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El primer servicio a Dios

Domingo Judicaservicio
“Se le acercaron Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo.

—Maestro —le dijeron—, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.

—¿Qué quieren que haga por ustedes?

—Concédenos que en tu glorioso reino uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.

—No saben lo que están pidiendo —les replicó Jesús—. ¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo bebo, o pasar por la prueba del bautismo con el que voy a ser probado?

—Sí, podemos.

—Ustedes beberán de la copa que yo bebo —les respondió Jesús— y pasarán por la prueba del bautismo con el que voy a ser probado,  pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí concederlo. Eso ya está decidido.

Los otros diez, al oír la conversación, se indignaron contra Jacobo y Juan.  Así que Jesús los llamó y les dijo:

—Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad.  Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor,  y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos.  Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

Marcos 15:35-45
El gran violinista, Nicolò Paganini, legó su maravilloso violín para la ciudad de Génova donde nació. Pero solo bajo condición de que el instrumento jamás fuera ejecutado otra vez. Fue una condición muy desafortunada, pues se trata de una madera que cuando es usada no se estropea tanto. Pero ni bien fue dejado allí, la madera del violín comenzó a deteriorarse. El exquisito violín de un tono suavísimo comenzó a ser comido por gusanos en su hermosa caja; era sólo invaluable por tratarse de una reliquia. El instrumento en descomposición es un recordatorio de que una vida alejada de todo servicio a Dios y a los demás pierde su sentido.
De camino hacia la cruz, reconocemos la obediencia que, Jesús demostró con total paciencia. En el evangelio de esta semana es claro que si queremos tomar un lugar junto a Jesús, se nos pide obediencia. Pero una y otra vez nos damos cuenta que no somos capaces de tal obediencia y estamos agradecidos a Jesús que por su obediencia hemos sido salvados.

Una vez fui a visitar a una persona que hacía años que no venía a la iglesia. Y esa es también una de las tareas de los pastores cuidar que la gente no se olvide que, Dios nos pide cumplimiento también cuando nos dice que hay que santificar el día de reposo y en todo caso preguntar si hay una causa especial por la cual la persona no viene a la iglesia. Aunque los pastores no somos policías para controlar lo que las otras personas hacen. Somos tan sólo los responsables de anunciar lo que Dios dice acerca de estas cosas. La gente deberá dar cuentas delante de Dios de sus acciones, no delante de los hombres. Este hombre me explicó que él ya había trabajado mucho para la iglesia que, había estado mucho tiempo en ella que incluso había estado en la comisión directiva y le parecía que ya era un tiempo de tomarse un descanso. En realidad no era ese el motivo fundamental por el cual él no venía más a la iglesia. El motivo fundamental era que, había tenido algunos roces con algunas personas de la misma y como ya no formaba ya más parte de la toma de decisiones de ésta se sentía menos importante, con menos influencia. Entonces por orgullo, por celos de los demás, por sentirse menos y por no querer perdonar o arreglar sus asuntos con las personas puso otra excusa. En una palabra estaba mintiendo acerca de las causas principales. Y así me dijo que no iba más a la iglesia pues ya había trabajado lo suficiente y que no necesitaba ir tanto y que él podía orar en su casa.
Claro está, yo por más que haya sido el pastor no le iba a cambiar la idea pues esa era su decisión y por tanto su propia responsabilidad así que él debería arreglar su situación con Dios. Lo único que atiné a responderle al irme fue que, lo más importante era lo que él estuviera haciendo para Dios ahora. Y me volvió a repetir: ¡Yo hice ya mucho para la iglesia!. Sí, usted tiene razón, le dije, pero lo más importante es lo que usted está haciendo ahora en el tiempo presente para la iglesia.
A Jesús le interesa lo que está haciendo ahora, no lo que hizo ni lo que hará para la iglesia. A Jesús le interesa el servicio permanente. Es por eso que él nos da una ley que aún tiene vigencia que dice, y es por eso que la aprendemos en nuestro curso de confirmación: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Si usted sería una persona enferma y discapacitada estaría lógicamente exceptuada de esto pero usted todavía es una persona fuerte y sana y Dios está esperando de su servicio de amor.
Y decidimos venir a la iglesia, aunque no sea perfecta, pues ustedes saben,… ¿conocen ustedes personas perfectas? Yo nunca tuve el placer de conocerlas en mi vida a las personas perfectas. Por tanto creo que, si las personas perfectas no existen, como las iglesias están llenas de personas, entonces por lógica dentro de las iglesias no hay tampoco personas perfectas. Pero muchos de los que siguen viniendo a las iglesias son personas que conocen esto, pero por lo menos tienen la humildad de reconocerlo y por eso necesitan de la iglesia, de la ayuda de Dios para cambiar y tienen la humildad de ser honestos con Dios y obedecer sus mandamientos por agradecimiento de todas las cosas que Dios nos otorga a diario y simplemente por querer obedecerle. En los estudios bíblicos hemos estudiado aquel mandamiento más importante que dice: ““Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”…—.Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Con la segunda parte sabemos bien cómo se hace. Pero ante la primera parte, ¿cómo hacemos para amar a Dios?. Muchos dicen, orando, cantando leyendo la Biblia, haciendo el bien. Y la respuesta primerísima es adorando a Dios. Y eso lo hacemos en las iglesias los domingos, los días de descanso. Es por eso que construimos estos edificios llamados iglesias. En estos edificios principalmente queremos venir a adorar a Dios a obedecer aquel mandamiento, no importa si somos personas imperfectas, si somos personas que nos falta amor y más santidad. Porque también en la Biblia se nos dice : “No hay justo ni aún uno” (Ro 10:38) Pero porque somos cristianos y decimos que creemos en Dios (los cristianos creen y respetan la palabra de Dios la Biblia) queremos tener la humildad y la obediencia de su palabra. Hay muchas personas que se lamentan de lo mal, que les va en la vida aún siendo cristianos. A veces no estaría mal preguntarse cómo nos iría si seríamos más obedientes a Dios en este aspecto.

Y así al final terminó mi charla con aquel hombre. Me pareció que todos los años que había estado en la iglesia no le habían servido para aprender un mandamiento básico de Dios, el perdonar a los demás, el no mentir y el saber respetar sus mandamientos. Afortunadamente, esta persona después de un buen tiempo recapacitó y volvió a la iglesia. Y después de algunos años me di cuenta por la expresión de su rostro que hasta entendió por qué había que venir a la iglesia, había que venir tan sólo para honrar y alabar a Dios. Si logramos comprender eso y obedecemos a Dios con amor y agradecimiento por todo lo que él hace en nosotros a diario vamos a poder entender cada vez más el amor de Dios y no sólo que seremos bendecidos sino también que seremos de bendición para muchos otros. Hoy esta persona, ya más anciana, va a la iglesia y sigue colaborando con una sonrisa porque comprendió lo más importante de servir a Dios es el hacerlo para Cristo, para el Señor, con toda entrega, obediencia y amor. De eso se trata la iglesia. La última vez que lo vi, me saludó con una gran sonrisa y me di cuenta que el Espíritu Santo había hecho un milagro en esa persona.
Hay personas que están tristes porque ya no pueden trabajar activamente más como lo hacían antaño porque el cuerpo no les responde. Y como yo siempre digo, hay sí una actividad que necesitamos de esas personas y es un trabajo urgente e imperioso: orar. Orar por la iglesia, orar para que haya más personas que vengan a la iglesia porque tienen hambre de la palabra de Dios, orar para que aún dentro de la iglesia haya conversiones, orar para que los jóvenes puedan entender que Dios quiere de ellos más santidad, más servicio, más humildad a la palabra de Dios y más obediencia a Jesucristo.
El pecado más grande de los seres humanos es creer que pueden predecir el futuro de una iglesia. La iglesia es de Cristo. Si ustedes hoy están aquí es porque Dios les permite entrar a esta iglesia. Eso es una bendición. Si yo hoy estoy predicando aquí no es porque me contrataron es porque Cristo me permite predicar hoy aquí. Los miembros de la comisión están en la comisión porque Cristo les está permitiendo hacerlo. Cristo es el Señor de la iglesia y es sólo él el que sabe y el que dice cuando una iglesia comienza y termina.
El pecado de los discípulos fue creerse que porque trabajaban para Cristo eran como dioses para decidir qué podían hacer y no hacer. Seamos cuidadosos y respetuosos con Dios, él sufrió la muerte en cruz para que nosotros podamos tener la iglesia, para adorarlo a él. El se humilló y sufrió y murió para que nosotros obtengamos la vida eterna. Lo mínimo que podemos hacer por él es obedecer sus mandamientos. Recordemos que Dios es amor por tanto devolvámosle ese amor que él nos da sirviéndole. Es por eso que a estas reuniones hoy y aquí le llamamos servicios. Estás sirviendo a Dios “con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” entonces Dios te hará grande te dará grandezas, Te bendecirá, responderá tus oraciones y te irá bien en la vida porque te estás humillando delante de Dios.
Me encanta recordar siempre las promesas del salmo primero de la Biblia para todos aquellos sinceros servidores de Dios: “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.
Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan.
¡Todo cuanto hace prospera!”
Seguramente has venido a la iglesia hoy a buscar aliento: La palabra de Dios nos da el mejor aliento: “el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor” El que quiera ser grande en todos los sentidos de la vida deberá humillarse delante de Dios y su palabra. Que Dios nos de las fuerzas para servirle con entrega, valentía, amor y alegría!. Amén

