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Celebramos al Dios de la vida

Domingo de la eternidadVida

“Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: «¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación.»  Pero intencionalmente olvidan que desde tiempos antiguos, por la palabra de Dios, existía el cielo y también la tierra, que surgió del agua y mediante el agua.  Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado.  Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos.

Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.

Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada.

Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable  y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas.  Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia.

2 Pedro 3:3-13 [NVI]

En el día de hoy último domingo del año de la iglesia, queremos reflexionar acerca de las cosas ultimas, pero especialmente como el nombre del domingo lo dice acerca de la eternidad, de la promesa de salvación, del cielo nuevo y de la vida nueva prometida a cada uno de los hijos de Dios.

Hoy queremos hablar acerca de la esperanza, acerca de la promesa, acerca de la vida eterna prometida por Dios y de la esperanza de ayuda y presencia de Dios en cada instante de nuestra vida. Creemos en un Dios que fue crucificado, pero especialmente creemos en él porque resucitó porque venció a la muerte y a los infiernos y que vendrá en gloria a juzgar a los vivos y a los muertos. Por tanto creemos en un Dios vivo que, vive y tiene poder. Creemos en un Dios que está por encima de la muerte y de todo pesar y angustia. Creemos en un Dios de victoria, de gozo, de vida eterna, de milagros, de poder, de salvación de alegría, de paz y de amor.

Ese es el Dios de los cristianos ese es el Dios que salva y sana y revive a los cristianos y a las iglesias. La vida en el mundo está demasiado llena de muerte y pecado y nuestro Dios Jesucristo es un Dios que no manda pecado y muerte, aunque si juicio y vida eterna para todos los que decidan creer en él. Dios es un Dios que a pesar de la realidad de la muerte, el venció a la muerte y al diablo y nos quiere dar esa vida. Así como él lo promete: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10:10) los cristianos queremos aferrarnos más a la vida que a la muerte. Porque sabemos, si bien la muerte es una realidad, sabemos también que para los que hemos entregado nuestra vida a Cristo, ésta es tan sólo un paso más que nos conducirá al encuentro con nuestro Señor.

En nuestros días sin embargo, nos podremos encontrar con personas que, no crean más en Cristo, en la Biblia, en la iglesia. Personas que, creen que porque todo lo tienen, pueden llegar a manejar también la existencia o no de Dios. Personas que hasta incluso reniegan de la fe y hasta se burlan de la iglesia. Como una persona que una vez llamé por teléfono para invitarla a la iglesia y me dijo bien claro: ¡Yo pastor no necesito de la iglesia!, discúlpeme.  Cuando uno escucha estas palabras, lo primero que siente es rechazo a esas personas, pero después eso se convierte en pena y en lástima que haya personas que desprecien la invitación de Jesucristo, pues creen que están más allá de Dios que, con su propio pensamiento y lógica, con sus propios logros de la vida quieran pensar que Dios es un cuento o una historia inventada. El apóstol nos dice lo que dirán: “Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: «¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación” Es verdad hay gente que se mofa de los cristianos, de la iglesia pero también leemos en la Biblia, lamentablemente que Dios es también un Dios de juicio. »Si en alguna casa o pueblo se niegan a recibirlos o escucharlos, salgan de ese lugar y sacúdanse el polvo de los pies en señal de rechazo. Les aseguro que, en el día del juicio final, ese pueblo será más castigado que las ciudades de Sodoma y Gomorra”

Lamentablemente Dios es también un Dios de juicio. Y digo lamentablemente pues hay muchas personas que no se salvarán y eso es una realidad. Sin embargo hay tantas otras que claman por justicia que, han sido tratadas injustamente en la vida que han sufrido el maltrato de los demás, la habladuría, la calumnia, la deshonestidad, el fraude, la traición, la violencia, la tortura, la muerte y no han visto la justicia de Dios durante sus vidas. Dios nos dice, sin embargo que, va a ver justicia para sus hijos e hijas al final de los tiempos y una justicia perfecta de sabia equidad.

Hay personas especialmente los que se mofan de la Biblia y atacan a los cristianos que están siempre buscando la paja en el ojo ajeno, es decir ver el error del otro y no aportar y quizás dejarse interpelar por la Biblia. Generalmente los que atacan a la Biblia y la iglesia son personas que no leen la Biblia, que no la conocen. Pues de otro modo no lo harían, pues estarían ya bendecidos por el Espíritu Santo a través de la lectura de la misma.

Muchos decían en la época del apóstol: ‘cuándo vendría la segunda venida de Jesucristo’. Ni aún los ángeles del cielo lo saben, menos debemos pretender nosotros querer saberlo y encima juzgar a la Biblia como mentirosa. “Un día es como mil años, y mil años como un día”, los tiempos de Dios, los días de Dios no son como los nuestros.

Si él se está tardando en todo caso es porque está esperando el arrepentimiento de muchos para que puedan heredar, recibir la vida eterna. Pues hay algo claro, si no nos arrepentimos y aceptamos a Jesucristo como  nuestro Señor y Salvador no vamos a heredar la vida eterna. Eso es un hecho, es la justicia divina.

Dios es amor, pues él quiere que todos se salven, pero hay un tiempo establecido para ello y ese tiempo es el tiempo de nuestra vida. Por tanto si aún no lo hemos hecho, urgente tenemos que ponernos en orden con Dios y rendir nuestra vida a él y aceptarlo como Señor y Salvador comenzando a creer en él y a congregarnos con otros cristianos.

“Pero el día del Señor vendrá como un ladrón” Así también se nos decía en las lecturas para cultos pasados. Quiere decir que en cualquier momento puede venir Jesucristo y por eso debemos estar preparados.

¿No deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable  y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Así nos exhorta el apóstol. Puesto que creemos en la justicia divina de Dios y hemos creído en Jesucristo y le hemos aceptado y somos parte activa de la comunidad de creyentes, tenemos que estar tranquilos y vivir nuestra vida con felicidad sabiendo que, esta vida no lo es todo. Que hay una vida eterna para todos los hijos e hijas de Dios, por tanto por agradecimiento y sentimiento de paz y felicidad hacemos todo lo posible para agradar a Dios y amarnos unos a otros como él nos enseño.

Los cristianos creemos y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva. Esa es la promesa de Jesucristo. No es que negamos la muerte como parte de la realidad, sino que nos centramos especialmente en la vida que Dios nos regala en esta tierra para amarle y honrarle durante nuestra existencia y nos centramos en la promesa de una vida eterna que vendrá como recompensa para todos los creyentes más allá de esta vida.

Y especialmente cuando celebramos en los cementerios, allí en el lugar de la muerte, hablamos de la vida. Cuando celebramos cultos para los difuntos en los cementerios nos queremos concentrar no en todos los difuntos. Como cristianos sólo recordamos a los santos, es decir a aquellos que han vivido una vida en Cristo que, se han entregado a Cristo y los honramos porque nos dieron el ejemplo a seguir, porque honraron a Dios y a la iglesia con su entrega y sus testimonio y confiamos que ellos sí van a recibir la salvación. Nosotros cristianos luteranos no oramos por los muertos, ni intercedemos por los muertos. Los fallecidos ya han tenido su oportunidad de redención en vida. Nosotros cristianos evangélicos honramos la vida y atesoramos la promesa de la vida eterna para todos aquellos que se han entregado ya en esta vida a Dios y han comenzado ya a vivir una vida como Dios manda. Por eso es que nos centramos en este domingo en la eternidad. Dios murió, pero resucitó está vivo y esa es la razón de nuestra fe y esperanza.

“¿No deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?

Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia”.

