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Nacido de nuevo

Domingo QuasimodogenitiNacido de nuevo

¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva  y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes,  a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.  Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.  El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso,  pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.

 

1 Pedro 1:3-9

En este tiempo de Pascua, Dios quiere poner su espíritu en nuestras vidas para que podamos ser verdaderamente renacidos, si es que aún no lo somos.

La comunidad de cristianos a la que se dirige esta epístola es un movimiento minoritario cristiano en medio de una sociedad no cristiana que le era hostil, y el apóstol trata de brindar palabras de esperanza y consejo para resistir las presiones de la sociedad dominante para que el grupo se fortalezca. Esta carta aborda con gran claridad la cuestión de los cristianos como “extranjeros en el mundo” y sus responsabilidades y deberes dentro de las estructuras del aquel mundo no cristiano.

Uno de las primeras afirmaciones para el día de hoy es:” ¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes”.

Supone que la congregación a la que se dirige la epístola eran personas que habían nacido de nuevo. Habían conocido a Cristo, por medio de la predicación de los apóstoles, habían aceptado el mensaje de la buena noticia y habían entregado su vida a Cristo, el Hijo de Dios resucitado, aún sin haberlo conocido personalmente. Es un poco como nosotros que, no lo hemos conocido personalmente a Cristo, pero todos somos renacidos? O, No? Son ustedes estimados hermanos y hermanas renacidos? Así como dijimos el domingo pasado que Dios le preguntó a Nicodemo? Le hemos dado un sí consciente a Cristo de que creemos en él? Creemos que el resucito verdaderamente de entre los muertos y se muestra como Hijo de Dios? Hemos entregado verdaderamente nuestra vida a él en fe y en obediencia? Si es así entonces sí somos renacidos como la gente de aquella congregación de primeros cristianos.

Si nuestro bautismo tuvo lugar a una edad adulta, pensamos que también hubo un momento claro de nacer de nuevo, a través de una decisión voluntaria nuestra de haber aceptado a Cristo. Esta decisión puede haber surgido por haber escuchado la palabra de Dios, por un sermón, por haber leído la Biblia, por el testimonio de un amigo cristiano. Cuando esta palabra haya buena tierra, allí da frutos y la persona por medio del Espíritu Santo de Dios decide bautizarse.

Si nuestro bautismo ha sido efectuado ya de niños por la educación cristiana recibida de los padres, entonces también pensamos que en un momento de nuestra vida debe existir un momento claro de nacer de nuevo, donde la persona ya adulta, consciente de lo que hace y decide, voluntariamente decide aceptar a Cristo, y esto sucede como dijimos de la misma manera, pues somos buena tierra para que la palabra de Dios de sus frutos.

Si hoy nos encontramos en la categoría aquellos que creemos pues hemos nacido de nuevo, el apóstol nos trae una palabra actual y directa para nosotros también: nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable”

Al mismo tiempo, el mensaje para el día de hoy se dirige a todos aquellos que, están pasando sufrimiento, especialmente el sufrimiento que viene producto de vivir como cristianos en una sociedad que quizás no respeta a los cristianos ni a su manera de vivir la vida de acuerdo a la Palabra de Dios, la Biblia.
Los cristianos de la epístola, sufrían una persecución verdadera de parte del imperio romano. Persecución que implicaba, torturas, latigazos y hasta la muerte. Y también discriminación y desprecio por parte de aquellos que no eran cristianos.
En nuestro mundo hay también personas que están sufriendo de la misma manera, en especial en los países comunistas o islámicos, donde se prohíbe la fe cristiana y se la persigue.

En nuestro medio esto no existe gracias a Dios, pero sí puede existir cierto grado de discriminación y hasta de burlas para con aquellos cristianos que están más comprometidos con la palabra de Dios que con la filosofía materialista de nuestro tiempo que, muchas veces desprecia, ridiculiza y hasta pone en cuestión a la Biblia como verdadera palabra de Dios. Y cuando como cristianos alzamos nuestra voz o queremos ser fieles a la Biblia y damos nuestra opinión basada en la palabra de Dios, podemos ser discriminados o hasta marginalizados y hasta se nos llama intolerantes o no ‘modernos’ o hasta fanáticos. Cuando simplemente queremos obedecer más a Dios que a las palabras de los hombres.
El diablo ha encontrado en estos tiempos una forma muy sutil y astuta de engañar a la gente aún por medio del uso del vocablo ‘amor’ o ‘amor al prójimo’. Y muchos que no son cristianos (y aún algunos cristianos bastante confundidos) toman este slogan para vivir una vida de total permisibilidad. Ellos piensan: ‘Todo es bueno, haz lo que quieras, lo importante es el amor’. Y sabemos sí que, lo más importante es amar al prójimo, pero también hay cosas que no son buenas según la palabra de Dios. Y cuando los cristianos exponemos nuestra manera de vida basada en la Biblia, allí chocamos y lo primero que se nos dice es: ¡Ustedes no aman, no saben amar, son intolerantes! Muchas veces me pregunto, ¿de dónde han sacado ellos que lo más importante es el amor y el amor al prójimo, que incluso Dios es amor? Es muy probable que de la misma Biblia que ellos mismos ponen en tela de juicio cuando hay cosas que no les convienen. Dios es amor, eso es claro. Dios nos manda a amar a nuestro prójimo, eso es claro, a no discriminar, pero también a amarlo a él en tanto respetamos sus mandamientos.

Los cristianos pueden sí, llegar a ser discriminados por el simple hecho de cumplir los mandamientos, cualquiera de ellos, en una sociedad que quiere diluir la palabra de Dios. Esto puede traer sufrimiento. No obstante este es el mensaje del apóstol para hoy: “Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele”

La palabra para este día es esperanza. Esperanza de nuevos tiempos, esperanza para una nueva vida luego de esta vida aquí en la tierra que, parece irse tan rápido. Esperanza por los sufrimientos en general, pues la asistencia de Dios está de una forma extraordinaria y aún sobrenatural para aquellos sus hijos, los renacidos, los que han nacido de nuevo, los que viven una vida nueva en Cristo, creyendo en el Dios resucitado y con poder, confiando en el Dios vivo que interviene a diario. Y por sobre todas las cosas un Dios que espera a sus renacidos con una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable.
Un renacimiento implica un cambio fundamental en mi modo de vida de acuerdo a la palabra de Dios y una relación con Cristo.

Que Dios pueda infundirnos su espíritu de vida, de resurrección a cada uno de nosotros de aquí en más. Amén.

¡Él realmente resucitó!

Domingo de Pascua de ResurrecciónEl resucito si

Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes.  Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras,  que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras,  y que se apareció a Cefas, y luego a los doce.  Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto.  Luego se apareció a Jacobo, más tarde a todos los apóstoles,  y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí.

Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.  Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo.  En fin, ya sea que se trate de mí o de ellos, esto es lo que predicamos, y esto es lo que ustedes han creído.