El tipo de vida que ofrece Jesús

Domingo LaetareLaetare

“Entre los que habían subido a adorar en la fiesta había algunos griegos. Éstos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le pidieron:

—Señor, queremos ver a Jesús.

Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos fueron a decírselo a Jesús.

—Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado —les contestó Jesús—.Ciertamente les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto. El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. Quien quiera servirme, debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará”.

 

Juan 12:20-26

Hoy quisiera referirme acerca de cuán complicada se ha tornado la vida desde el punto de vista mundano. Me pregunto si es verdaderamente la voluntad de Dios que nuestra vida sea tan complicada. ¿Acaso alguien puede afirmar lo contrario? ¡Hay tantos que afirman que tienen tanto para hacer y dicen que están tan estresados! Entretanto el estrés es un negocio que produce millones de dólares en estos tiempos, porque hay que ayudar a la gente a que vuelvan a tener paz y tranquilidad. Jesús dice en Jn 10:10 “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.” ¡Es decir para que tengamos vida y para que la podamos disfrutar! ¡Y en abundancia! Creo que nunca podremos tener una vida en abundancia pues hay alguien y a quien hay que ponerle el nombre correcto y es Satanás que no se dará por vencido hasta que pueda robarnos la alegría. En todo momento y en todas partes hay cosas y personas que tienen la capacidad de sacarnos la alegría. Cuando nuestra vida se torna complicada ya dejamos de tener alegría, pues las complicaciones destruyen la alegría. ¿Pero es en realidad la vida la que es complicada o es nuestra manera de ser con respecto a la vida? ¿No deberíamos quizás cambiar nuestra manera de ser por la manera de ser de Dios?
Es tan fácil cambiar nuestra manera de ser y a la vez es tan difícil depende desde el punto de vista desde el cual lo miremos.

Jesús nos está hablando de su misión en la tierra que, él debía morir para que nosotros tengamos la vida. Así como el grano de trigo tiene que morir para producir más vida por el alimento que suministra. Así también el cuerpo de Cristo tenía que morir para darnos la vida a cada uno de nosotros, es decir lograr dar la oportunidad de la vida eterna a todos los que creyeran en él.

Una nueva vida, una nueva manera de vivir es la que Dios nos quiere ofrecer. Esa vida, claro está comienza en el momento que decidimos aceptar a Jesucristo como Hijo de Dios y como Señor y Salvador. Allí comienza a manifestarse la vida que Dios nos obsequia. Esa vida comienza a revelarse ya durante nuestra propia vida en la tierra y conlleva la promesa de extenderse por la eternidad. Por tanto, cuando Jesús nos dice que: “El que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna” no es una contradicción. A veces pensamos que Jesús se contradice que, a él no le interesa que vivamos que, no apreciaría todo lo que es la vida de los seres humanos en esta tierra, y no es así.
A Dios le gusta que vivamos, que tengamos una buena vida que, cuidemos de nuestra vida y que podamos disfrutar de ella. Es por eso que también nos dejo ese versículo de Juan 10:10. Pero él también sabe de las limitaciones y de la fragilidad de nuestra vida en la tierra. Lo que él está haciendo es poniéndonos al tanto de que esta vida en la tierra como la conocemos no lo es todo.

Para poder comenzar a vivir la vida en abundancia que él nos promete tenemos que alinear nuestra vida con el concepto de vida que Jesús nos promete en estos versículos de Juan. Cuando él habla acerca de la vida abundante está hablando de la vida que él ofrece, no del concepto de vida que el mundo nos quiere ofrecer. Y el concepto de vida del mundo contiene otros parámetros que muchas veces no coinciden con los de Jesús.
El mundo no se caracteriza por llevar una vida que conduce a la abundancia en los términos de Cristo. En el mundo se habla mucho de abundancia, pero sólo de abundancia de todo lo material o dinero. El dinero en sí no es malo, pero son muy pocos los que obtienen abundancia del dinero. Y muchos son los que andan detrás de la abundancia de dinero, sin siquiera conseguirlo y hasta llegando a perjudicarse en la búsqueda afanosa del mismo en cuerpo, alma y hasta en espíritu; o corrompiéndose por el mismo.
El mundo no nos habla de abundancia de salud; hay enfermedades por doquier y la salud que se ofrece no apunta a sanar integralmente. Dios ofrece salud y ya comenzando en esta vida.

El mundo no nos habla de paz, física mental y espiritual, por todos lados se ven guerras, matanzas y estrés como una de las enfermedades menos temidas pero las que más matan.
Cada año nacen 132.675.000, es decir 4 nacimientos por segundo. Hay 56, 26 millones de muertos por año, algo menos que 2 muertos por segundo. Durante el tiempo que dure nuestro culto morirán 8000 personas en el mundo y nacerán 16000.

Jesús sabe mucho sobre la muerte pero más sabe sobre la vida. El murió para que tengamos vida. Pero muchas veces nosotros nos complicamos la vida.
Una vez una señora decidió invitar a una pareja para cenar y pensó: “Vamos a pasar una velada agradable cuatro personas charlando, jugando y comiendo algunos hot dogs o unos simples sándwiches”. Luego comenzó a pensar y dijo: pero si invito a esta pareja tengo que invitar a la otra, porque si no se van a ofender. Ya eran cuatro personas para invitar. Y si invito a esa otra pareja tengo que invitar a sus hijos y si invito a sus hijos tengo que también invitar a los hijos de la otra pareja. Entonces ya eran veinte las personas que tenía que invitar. Y ya no tenía que hacer una cena con simples hot dogs tenía que hacer algo más substancioso y por lo tanto gastar más. Así esta mujer comenzó a estresarse y a preocuparse y al final se dio cuenta de que se estaba complicando la vida. Lo que comenzó siendo una cena relajada y tranquila un momento de esparcimiento y camaradería se convirtió en un trabajo estresante, caro y no querido que la preocupó durante toda la semana. Se dio cuenta entonces que había cosas que le complicaban la vida que, no la dejaban vivir en paz. Le importaba el qué dirán, le importaba el causar una buena impresión delante de los demás más que la libertad de poder vivir una vida relajada. Por medio de este sencillo ejemplo vemos que la mayoría de las veces somos nosotros los que nos complicamos la vida.

Jesús no quiere complicarnos la vida. Quiere que tengamos vida en abundancia que aprendamos a vivir una vida conforme a sus criterios no a los criterios del mundo.
Vivir según los términos de Cristo es muy sencillo, hay que creer en él, él nos dice que hay que leer su palabra la Biblia que, hay que confiar en él por medio de su palabra. Esto es tan fácil, es simplemente confiar, ¿es eso tan difícil? Sin embargo nosotros no queremos confiar, queremos hacernos la vida más complicada. Jesús nos dice que si tenemos un problema con alguien que no nos deja dormir tenemos que ir y hablar con esa persona y pedir perdón, ¿es tan difícil pedir perdón? Sin embargo nosotros no queremos, nos complicamos la vida. Hay personas que llevan una carga pesada de falta de perdón o de aceptación del perdón del otro, de orgullo, de rencor, de pensamientos del pasado que atormentan, de problemas que no se quieren superar durante décadas y no quieren ceder, no quieren obedecer a Jesús que nos dice que él nos quiere ofrecer una vida distinta a la de este mundo, nos dice que hay que vivir. Y así se vive no una vida abundante sino una vida miserable y además atrayéndose enfermedades no queridas o envejeciendo prematuramente. Esa no es la vida abundante que ofrece Jesucristo.