Cuando nos concentramos en las cosas últimas nosotros los cristianos nos concentramos en la vida, en el Dios de luz, de amor de alegría y de paz. Claro pero para eso primero debe haber paz de espíritu en la persona. Si no tenemos todavía paz de espíritu en Dios, si todavía no hemos hecho las paces con Dios es muy difícil que podamos concentrarnos en la vida y en las promesas de Dios. Hoy Dios nos acerca una oportunidad más para aceptarlo a él. A entregarnos a él a aceptar creer en él como nuestro Señor y Salvador y a comenzar a congregarnos fielmente en su iglesia. El juicio divino es inminente y una realidad pero para los que hemos aceptado a Cristo, es una noticia de alegría y una promesa de paz, de luz de vida, pues nos espera un cielo nuevo y una tierra nueva. Amen.

Cristianos veraces

 Penúltimo Domingo del año eclesialcristianos veraces

“El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”

Lucas 11:23

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Sal 50:1-23

Jer 8:4-7

2 Co 5:1-10

Mt 25:31-46

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¿Por qué las personas son bautizadas o incluso confirmadas en la iglesia? Bautizamos y confirmamos personas no porque sea parte de una honorable tradición cristiana. Tampoco bautizamos para mostrarles a la gente y a Dios cuán cristianos somos. Tampoco bautizamos porque pensamos que una persona va a estar así protegida de enfermedades y accidentes durante su vida. No, bautizamos por una razón clara y simple, porque Jesús nos encomendó bautizar. Jesús dijo luego de su resurrección a los once discípulos (Judas quien lo había traicionado ya no vivía más): “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”. (Mt 28:19-20)

Once discípulos por tanto recibieron el mandato de ir y bautizar, once amigos de Jesús. Esto puede relacionarse hoy con un equipo de fútbol. El equipo de fútbol es una buena comparación acerca del ser cristianos y acerca del reino de Dios, si me permiten el ejemplo. Cuando alguien es aceptado en el reino de Dios por medio del bautismo esto es un honor muy grande, así sucede también cuando un jugador es llamado para jugar en la selección nacional de fútbol. Quien sea jugador de fútbol pertenece al equipo de un director técnico nacional y quien sea bautizado, pertenece al equipo de Jesucristo. Esta comparación nos ayuda a entender la palabra de nuestro Señor  que queremos tratar en el día de hoy: Quien “está con Jesús”, pertenece a su equipo, a sus discípulos, a su familia, a su pueblo a su reino. Ser cristiano no es una filosofía más, tampoco es una convicción personal, sino que ser cristiano significa la pertenencia al reino de Dios que, él mismo nos regala. No hay nada mejor que pertenecer a Jesús y a su iglesia.

Cuando el director técnico del equipo de fútbol convoca a la selección nacional él espera de aquellos convocados que “se jueguen” con toda sus fuerzas por el equipo. Y cuando Jesús llama a las personas a ser sus discípulos por medio del bautismo, él espera de ellos en todo caso que “se jueguen” con todas sus fuerzas por el reino de Dios. En el Sermón del Monte lo expresó bien claro: “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt 6:33) Y en la palabra para el día de hoy nos dice: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”. En la comparación con el equipo de fútbol se lo aprecia bien. Quien no aparezca al entrenamiento, está rechazando al equipo y con ello muestra que para él no es algo que le importa. Y quien como bautizado no se reúna con los demás cristianos a escuchar la palabra de Dios, está demostrando que el reino de Dios no tiene importancia para éste.

Quien como jugador de fútbol no atienda las indicaciones del técnico pone en peligro el juego mismo de todo el equipo. Y quien como bautizado se burle de los mandatos de Dios, está no sólo dañándose a sí mismo sino también a sus semejantes.

Quien como jugador de fútbol durante una competencia se quede haraganeando en el banco de suplentes o le guste tirarse en el césped de la cancha, es porque carece del empuje necesario. Y quien como bautizado arroja por tierra sus dones o se compromete sólo parcialmente para Dios y para su iglesia, muestra que no está tomando a Dios en serio.

Si un arquero sale de su posición y deja el arco sin protección porque dice que él sólo quiere hacer goles, entonces no ha comprendido cuál es su lugar en el equipo. Lo mismo sucede cuando los cristianos no están de acuerdo con el lugar que Dios les ha asignado en la vida, por ejemplo como padres que deben educar cristianamente a  sus hijos; o como personas que reciben un salario y que deben comprometerse a contribuir también con su iglesia; o como miembros de comisiones directivas que deben comprometerse en la vida de la congregación; o como pastores que deben predicar la fiel y verdadera palabra de Dios sin tergiversaciones. Estos son un par de ejemplos que nos muestran cuáles son las cosas que Jesús espera de sus discípulos y qué significa “estar con Jesús”. Eso es lo que pensamos cuando Jesús nos dice: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”

¿Quién de nosotros todos no se siente interpelado por este llamado de Jesús? ¿Quién puede afirmar seriamente que, busca en primer lugar el reino de Dios y “se juega” lo suficiente en el equipo de Jesucristo?

Seamos claros, lo que Jesús menos puede soportar es tibieza.

Un ateo convencido es mejor para Jesús que un cristiano a medias. A la congregación en Laodicea se dirigen las firmes palabras de Jesús: “Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”. (Ap 3:15-16)

Sí, así dice en la Biblia: “te vomitaré”. Para Jesús el cristianismo tibio es vomitivo. Y por eso nos dice el texto para hoy: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”.

¿Qué es lo que significa entonces –“recoger” con Jesús?

Un equipo de fútbol no consiste simplemente de una “amorosa comunión”, sino y especialmente de ganar. Y el equipo de Jesús consiste no sólo en ser una “hermosa congregación” sino en ganar personas para el reino de Dios. Es eso exactamente  lo que se piensa con “recoger”. Es interesante el uso que Jesús hace de este verbo. Por ejemplo cuando habla de “recoger” la cosecha en graneros. He aquí una imagen sobre la misión y para salvación eterna. Dios recoge los frutos para la vida eterna en sus graneros. O por ejemplo el otro uso de “recoger” en la pesca con l ared. Otra imagen acerca de la misión y el cielo. Con esta imagen llama Jesús a Pedro, uno de sus discípulos principales a seguirle: “—No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5:10). Exactamente, es en esta cosecha y en esta pesca donde todo el equipo de Jesús ayuda. Y cada uno según sus posibilidades, capacidades y fuerzas. Cuando los padres traen a sus hijos pequeños a la iglesia para que aprendan la palabra de Dios, están allí “recogiendo” con Cristo. Cuando los cristianos van los domingos a la iglesia y no se sientan allí sólo de forma pasiva, sino que alegres deciden alabar a Dios y confesar claramente su fe, entonces están allí “cosechando” de la misma forma que Jesús lo pide.

Y cuando en la vida de todos los días se testimonia por medio de palabras y obras acerca del amor de Dios, eso es entonces “recoger” junto a Jesús.

Escuchemos una vez más sus palabras: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”.

Jesús no está pidiendo de nosotros algo fuera de lo común o esfuerzos extraordinarios, o cosas que no estamos en condiciones de hacer. Hay una gran diferencia entre un equipo de fútbol y el equipo de Jesús. Del equipo de fútbol se espera tan sólo que gane y consiga el título. Si no se puede obtener la copa por mucho tiempo, los jugadores se cambian y hasta el técnico también y se exige aún más de los nuevos convocados. Pero Jesús no actúa de esa manera. Quien permanezca fiel a él, podrá pertenecer por siempre a él, aunque no haya tenido grandes logros. Pues para Jesús no cuentan las obras y grandes sacrificios en primer lugar, sino para Jesús cuenta en primer lugar sólo la fe y un corazón honesto y convencido en él. Y eso lo podemos ver en una persona que se va a bautizar, esta persona no pueda más que dejarse bendecir por la Gracia de Dios. Y allí mismo esa persona puede afirmar de qué se trata en todo caso en el reino de Dios: que la persona accede a ser obsequiada por Dios. Quien invite al reino de Dios de la misma forma, está recogiendo con Cristo. No importando si lo logra o tan sólo si lo intenta, no importando si gana a muchos o si gana unos pocos. Esa persona no obstante es y permanece en el equipo de Jesús, sigue siendo discípulo de Jesús, en el reino de Dios, en la una santa iglesia cristiana que nunca se acabará. Amen

La verdadera paz mental

Antepenúltimo Domingo del año eclesialpaz y seguridad

“Ahora bien, hermanos, ustedes no necesitan que se les escriba acerca de tiempos y fechas, porque ya saben que el día del Señor llegará como ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», vendrá de improviso sobre ellos la destrucción, como le llegan a la mujer encinta los dolores de parto. De ninguna manera podrán escapar.

