Todo esto lo digo ahora que estoy con ustedes.  Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.  La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.

Juan 14:23-27

No puede haber mejores palabras de Jesús para este culto de confirmación que las palabras que nos llegan hoy correspondientes al domingo de Pentecostés.
“—El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él”.
La condición para tener, la compañía, la protección y el amor de Dios que en síntesis para nosotros es lo que llamamos la bendición de Dios, es que obedezcamos su palabra. Si decimos que amamos a Dios, entonces debemos demostrárselo obedeciendo su palabra, es decir lo que la Biblia dice.

Una de las primeras cosas que hay que hacer para obedecer la Palabra de Dios es creer en ella. Los confirmandos hoy quieren demostrar también su fe ante Dios y ante la congregación en tanto quieren formar parte activa de una congregación. Eso se llama fe. Es demostrar que yo creo en Dios y quiero creer en Dios. ¿Por qué digo creo en Dios y también digo ‘quiero’ creer en Dios?
La fe es un don de Dios, es decir un regalo. Si podemos creer, ya tenemos que dar gracias a Dios porque eso sucede por medio del Espíritu Santo de Dios. Para la mayoría de nosotros que hoy estamos en la iglesia, aparentemente no es un problema decir yo creo en Dios, aunque nuestra fe no sea quizás tan grande. ¿Pero saben ustedes cuántas personas hay allá afuera que no creen? ¿Saben ustedes cuántas personas hay que no tienen el más mínimo deseo de creer en Dios? Y quizás muchas de ellas mueran sin haber creído en Dios. Por ello nosotros tenemos que estar agradecidos. Tenemos que estar agradecidos que hemos sido educados en familias cristianas que, mal o bien nos han acercado a la iglesia y nos han puesto ante nuestros ojos la posibilidad de creer en Jesucristo. En el caso de los que han sido confirmados, e incluso los bautizados, a partir de allí que nuestra fe crezca o decrezca es pura responsabilidad nuestra.

La fe es como una semilla o plantita. Debemos cuidar esa plantita de la fe que ha sido plantada para que pueda crecer y madurar en la medida que Dios quiere.

Cuando plantamos un árbol, al principio es semilla y luego se transforma en una pequeña planta que requiere muchos cuidados para que con el tiempo pueda crecer y transformarse en árbol. Lo mismo pasa con los bautizados. Debemos cuidar de esa plantita. En la vida de la fe quizás en los de menor edad, tenemos los padres, padrinos, familia cristiana que pueden ayudarnos, pero luego cada uno de nosotros tenemos que asumir la responsabilidad de cuidar de esa planta de la fe.

Tenemos que cuidar con temor y temblor de la plantita de la fe. Porque si no la cuidamos, por más que hayamos sido bautizados y confirmados esa planta puede secarse y morir. Y eso significa en nuestra vida de fe que, la fe se extingue y la persona se aleja de Dios con las trágicas consecuencias que eso significa para nuestra existencia más allá de nuestra vida.

¿Se puede tener fe y dudar acerca de la existencia de Dios? Sí, claro, todos los que tenemos fe en algún momento dudamos. Especialmente cuando estamos mal y pedimos y sentimos que Dios no nos responde. Y no sólo los cristianos dudan de la existencia de Dios. También los que no creen en Dios dudan acerca de la no existencia de Dios en algún momento de su vida. Aún los ateos en algún momento, dudan de su “convicción” y afirman, ¿no será que, quizás Dios sí exista?

Una vez me encontré con una persona que, quizás en tono de broma, pero no tan broma me dijo: ¿Cómo puede usted creer en Dios a quien no ve? ¿Cómo puede creer en algo que no ve? Hoy me levanté y no vi a Dios. Voy por la calle y no veo a Dios. Estuve en el estacionamiento y no vi a Dios. Demuéstreme que Dios existe. —Entonces le dije: -Usted no puede no creer en todo lo que no ve. Hay cosas que creemos que tampoco no se ven. —Y le pregunté: -¿usted cree en el amor? —Sí, claro que creo. ¿Pero cómo puede creer en el amor si no lo ve? -Bueno, venga a mi casa y le voy a mostrar a mi esposa y verá el amor que nos tenemos. -Sí, pero yo no veo el amor, cómo puede creer en algo que no ve? No necesariamente todo lo que no vemos no hay que creer. ¿Dónde vemos la esperanza? Sin embargo tenemos la esperanza y no queremos perderla. Lo mismo pasa con Dios. Hay otras dimensiones que van más allá del entendimiento del ser humano que, incluso superan al ser humano. Una de ellas es la dimensión espiritual. Que no se ve, pero se puede creer.

Es por eso que, debemos alimentar nuestra fe con los alimentos correspondientes a la fe, llámese los alimentos espirituales. Por medio de la oración, con nuestra comunicación diaria con Dios, por medio de la lectura diaria de la Biblia y por lo menos semanalmente con la participación en comunidad de una iglesia donde recibimos por medio de la Palabra y la Santa Cena el alimento que proviene del Espíritu Santo de Dios. Eso significa cuidar de esa plantita, eso significa cuidar de nuestra fe para que crezca y crezca, y se transforme en el inmenso árbol de la fe que Dios quiere para nosotros. Si nuestra vida no muestra frutos o bendiciones de Dios es posiblemente porque no hemos cuidado esa planta o no la estamos dejando crecer, no la estamos cuidando y alimentando con ese alimento espiritual. Aún si tenemos mucha edad podemos comenzar a alimentar esa planta como Dios manda nunca es tarde para que nuestra fe se transforme en un árbol inmenso. Y con más razón, cuando los jóvenes como es hoy el caso de los confirmandos, toman este consejo y lo atesoran en su vida de la manera que lo dice la palabra de Dios: “—El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él”. Ese es el mejor consejo que podemos dar a un confirmando. ¿Quieres ver frutos en tu vida? ¿Quieres ver la patente bendición de Dios? Comienza a alimentar esa plantita de tu fe, obedeciendo a Dios.