Es por eso que él nos dice claramente en su palabras: “El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna”.

Dios, en este tiempo en el cual muchas veces acentuamos más la muerte que la vida, nos está queriendo hablar de la vida y de la vida en abundancia. Cristo ha muerto, pero ha muerto por nosotros para darnos nueva vida así como sucede con el grano de trigo. El ahora está vivo y nos ofrece esa vida, nos ofrece vivir la vida pero el tipo de vida que él ofrece no es el tipo de vida que ofrece el mundo que no conduce a nada. En algún momento vamos a figurar dentro de esa estadística de casos de muerte por segundos en el mundo. ¿De cuánto tiempo más contamos?, poco. ¿Así que por qué no aprovechamos a poner en orden las cosas con Dios y con nuestro prójimo y comenzar a vivir aunque más no sea una puntita de esa vida en abundancia que ofrece Jesucristo ya aquí y ahora y tener la oportunidad de vivir la vida eterna junto a Jesucristo? Pero para eso hay que empezar a hacer caso a Jesús y poner a Jesús en el primer lugar. Hay que empezar a confiar en él, en su palabra, la Biblia, que queremos leer a diario. Hay que empezar a obedecerle al venir a la iglesia, al perdonar a nuestro prójimo, a ser honestos y limpios en nuestro trato con los demás en palabras y obras. No es muy difícil, es sencillo si queremos, es tan sólo una cuestión de decisión. ¿Por quién queremos decidirnos por Cristo o por el mundo?
El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. Amén

La mejor propaganda

 

Domingo OculiSigueme

 

“Mientras seguían su camino, alguien le dijo: «Señor, yo te seguiré adondequiera que vayas.» Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.» Y a otro le dijo: «Sígueme.» Aquél le respondió: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.» Pero Jesús le dijo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el reino de Dios.» Otro también le dijo: «Señor, yo te seguiré; pero antes déjame despedirme de los que están en mi casa.» Jesús le dijo: «Nadie que mire hacia atrás, después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios.» Lucas 9:57-62 (RVC)

 

 

Salmo: 34:16-23

A.T.: Jer 20:7-13

Epístola: 1 Pe 1:13-21

 

Una vez participé de un seminario que se denominaba “marketing para las iglesias”. Esto puede sonar extraño y hasta inapropiado pero el seminario en sí tenía una buena intención. La definición de marketing es una forma de organizar un conjunto de acciones y procesos a la hora de crear un producto “para crear, comunicar y entregar valor a los clientes, y para manejar las relaciones” y su finalidad es beneficiar a la organización satisfaciendo a los clientes. Si miráramos en el caso de este texto la forma en que Jesús se manejó al respecto de anunciar el Evangelio pensaríamos que Jesús estaba haciendo algo incorrectamente. El confrontaba a la gente que se le acercaba para ser sus discípulos. Como publicista, le aconsejaría a Jesús que no acentúe tanto las cosas difíciles de la vida de todo discípulo y todas aquellas cosas a las que habría que renunciar. Más bien que, resalte las cosas positivas. Que le diga a la gente que van a vivir por la eternidad si te quieren seguir. Que le pinte todas las alegrías del cielo: ¡Que no habrá dolor, que no habrá enfermedades, y sí muchas sanaciones; que no habrá lágrimas, que no habrá desilusiones, que no envejeceremos ya más, que habrá pura santidad! Que les quede claro las grandes ventajas que, van a tener por el hecho de seguirle que, irían a formar parte de una magnífica y sincera comunión entre sí. Que estén seguros que, el Padre en los cielos estará siempre a su lado. Que puedan esperar sanidad en cuerpo y alma y en un abrir y cerrar de ojos serían salvos y tendrían total perdón de pecados. Eso Jesús, les deberías comunicar a los interesados, entonces así tendrías multitud de seguidores. Quien quiera ganar gente para sí debería resaltar las ventajas y dejar de lado las desventajas. Sí, eso es lo que le diría a Jesús, si yo sería un mero publicista mundano.

Hay muchas iglesias que utilizan el marketing del mundo y se confunden. Pretenden ofrecer un producto que es divino en una forma desacertadamente humana y allí erran. Es tan errado escribir en las pancartas de entrada de una iglesia renovadora: “! Venga hoy por un milagro!”—Porque a los milagros los ofrece Dios no nosotros— Como también creer que Jesucristo era un buen maestro y la iglesia es sólo una institución que transmite buenas valores y promueve la asistencia social en la sociedad, ignorando o no creyendo en el Espíritu Santo de Dios.

Pero yo no soy ningún publicista, sino simplemente un discípulo de Jesús y predicador del Evangelio. No me corresponde a mí darle buenos consejos a Jesús, sino que lo que me corresponde es escucharlo a él y respetar su palabra. Y tendré que saber que un discípulo de Jesús muchas veces tendrá que pasar cosas difíciles.

Así le dijo Jesús a alguien que estaba interesado en seguirle: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”. Jesús era una persona que no tenía casa y esperaba lo mismo de sus discípulos: que ellos pudieran si fuera el caso, pasar la noche a la intemperie. No podemos transportar esta misma condición para los actuales seguidores de Jesús, aunque sí de forma indirecta. Quien quiera ser un discípulo de Jesús, no deberá recluirse en su propio nido, o en la comodidad de su hogar y apartarse así de lo malo del mundo. No, lo que Jesús quiere es que nos entremezclemos con la gente que, provoquemos el contacto con los demás para que tengamos la oportunidad de dar testimonio del evangelio que estamos viviendo, en palabras y en obras. Los discípulos deberán ser sal de la tierra y luz del mundo; y para eso no hay que poner la lámpara debajo de una mesa (Mt 5:13-16). Hay que lograr llegar a tener trato o relaciones con la gente, aún cuando muchos puedan ponernos los nervios de punta y no sean para nada simpáticos. Esto será a veces incómodo, quizás tan incómodo como tener que dormir en una noche de invierno a la intemperie.

Pero viene incluso algo más duro aún: había uno que quería seguir a Jesús pero primero quería tomar parte en el sepelio de su padre. Aquí se sobreentiende que ante estos casos habría que tener un poco de consideración. Jesús, sin embargo, es chocante al no mostrar ningún tipo de consideración. Le dijo al hombre: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el reino de Dios”. ¡Que otros vayan a enterrar al padre pero que no sea el hijo! Que sean los otros que, no están buscando a Jesús como fuente de la vida y que están muertos espiritualmente, aunque sus cuerpos estén con vida. El servicio para Jesús no admite demoras ni retrasos; cuando Jesús llama, todo lo demás debe quedar en segundo plano. Para un discípulo, Jesús debe ser el jefe y sus indicaciones deben tener la mayor prioridad. “Busquen primero el reino de Dios”, enseño Jesús a sus discípulos (Mt 6:33) Y eso tiene validez hasta el día de hoy. Para un discípulo de Jesús nada debe ser más importante que hacer la voluntad de su Señor. Ni la familia, ni el hacer dinero, ni las tareas voluntarias en asociaciones, ni la escuela, ni ninguna otra cosa. Y cuando tenemos que participar de un sepelio en la iglesia, lo hacemos por la razón de que en esa ocasión, nuestra intención es aprovechar para anunciar el evangelio a los que están vivos, así como Jesús nos lo pidió: anunciar el evangelio del Hijo de Dios que, ha vencido a la muerte. Un sepelio donde Jesús no sea el centro, sino el fallecido, no es un sepelio cristiano; y allí entonces como discípulo de Jesús podremos optar por ocuparnos de cosas más importantes.