 

1 Corintios 15:1-11 (NVI)

‘Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras’. Es tiempo de creer que él murió por mis pecados, es tiempo de creer en las escrituras, es decir en la Biblia, es tiempo de creer en que El resucitó y está vivo, aquí también entre nosotros hoy de la misma manera que se apareció a sus discípulos en la mañana de la pascua. Es una sensación muy gratificante y maravillosa el saber que él quiere estar aquí entre nosotros. Y nos está incluso viendo y queriendo bendecirnos. Pero para que él pueda bendecirnos ciertamente escuchemos qué debemos hacer:
Es tiempo de decidir si creemos verdaderamente o no. Pascua de resurrección es un tiempo de decirle a Cristo y decirnos a nosotros mismos ‘sí creo’, y si es posible en voz alta, así como acostumbramos a decirlo al comienzo del culto: ‘Cristo el Señor ha resucitado. Aleluya’. Y la congregación responde: ‘El ha resucitado ciertamente. Aleluya!’
Pero estas palabras si bien buenas y temerosas de Dios hay que poder pronunciarlas a diario en nuestras vidas. Cada mañana cuando nos levantamos tendríamos que pronunciarnos estas palabras en voz alta y  no importa si alguien de la casa incluso nos escucha.
Estas palabras también tenemos que estar en condiciones de pronunciarlas en voz alta cuando alguien nos pregunte acerca de nuestra fe. En nuestras conversaciones con la gente deberíamos confesar nuestra fe en Cristo con los demás. Hay muchas personas que no tienen ningún problema de maldecir, decir malas palabras delante de los demás, pues decir malas palabras parece ser “cool”. Pero se avergüenzan de decir que son cristianos o de dar una opinión cristiana sobre un tema, por miedo a que los discriminen y los traten distintos por basar sus principios en la Biblia. Y quizás estás personas creen en los principios de la Biblia, pero tienen más miedo que lo que la gente pueda pensar de ellos que, lo que Dios pueda pensar de ellos. Ustedes que piensan? Cómo se sentiría Jesús de no escucharnos declarar nuestra fe cuando lo debemos hacer? Ustedes piensan que lo estamos confesando de la misma manera? Vale de algo decirlo en la iglesia en un día de pascua de resurrección, pero luego no tener el valor de confesarlo delante de la gente por temor a pasar por diferentes? Para Dios, la declaración que hicimos hoy no vale de nada, sino la hacemos también delante de la gente cuando lo tenemos que hacer. Pues no es auténtico, demuestra que nuestra fe no es tal o nuestra fe es muy débil.

En la Biblia Jesús nos dice: “Se hará con ustedes conforme a su fe” (Mt 9:29) Así lo dijo Jesús cuando efectuó un milagro. Se necesitaba la fe de ellos para el milagro. Así también se necesita de nuestra fe, nuestra confesión de la fe que tenemos en Cristo, en la vida de todos los días para que la presencia, el poder, la bendición de Dios se manifiesta en nuestra vida. Es muy fácil de darse cuenta de que si no hay bendiciones de Dios en nuestra vida, oraciones respondidas, situaciones resueltas, es porque hay un problema de fe de parte nuestra. Y uno de esos problemas de fe, tiene que ver con la voluntad de confesar nuestra fe delante de los demás. De de veras jugarnos por Cristo cuando es la hora de hacerlo. Jesús dice: “A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo” (Mt 10:32) Y esto no es algo que sólo vale a futuro en el día que vayamos al cielo, vale también para vivir acompañados por la bendición de Dios en cada día de nuestra vida. Tenemos que jugarnos por Dios para que él también pueda jugarse por nosotros. Así lo decía el apóstol Pablo: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen” (Ro 1:16)
Hay gente que puede confesar a Cristo en la iglesia, pero no lo pueden confesar delante de la gente. Eso es triste. Y en eso se nos desafía hoy, en este domingo de resurrección. Creemos verdaderamente que Jesús resucitó, entonces tenemos que tener la valentía de confesarlo delante de la gente que quizás no sea cristiana, en el momento que lo necesitemos hacer.

Una vez, hace unos años, tuve la oportunidad de encontrarme con un evangelista de gran renombre. Y luego de charlar con él me dijo, ‘No te ofendas pero tu problema es que todavía no crees realmente el poder de Cristo’. Yo me sentí incómodo por lo que me dijo. Luego reflexionando me di cuenta que sí. Yo no creía que después de orar, Jesús pudiera intervenir milagrosamente en mi vida. No creía que orar pudiera cambiar las cosas substancialmente. No creía que el versículo de la Biblia que acababa de leer era en verdad palabra de Dios. Había recibido tanta crítica bíblica en mis estudios de teología que más de una vez, me hacía cuestionar la misma palabra de Dios de una manera que me impedía creer verdaderamente en ella como palabra de Dios y no en mera palabra de hombres.
Me di cuenta que había situaciones en mi vida que no podían modificarse pues el problema estaba en mí, en mi falta de fe. Y me di cuenta que lo que aquel evangelista me dijo tenía razón. Allí comprendí las palabras de Jesús: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él.» (Lc 18:16.17) Por qué habló así Jesús de los niños, pues estaba pensando en su capacidad para creer, su inocencia, su pureza su sensibilidad, su credulidad. Quien no tenga una fe así para con Dios que, crea en su Palabra, no podrá entrar al reino de los Cielos. Pues para entrar al reino de los cielos es necesario creer en el Cristo resucitado, el Dios encarnado en Jesucristo.
Hoy en este domingo de Pascua, se nos desafía y a la vez se nos invita otra vez a creer verdaderamente, así como lo declaramos “ciertamente”. Estamos en condiciones de creer ciertamente, pero cuando atravesemos la puerta de la salida de la iglesia? Allí comienza la fe, cuando salimos de la iglesia y nos encontramos con la gente en la vida cotidiana. Allí comienza la fe, cuando cada mañana le damos la prioridad a la oración y a la lectura de la Palabra de Dios antes de irnos a trabajar. Será muy pobre en bendición y con el peligro de no alcanzar la salvación la vida de aquellos que no pueden poner en primer lugar a Dios y comenzar a verdaderamente creer en él. Creer no es una obligación. Creer es la única manera de ser cristianos. A nadie se le obliga creer en la palabra de Dios. Pero no nos engañemos, si eres cristiano debes creer con tu corazón, con tus pensamientos, con tu boca debes declararlo, debes tener el valor de declararlo delante de los demás, aún los que no creen. No seremos bendecidos por Dios ni llegaremos a ser salvos tan sólo por venir a la iglesia, se nos invita a jugarnos por Cristo.
El día de hoy puede llegar a ser un día de gran cambio para tu vida presente y futura, pero todo depende de ti. Jesús le dijo al incrédulo Tomás: “—Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen”
Entrega tu vida a Dios de verdad, comienza a creer en su palabra, sin cuestionamientos, con la fe de un niño, y no solo comenzarás a ver milagros en tu vida, sino que además de eso, como el apóstol hoy nos promete: “Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué”.
A partir de aquel momento, luego de esta charla con este evangelista famoso, me dije, es verdad, tengo que decidirme, o creo en Cristo o no creo, o soy cristiano o no lo soy. Jesús me está invitando a creer en él verdaderamente. Tengo dos opciones o jugar a que soy cristiano, sin siquiera lograr degustar a Dios o entregarme a él con fe inocente, y ver las grandes cosas que él tiene preparadas para mí.
Lo mismo te propone Cristo para ti, venir a la iglesia sin creer debe ser muy aburrido y cansador, y no se recibe nada. Pero venir a la iglesia luego de haber decidido creer cambiará fundamentalmente tu vida. Pero todo depende de ti. Cristo, nos propone hoy ponme a prueba, a ver qué hago con tu vida desde el momento que decides creer y comprometerte conmigo, pero no critiques mi palabra: “—No tengas miedo; cree nada más” (Mc 5:36)
Que Dios nos bendiga abundantemente en este día de resurrección y que su Espíritu nos regale el milagro de creer con fe verdadera. Amén.