Una vez había un incrédulo, muy inteligente por cierto que, quería tener todas las explicaciones acerca de la posible existencia de Dios. Y le hacía preguntas a un pastor: ¿Dónde está Dios, ante la miseria, ante el hambre del mundo, ante los niños masacrados mutilados y utilizados para la prostitución o el trabajo infantil? ¿Por qué existe el sufrimiento, por qué existen las enfermedades, las guerras? Me puede explicar dónde está Dios delante de todo esto. Y así seguía haciendo una pregunta detrás de la otra. Este pastor, le dijo, -Bueno déjeme explicarle. El hombre le dijo: -No, usted no puede explicar nada, porque no tiene las respuestas, porque Dios no existe, Dios es un invento a Dios nadie lo ve. -Yo le puedo explicar, pero primero le quiero hacer una pregunta. -No, no quiero ninguna pregunta, responda a mi pregunta. -Pero déjeme hacerle sólo una pregunta, ¿me permite? -Bueno, está bien, sólo una pregunta. -¿Si yo le respondo con claridad y para su conformidad a sus demandas sobre la existencia de Dios ahora mismo, y usted quedaría satisfecho con las respuestas, usted consideraría creer en Dios y hacerse cristiano? ¿Y qué le contestó el hombre? -¡No, para nada!
¡Bueno, —respondió el pastor—, vamos mejor a tomar un café, y no perdamos nuestro tiempo!

Entonces mi conclusión es que, hay personas en esta vida a las que podemos llamar ‘incrédulos voluntarios’. ¡Es decir no quieren creer, y hacen todo lo posible para no creer! Y nosotros cristianos muchas veces dudamos de nuestra fe. Nosotros no obstante, deberíamos llamarnos ‘creyentes voluntarios’. Nos pasa que tenemos dudas acerca de la existencia de Dios y esto puede ser normal y hasta es ser honestos el admitirlo. Pero no obstante, seguimos adelante, persistimos en nuestra fe, no obstante, seguimos alimentando nuestra fe, a través de la oración, de la lectura de la Biblia, de la pertenencia semanal a una comunidad de fe. Porque estamos decididos a creer en Dios. Y ese es el tipo de fe de aquellos que aman a Dios, no obstante nuestras dudas y nuestra limitación humana queremos dar más crédito a Dios que a todos los que nos quieren convencer que Dios no existe. ¡Y esa es la fe que al final triunfa! Esa es la fe que a pesar de los problemas que nos bajan el estado de ánimo que, nos ponen tristes, desganados, deprimidos o negativos o fracasados, nos dice: ¡No!, tengo que cambiar la cara, tengo que caminar mi estado de ánimo para poder creer, para poder confiar y afirmar como dice el salmo para el día de hoy: “Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él”. Y estar regocijados, felices y alegres es parte de la misma experiencia de la fe. ¡Queremos decidir estar bien y cambiar nuestros sentimientos para poder cambiar nuestra manera de pensar que nos impulsa a creer! Pues quien está mal anímicamente no puede pensar bien y quien no puede pensar bien no puede creer. Quien no puede creer no puede amar a Dios, porque no cree que Él exista. “Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve”… En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebr 11:1.6)

La fe además de ser una bendición de Dios, implica una gran responsabilidad. Implica que debemos mantener esa fe, pues de lo contrario esa fe se marchita, se extingue y desaparece. Y las consecuencias de la pérdida de la fe, no es sólo el alejamiento de Dios sino también el alejamiento de todas aquellas cosas buenas que ansiamos en la vida, salud, prosperidad, amor, esperanza, en una palabra la bendición de Dios y el peligro de que esa fe pueda llegar a extinguirse totalmente con la pérdida de la salvación ofrecida por Dios más allá de esta vida.

‘Sin fe es imposible agradar a Dios’, lo reformularía de modo positivo: Sólo con fe se puede agradar a Dios. De la única manera en que podemos poner contento a Dios, de la única manera en que podemos amar a Dios es por medio de nuestra fe en él. Fe que se impone y va más allá de toda circunstancia externa. Fe que confía, fe que lucha, fe que supera, fe que afirma Dios existe y se revela ahora y aquí en mi vida por medio de su palabra, la Biblia.

Es nuestra oración que, Dios pueda habitar en esta iglesia, por medio de su Santo Espíritu. También que Dios pueda habitar en la vida de los confirmandos de aquí en más y en la familia de los confirmandos. Pero la única condición para ello es amar a Dios, obedeciendo su palabra y teniendo fe; es decir manteniendo esa fe por medio de nuestra comunión fiel y tenaz con el mismo Dios. Que Dios pueda llenar nuestras vidas y su presencia esté en esta casa de oración. Amén.