Y al final viene todavía la parte más dura: Hay uno que dice que, se quiere despedir de sus familiares antes de hacerse viaje con Jesús. Cualquiera pensaría que, naturalmente habría que permitirle a esta persona y que, sería muy descortés, exigirle que no se despida de los suyos. Pero otra vez Jesús reacciona de forma chocante y dice: “Nadie que mire hacia atrás, después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios”. O como dice un dicho: “Quien manejando mire para atrás, se estrellará contra el árbol”. El seguimiento de Jesús no es para tradicionalistas, no es para los que siguen viviendo en el ayer, no es para gente que no está completamente madura y todavía siguen aferrados a las faldas de las madres. No es para nada que, Jesús tenga algo en contra de las despedidas, sólo que aquí está describiendo cuáles serían las prioridades: Jesús debe ser más importante que la familia, o las tradiciones familiares, el reino de Dios debe ser más importante que la casa paterna. La feliz infancia es cosa del pasado, los padres alguna vez nos dejarán. Sí, tarde o temprano tendremos que separarnos de todos los parientes y seres queridos de este mundo. El futuro le corresponde al reino de Dios y a éste nos lo abre Jesús con su Evangelio.

Estas palabras de Jesús son chocantes y ofensivas quizás y seguro que más de uno que haya interpretado la Biblia habrá querido desdramatizarlo; ¡estas palabras no pueden ser tan radicales!. Quizás se haya interpretado más de una vez que, quizás el padre del segundo candidato no haya estado aún fallecido; y quizás esta persona quiso esperar a que su padre muera y luego enterrarlo y así poder luego seguir a Jesús. O quizás se haya interpretado que, la familia del tercer candidato debe de haber vivido bien lejos, y despedirse de su familia hubiese significado un largo viaje. Pero aunque se le busque la vuelta a las distintas y posibles interpretaciones: los requerimientos de Jesús para un discípulo siguen siendo muy chocantes. Algunos cristianos piensan que, sólo unos pocos y especiales cristianos pueden llegar a ser discípulos de Jesús, a los demás se les permitirá vivir una vida más normal y simplemente creer en él. Sin embargo, Jesús ha dicho muy claramente que, todos los pueblos lleguen a ser sus discípulos por medio del bautismo y la enseñanza. “Vayan por todo el mundo y hagan discípulos a todas las naciones”, así dice la Gran Comisión (Mt 28:19). Aunque se le busque la vuelta: todos nosotros, los que hemos sido bautizados y creemos en Jesús, somos sus discípulos y así deberíamos vivir. Todos hemos sido llamados a ser sus testigos; todos nosotros deberíamos ponerlo a Jesús en el lugar más importante, incluso antes que nuestra propia familia y nuestro propio bienestar. Sí, así lo ha dicho Jesús y lo que él piensa no puede hoy interpretarse de otra manera.

Pero una sola pregunta se nos permite formularnos que, nos conducirá al punto de partida de nuestro mensaje: ¿Por qué es que Jesús resalta las cosas difíciles y la radicalidad del seguimiento y no habla de sus enormes ventajas? ¿Por qué Jesús rechaza abiertamente todo tipo de buena propaganda y no se vale de la psicología publicitaria? Y la respuesta viene rápido. Lo hallamos cuando nos formulamos otra pregunta: ¿Ustedes piensan que la propaganda que nos rodea es creíble? ¿Es realmente confiable todo lo que se nos dice que compremos? ¿Quedamos siempre conformes con lo que compramos, con las promesas que se nos hicieron?. Claro que no. La propaganda no es sincera. La propaganda sobresalta exageradamente las ventajas y oculta conscientemente todo tipo de desventajas. Si Jesús es que rechaza este tipo de estrategia para con su misión, lo que nos quiere decir es: Ustedes pueden confiar en mis palabras. Yo no les voy a ocultar lo desagradable y lo pesado de ser mis discípulos, por el contrario de entrada se los voy a aclarar. Yo soy la verdad y digo la verdad.

Estimada congregación, estas palabras difíciles de Jesús sobre el seguimiento no son otra cosa que, una ayuda al fortalecimiento de nuestra fe. Nos muestran que, Jesús quiere hablar de forma bien abierta y sincera con nosotros que, no anda con cosas ocultas. Y porque así es, es que podemos confiar plenamente en él y tener la más segura esperanza que la bendición prometida por el seguimiento no nos decepcionará. Jesús es el único producto fiel e imperecedero, es el único confiable y que nos da una garantía eterna comenzando ya en el momento que decidas verlo a él como el Hijo del Dios Altísimo. Amén

 

 

 

¿Qué pide Dios de nosotros?

Domingo SeptuagésimaTrabajadores de la viña

»Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo. Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo. Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza. Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo.” Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo. Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?” “Porque nadie nos ha contratado”, contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo.”

»Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros.” Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día. Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario. “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día.” Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga? Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?”

Mateo 20:1-16

En todas partes es muy común escuchar que la gente tiene mucho en cuenta la relación costo-beneficio, porque nadie quiere pagar demasiado al comprar. También cuando se ofrece mano de obra prevalece la filosofía del rendimiento y del beneficio: Un buen trabajo merece una buena retribución. «El que no quiera trabajar, que tampoco coma” se dice en la Biblia (2 Tesalonicenses 3:10.). El principio del mérito es algo bastante normal. Ya con los niños se inicia: Cuando estos hacen tareas domésticas reciben su dinero de bolsillo, y entre los hermanos existe aquella competencia minuciosa en relación al premio por el rendimiento. En la escuela se obtienen buenas notas a partir de un buen rendimiento, por lo menos así debería ser. En la vida laboral y en la economía rige fundamentalmente este principio. Así que no debe sorprendernos, que uno de los discípulos, Pedro, le haya preguntado a su maestro, a partir de esta relación de rendimiento y beneficio, aún en el discipulado: “— ¡Mira, nosotros lo hemos dejado todo por seguirte! — le reclamó Pedro—. ¿Y qué ganamos con eso?” Para responderle Jesús les cuenta la parábola que hemos escuchado en el día de hoy como lectura del Evangelio, la parábola de los obreros de la viña.

El dueño de la viña se dirige temprano al amanecer hacia la plaza del mercado para buscar personas que estén dispuestas a trabajar. Luego de haber charlado el precio de la jornada queda con ellos en que les pagará un denario (la paga por un día de trabajo) por la producción del día. Y la jornada se entendía desde la salida del sol hasta las seis de la tarde.
Pero al buen hombre siempre le hacen falta más trabajadores entonces sigue contratando jornaleros en la plaza del mercado, va entonces a las nueve, luego a las 12, luego a las 15 y finalmente a las 17 horas. Con éstos últimos no habla sobre tarifas, sino que simplemente les dice: “les pagaré lo que sea justo”.
Los hombres aceptan la oferta y están contentos, especialmente de haber encontrado trabajo aún a esa hora. Cuando llega el momento de la paga a las 18 horas se llevan una gran sorpresa: los últimos que sólo habían trabajado una sola hora recibieron el jornal completo, todo un denario. Pero los demás no recibieron más que eso. Era de esperar que los primeros murmuraran. ¿Cómo reaccionaría hoy un empleado si el jefe le diera a otro que trabajó el diez por ciento del tiempo la misma paga? ¿Si uno recibiera $11 por hora y el otro recibiera $110 por hora de trabajo?

“Así mismo el reino de los cielos se parece a ese propietario” así comienza la parábola. De la misma forma que ese propietario tira por tierra aquel principio de “rendimiento igual a paga”. Quien pueda entender esto desde el principio podrá entender qué es lo más importante de la historia: ¡Sólo se trata de Dios! Se trata del reino de los cielos, del reino de Dios, de la forma que tiene Dios de gobernar. El propietario en la parábola no es otro que Dios. La parábola por tanto nos dice fuerte y claro: Donde Dios reina, hay que desprenderse de ese principio de “dame y toma”, producción y recompensa, mérito y recompensa, calidad y precio, sacrificio y recompensa, etc.; todo eso no existe en los términos de Dios.
Y también aquello que piensa Pedro en qué beneficios hay por seguir a Jesús, tampoco hay que buscarlo. En el reino de Dios se trata de poner nuestra vista en Dios y en su accionar extraordinario. Y esto es lo más importante si en verdad queremos comprender cabalmente la parábola. Lo más importante es la pregunta: ¿Qué es lo que hace Dios?
Sí, ¿qué hace él a partir de esta parábola?