 

Ustedes, en cambio, hermanos, no están en la oscuridad para que ese día los sorprenda como un ladrón. Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad. No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio. Los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan. Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos siempre en nuestro sano juicio, protegidos por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de salvación; pues Dios no nos destinó a sufrir el castigo sino a recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Él murió por nosotros para que, en la vida o en la muerte, vivamos junto con él. Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo”.

 1 Tesalonisenses 5:1-11

 

Sal 90:1-14

Jer 18:1-10

Lc 17:20-24

Paz y seguridad son dos hermosas palabras. En inglés hay una expresión muy usada que se llama “peace of mind” que podríamos traducirla como tranquilidad en el alma, o quizás otras expresiones más que se puedan usar en otros países y regiones. Pero es bien conocida esta expresión pues ahora se la está utilizando para cualquier cosa. No sólo la usan las aseguradoras sino también los distintos servicios que se ofrecen utilizan este ilustrativo rótulo para sus ofertas.

Cuando fue al mecánico para hacer un cambio de aceite, uno de los planes se denominaba así: “paz mental”. Si uno optaba por este servicio completo para el auto donde se le hacía un mantenimiento completo, teóricamente la persona no tendría que preocuparse ya de nada más en lo que al auto se refiera; le hacían un mantenimiento completo e integral.

Y ese es el sentido de esa frase: no preocuparse más, vivir seguro en paz y sin problemas.

 

Me animo a decir que, el apóstol haría buen uso de esa frase hoy si quisiera dirigirse a nosotros para volver a explicarnos esa carta que les escribió a los Tesalonicenses. Cuando estemos seguros que, todas nuestras cosas están cubiertas y creamos tener paz mental en todo, en lo económico, en lo material y hasta por qué no en la salud y en el tiempo de retiro, algo de improviso puede venir y arruinarnos todo. Y allí no habrá seguro, ni plan ni combo, ni ningún dinero del mundo que pueda cubrir eso. Eso será la venida de nuestro Señor Jesucristo y el tan temido o anunciado fin del mundo en este mundo. Se habla de destrucción, quizás el apóstol se está refiriéndose precisamente a eso a la destrucción de toda seguridad, toda paz mental del mundo todo aquello por lo cual muchos luchan durante toda una vida, para luego encontrarse que, esas cosas no eran las más importantes por la cual debían luchar. Todo eso sin embargo se termina. No sólo se termina para los que se encuentren con vida, sino para aquellos que ya han muerto y no han llevado una vida conforme a las cosas de Dios.

 

Se dice que, ese día, ese momento, vendrá como ladrón en la noche. No sé por qué justamente el apóstol utiliza este ejemplo para describir la naturaleza de ese momento, pero se me ocurre pensar que es similar a la sensación que se siente cuando un ladrón entra en la casa a robar. Aquí se dice que quien entra es un ladrón, por tanto a robarnos algo y lo hace de noche, es decir no tenemos manera de darnos cuenta que nos han robado. La sensación de haber sido robado de esa manera es horrible. Es horrible ser robado pues uno siente la sensación de daño, de dolor frente a lo perdido o destruido y a la vez siente la sensación de falta de seguridad y protección. Se siente miedo, bronca y falta de tranquilidad y una gran vulnerabilidad. Es algo inesperado, inconcebible para lo cual uno nunca está preparado.

Y esos son quizás el tipo de sentimientos que acompañaran a todos aquellos que no estén en Cristo y hayan depositado toda su vida en los aspectos materiales solamente y no principalmente en buscar la salvación ofrecida por Cristo en primer lugar que, sí nos otorga salvación y paz mental a largo plazo.

 

También se nos dice, con otra comparación que, el momento de esa venida será como cuando los dolores de parto de las mujeres. Dos cosas son importantes de destacar de este ejemplo: la inevitabilidad, la falta relativa de conocimiento de cuando eso tendrá lugar. En la época del apóstol quizás este ejemplo era aún más ilustrativo que en nuestros días. Lo único que se sabía era que la mujer podía tener familia a los nueve meses o menos. Pero no se sabía exactamente. Y aunque hoy en día el parto natural tampoco es tan preciso, toda la tecnología médica hace que un nacimiento se pueda predecir mejor, pero aún así sin saber sabe cuándo. Lo que sí se sabe es que está viniendo que el tiempo cada vez es menor y que ese “alumbramiento” es inminente.

 

No sabemos cuándo será ese fin, esa segunda venida de Cristo. En la Biblia se dice que, ni aún los ángeles de los cielos saben cuándo será la fecha de la venida de Dios y culminación del mundo. Por ello hay que estar preparados. Estar preparados significa que, ya hemos entregado nuestra vida a Dios al aceptar creer en su Hijo Jesucristo y comprometernos a vivir una vida conforme a sus mandatos. Eso es estar preparado, ni más ni menos.

Se nos dice que, la gente que todavía no ha aceptado a Cristo, aunque ellos piensen que tienen paz mental, están viviendo en las tinieblas en la noche, donde nada se ve y las cosas no son claras.

Se nos dice que debemos estar como despiertos en nuestro sano juicio, otras versiones dicen “sobrios” esa es la palabra que usamos para lo contrario de “borracho”. Cuando decimos mantenernos sobrios estamos diciendo que somos capaces de ver, discernir y mantenernos velando. El apóstol nos habla de estar alertas, es decir como el soldado que debe vigilar, cuidar estar despierto. Recuerdo que, cuando hice el servicio militar tenía que hacer guardia, especialmente durante la noche y muchas veces me preguntaba, ¿pero cuál es el sentido de estar allí dos horas o a veces más parado, sin tener que dormirme? Cuando nos damos cuenta que, los otros pueden dormir tranquilos, “tener paz mental” porque hay otros que se están ocupando de velar y de cuidar ante los peligros uno entiende el sentido de las guardias. De la misma manera, el mantenerse alerta es cuidar de nosotros mismos, de nuestra integridad, más que nada espiritual, para que ningún peligro, ni “enemigo”, puedan derrocarnos.

 

Y continúa el apóstol haciendo uso de un vocabulario militar, cuando nos habla de coraza y casco. Son dos elementos más que nos hablan acerca del tipo de vida que debemos llevar en la tierra: una vida a resguardo de un enemigo. Pero nuestras armas son la fe y el amor que, dicho sea de paso tienen aún mucho más poder que cualquier arma, principio o táctica humana, pues son las armas espirituales las más poderosas y nosotros somos parte de un ejército espiritual, del reino de Dios.

La fe y el amor son nuestra protección principal y lo que nos va a resguardar incluso en nuestras vidas físicas. La esperanza de la salvación, es colocada por el apóstol a la altura del casco, la cabeza. Esto simboliza que, debemos mantener nuestra mente, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos alerta. Debemos cuidar de los que pensamos y sentimos, pues estas actividades son regidas por nuestra mente. Debemos velar por la calidad de nuestros pensamientos y sentimientos para que estos estén alineados en la palabra de Dios que, nos impulsa a siempre tener esperanza en la salvación y a asegurarnos que todos aquellos que hemos creído en Jesucristo como Hijo de Dios hemos ya recibido el regalo de la salvación.