 

Más cerca de Jesús

Domingo JudicaCordero

En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen, y Dios lo nombró sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

Hebreos 5:7-9 (NVI)


Un día conversando con una señora amiga de otra confesión cristiana, me dijo: -Voy a pedirle a la virgen y a caminar en procesión  -Y por qué va a hacer la procesión y caminar tanto (100 Km), le pregunté, -Para que me escuche me contestó. Ella pensaba que con ese sacrificio, con el esfuerzo que hacía, se iba a ganar el aprecio de Dios. Quizás algunos de nosotros podamos sonreír al escuchar esto, porque bien sabemos que Dios no obra de esa manera. Aunque también en nuestra gente tenemos muchos que piensan que por venir a la iglesia Dios los va a bendecir y hacen un esfuerzo para venir. ¿Eso es cierto? Si tuviste que hacer un esfuerzo para venir a la iglesia, no es cierto, pues los ritos, los esfuerzos no ‘consiguen’ nada de Dios. Si hoy viniste a la iglesia porque tienes una relación con Dios, de obediencia genuina, sí será cierto.

En este domingo la palabra que más parece resaltar es obediencia.
Obediencia es una palabra un tanto pasada de moda para algunos.
Pero hay dos clases de obediencia, la obediencia que me permite vivir sabiamente y la obediencia que proviene de la opresión.
Hay un tipo de obediencia a la cual nos comprometemos pues estamos convencidos de que es para nuestro bien. Y hay otro tipo de obediencia que tenemos que mostrar cuando somos oprimidos y subyugados, no lo hemos elegido, ha sido impuesto.
La gente por lo general, mezcla estas dos clases de obediencia. La primera no obstante es el tipo de obediencia que, vino del amor, de la propia elección y que sabemos que lo hacemos porque eso nos conviene, aunque a veces no lo entendamos. Muchos niños y aún jóvenes obedecen a sus padres, pues los aman y saben que la orden impartida tiene como fin lo mejor para ellos. La obediencia que proviene del totalitarismo destruye vidas, pero la obediencia que proviene una orden sabia salva vidas y edifica. Para nosotros cristianos obediencia, significa: entrega, consagración, devoción, a fin de cuentas proviene del amor que le tenemos a Dios y demuestra la fe que tenemos en él. Las personas no son obedientes a Dios porque deciden serlo, son obedientes Dios porque reconocieron el amor de Dios y se han entregado a él con fe. La fortaleza para obedecer a Dios viene después de haber aceptado a Cristo. El Espíritu Santo nos da fuerza y claridad para obedecer a Dios, pero para ello primero debemos entregarnos a él.

Inmediatamente cuando leemos el texto tenemos la sensación, que son palabras dirigidas hacia nosotros. Y está bien pensado, así es. La Biblia está dirigida hacia nosotros por medio de su lectura diaria. En este caso, la palabra no está hablando especialmente de que nosotros tenemos que imitar la obediencia, el esfuerzo, el sacrificio y el sufrimiento ejemplares de Jesucristo, sino el autor de la epístola nos trae el mensaje de todo lo que el Señor ya hizo por nosotros. Por medio de su ejemplar sufrimiento y su muerte en cruz el logró, salvarnos.

No sé si podemos comprender que significa eso de salvarnos. A veces es difícil comprender ese concepto de salvación, suena como a palabras más teológicas que cotidianas. Pero lo entenderemos cuando nosotros mismos necesitemos de la ayuda de Dios. Lo entendemos cuando hayamos pecado, lo entendemos cuando nos vaya mal en la vida, lo entendemos cuando desesperadamente buscamos que algo o alguien nos ayude. Lo entenderemos cuando estemos agobiados o deprimidos sin saber quien pueda ayudarnos. Lo entenderemos cuando tenemos miedos y nuestros miedos nos enfermen o no nos dejen dormir. Cuando clamemos por ayuda a Dios, cuando sintamos necesidades o culpas nos acordaremos de Jesús.

El pueblo judío del Antiguo Testamento, creía que para agradar a Dios debían construirle un edificio impresionante, lo que llamaron templo. Y que en el lugar más recóndito e inaccesible, donde sólo podía entrar un sumo sacerdote, allí habitaba Dios. Cada vez que el pueblo se encontraba mal necesitaba que el sumo sacerdote vaya a ese lugar a otorgar una ofrenda, un sacrificio y holocausto a Dios en el tabernáculo para calmarlo, para agradarle, para lograr el favor, la bendición de Dios y la solución a sus problemas.
En nuestra búsqueda de Dios el tabernáculo tiene un gran simbolismo. Una vez al año el sumo sacerdote entraba al santísimo para ofrecer una ofrenda delante de Dios pidiendo perdón por los pecados del pueblo. Pero ya, nuestro sumo sacerdote Jesús ofreció un sacrificio perfecto. Por su sangre podemos entrar para llegar a su lugar santísimo. Ahora todos los días podemos entrar al lugar santísimo, por medio de la sangre de Jesús. Todos aquellos que, aceptan a Jesucristo como Redentor acceden a la esfera más íntima ofrecida por Dios. No se necesitan ya más de obras legalistas, preceptos incomprensibles, sacrificios inseguros, procesiones agotadoras o ayunos impuestos. La religión, los ritos, las costumbres, no pueden reemplazar al Santo Espíritu de Dios. Practicar una religión, queriendo cumplir todos y los más detallados preceptos no me acercarán más a Dios y mucho menos me exhibirá mejor ante los demás que no lo hacen. Hay que saber que, las únicas obras buenas y aceptables para Dios, son aquellas que surgen de un corazón agradecido, fruto de una entrega genuina a él. Es imposible aceptar que, el sólo pertenecer a una iglesia, de forma tradicional o por costumbre signifique que soy verdaderamente cristiano. El cristianismo no tiene que ver con leyes, o preceptos de las instituciones. Sí tiene que ver con santidad, pero esa santidad será el fruto de una nueva relación con Dios.

En todos los rituales religiosos israelitas la sangre sacrificada tenía un lugar privilegiado. Esta era sinónimo de purificación, de lavamiento, de regeneración. Por medio del sacrificio, se quería dar de sí, se quería obrar, de manera de agradar a la divinidad. Era quizás, una manera primitiva de lograr la cercanía y simpatía con Dios. A partir de Jesucristo, creemos que avanzamos en nuestra manera de concebir la espiritualidad. El nos deja un mensaje claro, en más de una oportunidad, no sólo a través de los Evangelios (Mt 9:13 Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.” [a] Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores), sino también por medio de las palabras de sus discípulos (Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque «el justo vivirá por la fe” Gl 3:11ss).

En nuestras comunidades hay muchas personas agobiadas por sus pecados, sus culpas. Personas que necesitan amor; que necesitan un propósito para sus vidas; que necesitan perdón; que necesitan creer que valen que, están creados para algo; que necesitan ser liberados de sus preocupaciones, de sus remordimientos, de sus amarguras, de su enojo. Ya no es más la sangre de los becerros que nos acerca a Dios, ni mucho menos los sacrificios, o cumplimientos u obras incoherentes, como muchas religiones piensan.
Jesús quiere que te acerques a él y quiere liberarte, limpiarte, hacerte nuevo. Para ello sólo cuenta tu fe, ¿Deseas una verdadera relación con él?