En primer lugar está Dios. Él llama a la gente a su viña, a su servicio. Así como el propietario les dice a los jornaleros en la plaza del mercado: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo”, así les dice Jesús a sus discípulos: “Ven y sígueme”, sean partes de una iglesia, y para nosotros también se dirige ese llamado. Y la palabra de Dios se sigue dirigiendo a nosotros aún hoy: ¡Arrepiéntanse! ¡Crean en el Evangelio! ¡Conviértanse en discípulos de Jesús!” Atender a este llamado es el requisito básico de la parábola. Allí no se habla de hombres que están jugando a las cartas en la plaza del mercado y le dicen al propietario por sobre la espalda: “¡Lo sentimos, pero no tenemos tiempo!” No se trata allí de hombres que están desganados para ir a trabajar: “¿Trabajar en la viña? “¡No, es muy agotador; vamos mejor a disfrutar de nuestra vida acá!” Se trata de hombres que siguen el llamado. No es ningún milagro que, esta sea una parábola para discípulos, para personas que la palabra de Dios tenga un sentido. Hacemos bien en cumplir este requisito básico de todo cristiano: es decir escuchar, cuando el Señor de la viña nos llama, cuando nos llama a tener fe y cuando nos llama a su reino.

En primer lugar Dios contrata, y en segundo lugar Dios reparte. ¿Qué es lo que reparte? Un denario para todos. ¿Y cuánto es esto? Es la suma que recibía un jornalero en aquellos tiempos para poder vivir por un día con su familia. Entendamos ahora lo que está pensando el propietario, cuando el primero de los enojados le increpa: “¿O te da envidia de que yo sea generoso?” El Señor es bueno, él le da a cada uno lo que necesita para ese día, y no necesariamente lo que se merece. Por bondad tira por tierra el principio de producción y recompensa. El quiere que también los últimos puedan vivir. ¿Quién querría atacarlo por ser bondadoso? Este propietario más que un empleador es un asistente social e inclusive más, uno bueno y amigable que no quiere que se rellenen meros formularios, sino que reparte generosamente aquello que se necesita.
Sí, así también es Dios en su gran bondad y misericordia paternal. Todos los días de nuestra vida él nos regala aquello que necesitamos. Y cuando nuestros días en la tierra concluyan nos regalará la salvación eterna. El se la regala a todos por igual a los que pertenecen a su reino, a todos los que trabajan en su viña, no importando lo mucho que trabajen.

Con esto se ha mencionado lo más importante de esta parábola. Sólo una cosa todavía me inquieta: el resentimiento de los que han trabajado desde el principio. Cuando pensaba en esta parábola para la predicación, se me ocurrió una especie de diálogo entre un cristiano de hoy y Dios y que sería más o menos así:
“Dios estuve calculando, lo que me sale la fe y pienso que si no calculo mal, como es buena costumbre estoy dando el diez por ciento de mis ingresos para la iglesia. ¡Esto es al año más de tres mil pesos! De acuerdo a un tiempo de vida laboral de cuarenta años eso hace un total de ciento veinte mil pesos. Incluso mi tiempo libre para la iglesia es considerable. Asisto aproximadamente a 60 cultos al año, contando los viajes de ida y vuelta una hora cada vez, y también una vez a la semana una actividad en la iglesia, otra hora más, más una media hora de devocional en casa, me da un total anual de alrededor 200 horas y en toda mi vida de cristiano más o menos 20.000 horas ¡esto es dos años y medio ininterrumpidos! Con esto estoy muy por encima del promedio de la cristiandad de nuestro país y les hago sombra a la mayoría de los miembros de esta iglesia. Así que bien me podrías recompensar con las correspondientes bendiciones terrenales y también con un buen lugar en el cielo, ¿no? Y Dios responde:
“Querido amigo, yo te voy a dar todo lo que necesitas, ¿pero qué pasa si nos comparamos con otros? ¿Qué significa este principio de rendimiento y recompensa? Tú sabes bien que eso no hay que buscar en mi reino; además de eso estás errando doblemente. Tú piensas que te pareces al jornalero que estuvo trabajando desde el principio en mi viña. Pero yo te voy a mostrar a uno que antes ya estuvo allí. Por ejemplo aquel pobre cristiano del África o de cualquier otro país del tercer mundo. El soporta el calor del día, el calor de la persecución a los cristianos que, eso a ti no te toca. Para ir al culto no tiene buenos caminos y muchas veces va a pie; él da mucho más de su tiempo libre que tú. Sus ofrendas a la iglesia no puedan compararse a las que tú das, pero él siempre tiene una mano abierta para los pobres y necesitados de entre sus compatriotas, él ha ofrendado y ha compartido de su escaso sueldo, mientras que tú has dado de tu abundancia y de lo que te sobra. ¿No debería a él tener que irle mejor que a ti? ¿Acaso no se ha ganado él un primer lugar en el cielo? Pero como dije: No se trata del principio rendimiento y ganancia. Porque ni él ni tú se han ganado mi bendición. Esto cuesta mucho, mucho más. Esto ha costado la sangre de mi querido hijo Jesucristo que, ha muerto por él y por ti y por todos los que pertenecen a mi reino, dando igual lo mucho que hayan producido o trabajado. Esto es por mi amor y bondad que, yo les doy el cielo y mis bendiciones, y sin que nadie lo merezca. Mi Hijo es el que lo ha ganado para ustedes”.

Estimados hermanos y hermanas en Cristo, ¿nos damos cuenta qué bueno es el Señor con nosotros? ¿Que él no premia el rendimiento, sino el amor? Si el egoísta y materialista principio de producción y premio valdría para nosotros de parte de Dios nos iría muy mal. Por eso aprendamos de él y no hablemos más en su iglesia de rendimiento, más que nada cuidémonos de no comparar. Conocí un pastor que una vez me contó acerca del “pecado de la comparación”. Con esta parábola pude entender a qué se refería. En la iglesia no puede hablarse y compararse de la capacidad de rendimiento o la piedad unos con otros de los miembros de la iglesia o de los pastores. ¡Fuera de la iglesia con ese principio mundano del rendimiento y la recompensa!
Claro que tenemos que exhortar al hermano o la hermana cuando son descuidados o irresponsables al no participar de la iglesia o aportar para el sostenimiento de la misma, pero para ello no necesitamos de una norma comparativa o de rendimiento. De lo que más se trata, lo más maravilloso lo podemos leer en la parábola, lo más importante de la parábola es Dios, el propietario.
En primer lugar queremos aceptar el llamado de él al arrepentimiento, a creer, al trabajo en su viña. Queremos servirle durante toda nuestra vida y vivir para honrarle y no sólo con computadas contribuciones de dinero a la iglesia y tiempo libre que pongamos a disposición. Toda nuestra vida debe ser un culto de adoración. Y cada uno haga como mejor pueda, sea con mucha o poca fuerza.
En segundo lugar queremos aceptar el regalo de Dios de ese jornal, de ese denario. No lo hemos merecido ni lo merecemos. Pero ahí radica lo maravilloso. También el débil y el pequeño, también aquel que llega tarde al reino de Dios lo encuentra, por eso no debe estar triste. Dios le va a regalar también a él, lo que necesita: Su bendición día tras día y luego de esta vida en la tierra la salvación eterna, sólo por bondad y misericordia paternal y divina que, se ha hecho carne en Jesucristo. Amen

Maravilloso Cristo

2do. Domingo después de Epifaníavino

“Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo:

—Ya no tienen vino.

—Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? —respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi hora.

Su madre dijo a los sirvientes:

—Hagan lo que él les ordene.

Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros.

Jesús dijo a los sirvientes:

—Llenen de agua las tinajas.

Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.

—Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete —les dijo Jesús.

Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio 10 y le dijo:

—Todos sirven primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora”.

Juan 2:1-11

Ésta, la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
Las bodas de Caná nos conmemoran un momento de alegría tanto en la vida de Jesús, como también en la vida de cada uno de nosotros. A quién no le gusta una fiesta y cuanto más es apreciada una fiesta de casamiento. Las bodas son uno de los acontecimientos más felices en la vida de la gente.