Por tanto con agradecimiento, nos mantenemos alerta en todos los sentidos. Por agradecimiento queremos agradar a Dios y dedicar toda nuestra obra sólo para la gloria de Dios. Por agradecimiento queremos agradarle poniendo nuestra fe en su palabra la Biblia que, es la única fuente de nuestro conocimiento sobre él y el origen de nuestra fe en él, por sobre todas las cosas y queremos hacer lo posible para poner por obra sus mandatos.

 

Por agradecimiento a él queremos cambiar los hábitos de vida o bien queremos preservarlos: reuniéndonos en comunidad durante toda nuestra vida, llenando nuestra mente con las palabras de vida, esperanza, fe, confianza, victoria, milagro, poder de Dios, alegría, gozo, Espíritu, tantas palabras edificantes que surgen de la lectura de la Biblia. Queremos mantenernos alerta orando, aprovechando el recurso poderoso e inagotable de la oración que Dios nos regaló; queremos tener una relación viva con Dios por medio de la oración. Por agradecimiento queremos confiar más en Dios en cuanto conseguir paz mental en esta tierra que la paz mental que el concepto de paz mental del cual el mundo que no está en Dios nos quiere convencer que es el correcto. Queremos mantenernos alertas cuidando de reunirnos semanalmente y todas las veces que podamos sea en nuestra iglesia o en cualquier otra pues es eso en primer lugar que nos procurará la verdadera paz mental y fortaleza.

 

Por agradecimiento a él queremos compartir nuestra fe, por medio de nuestro testimonio, nuestras palabras y nuestra invitación a aceptar a Cristo con los demás que, todavía puedan estar en la “noche” o en la “oscuridad” y no porque sean necesariamente malas personas, sino porque todavía viven en un estado de paz mental que no es tal y no han alcanzado la salvación. De esa forma queremos animarnos unos a otros a proseguir en este camino y hablarles de este a todos los demás. Amén.

¿Hacemos lugar para el Espíritu de Dios?

 20mo. Domingo después de TrinidadEspiritu Santo

“Ustedes mismos son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos.  Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones.

 Ésta es la confianza que delante de Dios tenemos por medio de Cristo.  No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios.  Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.

 El ministerio que causaba muerte, el que estaba grabado con letras en piedra, fue tan glorioso que los israelitas no podían mirar la cara de Moisés debido a la gloria que se reflejaba en su rostro, la cual ya se estaba extinguiendo.  Pues bien, si aquel ministerio fue así, ¿no será todavía más glorioso el ministerio del Espíritu?  Si es glorioso el ministerio que trae condenación, ¡cuánto más glorioso será el ministerio que trae la justicia!

2 Co 3:2-9

Sal 119:101-108

Gn 8:18-22

Mc 10:2-16

“Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida”. Este es un versículo conocido, o al menos esta parte del texto. En simples palabras el apóstol Pablo nos está diciendo que, todo aquello que contenga que, motive y que permita la presencia del Espíritu de Dios posee la vida, está vivo. Más todo aquello que, no posee el Espíritu de Dios está muerto, de allí la expresión que “mata”. Cuando él se refiere a la letra, está pensando en su contexto particular. Está pensando en la religión judía de su tiempo que, además de no haber creído en Jesucristo como Hijo de Dios, seguía basándose en una religión que, tan solo buscaba la salvación por medio del cumplimiento de requisitos inalcanzables para el ser humano y había desarrollado una lista de leyes y tradiciones que, atrapaban a la gente en una maraña de legalismo que, más que conducir a la presencia de Dios les alejaba cada vez más de Dios. Jesucristo, vino para darle un nuevo sentido a toda esa ley ya decadente. Jesucristo vino a ofrecer la salvación de Dios para todo aquel que crea en él y al partir nuevamente al Padre, otorgó para todos aquellos que creyesen en él, su Santo Espíritu que da vida.

Se me ocurre pensar en cuántos cristianos comprendemos en verdad esto. Aún hoy en día, aunque no seamos como los judíos de la época de Pablo, y hasta incluso podamos pertenecer a iglesias cristianas podemos caer en la tentación de seguir viviendo la fe tan sólo como una mera religión, basada tan sólo en principios, tradiciones, normas, costumbres y reglamentos humanos. Muchas veces hay iglesias, instituciones cristianas que, se ahogan en su propia maraña de normas y reglamentaciones dejando así que el Espíritu de Dios se vea sofocado. No dejando lugar para la manifestación del Espíritu Santo de Dios, ni en la iglesia, ni en sus propias vidas. Y quisiera dar unos ejemplos al respecto, para que nos podamos ubicar.

Muchas veces hay iglesias, donde el tiempo para reuniones administrativas o comisiones organizativas absorben tanto tiempo a los pastores y servidores impidiéndoles utilizar el precioso tiempo para el cual se supone fueron encomendados, es decir predicar la palabra de Dios. Hay pastores que, quizás sin haberlo deseado, de repente se encuentran dentro de una institución que, les impulsa a cumplimentar un montón de actividades que, han sido dispuestas quizás desde décadas y que en un principio buscaban mejorar la tarea de la iglesia pero que, con el tiempo se convirtieron en un palo en la rueda para el desarrollo de la tarea más importante de la iglesia que es la difusión y proclamación del Evangelio de Jesucristo. Y que para tal tarea, son especialmente encomendados los ministros. Entonces hay pastores que, con el tiempo se encuentran frustrados haciendo una tarea que, no es en la que ellos creían que debían hacer al principio de su ministerio; simplemente transformándose así en administrativos,  mayordomos o coordinadores de la iglesia.

Esas instituciones están atadas a la letra y no al espíritu y por lo tanto tienden a matar más que a vivificar el cuerpo de Cristo en tales comunidades. Y hasta llega el momento que, todo intento por volver a lo espiritual es visto como ridículo y hasta irrisorio.

Aunque nos suene a broma, es una gran verdad que, hay muchas iglesias, ya instituciones cristianas si se quiere que, se han transformado en iglesias muertas, aunque esto suene fuerte, pues han sofocado, o como dice un versículo de la Biblia han contristado al Espíritu de Dios (Ef 4:30). No le han dejado prioridad al Espíritu Santo. Y esto muchas veces no sucede a propósito, se origina gradualmente sin que los mismos miembros de esas iglesias se den cuenta. Por eso es muy importante estar atentos a esto.  Una de las preguntas muy importantes que podríamos hacernos en cada una de las iglesias constantemente es:

¿A qué actividades le estamos dando más tiempo en nuestra iglesia? Y  una pregunta personal para los pastores y predicadores:

¿A qué cosas le estoy dedicando más tiempo en mi ministerio? En las iglesias: ¿Cuáles son las cosas más importantes que Dios nos manda hacer y no lo estamos haciendo?; lo dijimos en predicaciones anteriores.

Recordemos las cosas más importantes que tiene que hacer la iglesia:

-La adoración a Dios, eso lo hacemos todos los cristianos, especialmente en el culto los domingos;

-Nuestro compromiso con la iglesia. Queremos mostrarnos como miembros activos de una iglesia. Es importante que todo cristiano decida pertenecer activamente a una iglesia. Ayudar al sostenimiento de la iglesia materialmente y con sus dones con su tiempo y dedicación

-La enseñanza: Enseñar a la congregación la palabra de Dios. Enseñar a entender y a interpretar la palabra de Dios que, lo hacemos por medio de la Biblia

-El servicio al prójimo. Lo llamamos también diaconía o mayordomía cristiana en general; la ayuda material concreta.

-La otra tarea es la evangelización. Es el anuncio concreto de aceptar el mensaje de Jesucristo y sucede concretamente por medio de la predicación, sermones, devocionales. Predicar el evangelio de Jesucristo a todos.