Si leemos con atención, podremos descubrir que el tema de toda esta epístola está dirigido, como su nombre lo indica, a los asuntos concernientes a los primeros cristianos que provienen del pueblo de hebreo; aquellos judíos que habían aceptado el mensaje de salvación de Cristo. Una y otra vez el autor de la epístola quiere poner en evidencia ante estos nuevos cristianos la clara naturaleza de la Nueva Alianza.
Todo el mensaje del Evangelio quiere apuntar a algo nuevo, especialmente para con el pueblo de Israel: una nueva relación con su Dios.
Hoy en día, inclusive, hay muchos cristianos que aún no han hallado esa nueva relación que Dios quiere ya desde la venida de su Hijo. Y piensan que Dios es un Dios de leyes y de méritos que, hay que realizar para “ganarse el cielo”. Jesús quita todo sacrificio y nos muestra que, en primer lugar fuimos creados para vivir en relación con Dios, si esa relación se pierde habrá un vacío en nuestras vidas. Si no alcanzamos esa relación con Dios, jamás encontraremos el verdadero propósito de nuestra vida. Dios da sentido a nuestra vida, vida eterna y salvación. Para restaurar esa relación sólo se necesita de perdón. Al morir en la cruz Jesús nos proporcionó el perdón y nos lo ofrece y nos propone el restablecimiento de una nueva relación directa con Dios.
Venir a la iglesia, -no importa el nombre de nuestra iglesia- es para lograr tener una relación, una comunicación fluida con Cristo. No es para cumplir leyes o rituales. Si en esta mañana puedes irte a tu casa con esa idea, el Señor te bendecirá, tu vida cambiará, porque estarás aceptando a un Dios vivo salvador que quiere bendecirte, quiere intervenir con su poder en tu vida. Dios nos es un Dios muerto, él resucito está vivo, sólo está esperando que tu lo sepas y vivas una vida más feliz, ya desde ahora en esta tierra.

Oremos: Señor que descubramos que, tú sólo quieres en primer lugar una nueva relación con nosotros; ayúdanos a responder a esta invitación. Señor Jesús, presento ante ti todo aquello que me pesa, libérame por tu sangre derramada. Señor, que éste sea el momento de mi arrepentimiento y reconocimiento de tu perdón, que sea mi momento de verdadera aceptación de ti. Amén.

Nuestra pequeña luz hace diferencia

Domingo OculiFosforo

Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados,  y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios.

Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios. Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acción de gracias.  Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.  Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia. Así que no se hagan cómplices de ellos.

Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz.

Efesios 5:1-8 (NVI)


Cada cosa mala que hacemos, por más pequeña que sea tiene sus consecuencias en este mundo. Y lo mismo, cada cosa buena que hacemos en este mundo por más pequeña que sea tiene también sus consecuencias. No nos cansemos de hacer el bien, pues estamos construyendo un mundo mejor. Aquellos que llegaron a ser de ejemplo para muchos en el mundo fue porque no se cansaron de hacer el bien, aunque lo que hicieron en su momento para ellos y para mucha gente haya parecido insignificante.
Cada vez que queremos ver cosas grandes debemos comenzar por cosas pequeñas como una pequeña semilla. Es imposible poder ver una cuantiosa cosecha si primero no hemos sembrado pequeñas semillas.
Los chinos dicen que un viaje de mil millas comienza con un paso. Sí, con un único, simple y fácil paso. Cualquiera puede dar un paso y si puede dar un paso también puede dar los 2.000.000 de pasos que significan mil millas. Todo lo bueno y grande siempre se construye de a poco y se comienza con cosas pequeñas. No hay que perder la fe, esa es la premisa más importante. No hay que perder las esperanzas, es decir el entusiasmo y la alegría.

Yo estoy convencido que si cada día hago algo bueno, aunque yo sea una persona imperfecta, pero si lo hago para Dios porque Dios me lo está pidiendo, esa pequeña acción también llamada semilla, va a germinar y en un momento va a llevar frutos. Hay muchas personas que se cansan de ser buenos porque ven a su alrededor tanta maldad, tanta corrupción, tanta suciedad, tanta inmoralidad y permisibilidad que, flaquean, se les va la fuerza, ya no pueden seguir más y se adaptan a todo ello y lo peor de eso es que con el tiempo llegan a considerar que todo eso es normal y hasta bueno y por comodidad, por evitar el roce con los demás—a fin de cuenta por negligencia y haraganería— hasta convivimos con las cosas malas. “Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia. Así que no se hagan cómplices de ellos”.

Sin embargo la Palabra de Dios hoy nos exhorta a vivir como hijos de la luz: “Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz”. ¿Quién era oscuridad? ¿A qué se refiere el apóstol Pablo aquí? Está hablando de estos nuevos cristianos de Éfeso. Gente que era pagana que, se convirtió al cristianismo. Gente que comenzó a creer en Jesucristo como Hijo de Dios y que entrego su vida a él y comenzó a vivir una vida diferente de acuerdo a las enseñanzas de Cristo. Y eso es lo que me hace cristiano: el haber cambiado mi vida. Ya no estoy viviendo de acuerdo a los parámetros de la sociedad donde vivo que, puede no estar viviendo según las enseñanzas de Cristo. El haber nacido cristiano no me hace necesariamente cristiano. Lo que me hace cristiano es hacer caso de la palabra de Jesús y vivir una vida conforme a lo que Cristo me pide. Eso es lo que me hace cristiano. Si yo digo que soy cristiano pero no vivo una vida como Cristo me pide entonces no soy cristiano. Estoy rechazando a Cristo y a su palabra. Un rito, una tradición, una costumbre, un papel, un certificado de bautismo no es ninguna garantía que yo soy un cristiano verdadero. Lo que me asegura ser un cristiano verdadero es si de veras estoy llevando una vida conforme a la palabra de Cristo. ¿Dónde está lo que dice Cristo que debo hacer para ser un cristiano? En la Biblia, en el Nuevo Testamento. ¿Cuáles son las cosas que me hacen cristiano? La obediencia a la palabra de Dios. Una de las cosas que me hacen cristiano es la palabra del apóstol Pablo para hoy: “Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios. Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acción de gracias. Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios”. Y para el día de hoy se nos mencionan algunas de las cosas que Cristo nos pide. Hay muchas otras cosas más en la palabra del Evangelio. Pero lo que más quiero rescatar de la Palabra de Dios para nosotros hoy ese esa frase: “Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia. Así que no se hagan cómplices de ellos. Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz” Hay mucha gente débil en su fe que lamentablemente se deja engañar quizás por la mayoría y esta mayoría nos dice que la manera en la cual Cristo nos dice que un cristiano debe vivir y dar testimonio no es la manera más “cool” y moderna de vivir.
Y nosotros sabemos que el ‘mundo’ es decir la sociedad actual en la que vivimos, no necesariamente se rige por los principios de la Biblia. Entonces nosotros si decimos que somos cristianos tenemos que tener en claro que no podemos satisfacer a las dos corrientes. “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro…”. Mt 6:24 Si decimos que somos cristianos, es decir de Cristo, a quien tenemos que satisfacer es a Cristo, en ningún otro sitio se encuentra la Palabra de Cristo para nosotros que no sea, en este libro llamado Biblia, la palabra que leemos cada domingo que, nos edifica, nos alimenta espiritualmente y nos exhorta a transitar por el buen camino. La sabiduría de la palabra de Dios en comparación con la del hombre radica en que nos muestra las cosas que se deben hacer para que el mundo verdaderamente cambie y no tanto las que nosotros queremos hacer.