Jesús se encuentra en una fiesta. Había sido invitado junto con sus discípulos; seguramente serían amigos con el novio o la novia.
Y en el medio de esa importante boda sucede algo inesperado, el vino se acaba. La bebida que, nos imaginamos habrá sido mucho más saludable y orgánica que nuestros vinos actuales, era parte de la celebración y acompañaba la comida. No se trataba tanto que eran afectos a beber vino, sino que era la bebida por excelencia para las celebraciones luego del agua. Hoy tenemos innumerables bebidas, gaseosas y aperitivos a disposición; allí no obstante el vino quizás haya sido una de las únicas bebidas especiales con las cuales contaban para una ocasión especial.

Hay muchos que se inquietan al ver la abundancia de vino que se tomaba y que Jesús era parte de esa celebración, aprobando esa manera opípara de beber y de seguro de comer también. Casi seguro que cada uno habrá tomado una copa de más, y no solo para satisfacer su sed, pero también había mucha gente y se necesitaba mucha bebida y como dijimos el vino que se tomaba en aquel entonces era quizás más ligero, más parecido a nuestros mostos actuales, casi se podría decir como un jugo de uvas con poco alcohol. No queremos negar que no se tomara en aquel entonces y tampoco queremos negar que no se pueda festejar con bebidas, pero por otro lado es seguro que hayan sido mucho más saludables y benévolas con nuestros vinos actuales.
Lo cierto es que era una fiesta, un momento de alegría y Jesús fue parte de esa fiesta, y aprobó la alegría y es más intervino milagrosamente para que esa fiesta y esa alegría puedan continuar. Allí manifestó por vez primera su gloria, su poder y su maravilla. Y hoy especialmente en el tiempo de Epifanía queremos recordar su intervención en el mundo y no como un buen maestro como muchos que no creen describen a Jesús, sino como un ser poderoso, como Hijo del Dios Altísimo, también Todopoderoso.

Queremos explicar algunas cosas que nos van ayudar a entender mejor este suceso.
Cuando María le dice a Jesús que no tenían más vino, el responde: “Mi hora aún no ha llegado” con su hora se piensa que es el momento en el cual Jesús debía comenzar su ministerio. Con eso está mostrando quien era él en realidad, y a ese momento sólo Dios lo determinaría.
Luego se habla de unas tinajas que eran usadas por los judíos para purificación. Antes de comer los judíos se lavaban las manos y la cara para no estar impuros. Aunque no se trataba tanto de limpieza como de un asunto religioso: sólo lo que era puro podía estar cerca de Dios.
Se mencionan unas tinajas de piedra que, otras versiones bíblicas dicen que contenían dos o tres cántaros. Estos cántaros en griego eran llamados “metretes” y contenían unos 39 litros. Así que las tinajas contendrían unos 100 litros cada una. El total era de seiscientos litros de agua que se convirtieron en vino.
El maestresala, o el catador o el encargado del banquete como tres versiones de la Biblia mencionan era aquella persona encargada de la preparación previa y servicio nada más que las comidas y bebidas. Algo así como hoy mencionaríamos un servicio de catering para fiestas.
Cuando Jesús realiza ese milagro la Biblia nos habla de señales, que es lo mismo que decir milagros, y nosotros cristianos sabemos que, un milagro es un suceso en el que podemos ver el obrar inmediato de Dios.
Al final se nos habla que Jesús: “Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él”. Gloria quiere decir lo que le da prestigio y poder a una persona. La Biblia acostumbra a mostrar la gloria de Dios mediante un resplandor brillante.

Jesús manifiesta su gloria en medio de un acontecimiento festivo. El favorece y promueve la alegría de su pueblo, en tanto realiza un milagro material y quiere mostrar que su señorío tiene que ver también con este aspecto de la vida de las personas.
Muchas veces nos preguntamos cuál es el sentido de los milagros de Jesús, como curaciones, milagros de multiplicación de la comida, etc. En síntesis podemos decir que él buscaba el bienestar de su pueblo e inclusive dejó la posibilidad también que sus mismos seguidores pudieran llegar a obrar el mismo tipo de milagros cuando nos dice:

“Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas. Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores” Jn 14:11.12

Las señales son parte del ministerio y también de la enseñanza de Jesús. Por medio de las señales él manifestó su gloria y también motiva a sus discípulos a hacer lo mismo. Los discípulos no sólo fueron sus apóstoles y seguidores contemporáneos sino también cada uno de nosotros somos llamados a creer y a realizar señales de Dios por medio de nuestra fe en él. Los milagros también son parte de la vida de los cristianos. Si negaríamos los milagros de Dios, entonces tendríamos que negar la existencia de Cristo como Hijo de Dios, pues él mediante la resurrección mostró el milagro más grande donde se muestra que él es efectivamente Dios. El cristianismo sin el poder patente de Dios sería nada más que una mera doctrina o filosofía o movimiento intelectual o hasta una costumbre o legado cultural; pero no es así. El ser cristianos es una relación viva y que se nutre a diario con el Dios Todopoderoso, y a partir de esta relación con un Dios omnipotente nuestra vida es plasmada también del aspecto sobrenatural.

Jesús en este domingo cuyo tema tradicionalmente es el “Maestro de alegría” nos quiere hablar por cierto de la alegría. De la alegría que viene producto de tener una relación con Dios; de la alegría que proviene de saberse hijos de Dios; de la alegría que proviene saber que los hijos de Dios heredarán el cielo; de la alegría que proviene de saber que tenemos a un Dios omnipresente, todopoderoso, omnisciente que cuida de nosotros cuando clamamos a él y en especial cuando creemos en él.
Para mostrarnos esa alegría una de las señales de su gloria tiene lugar en una fiesta, en una fiesta de bodas que, para nosotros es sinónimo de gran alegría en nuestras vidas. Donde no sólo nos unimos a nuestra esposa o esposo en amor sino también que queremos compartir esa alegría con todos nuestros seres queridos.

La alegría produce gozo, felicidad, risas… ¿Cuántos de nosotros tenemos alegrías a diario? Cuántos de nosotros sentimos el gozo, la alegría que proviene de Dios, del Espíritu Santo de Dios que en primer lugar no es algo producto de las cosas materiales sino que es un gozo constante e interno que viene de la bendición de Dios en nuestras vidas. Las fiestas son lindas porque son alegres, hay risas. Cuántos de nosotros reímos a diario. Cuántos de nosotros podemos reír a diario porque tenemos razones validas para hacerlo. Dios quiere la alegría, la risa, la felicidad y esas risas no vienen por cuestiones materiales. La felicidad proviene en primer lugar de que el Espíritu de Dios habita a nuestro lado, luego todo lo demás es secundario. Si apoyamos nuestra felicidad en las cosas materiales, dinero, salud, propiedades o inclusive hasta en la gente, eso un día se va a terminar. En cambio la alegría que proviene al buscar las cosas de Dios nos llena el alma y nos brinda felicidad todos los días. ¡Cuánto hace que no te ríes de felicidad!

Hay una técnica moderna que se llama riso-terapia. Motivan a los pacientes a reírse y a buscar cosas que les hagan reír o bien comenzar a falsear la risa, también funciona. Se ha comprobado que la risa practicada todos los días genera unas hormonas o drogas naturales muy fuertes en el organismo llamadas endorfinas. Estas hormonas se ocupan de sanar enfermedades en el organismo, son lo opuesto a la adrenalina. Por tanto cuando uno ríe se esta sanando y viviendo más y mejor. Cuando uno es feliz vive más y mejor así lo afirman los médicos.