Y esto no sólo sucede con los pastores. Esto sucede con cada uno de nosotros. ¿A qué cosas le damos más prioridad e importancia en nuestras vidas? ¿A las cosas de Dios o sólo a nuestros propios proyectos? Es verdad que, no podemos permanecer toda la semana en la iglesia, pues tenemos nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo semanal. Pero a la hora de priorizar las actividades, en qué lugar ponemos a la iglesia. Y esto es muy importante de responder porque de acuerdo a la prioridad que tengamos para con la iglesia, también es la prioridad que tendrá Dios con nosotros en tanto poder brindarnos una vida en abundancia cómo el promete y en la Biblia.

“Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida”. Si queremos recibir más de Dios, entonces debemos priorizar las cosas de Dios. No sólo en las tareas a emprender en la iglesia, sino especialmente en nuestra vida particular y familiar.

Y además de priorizar las cosas de Dios, debemos darle lugar al Espíritu Santo de Dios en nuestra iglesia y en nuestras vidas.

Darle lugar al Espíritu significa que, yo deposito mi confianza en primer lugar en Dios. Por ejemplo, hay personas que confían más en los médicos y en los remedios que en Dios. ¿Uds. qué piensan? Ustedes me dirán, pero bueno uno tiene que ser una persona lógica y prudente no vamos a dejar de despreciar la ayuda y conocimiento de los médicos y los conocimientos científicos alcanzados por la industria de los medicamentos. Sí, es verdad. Aunque también es verdad que, muchas veces podemos tener todo el acceso a la ayuda humana, a los mejores hospitales y a los mejores médicos y medicamentos pero no contar con el favor de Dios. Y eso es tan malo, como los pobres que mueren en países pobres por una simple gripe o desnutrición aunque puedan tener fe, pero no tengan recursos humanos. La vida física en la tierra no es eterna para nadie eso ya lo sabemos, pero hay una diferencia para aquellos que ponen las cosas de Dios en el primer lugar de sus vidas y hacen de las cosas de Dios una prioridad en su agenda. Y no sólo las bendiciones son en esta vida sino para con la vida eterna que heredarán.

Dejar lugar para el Espíritu de Dios es, mantener una vida en oración, confiando en Dios más que en la gente o en nuestra capacidad, poder o dinero. Dejar lugar al Espíritu de Dios es permitir que, él mismo Dios tome el control de nuestras vidas y de nuestras iglesias cuando comenzamos a emprender las cosas que él quiere que se hagan primero.

No tener tiempo para orar durante el día porque, decimos que tenemos que ir a trabajar, eso no es dejar actuar ni entrar al Espíritu de Dios en nuestras vidas. No hacer el tiempo una vez a la semana para venir a la iglesia, pues decimos que tenemos otras cosas más importantes, no es dejar entrar el Espíritu de Dios a nuestras vidas.  Decir que no tenemos tiempo ni ganas de leer la Biblia a diario, de esa manera no estamos dando cabida al Espíritu de Dios para influenciar en nuestras vidas. Si queremos recibir ese Espíritu, del cual gozaron los primeros cristianos y siguen disfrutando muchos cristianos e iglesias en nuestros días, tenemos que comenzar poco a poco, aún en las pequeñas cosas, a precisamente dejar el lugar de modo que el Espíritu Santo pueda entrar en nuestras vidas.

Dios no quiere que vivamos una vida de a gotas en cuanto a bendiciones se refiera. Dios quiere que podamos disfrutar del enorme río de bendiciones que él tiene para ofrecernos, pero está en nosotros, el dejar lugar para su Espíritu, para las cosas de Dios en nuestras vidas.

Hay muchas iglesias que están muriendo, aunque estén llenas de miembros y de actividades aún. Y aunque podamos ver muchas personas sentadas en los bancos, no significa que le estén dando lugar al Espíritu. Han optado o quizás porque nadie se los enseñó, a vivir las bendiciones de Dios sólo a cuenta gotas, hasta que en cierto momento el Espíritu se retira de esas iglesias y las iglesias se tornan más en instituciones, asociaciones, clubes, etc. Pero no en una comunidad viva de cristianos. Y cuando hablamos de vida estamos hablando de la presencia del Espíritu de Dios.

Queremos vivir una vida llena de las bendiciones de Dios e inclusive poder contagiar ese Espíritu a los demás. Para ello debemos dejar lugar al Espíritu en nuestras vidas, en nuestra familia y especialmente en nuestra iglesia. Para ello debemos estar atentos y obedientes a qué es lo que Dios está demando de nosotros por medio de su palabra. Amen

Cuidar del Evangelio y la Iglesia con temor y temblor

Domingo de conmemoración de la ReformaRosa de Lutero

“Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”.

Filipenses 2:12-13

Is 62:6-12

Sal 46:2-8

Mt 5:2-10

Temor y temblor, son dos palabras que para nosotros simplemente quieren decir que, la salvación que se nos ha otorgado debemos cuidarla, debemos preocuparnos por llevar con responsabilidad el encargo que Jesús nos encargó de predicar su evangelio. Y eso es una responsabilidad tan grande que puede ocasionar temor y temblor porque de la manera en que portemos ese encargo de eso también depende que se cumpla la voluntad de Dios y también el favor de Dios para con la iglesia.

En el día de la reforma, no es que queremos simplemente cantar himnos de Lutero y decirnos a nosotros mismos y a los demás que somos luteranos. Lutero estaría furioso con nosotros si esa sería hoy y todos los días nuestra intención. El no quiso fundar otra iglesia. Tampoco quiso que sus seguidores se llamasen “luteranos”, a él le bastaba con que fueran, que fuéramos cristianos, evangélicos que, nuestra fe se base en los evangelios. Por tanto la única intención de Lutero fue, si es que queremos respetar la figura del reformador, volver a los evangelios, volver a la fuente. Eso significa reforma, volver a la forma original.

Lutero quería renovar la iglesia. Que la iglesia permanezca siempre reformándose. Constantemente manteniéndose fiel al evangelio. Que, la iglesia no se quede en el tiempo en una forma que obstaculice la fiel proclamación de la Palabra. Que la iglesia se adapte a las necesidades espirituales de la gente de la época. Que el evangelio pueda llegar a todos no a unos pocos solamente. Y lógicamente sin desviaciones ni que otras tradiciones o costumbres ensombrezcan el evangelio. El quería que la iglesia esté constantemente renovándose, por eso el tema tradicional de predicación para el día de la reforma es “La renovación de la iglesia”.

Eso fue la intención de Lutero. Naturalmente que, no fue comprendido por mucha gente, especialmente por aquellos que sólo veían a la iglesia como una institución o un buen negocio, o un buen trabajo o depositaria de hermosas tradiciones y cultura intocables y entonces Lutero fue así proscripto. Se salvó de casualidad, porque a unos príncipes les interesaba que, políticamente la iglesia y el país se independizaran del poder de Roma. Seguramente que había muchos cristianos sinceros que veían la misma necesidad de Lutero, pero no precisamente eran todos los de gran poder político. Y Lutero se salvó, claro está porque Dios quiso, por el cuidado de Dios. Muchos otros pre-reformadores antes de Lutero no tuvieron la misma suerte, fueron quemados en la hoguera.

Hoy gracias a Dios tenemos nosotros evangélicos primero y luego luteranos la responsabilidad con temor y temblor como dice el apóstol de portar con responsabilidad esa salvación y ese evangelio que recibimos de Dios de modo que pueda ser anunciado a todos, y especialmente a las generaciones que vendrán. Y claro que, debemos estar con temor y temblor si no llevamos a cabo esa obra porque de nuestra manera de llevar la misión de nuestra iglesia también está en juego nuestra salvación.

En la época de Lutero, todo se realizaba en idioma latín. Nadie entendía nada. El pueblo no entendía nada. La Biblia estaba en idioma latín, sólo algunos estudiosos podían leer la Biblia. Había incluso sacerdotes ordenados que, nunca habían leído la Biblia. Lutero, renovó la iglesia y puso la Biblia a disposición de la gente en el lenguaje que ellos pudieran entender.