Como decía al principio, muchas veces hay personas que se cansan de hacer lo bueno, pues han perdido la fe. No hay nada más peligroso para la salud espiritual que perder la fe y las esperanzas. Si se pierde la fe, el miedo y la desesperanza, y con ello la negatividad comienza a reinar en el carácter de una persona. No es que los cristianos no podamos ser negativos a veces, pues somos seres humanos y débiles, y el miedo y la desesperanza pueden atacarnos. Pero si el miedo, la desesperanza, la negatividad es mi modo de vida, entonces hay un problema serio de fe y de confianza en Dios. Debemos volver a aferrarnos a Dios, por medio de la asistencia regular a la iglesia, por medio de la lectura de la palabra de Dios, nos dice la Biblia: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Ro 10:17) Así entonces que si nuestra fe está débil es señal que tenemos que acudir con más devoción a la Biblia y con más devoción a los cultos en la iglesia para poder incrementar nuestra fe. Cuando la fe mengua, el miedo, la desesperanza y la negatividad comienzan a llenar el espíritu de la persona. Y ustedes saben que el miedo no produce nada más que fracaso en todas las áreas de la vida de un ser humano.

Cada pequeña cosa que hacemos es muy importante, no nos cansemos de hacer las cosas buenas, no sólo porque Dios nos va a recompensar con la vida eterna, como creyentes que somos, sino también porque nuestra calidad de vida en esta tierra y la calidad de vida de los que nos rodean mejorará día a día, aunque no nos demos cuenta, así como una semilla crece día a día hasta convertirse por ejemplo en un frondoso árbol. El famoso filósofo William James dijo: ¡Actúa como si lo que hicieras haría una diferencia, lo hará! Y el mismo Jesús dijo, lo que el hombre sembrare eso cosechará. Queremos nosotros también sembrar, aunque sea mínimo y de a poco, pero no cansarnos de pensar en positivo y de hacer lo bueno, en nuestra iglesia, en nuestra sociedad y en nuestra vida.

“Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz” Dios nos invita a vivir en este mundo oscuro, llevando la luz del Evangelio que es la única que puede iluminar y cambiar este mundo para bien.
¿No tienes mucha fe, mucha fuerza, para enfrentar el monstruo de una sociedad alejada de Dios? Pídele fuerzas a Dios, ora, pídele ayuda a Él y comienza a hacer lo que sí puedes hacer. Jesús no te está juzgando por lo que no puedes hacer él te está pidiendo que hagas lo que sí puedes hacer para él, aunque parezca pequeño; para él es muy importante e inmenso. Por tanto animémonos a hacer cosas para Dios pues él aunque pequeñas las bendecirá y multiplicará, pues contarán con el poder de su Espíritu y eso vale especialmente para las nuevas cosas que queremos emprender en nuestra iglesia. Si alguien nos quiere quitar la fe y la esperanza tenemos que contestarle que le creemos más a Dios y a su Palabra que a las palabras de los negativos.

Que Dios nos permita jugarnos por Cristo y su palabra, aunque más no sea en pequeñas acciones para que nuestra fe se acreciente día a día y nuestra iglesia y nuestra vida mejore para la gloria de Dios y para que la luz de su poder pueda ser vista por muchos y muchos más puedan creer que Dios es el único que puede transformar nuestras vidas particulares y por ende toda nuestra sociedad.
Amen

Líbranos del mal

Domingo InvocavitTentacion

“Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos”. (NVI)

Hebreos 4:14-16

En el día de hoy, el tema de la predicación tradicional en las iglesias luteranas es la tentación. Qué es la tentación, es simplemente todo aquello que intenta alejarnos de vivir una vida en los términos de Dios. Y la tentación se le atribuye a la figura del diablo. Desde muchísimos siglos se ha imaginado, dibujado y hasta caricaturizado la figura del diablo. Y muchos incluso cuando piensan en la palabra diablo, están pensando seguramente en alguna figura monstruosa o hasta simpática y caricaturizada. Y piensan en él de esa forma. Y eso es erróneo. De la misma manera sucede con Dios, pensamos en Dios como un viejo con túnicas orientales, de gran barba blanca sentado en un trono. Aún pasa lo mismo con Jesús, la primera imagen que nos viene es seguramente alguno de los primeros retratos pintados sobre Jesús que habremos visto en nuestra niñez. Si bien Jesús fue un ser humano en la tierra, tampoco sabemos cómo fue su aspecto real, pues no tenemos fotos ni videos, sino tan sólo remotas descripciones acerca de su aspecto reflejadas en dibujos, pero en ningún lugar se escribe acerca de su aspecto físico.
De la misma manera sucede con el tentador el diablo que, como cristianos creemos que corresponde a sólo una dimensión espiritual, así como lo es Dios Padre, pero con poder para intervenir en el mundo físico.
En África los nativos utilizan una trampa así para los monos: Abren en una calabaza un agujero apenas lo bastante grande para que el mono meta la mano; luego clavan la calabaza en el suelo y le ponen dentro algo que atraiga al animal, generalmente las semillas de la calabaza que tanto buscan los monos. El imprudente mono agarra las semillas, pero no las puede sacar con la mano cerrada pues el tamaño de su puño es ahora mayor que la abertura; y como no lo suelta por nada del mundo, queda atrapado y los nativos se acercan y atrapan al mono.

Cuando queremos salirnos sólo con la nuestra, allí somos tentados por el diablo y las cosas no salen bien. Cuando comenzamos a hacer lo que Dios nos pide y lo ponemos a él en primer lugar todas las cosas salen bien.

Muchos en estos días, en que la ciencia del hombre cree poder superar toda la historia, hasta ponen en tela de juicio a la existencia del diablo, y por supuesto la Biblia y hasta de Dios.
Nada más errado. ¿Se puede ser moderno, inteligente, bien científico y cristiano? Claro que sí, eso no es ninguna contradicción. Sólo que la fe no se puede probar con los parámetros de la ciencia humana. Dios, existió siempre, existe y seguirá existiendo, más allá de toda civilización humana. La Biblia, como palabra de Dios, nos transmite esto. Es nuestra decisión aceptarlo, y a eso le llamamos fe. Si tú decides creer en Dios y en todo el contenido de su palabra, lo estás haciendo por fe, no por parámetros científicos humanos. Y por eso no cualquiera puede creer. Creer es un milagro. No todos creen. No cualquiera puede creer. Si tú crees eres bendito por Dios. Si tú aún no crees, hoy también tienes la oportunidad de decirle a Dios quiero creer en ti, quiero creer en todo lo que dice tu palabra y entregarte a él diciendo quiero Señor amarte y obedecerte.