El vino como en las fiestas de Cana acompaña la felicidad, promueve las risas y el gozo. La gente es feliz cuando está en una fiesta. Jesús hizo el milagro del vino para que todos pudieran seguir festejando. Esa era la intención de Jesús. Pero este milagro también nos muestra que quien tiene la capacidad de prolongar nuestra alegría es sólo Cristo. Si nos mantenemos unidos a él, no solo vamos a poder gozar de la felicidad de las cosas materiales que también están contempladas en el plan de Dios, sino también en la felicidad perenne que proviene de nuestra fe y confianza en Cristo como Hijo de Dios. Amén

La clave para nuestra propia bendición

Primer Domingo de NavidadPrimer Domingo despues de Navidad

“En Jerusalén vivía un hombre justo y piadoso, llamado Simeón, que esperaba la salvación de Israel. El Espíritu Santo reposaba en él  y le había revelado que no moriría antes de que viera al Ungido del Señor.  Simón fue al templo, guiado por el Espíritu. Y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron al templo para cumplir con lo establecido por la ley,  él tomó al niño en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:

 «Señor, ahora despides a este siervo tuyo,
y lo despides en paz, de acuerdo a tu palabra.
Mis ojos han visto ya tu salvación,
que has preparado a la vista de todos los pueblos:
luz reveladora para las naciones,
y gloria para tu pueblo Israel.»
José y la madre del niño estaban asombrados de todo lo que de él se decía.  Simeón los bendijo, y a María, la madre del niño, le dijo: «Tu hijo ha venido para que muchos en Israel caigan o se levanten. Será una señal que muchos rechazarán  y que pondrá de manifiesto el pensamiento de muchos corazones, aunque a ti te traspasará el alma como una espada.»

 También estaba allí Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ana era una profetisa de edad muy avanzada. Desde su virginidad, había vivido siete años de matrimonio,  y ahora era una viuda de ochenta y cuatro años. Nunca se apartaba del templo, sino que de día y de noche rendía culto a Dios con ayunos y oraciones.  En ese mismo instante Ana se presentó, y dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.”

Lucas 2:25-38

A la luz de la profecía de Simeón, y de su adoración, encontramos la clave para nuestra propia bendición, bienestar y felicidad en el año por venir: ésta consiste en adoración, alabanza y gloria a Dios.
En el día de hoy queremos hablar sobre Simeón. ¿Quién era Simeón?

María hizo sus ofrendas de purificación y para presentar al nacido al Señor. Esta expresión significa que todo primogénito israelita tenía que ser rescatado al precio de cinco siclos de plata. También, la madre tenía que ofrecer un holocausto en sacrificio de acción de gracias. Lucas señala que María ofreció la ofrenda de los pobres: «Un par de tórtolas, o dos palominos». Una vez más queda evidente la modestia de medios de la familia. Pero el Mesías, a pesar de su humildad, no debía salir del Templo sin reconocimiento. Simeón, un piadoso anciano, se dirigió al santuario, movido por el Espíritu, y al ver al Niño, lo tomó en sus brazos. Dios le había prometido que no moriría antes de haber visto al Mesías. Simeón dio las gracias, y profetizó que su vida sería célebre y trágica. Ana, anciana profetisa que estaba permanentemente en el Templo, daba también testimonio de que el Cristo había venido. Así, hubo un testimonio notable acerca del verdadero carácter del recién nacido.

Además del testimonio de este devoto anciano Simeón, se nos muestra un aspecto muy importante a tener en cuenta que muchas veces pasamos de lado. En este domingo casi al umbral de un nuevo año, es bueno reflexionar sobre esto: la adoración y la reverencia. La adoración como nos atestigua Simeón es una de las actividades más importantes de los cristianos que, no debería quedar en segundo plano o más bien descuidada totalmente.
La adoración es un afecto y respeto hacia Dios. El Señor demanda una respuesta de corazón, un don de todo el ser. La honra y adoración que se le rinden en razón de lo que Él es en sí mismo y de lo que Él es a aquellos que se la dan. Se supone que el adorador tiene una relación con Dios, y que hay un orden establecido del servicio o de la adoración.

Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación… Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses… Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor. Porque Él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y el rebaño de su mano» (Sal 95:1-7).
Adorar y reverenciar a Dios en el día agitado que el mundo nos quiere vender no es algo popular. El adorar y reverenciar a Dios supone que voy a tomar unos minutos al día para estar en una postura pasiva física y que voy a concentrarme o a meditar en las cosas de Dios. Para ello, necesito la guía de la palabra de Dios que en todo momento está permeada por el Espíritu Santo o también en segundo lugar puede ser tener un devocionario diario que haga referencia a una lectura bíblica. De esa manera podremos concentrarnos en un tema particular de la vida de la fe cada día. Por qué hay que hacer esto todos los días? Porque tenemos que alimentar nuestro espíritu. La misma pregunta podríamos formular respecto de los alimentos para el cuerpo: Por qué hay que comer todos los días? Porque tenemos hambre y porque lo necesitamos para que nuestro cuerpo se mantenga vivo. Por qué nos alimentamos con la palabra de Dios y la oración porque es la única manera de alimentar nuestro Espíritu.

Muchas personas no sienten que su espíritu debe ser alimentado y no sienten tampoco un hambre espiritual. Esto es porque se encuentran espiritualmente anoréxicos. Es decir han perdido el hambre y la sensibilidad por lo espiritual o bien nunca han sabido que el espíritu debe ser alimentado.

No alimentar el espíritu es tan peligroso y aún más que no alimentar el cuerpo. Nuestro espíritu comanda nuestro cuerpo y mente. Tiene control sobre nuestro cuerpo. Pero si el espíritu está débil, la mente se torna débil y por último el cuerpo se corrompe aunque pueda estar suficientemente bien alimentado y vienen por lo general aquellas falencias del cuerpo que llamamos enfermedades. Especialmente aquellas enfermedades que no sabemos a ciencia cierta de dónde podrían haber provenido y por qué.
Esta es una explicación útil y provechosa para saber que necesitamos alimentar nuestro espíritu para estar conectados con Dios. Y eso se logra mediante nuestra reverencia y adoración a Dios diaria que, ocurre mediante la oración y la lectura de la palabra de Dios y también por su puesto por medio de la alabanza, es decir el canto.

Esto debe suceder a diario en nuestras vidas. ¿Que no tenemos tiempo? Entonces cómo decimos que tenemos tiempo para comer e inclusive en muchos casos con gran tiempo para una prolongada sobremesa? Dios no nos aconseja a que estemos mucho tiempo, tan sólo unos pocos minutos al día ya está bien pero debe ser realizado a conciencia sabiendo en primer lugar para que lo hacemos: para adorar y reverenciar a Dios y luego lógicamente con todos los beneficios que ello también nos confiere.
Eso lo debemos hacer a diario. Y hay una parte también muy importante que de la adoración y de la reverencia que Dios nos ordena hacerlo con los demás hermanos y hermanos en la fe por lo menos una vez a la semana, y ese es el culto de la comunidad de fe a la cual pertenecemos.

En el tercer mandamiento Dios nos dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” Es un mandamiento de Dios no es sólo un consejo. Es un mandamiento a adorar a Dios y a reverenciarlo. Y cada uno de nosotros sabemos qué significa un mandamiento.
Quizás cada una de estas cosas que hoy estamos explicando tomando el ejemplo de la adoración de Simeón y de Ana, es algo que ya sabíamos, pero en todo caso es bueno que lo repitamos y especialmente cuando un nuevo año está por comenzar: Si de veras queremos contar con la asistencia y el cuidado de Dios debemos hacer las cosas que él nos manda. La primera es observar el día de reposo y adoración. La segunda es mantenernos a diario alimentados espiritualmente para que nos vaya bien. Para que todo nuestro ser pueda gozar de una saluda integral y podamos tener una buena comunicación y relación con nuestro creador.

Los japoneses introdujeron en el mundo un árbol que se llama bonsái. Se lo mide en centímetros más que en metros como sucede con otros árboles. No se le permite llegar a cualquier lugar cerca de su potencial de crecimiento, sino que crece en una forma de miniatura, atrofiado. La razón de su crecimiento en forma retrasada es que cuando por primera vez brotó fuera de la tierra como un árbol joven, el dueño lo sacó de la tierra y ató su raíz principal y algunas de las raíces que alimentan las ramas y luego lo replantó. Al hacer esto, el productor atrofia deliberadamente su crecimiento mediante la limitación de la capacidad de las raíces para extenderse y crecer en profundidad y tomar suficiente de los nutrientes del suelo para un crecimiento normal. Lo que se hizo al árbol Bonsái por su propietario es lo que Satanás se ha propuesto hacer a los creyentes, si es que puede. Él va a tratar de atar nuestra raíz principal de la oración y de la adoración a Dios. Él quiere limitar nuestra recepción en la oración lo que Dios provee para nuestro crecimiento espiritual.