En las iglesias, no había bancos, por ejemplo. Hoy ustedes están sentados en bancos porque Lutero fue un renovador; él quería que la gente esté cómoda cuando viniese a la iglesia. No le importaban las tradiciones a él le importaba más que la gente pueda escuchar con agrado y comodidad la palabra de Dios. Que la gente se sienta bien de venir a la iglesia. Que no haya impedimentos para venir a la iglesia e hizo todo lo posible para que la gente se sienta bien. Y puso bancos en las iglesias a pesar de que a muchos no le gustaba la idea. ¡Cómo vamos a poner bancos en la iglesia si eso nunca se hizo! Sin embargo se hizo así. Y la música, pongo otro ejemplo. Nadie podía entender en latín y menos canciones que, nadie entendía ya musicalmente que, no le llegaban al alma. Busco de entre las melodías populares que, la gente cantaba en las cervecerías y lugares populares de reunión y una de esas canciones fue precisamente, no la letra, pero sí la música, “Castillo fuerte es nuestro Dios” el himno que cantamos hoy, aunque para muchos éste, lógicamente, ya puede ser una himno antiguo.

La iglesia debe renovarse siempre, es decir adaptarse a los tiempos que vivimos; los niños, los jóvenes y también los de más edad tienen que entender esto. Cuando ponemos en primer lugar la necesidad que el evangelio pueda ser predicado y pueda llegar a todos de la mejor forma entonces nos estamos portando como cristianos fieles a Lutero, pero por sobre todas las cosas fieles a Jesucristo, como cuando nos dice el apóstol para el día de hoy: “Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre…lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”.

Para que el mundo crea, para que la gente llegue con agrado a la iglesia, para que escuchen la palabra de Dios, esa es la intención. Y eso constituye una gran responsabilidad, por eso es que tenemos que tener temor y temblor en cuanto a las cosas que, emprendemos en nuestra iglesia y de las cosas que decidamos pues de cada una de ellas tendremos que dar cuenta cuando nos encontremos frente a Dios.

La cuestión de renovar la iglesia sigue siendo hoy un asunto tan importante como antaño. En muchas iglesias el 31 de octubre, o como hoy,  tiene lugar una celebración especial en este sentido. Pero somos conscientes de que una renovación de la iglesia no sólo sucedió en el siglo XVI cuando tenía que ver con la iglesia católica romana.

La reforma quería ser un movimiento de renovación dentro de la iglesia de aquel entonces. No era la intención de Lutero fundar una nueva iglesia. El surgimiento de iglesias evangélicas fue recién necesario cuando el papa y los obispos rechazaron la reforma. Lutero jamás quiso limitar la verdadera iglesia a la iglesia evangélica. El veía la iglesia en todas partes, allí donde la Palabra y Sacramento se hacían efectivos. Aún en los ataques más ácidos contra el Papa él jamás negó que, no pueda haber una iglesia verdadera bajo el papado. La reforma es por ello desde sus orígenes evangélica y renovadora.

La intención de la reforma fue volver al Evangelio de Jesucristo.

La intención de reformar en todo tiempo es volver al Evangelio de Jesucristo. Todas las actividades que, en la iglesia emprendemos son buenas, aunque no figuren en la Biblia, siempre y cuando éstas no estén por encima, ni contradigan la difusión y enseñanza del Evangelio de Jesucristo. Este fue el espíritu que movió a una reforma. Ese debe ser el parámetro para saber cuándo necesitamos nosotros en nuestras comunidades reformarnos también.

Especialmente en este día de recordación de la reforma, queremos conmemorar que lo único que hace falta para nuestra salvación es la fe. Somos salvos por nuestra fe en Jesucristo como Hijo de Dios, eso es especialmente lo que Lutero nos enseño a partir de la Biblia, y a eso lo atesoramos. Lutero fue un maestro que, nos ayudó a acercarnos a la Biblia, especialmente en este sentido, cuando leemos “El justo vivirá por la fe” (Ro 1:17) Vivimos tranquilos pues somos herederos de esa salvación, aquellos de nosotros que creemos en Jesucristo como Hijo de Dios y salvador y que creemos en su iglesia. Pero no hay que olvidar que, aquellos que hemos aceptado a Cristo, han decidido comenzar a transitar por los caminos del Señor. Queremos esforzarnos, en lo humanamente posible, y especialmente con un corazón sincero, honesto y agradecido, en agradar a Dios en todo lo que hacemos. Así como dice Pablo, tanto el querer como en el hacer.

Somos salvos, y queremos la salvación, pero también queremos obedecer a Dios cuando nos pide que, pongamos en primer lugar a su palabra, la Biblia, es decir que, pongamos en primer lugar al evangelio por encima de toda tradición y costumbres o espíritu del mundo de modo que, el mensaje original del evangelio pueda llegar con toda su pureza y con toda su fuerza y de la manera más entendible a todos los hambrientos espirituales.

A nosotros como iglesia en particular, Dios nos ha dado un regalo muy grande, no sólo nos regaló la salvación, sino también nos regaló una iglesia, un templo que debemos cuidar con temor y temblor para esa salvación. Todos somos responsables, por supuesto el pastor, pero de igual manera la comisión directiva y cada uno de los miembros, en cuidar que en esta iglesia se transmita el evangelio para todos y que todos entiendan el evangelio y hacer todo lo posible para cuidar que, esta iglesia se mantenga y crezca, porque al hacerlo estamos también cuidando con temor y temblor de nuestra propia salvación que, si bien es un regalo de Dios, no tenemos que descuidarla.

Que en este día de la reforma podamos recapacitar que, Dios quiere que la iglesia permanezca constantemente renovada, es decir que siempre busque volver a la forma original del evangelio. Que el evangelio sea predicado con sencillez, entendido por todos y que la iglesia se extienda y crezca. Para ello debemos hacer todo lo posible para que eso suceda, si de veras queremos cuidar de ese regalo de la salvación. La salvación es un regalo, pero como decía un teólogo no es barata. Que podamos entender que Dios quiere bendecirnos aún más, pero nosotros debemos con temor y temblor cuidar del crecimiento de nuestra iglesia, con el mismo empeño y valentía que el reformador Lutero.

Amén.

Una vida vivida con dedicación

18vo. Domingo despues de Trinidadhands bible small

“Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu. Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo”.
Efesios 5:15-21

 

 

Sal 1
Gn 20:1-17
Mc 12:28-34

 

 

 

Un conocido compositor de himnos escribió en una de sus canciones:
“Dios me aceptó así como yo era, pero luego no me dejó como me encontró”
Y esto expresa en pocas palabras ambos aspectos de la vida de un cristiano.
Lo que primero obra Dios en nosotros por medio de Jesucristo es la redención, la justificación: “Dios me aceptó así como yo era” y en segundo lugar, Dios nos renueva el corazón, nos santifica por medio del Espíritu Santo, “pero no me dejó como me encontró”
La mayoría de las epístolas del apóstol Pablo comienzan hablando en su primera parte acerca de la redención y en su segunda parte acerca de la santificación. Y aquí también en la epístola a los Hebreos es así. Hoy hemos podido escuchar un párrafo de la segunda parte. Redimidos por medio de Jesucristo, debemos comenzar a vivir nuestra vida como cristianos. Y no a medias tintas o de forma superficial, sino con todo el empeño y gran dedicación y sabiduría.
Pablo escribió: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir, no debemos vivir como necios sino como sabios”. Sabios es como debemos vivir. Debemos tener cuidado por el tipo de vida que estamos llevando.

Quien lea la Biblia y la conozca, sabrá a qué se refiere Pablo con sabiduría, es decir tomar a Dios con respeto, colocar su palabra y su voluntad (la Biblia) en el primer lugar de nuestras vidas, cuando se trate de tomar decisiones.
Jesucristo se jugó por nosotros, cuando nos redimió, ¿es que no tendríamos que agradecerle por ello y tratar de vivir nuestra vida buscando agradarle con toda la dedicación y sabiduría posibles?