¿El diablo existe? Naturalmente que sí, pero no en la figura caricaturesca e infantil que podamos imaginar. Existe de la misma manera que existe Dios. El diablo es todo aquello que nos aleja de hacer las cosas que Dios nos pide. El diablo nos aleja de la fe y nos dirige hacia el miedo. El diablo nos aleja de la iglesia y nos dirige al ateísmo. El diablo nos aleja de la lectura de la palabra de Dios hasta susurrarnos al oído que todo eso es cuento. El diablo nos aleja de la oración, diciéndonos que nosotros solos podemos vivir la vida con nuestro esfuerzo, voluntad y trabajo y que no necesitamos a Dios. El diablo nos aleja de la obediencia a Dios, diciéndonos que las palabras contenidas en la Biblia son discutibles a partir de la ciencia, cultura y evolución humana. En síntesis el diablo existe, pero de una forma cada vez más sutil y refinada en nuestros días, ya no más en la forma infantil como las pinturas medievales. El diablo se cuela incluso a través del lenguaje vacío de la palabra ‘amor’, y el no discriminar a nadie, para dejar lugar a que todo es bueno y permisible e incluso a llegar a desmenuzar y destruir toda la palabra de Dios. El diablo se inmiscuye hasta en iglesias cristianas, haciendo que los ministros prediquen un mensaje que nada tiene que ver con la Biblia sino más bien con satisfacer los caprichos y pecados humanos. El diablo llega incluso a utilizar iglesias cristianas para predicar y hasta las puede hacer crecer, para que cada vez más personas se pierdan de las verdaderas enseñanzas de la Biblia. Yo mismo experimenté de ver a pastores que no leían de la Biblia, durante un culto, sino que parafraseaban la misma, como casi avergonzándose de lo que la Biblia tenía para decirle a la comunidad. O he visto a pastores que ser avergonzaban de verse en un tren leyendo la Biblia delante de los pasajeros— pero no nos avergonzamos de leer cualquier porquería de literatura de forma publica.

El diablo como decía Martín Lutero se aterroriza cuando una iglesia lee la Biblia y ora. Cuando una iglesia alaba y quiere hacer más fiel a la Biblia su alabanza, y buscar rejuvenecer y revivir la iglesia, como dice aquel salmo: Canten al Señor un cántico nuevo; canten al Señor, habitantes de toda la tierra. Aquí se habla de “nuevo” no de viejo, es decir se habla de renovar (Salmo 96). Una iglesia debe renovarse para llegar a todos cada vez con el lenguaje cada vez más directo y claro para que todos entiendan con exactitud y sin dudas la Biblia bien. Y renovarse tiene que ver con toda nuestra vida, especialmente en el aspecto espiritual, renovar nuestra oración, nuestra alabanza, renovar nuestra relación con Dios y renovar nuestra iglesia. En nuestras casas siempre hay algo que queremos renovar y cambiar porque queremos vivir mejor, más felices y más cómodos, o hay cosas que ya no funcionan bien, lo mismo debe suceder en la iglesia para que la gente que venga se sienta mejor y pueda tener el mejor acceso a Dios.
El diablo se aterroriza cuando la gente comienza a obedecer la palabra de Dios en la iglesia, se aterroriza cuando se quieren hacer reformas para que la iglesia crezca y se expanda más la palabra de Dios. Y manda personas para que pongan palos en la rueda para que la obra de Dios no tenga éxito, para que las iglesias no crezcan y se mueran.
¿Que si el diablo no existe? De seguro que ustedes han visto sufrimientos, enfermedades, falta de bendición de Dios, guerras, torturas, hambre, gente que no tiene un pedazo de pan para comer, gente sin hogar, sin calefacción, gente que se suicida, gente que es vendida como esclava para sólo hacer dinero. Hay tanto horror en el mundo y todo eso no viene de Dios. El diablo es muy real y el diablo se quiere meter también en las iglesias y en la vida de los miembros. Cómo hacer para que eso no suceda, manteniéndonos firmes en la oración y en la lectura de la Biblia personal, buscando asistir a la iglesia y reunirse en comunidad. Buscando todas las formas posibles para mantener y hacer crecer la iglesia que Dios nos ha puesto como responsabilidad para mantener y hacer crecer. Una iglesia que crece y que se renueva es una iglesia que está dirigida por el Espíritu Santo de Dios, una iglesia que no ora que, no lee la Biblia que, no intenta obedecer a Dios por medio de la Biblia que, no se reúne que, no quiere crecer e innovar no es de Dios.
Sin embargo, si pasamos por estos problemas o situaciones, Dios es bueno y fiel y galardonador para con todos los que lo ponen en primer lugar a él y le obedecen. El ha mandado a Cristo al mundo quien paso por debilidades y sabe muy bien lo que sufrimos y se quiere compadecer de nosotros y quiere liberarnos de la tentación y del diablo. Acerquémonos a él de forma renovada y el tendrá misericordia de nosotros y nos dará todas aquellas cosas que soñamos para nuestra iglesia y por consecuencia para cada una de nuestras familias. El es el único sacerdote, es decir, el único que puede intermediar entre Dios Padre y nosotros para darnos las cosas que necesitamos.

La salvación para nuestro mundo

PesebreNochebuena (Escuchar este sermón)
En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación  y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio,  mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.  Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.

 

Tito 2:11-14

Posiblemente en esta Navidad, venimos a la iglesia, pues queremos encontrar refugio. La iglesia a lo largo de estos 2000 años siempre ha servido de refugio, de refugio material como también espiritual. Cada vez que estoy de vacaciones y llega el día domingo tengo ganas de ir a una iglesia. Muchas veces donde estaba vacacionando no había iglesias evangélicas, había más templos católicos y abiertos los domingos. Y me gustaba entrar en ellos aunque más no sea para orar, para estar en silencio para buscar la presencia de Dios. Eso es refugio espiritual. Hay muchos que cuando llegan las fiestas buscan ese refugio espiritual y eso es bueno. Si hoy has venido por esa razón lo vas a encontrar y no sólo encontrarás en esta iglesia refugio espiritual sino también un mensaje para tu vida. El mensaje más importante del año, el mensaje central de la navidad.

“Aunque el final del mundo sea mañana, hoy plantaré manzanos en mi huerto” ? Esas fueron palabras de Martín Lutero. Y por qué dijo eso? Porque tenía esperanza. Porque vivía con fe y alegría a pesar de todos los problemas del mundo. Tienes tú esa alegría y esperanza. Hoy la podrás también obtener si lo decides.

En estos tiempos agitados con tantas noticias de guerras, violencia, corrupción política en muchos países, gente que sufre que no es por cierto muy distinto a otros años y otras décadas vamos a encontrar refugio espiritual en la iglesia.

El refugio espiritual que encontramos en la iglesia lo podemos hallar en cada domingo del año, porque el Espíritu de Dios está aquí: Jesús lo prometió: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18:20) Aquí recibimos de Dios, recibimos la fuerza y poder de Dios no humanos que, necesitamos para cada día de la semana para que cada semana sea victoriosa y bendecida, los cristianos no sólo contamos con nuestras propias fuerzas, contamos además con la fuerza de Dios para vivir.