Como aquellas personas, como Ana como Simeón, si somos sinceros a la hora de rendirnos a Él, nosotros también, no vamos a tener problemas en participar de aquellas cosas que nos hacen bien y sirven para Su gloria y para su adoración; y en eso implica nuestra reputación, nuestro tiempo, nuestras finanzas, nuestros planes.
¿Cómo vamos a mostrar nosotros nuestra adoración al Señor Jesucristo en este tiempo de Navidad? Comencemos invitando a Cristo a nuestro corazón de modo que se transforme en nuestro Señor y Salvador y comencemos a mantenernos firmes en la adoración y la reverencia.

¡Venid adoremos a Cristo el Señor!
Amen

¿Quieres la buena noticia?

—Nochebuena—Krippe

“Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo.  Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor

Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer.»

Así que fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño que estaba acostado en el pesebre.  Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían dicho acerca de él,  y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían.  María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas.  Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho.

Lucas 2:10-20

Es muy probable que, hoy hayas venido a la iglesia a buscar inspiración, fuerzas para vivir, un mensaje positivo, una buena noticia. Si yo estaría sentado en los bancos y no estaría predicando, hoy quisiera escuchar eso en la iglesia. Soy cristiano y creo firmemente en Dios, creo en Jesucristo como mi Señor y Salvador, pero vivo en un mundo plagado de noticias negativas, muchas reales y otras exageradas por la prensa. Pero la noticia negativa está de moda hoy en día. Para la gente no cristiana ser positivo es casi una ofensa. Un autor cristiano afirmó: “No puedes vivir una vida positiva con una mente negativa”. Y en ello hay una gran verdad.

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (RV1960) así nos dice la Biblia acerca del ser humano. Pero no queremos apoyarnos sólo en la capacidad de ser positivos para enfrentar la vida, aunque esto también nos pide Dios, sino y más que nada queremos apoyarnos en la noticia más positiva que existe para transitar nuestra vida del día de hoy y para nuestro futuro más allá de nuestra vida.

Si has venido a escuchar una buena noticia, en esta noche has llegado al lugar indicado: “Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor”

Jesucristo es el único que nos puede dar la mejor buena noticia, para el día de hoy, para el día de mañana, a partir de hoy y por supuesto también la buena noticia acerca de dónde él quiere que pasemos el resto de tu existencia por toda la eternidad.

La intención de la iglesia es anunciar una y otra vez la llegada de un mesías, el Cristo, el salvador de la humanidad y brindar la oportunidad para que las personas acepten ese mensaje de salvación con fe y comiencen a vivir una vida diferente conforme a lo que Dios pide en su palabra la Biblia.

Por tanto hoy venimos a cargarnos las baterías con la mejor de las buenas noticias.

El mundo no tiene luz, las únicas luces, cosas buenas y positivas que vemos han surgido y provienen de cada uno de aquellos que llevan a Cristo en su corazón y son los únicos capaces de echar luz en medio de un mundo de oscuridad.

En el día de hoy estamos aquí porque queremos honrar a Dios, así como lo hacemos cada domingo del año, por habernos permitido alcanzar esa salvación. Por haber venido al mundo, haber dado su vida por nosotros en una muerte en cruz, no obstante haber salido victorioso de la muerte y haber mostrado que él es Dios mostrando el milagro de la resurrección.

Y a esto lo estamos recordando y estamos honrando cada domingo del año de la iglesia.

Allá afuera en la vida de todos los días, hay mucha gente que no es cristiana y que se pregunta ¿En qué consiste esa salvación? Hay mucha gente hambrienta de noticias positivas, de amor, del amor de Dios, pero no saben cómo conseguirlo y buscan por caminos errados que no llevan a buen puerto. A nosotros nos cupe esa responsabilidad, la de anunciarles el camino y conducirlos a la iglesia de Cristo.

Estimados hermanos y hermanas en la fe, la salvación en pocas palabras tiene que ver con ir a vivir con Dios más allá de esta vida. La salvación no es para todos. Muchas veces nos apoyamos en la Biblia para decir que Dios es amor y por tanto como Dios es amor no es malo y por tanto no va a condenar a nadie, todos vamos a ir al cielo. ¿Es verdad esto? La Biblia no lo expresa así. Dios es amor por tanto cada domingo, cada fiesta de la iglesia, cada navidad, en cada predicación cristiana Dios está queriendo que las personas tengan la oportunidad de escuchar el mensaje de Cristo y decidan creerlo, aceptarlo con humildad y comenzar a ponerlo en la práctica.

Hay muchas personas que no son cristianas que no creen en Jesucristo, hay muchas personas también que se dicen cristianas pero tampoco creen en Jesucristo, pues la fe se ve en las acciones de las personas. Y todas esas personas necesitan una y otra vez escuchar el mensaje de salvación de Dios de modo que puedan tener la oportunidad de creerlo y aceptarlo en verdad durante el tiempo de vida que tengan aquí en la tierra todavía.

Jesús vino al mundo trayendo la mejor noticia de todas, la óptima noticia de todas: Dios es amor y porque amó tanto al mundo dio a su Hijo único para que todo aquel que en él crea sea salvo. En el mundo que vivimos las buenas noticias son efímeras y superficiales, sin embargo a los cristianos se nos invita a vivir una vida llena de buenas noticias. La óptima noticia es que a partir del momento en que creemos en Cristo y decidimos cambiar nuestra vida y ponerla a su disposición, recibimos uno de los regalos más grandes del universo, somos salvos, se nos promete ir al encuentro con Dios y con todos los seres queridos que nos han precedido y que hayan andado en los caminos de Dios. Además de eso se nos promete que, durante esta vida tendremos la asistencia de Dios a diario, en cada segundo de nuestras vidas y eso en verdad es una buena noticia, yo diría la mejor de las buenas noticias que jamás podremos llegar a escuchar.

Dios por medio de la Navidad, sí nos está recordando a nosotros que, hay una salvación prometida para aquellos que crean en él, que acepten con humildad que hay un Dios que es mayor que todo logro del ser humano, que es nuestro Dios, Creador, Señor y Salvador.

No es suficiente con recordar las tradiciones de las iglesias para ser salvo. Debe haber un cambio fundamental en mí, no sólo en cuanto a creer en Dios sino también creer en Dios como mi Señor, como mí guía y en tanto cambio mi manera de vivir. Las tradiciones de las iglesias no nos salvan, nos salva en cambio sí un giro espiritual que nos impulsa a cambiar de vida poniendo a Dios en el primer lugar de nuestras vidas y poniendo su palabra como guía de nuestras vidas.

No nos engañemos, no todos van a recibir la vida eterna, aunque Dios sea amor. Por tanto si queremos ser partícipes en esta noche de la buena noticia más grande que hay, en recibir la salvación e ir al encuentro con Dios más allá de nuestra vida, aceptemos a Jesucristo como nuestro Señor y cambiemos nuestra vida. Martin Lutero decía no es lo mismo decir: el Señor Dios que decir “mi Señor Dios”. Si podemos decir lo segundo es porque hay una relación autentica y real con Dios.  Dios es mi Señor, pues me preocupo en hacer su voluntad. “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (Mt 7:21) Esto lo dice directamente Jesús. En este tiempo Dios nos está dando otra vez más una nueva oportunidad de poder decirle a él verdaderamente mi Señor, y comenzar a entablar una relación con él. Yo puedo conocer a una persona y ya está, pero no necesariamente puedo tener una relación con él, llámese una amistad. Dios quiere que nosotros tengamos una relación con él, de ida y vuelta, una relación diaria de honra y obediencia para poder llamarlo mi Señor.

La mejor buena noticia que vamos a escuchar jamás es esta: “Les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor” que está esperando nuestra respuesta que, está esperando un cambio en nuestra vida de modo que no sólo pueda darte la salvación que es lo más importante, sino también bendecir tu vida a partir de hoy en todos los aspectos que te puedas imaginar y darte la soluciones a todos los problemas que puedan estar aquejándote hoy y que quizás hayas venido hoy a la iglesia para buscar una palabra de consuelo. Dios va a solucionar tus problemas pero el primer paso es ponerlo a Dios en el primer lugar de la lista de cosas de tu vida. Hoy es un día de buenas noticias, esta es la mejor buena noticia, aprovéchala para que cada uno de tus días sea una verdadera fiesta de Navidad. Amen