¿Qué significa esto para nosotros? Pablo menciona seis aspectos de la vida de modo de aclarárnoslo.

El primer aspecto: “utilizar al máximo cada momento oportuno porque los días son malos”. Cuidar del tiempo. Por ejemplo cuando queremos motivar a una buena charla con alguien debemos esperar el tiempo propicio. Cuando queremos hablar con alguien, aconsejarle o darle alguna palabra de aliento y no lo hacemos en el momento oportuno, es muy probable que nuestra ayuda sea malentendida o hasta ridiculizada. Pero, cuando es el momento justo, hay que utilizarlo. Así como aquella mujer que, perdió el colectivo y tuvo que esperar una media hora más al siguiente. Sin embargo no se enojó, sino que se sentó en un banco y esperó. Al lado suyo estaba sentada otra mujer que, parecía encontrarse triste. Y allí la mujer se animó, motivó el diálogo, escuchó acerca de sus penas, pudo dar alguna palabra de consuelo y también pudo charlar acerca de su fe. Dios le obsequió a estas dos mujeres un tiempo en común y la pudieron aprovechar.

El segundo aspecto: poder reconocer la voluntad de Dios. Leemos: “Entiendan cuál es la voluntad del Señor”. ¿Cómo es esto? En tanto se escucha la palabra de Dios, se la lee, se la medita y se pide ayuda en oración para poder comprenderla. Cada cristiano debería tomarse un tiempo cada día para tener como así le llamamos un momento de devocional. Que nadie diga que no tiene un tiempo para esto. “Así que tengan cuidado de su manera de vivir”. Es decir no dejemos que, cosas sin importancia nos roben el tiempo. De Martín Lutero, un muy ocupado teólogo y reformador sabemos que, a menudo pasaba horas meditando sobre la Biblia y orando. Hasta una vez llego a decir: “Si en un día tengo muchas cosas para hacer, entonces en ese día necesito más tiempo para orar”

El tercer aspecto: La cuestión de las bebidas alcohólicas. Leemos: “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu”. Algunos afirman que un cristiano no debería tomar alcohol directamente, pero no es eso lo que aquí se dice. Sólo dice: “emborracharse“. Eso significa no tan a menudo y no tanto. Si alguien en una fiesta familiar toma un par de vasos de vino, no se dice nada en contra. Pero quien bebe sin control o bebe a diario una botella de vino está haciendo algo equivocado. Luego se dice “desenfreno”, hasta quizás sea esta una palabra suave, hasta se puede traducir del original como ‘no salvo o sin salvación’.
Una vez recuerdo que, me llamaron para ayudar a sacar a un hombre de su casa pues estaba borracho. Fuimos hasta la casa y había allí un completo borracho tirado en el piso. Tuvimos que levantarlo y lo llevamos al interior de la casa y lo acostamos en su cama. Su casa era muy precaria, diría más bien mal arreglada. No había adornos o cuadros colgados en las habitaciones, apenas un par de muebles, por doquier basura y mugre. En el medio del living un colchón desparramado, esa era la cama del bebedor. Allí lo acostamos para que pudiese dormir hasta que se le pasara la borrachera. ¡Qué situación desastrosa, qué difícil poder cambiar esa vida!
El cuarto aspecto: alabar a Dios comunitariamente. Leemos: “Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón”. A eso lo hacemos con entusiasmo en nuestros cultos dominicales. Aquí podemos aprender que, no sólo lo hacemos para alegrar a Dios sino también para ofrecer un servicio a los demás. Cuando aquí entonamos hermosos himnos y canciones, nos alentamos unos a otros, los tristes se alegran y los temerosos cobran valor. Aunque no vamos a hablar sobre este tema hoy, simplemente llevémoslo a la práctica.

El quinto aspecto: vivir con agradecimiento. Leemos: “dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Ahí seguramente estaremos pensando, ¡pero si a eso lo hacemos! Sin embargo prestemos atención a la letra chica que, muchas veces se pasa por alto: “siempre” “por todo”. ¿Conocen ustedes la historia de Corrie Ten Boom en el campo de concentración, aquella historia con las pulgas? Corrie Ten Boom era conocida por su fe inquebrantable. Aún en medio de las circunstancias más adversas en un campo de concentración se reunía todos los días en la barraca dormitorio con su hermana Betsie y otras presas y tenían un devocional. En sus oraciones no dejaban de agradecer por todo motivo que, tuvieran para agradecer.
Una vez llegó hasta agradecer por las pulgas en las camas. Pero esto fue demasiado para su hermana Betsie, pues las pulgas le causaban mucho pesar. Pero Corrie Ten Boom le respondió a su hermana: “Claro que también estoy agradecida por las pulgas. Piensa que, si no estarían las pulgas, las guardas del campo estarían constantemente controlándonos y nos interrumpirían nuestros devocionales, pero gracias a las pulgas nos dejan en paz!”

El sexto aspecto: el servicio unos a otros. Leemos: “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo”. La palabra someterse no nos cae muy cómoda. Pero no hay otra, si se quiere seguir el ejemplo del Señor Jesucristo. Allí hay que dejar de lado los intereses propios y las necesidades y considerar qué es lo que el otro u otra pueden estar necesitando y le haría bien. Y pienso otra vez en la mujer en la parada del colectivo. Hubiese podido hablar con la mujer triste sólo acerca de lo que ella tenía ganas de hablar. Hubiese podido despotricar sobre los colectivos, el tiempo, la economía y la política, como es típico de muchas al querer sacar sólo conversación. Pero ella vio qué triste estaba aquella mujer y se sometió, le sirvió, hizo el esfuerzo de escucharla y entabló una conversación constructiva. Si cada uno de nosotros haría eso qué maravillosa y atractiva sería toda comunidad cristiana.

Estimados hermanos y hermanas en Cristo, debemos prestar atención a vivir una vida con sabiduría y dedicación, pues queremos vivir como redimidos del Señor, como discípulos del Señor Jesucristo. Pablo lo expresó así, de esa forma yo se lo transmito a ustedes. Dios lo quiere así. Esta predicación llega a su fin ahora, pero en realidad debe continuar en nuestra vida durante esta nueva semana cuando dejamos la iglesia.
Sí, en realidad de eso se trata. De que nosotros debemos comenzar aquí y durante la semana a mostrar lo que Dios nos impulsa hacer, después de lo grandioso que él ya ha obrado en nuestras vidas. Amén

Tener fe es ya un milagro

17mo. Domingo después de Trinidad

“Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos”.
Efesios 4:1-6

Sal 1
Gn 20:1-7
Mc 12:28-34

En el día de hoy nos toca hablar sobre la fe. Casi podríamos decir que, podemos hablar de la fe de dos maneras. La fe en tanto pertenecía a la iglesia de Jesucristo y la fe acompañada de la confianza que, nos impulsa a mantenernos en contacto con Dios día a día.

El tema que, se desprende del evangelio para el día de hoy tiene que ver con la fe práctica, aferrada a la confianza que, logra enternecer a Jesús y logra que Dios mismo bendiga a aquella mujer considerada ajena al pueblo elegido de Dios. Esa es la fe que debe acompañarnos a diario. Una fe, plena de amor a Dios, de agradecimiento y por supuesto de una confianza a toda prueba. Esa es la fe que nos mantiene unidos a Cristo. Como por ejemplo sucedía con Pablo allí en la prisión. A pesar de sus privaciones y sufrimiento, puede enorgullecerse de mantener la fe en Cristo y quiere mediante su testimonio contagiar a los demás cristianos a que hagan lo mismo que él. Esa es una fe a toda prueba. La fe que canta, cuando la tristeza está presente. La fe que ora, cuando las pruebas acechan, la fe que mantiene la fidelidad a Dios, a pesar que nuestros ojos humanos no puedan ver una solución visible. La fe que, nos impulsa a seguir a delante a pesar que estamos rodeados de personas negativas. La fe, es ese fuego encendido que, confía en que la palabra de Dios es aún real que, Dios es un Dios poderoso, justo y amoroso que, quiere lo mejor para sus hijos y que promete asistirlos en todo momento.