La palabra para el día de hoy  nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio.
Si queremos un mundo mejor mientras vamos en camino hacia la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo al final de los tiempos, se nos muestra cuál es la fórmula para vivir mejor en este planeta. Jesucristo nos ha dado la receta: rechazar la impiedad y las pasiones humanas. Impiedad significa el rechazo de Dios, de la fe en Dios y de la obediencia de la palabra de Dios. Cada vez que nos alejamos de la iglesia, que dejamos de orar y dejamos de leer la Biblia, estamos generando más ateos en el mundo y eso genera un mundo cada vez peor. Pasiones humanas, significan las perturbaciones y la vida desordenada de los seres humanos sin Dios. El ser humano sin Dios, sin respeto por la palabra de Dios, es un ser si bien inteligente, pero no sabio. Una computadora puede ser inteligente, pero no es sabia. La sabiduría es saber hacer las cosas correctas. Si queremos saber cómo hacer las cosas correctas en este mundo para que todo marche bien tendremos que volver a acercarnos a la sabiduría de Dios. La sabiduría de Dios se encuentra en su palabra: la Biblia. El ser humano sin Dios habla muchas estupideces acerca de la Biblia mostrándose como inteligente. Pero Dios no sólo es inteligente, es además sabio. La sabiduría sólo se puede obtener cuando estamos conectados con Dios. Estadistas y gobernantes buscan sabiduría para gobernar el mundo y sofocar las pasiones humanas, la única y mejor manera es volvernos a Dios.

Jesús nos da la solución por medio del apóstol para la solución de mundo y no sólo del mundo de tu familia y de tu propia vida: la salvación. Jesús vino a este mundo nació, vivió creció, predicó, murió en una cruz y resucitó para darnos una oportunidad más, al mundo, a todas las generaciones, a nuestras familias y a tu propia vida. Y es por gracia, es gratis, no cuesta nada. Tan sólo debes tomar la decisión más importante de tu vida: arriesgarte a creer en él. A confiar en él, a entregar tu vida a él. A comenzar a vivir una vida nueva, como un cristiano verdadero. A confiar tu vida en él y él te dará la salvación más allá de esta vida.

Tú vida ya no será la misma. Y además podrás gozar de una vida de calidad superior, bendecida, en este mundo que va camino a su fin cuando Jesús retorne. Dios quiere bendecirte en esta noche y darte refugio en esta iglesia. Darte el cambio que estabas buscando, pero todo depende de ti, hoy. Cómo hacerlo: pide perdón a Dios por haber pecado, por haber estado separado de él. Acéptalo como Dios y tu Señor y decide dar un paso de fe entregando tu vida a él y a su iglesia. Si has podido hacerlo entonces puedo decirte que la Navidad será feliz para ti.

Si es tu deseo ora conmigo: Señor Jesús, en esta noche, quiero celebrar una feliz Navidad, pero feliz por haberte encontrado a ti que eres la salvación. Ayúdame a entregarme a ti de veras para que a partir de mañana pueda mostrar que soy salvo por medio de los hechos a través mi vida transformada. Ayúdame a entregarme a ti en fe y en espíritu. En el nombre de Jesús. Amén.

¿Tu lámpara, está llena o vacía?

Domingo de la Eternidad-Ultimo Domingo del Año de la IglesiaDiez Virgenes

“El reino de los cielos será entonces como diez jóvenes solteras que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio.  Cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes.  Las insensatas llevaron sus lámparas, pero no se abastecieron de aceite.  En cambio, las prudentes llevaron vasijas de aceite junto con sus lámparas.  Y como el novio tardaba en llegar, a todas les dio sueño y se durmieron.  A medianoche se oyó un grito: “¡Ahí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!”  Entonces todas las jóvenes se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas.  Las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando.”  “No —respondieron éstas—, porque así no va a alcanzar ni para nosotras ni para ustedes. Es mejor que vayan a los que venden aceite, y compren para ustedes mismas.”  Pero mientras iban a comprar el aceite llegó el novio, y las jóvenes que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas. Y se cerró la puerta.  Después llegaron también las otras. “¡Señor! ¡Señor! —suplicaban—. ¡Ábrenos la puerta!”  “¡No, no las conozco!”, respondió él.

»Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora.”

Mateo 25:1-13

¿Cuántos se han quedado alguna vez sin combustible? La mayoría de las veces cuándo hacemos esta pregunta casi podríamos decir que todos la responden afirmativamente. Parece que cada año miles y miles de personas llaman al auxilio de rutas porque se han quedado sin combustible. Además de ruedas pinchadas, baterías descargadas y llaves perdidas, quedarse sin combustible es una de las mayores razones de por qué la gente llama a los auxilios.
Una podría esperar que esas cosas sucedieran sólo en el pasado hace una generación, cuando los medidores de combustible no eran tan exactos y cuando los autos no contaban con luces de advertencia tan sofisticadas como hoy en día. Pero hoy podemos ya ver cuando el combustible se está acabando (dándonos quizás una hora o más de marcha) y luego tenemos otros aparatos más que nos indican constantemente el número estimado de kilómetros por recorrer. Se podría decir que no hay ninguna excusa para quedarse sin combustible.

¿Pero, entonces, por qué hacemos lo que hacemos e incluso más que lo que lo hacía la gente años atrás, cuando no se contaba con toda esta tecnología? Quizás podamos responderlo al final del texto, especialmente en relación al significado de la parábola. En nuestro texto, no es nafta lo que falta, sino “aceite de oliva” el combustible que se usaba en la época de Jesús para encender las lámparas. Y me animo a decir que vamos a descubrir que las cinco vírgenes insensatas no se “quedaron sin” combustible; en realidad nunca lo tuvieron.

En primer lugar tenemos que decir que esta parábola de Jesús apunta a un grupo de personas más íntimo. Si comenzamos a leer desde los capítulos anteriores veremos que esta parábola está dirigida a sus discípulos más allegados, es decir a sus seguidores, a los creyentes. Podríamos decir que el mensaje para hoy también está dirigido a la iglesia, a los creyentes, es decir está dirigido a la membresía de nuestra iglesia.

Sabemos que las parábolas son historias que Jesús compuso para enseñar algo. Son como comparaciones. Quiénes son las vírgenes de la parábola? Son la total membresía de toda congregación Cristiana. Cinco de las vírgenes, la mitad de ellas de acuerdo al conteo de Jesús, eran insensatas, es decir no eran sabias. Cinco de ellas no estaban preparadas para el encuentro con el novio. No tenían aceite en las lámparas para cuando necesitaron encenderlas. Estas cinco eran parte del cortejo nupcial de vírgenes pero en realidad no pudieron tomar parte de éste pues no estaban preparadas responsablemente para éste.

Esto se asemeja a una vida de apariencias que no es real. Eso es lo que simboliza la actitud de las vírgenes insensatas. Se mostraban como parte del cortejo nupcial pero en realidad no estaban siendo parte de él. No, no lo eran. A primera vista, parecían dispuestas a acompañar al novio con sus luces brillando en la oscuridad, pero sólo era una apariencia externa, como una lámpara sin aceite; como un espíritu humano seco, no nutrido por el Espíritu Santo; como un cuerpo vacío no conectado con Dios.
La necedad más grande del ser humano es la negación de Dios. El necio dice: “no hay Dios” (Sal 14:53) es un tonto, pero no tanto por el hecho de negar su existencia, sino más que nada por no reconocerlo a El necesario para la vida. El pecado del hombre es necio porque expresa una aparente locura. La misma situación vivió el hijo pródigo, hasta que pasado el tiempo se dio cuenta de esto y volvió al padre (Lc 15)

En el caso de las vírgenes insensatas podemos ver un sentido de apariencia, en las prudentes podemos ver un sentido de realidad. Vemos que ellas vivían auténticamente, de una forma sincera y honesta. Las vírgenes sabias simbolizan la realidad espiritual de la vida de las personas con una conversión real. La prudencia confiere sabiduría. Les otorga sabiduría espiritual y eso es lo que llamamos el temor de Dios, el respeto por Dios al aceptar sus mandatos. No sólo tenían lámparas, sino también contaban con la provisión de aceite.

El aceite es la representación del Espíritu Santo. Para poder brillar en la oscuridad debemos tener combustible; es el Espíritu el que nos da esa luz. Cuando el Espíritu no está presente en la vida de la persona, todas las formas de piedad y religiosidad son una mera y vacía apariencia; los frutos sólo provienen del esfuerzo humano y no por la gracia de Dios. Es una apariencia externa de buenas intenciones y sólo poder humano.

Uno de los versículos más importantes en esta parábola es aquel que se refiere a la demora del esposo y la inseguridad acerca del tiempo de su venida. Sin embargo, sólo las fieles y prudentes se quedan a velar. Del mismo modo, los cristiano preparados y prudentes podrán recibir al novio, nuestro Señor Jesucristo. La fe débil se adormece por la tardanza. La fe fuerte prevalece hasta que llega el tiempo.

El aceite es la figura bíblica del Espíritu Santo (Ro 8:9) Para poder brillar en las tinieblas es preciso contar con el combustible, esto es el Espíritu Santo que nos da la luz. Cuando el Espíritu no está presente en la realidad de la vida toda forma de piedad y de religiosidad es mera apariencia espiritual, pero vacía; fruto y resultado del esfuerzo humano, pero no de la gracia de Dios, es decir es una apariencia externa de piedad.

Uno de los versículos más importantes de esta parábola es la demora del esposo. Y la inseguridad ante el momento de su venida. No obstante eso, sólo los fieles y prudentes podrán mantenerse. De la misma manera los fieles prudentes y preparados cristianos podrán recibir al novio, a nuestro Señor Jesucristo. La fe débil, se adormecerá por la demora. La fe fuerte prevalecerá hasta el momento adecuado.

El aceite en la parábola simboliza el Espíritu Santo, la presencia de Dios. Ni el pastor, ni ninguno de nosotros pueden juzgar a nadie de no tener el Espíritu Santo de Dios. No somos jueces, tan sólo queremos leer lo que Jesús nos advierte a cada uno de nosotros y cada uno de nosotros debemos juzgarnos a la luz de la palabra de Jesús para nosotros hoy y acá. Debemos preguntarnos si estamos preparados. ¿Estamos preparados para el encuentro con el novio? Estar preparados significa haber experimentado una conversión en nuestras vidas, independientemente de la edad que tengamos y de si hemos ido toda la vida a la iglesia o no, debemos poder estar conscientes de poder decir, sí creo en Jesucristo, sí creo en su palabra la Biblia y creo que su palabra es la autoridad para mi vida, y creo que al obedecer su palabra le estoy mostrando mi devoción y pertenencia a él. Estoy demostrando que creo en él. Estoy demostrando que estoy preparado. Y si estoy preparado estoy poniendo a Dios en el primer lugar de mi vida. Estoy creyendo en él y eso significa también confianza en él por encima de todos mis miedos e inseguridades. Estar preparado significa llevar una vida de frutos, es decir mostrando delante de Dios y de la gente que soy cristiano con mi manera de pensar, de hablar y de actuar. Por supuesto que no somos prefectos y pecamos a diario, por eso pedimos perdón y necesitamos de la Santa Cena todas las veces que sea posible y sabemos también que no nos vamos a salvar por nuestros méritos. Pero cada día debo ser consciente que eso es lo que quiere Dios de mí, eso es estar preparado. Mostrar que el Espíritu de Dios vive en mí por medio de mi forma de vida obedeciendo a Dios; mostrar que hay aceite en mi lámpara y Dios producirá el fuego y la luz. Judas era uno de los 12 discípulos, pero con el tiempo se vio que él no era un seguidor verdadero. Se comportó como una de las vírgenes tontas. De la misma forma puede haber también en las iglesias un porcentaje de vírgenes que no tiene aceite en sus lámparas a la hora de la llegada del novio.
No venimos a la iglesia por costumbre, tradición o religión venimos a la iglesia porque es parte de nuestra obediencia y compromiso con Dios que hicimos el día de la confirmación o el día que aceptamos verdaderamente a Cristo. Y Cristo quiere ver cómo están nuestras lámparas hoy: ¿llenas o vacías?

Si tomamos literalmente las palabras del Evangelio para hoy, la diferencia entre las vírgenes insensatas y las sabias era una: las vírgenes sabias tenían aceite para sus lámparas, mientras que las insensatas no lo tenían. Las vírgenes prudentes tuvieron la oportunidad de conseguir aceite y así lo hicieron. Las vírgenes insensatas tuvieron un montón de tiempo para hacerlo, pero no lo hicieron.

Jesús nos está advirtiendo en esta parábola que va a ver un número de personas que van a pasar como cristianos que, se juntan con cristianos y se hacen miembros de iglesias cristianas y que incluso piensan que son auténticos cristianos porque son parte del “cortejo nupcial” pero quedarán muy sorprendidos y desilusionados de saber que no son salvos en el momento de regreso de nuestro Señor.
¡Qué duro es esto! Pero qué importante. Este texto no está buscando crear miedo o inseguridad en el corazón de los cristianos. No está buscando robar la seguridad al cristiano. Está más bien buscando advertir a aquellos que viven en una seguridad falsa, pero no en una salvación. En los últimos días, así como en los tiempos de Jesús y hoy también, habrá de aquellos que aparecerán como cristianos, pero no lo serán. Y lo peor de eso es que la mayoría de ellos ni siquiera se dan cuenta.

Cómo podemos saber o medir acerca de nuestro compromiso con Dios y darnos cuenta de si estamos preparados, he aquí algunos pensamientos:
Los que son cristianos ya no temen más a la muerte, como una vez pasaba con los no creyentes; aquellos que son cristianos tienen hambre por la palabra de Dios, por ir a la iglesia a adorar a Dios; aquellos que son cristianos ven ahora las verdades espirituales, que antes eran invisibles cuando no creían; aquellos que son cristianos tienen un testimonio interno del Espíritu; aquellos que son cristianos desean conocer más de Cristo íntimamente; aquellos que son cristianos están felices de abandonar esta vida y ansía el día en que Cristo retornará.
Nuestra pregunta para nosotros hoy: ¿Estas cosas que caracterizan a todo cristiano te caracterizan a ti? ¿Tienes estos “signos vitales” de vida espiritual? Si no es así, entonces tienes que tomarte el tiempo de realmente aceptar a Jesucristo de una forma consciente y confesar tu pecado y confiar en lo que Jesús hizo en la cruz del Calvario. El llevó tu castigo y te ofrece su justicia y la vida eterna. No esperes hasta que sea demasiado tarde para reconocer que no tienes aceite (es decir no eres salvo). Confía en él ahora. Amén.