Ese es el tipo de fe que necesitamos cada vez que nos levantamos por la mañana y es el tipo de fe que necesitamos para poder irnos a dormir confiados y tranquilos por la noche. La fe permeada de la confianza. Esa es la fe que Pablo nos alienta a tener. La fe que a pesar de todo lo negativo y problemático que podamos estar viviendo nos dice que hay que seguir adelante. Esa fe que, nos impulsa a dar el paso siguiente, aunque todo en el futuro parezca nebuloso y no veamos más allá que el día de hoy.
Esa es la fe que, es característica de los cristianos, es una fe que no se fundamenta en las palabras incrédulas o negativas de los que nos rodean sino en el poder y las promesas de Dios. Esa fe que nos dice el evangelio: “Para el que cree, todo es posible” (Mc 9:23) Jesús está hablando allí concretamente en que, si depositamos nuestra confianza en él, él puede actuar en cosas que, para el común de la gente es imposible. Puede actuar aún más allá de la lógica del ser humano, de la razón o de lo que parece objetivo o científico. Esa es la fe que no tenemos que perder, es más, es la fe que tenemos que cultivar, es el fuego que tenemos que mantener y avivar.

La fe permeada de la confianza es la que, produce esperanza y la esperanza es el motor que nos permite seguir adelante hacia la meta exitosa, hacia lo que Dios desea para nosotros.

Por otro lado el apóstol nos está hablando de la fe en tanto reconocer que Jesucristo es el Hijo de Dios, que él es Dios, que él es nuestro Señor y Salvador que, él es el único que nos puede regalar la vida eterna más allá de esta vida.
Y aquí quiero hacer una referencia al bautismo. Hoy tenemos la oportunidad de bautizar a tres personas. Han sido traídos aquí por la fe de sus padres. Eso es muy importante. Tener esta fe no es para cualquiera. ¿Ustedes saben que, no todos tienen esta fe? ¿Ustedes saben que no todas las personas creen en Jesucristo como hijo de Dios y que inclusive hay muchas personas que, ni siquiera pueden creer en la existencia de Dios? Quizás, no hayan sido educados en la fe. Y eso es un caso grave. Hay tantas personas que, llegaron a la fe, gracias a la educación en la fe que recibieron de sus padres o seres queridos de su familia que, les transmitieron la fe con amor y precisamente con fe.

Theodore Roosevelt, si bien bastante alejado de Dios, dijo una vez lo siguiente: “Si se quiere formar a una persona para su vida se debe comenzar en la niñez. Las probabilidades de éxito están en el niño, no en el hombre”.
Algunos psicólogos dicen que, “Si un niño tiene tres años de edad ya han hecho bastante más los padres que todo lo que podrán hacer más adelante” Lo expresado apoya el siguiente enunciado: “Si educas a tu hijo cuidadosamente hasta los siete años, entonces tendrás ya la tres cuartas parte de toda su educación”.
“Durante los primeros años de la infancia se construye el cimiento para el carácter y la vida del niño. Toda educación, que proseguirá será sólo la complementación a edificar. Cuando la complementación en los años subsiguientes falle, será entonces porque la base o el cimiento en los años infantiles no han sido correctamente colocados.
Las sectas y las organizaciones políticas se preocupan mucho por los niños. Aprovechan la capacidad de aprendizaje de los niños. La iglesia católica tuvo mucho éxito por medio de la instalación de escuelas. Especialmente padres jesuitas muy doctos instruían a los niños. El padre jesuita Franz Xavier dijo: “Dadnos los niños hasta los siete años de edad y permanecerán en la doctrina del catolicismo”.
El poder de los regímenes totalitaristas del mundo radica precisamente en influir sobre los niños y jóvenes por medio de la propaganda y las doctrinas. Se dice que, los países comunistas se ocupan especialmente de los niños en las edades comprendidas entre los tres y seis años. Los maestros saben exactamente que el comportamiento para la vida en sociedad se plasma en esos años. Los niños que han sido educados esas doctrinas, intentarán proseguir con ese influjo. Por lo tanto, es también posible, que los niños educados en el cristianismo influyan en su entorno.
Otras religiones y organizaciones y sectas aprovechan también la capacidad de aprendizaje de los niños, para ganarlos para sí. Si la comunidad de Cristo no permanece despierta y no aprovecha la ocasión de ganar a los niños para Jesús, expondrá a los niños a la influencia del enemigo.
Es muy importante educar a nuestros pequeños en la fe. Pero aún los adultos también pueden comenzar a creer, por medio del poder de Dios del Espíritu Santo de Dios.
A veces nos parece a nosotros que, todo el mundo cree en Dios porque nosotros creemos. Pero no todos pueden creer. Creer no es para cualquiera. Si tú puedes creer en Dios, entonces te tengo que decir, eso es una bendición de Dios.

Cuando la persona comienza a creer en Jesucristo, realmente el Espíritu Santo ha comenzado a obrar allí. Tampoco queremos descuidar nuestra oración. Es por eso que, oramos para que aún dentro de las iglesias haya personas que, realmente crean en Cristo y entreguen sus vidas a él. Hay muchas personas que creen en la iglesia, como una institución o parte de la tradición cultural pero aún no creen en Dios como un Señor, es decir alguien a quien hay que amar y se elije obedecer por medio de lo que dice su palabra. Si todavía no podemos obedecer o por lo menos tener el sincero deseo de obedecer la palabra de Dios, de poner la palabra de Dios y la iglesia como prioridad en nuestras vidas nos falta un paso más para tener la fe de la cual Pablo nos está hablando.

Muchas personas no creen, porque han tenido problemas en su vida. Y piensan que, Dios los castigó o por ese sufrimiento le echan la culpa a Dios por sus problemas. Pero en este mundo los problemas siempre van a existir. Alejarte de Dios no te va a servir de nada. Por el contrario te va a atraer aún muchos más problemas y pruebas. Dios quiere protegernos y bendecirnos, pero debemos mantenernos fieles a él. Tenemos que esforzarnos por mantener la llama del Espíritu viva en nuestras vidas, por medio de la oración personal y en familia, por medio de la lectura diaria de la Biblia y por medio de la asistencia regular a la iglesia. Esa es una característica de los cristianos con fe. Si tu fe no te impulsa a llevar una vida así. No es esa precisamente esa fe de la cual habla el apóstol: “Les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido”.

No importa cuál sea la excusa o la buena causa que, te mantiene o te haya alejado de Dios, hoy Dios nos está llamando otra vez, él quiere protegernos, cuidarnos, bendecirnos, brindarnos todas aquellas cosas que aún te faltan y necesitas y que seguramente oras o te preocupas. Si hoy has venido a la iglesia no es una mera casualidad. Es porque Dios quiere que, tu fe se incremente y que puedas vivir una vida a pleno. Está en ti aceptar esa invitación. Acepta la nueva vida que Cristo te ofrece. Recuerda que tener fe es ya un milagro, y no todos están bendecidos con ese milagro. Pero tú si puedes tener esa fe. Imita la sencilla fe de aquella mujer cananea que, aún discriminada por el pueblo de Jesús, se jugó por él con fe y con confianza y Jesús la sanó y la salvó.

Que Dios pueda bendecirnos con el milagro de la fe. Queridos padres ustedes tienen una gran responsabilidad al respecto en el futuro de sus hijos. Cada uno de nosotros tenemos una gran responsabilidad en tanto elegir donde queremos pasar la eternidad. Que Dios nos bendiga con el milagro de la fe en este día. Amén.