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Una vida vivida con dedicación

18vo. Domingo despues de Trinidadhands bible small

“Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu. Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo”.
Efesios 5:15-21

 

 

Sal 1
Gn 20:1-17
Mc 12:28-34

 

 

 

Un conocido compositor de himnos escribió en una de sus canciones:
“Dios me aceptó así como yo era, pero luego no me dejó como me encontró”
Y esto expresa en pocas palabras ambos aspectos de la vida de un cristiano.
Lo que primero obra Dios en nosotros por medio de Jesucristo es la redención, la justificación: “Dios me aceptó así como yo era” y en segundo lugar, Dios nos renueva el corazón, nos santifica por medio del Espíritu Santo, “pero no me dejó como me encontró”
La mayoría de las epístolas del apóstol Pablo comienzan hablando en su primera parte acerca de la redención y en su segunda parte acerca de la santificación. Y aquí también en la epístola a los Hebreos es así. Hoy hemos podido escuchar un párrafo de la segunda parte. Redimidos por medio de Jesucristo, debemos comenzar a vivir nuestra vida como cristianos. Y no a medias tintas o de forma superficial, sino con todo el empeño y gran dedicación y sabiduría.
Pablo escribió: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir, no debemos vivir como necios sino como sabios”. Sabios es como debemos vivir. Debemos tener cuidado por el tipo de vida que estamos llevando.

Quien lea la Biblia y la conozca, sabrá a qué se refiere Pablo con sabiduría, es decir tomar a Dios con respeto, colocar su palabra y su voluntad (la Biblia) en el primer lugar de nuestras vidas, cuando se trate de tomar decisiones.
Jesucristo se jugó por nosotros, cuando nos redimió, ¿es que no tendríamos que agradecerle por ello y tratar de vivir nuestra vida buscando agradarle con toda la dedicación y sabiduría posibles?

¿Qué significa esto para nosotros? Pablo menciona seis aspectos de la vida de modo de aclarárnoslo.

El primer aspecto: “utilizar al máximo cada momento oportuno porque los días son malos”. Cuidar del tiempo. Por ejemplo cuando queremos motivar a una buena charla con alguien debemos esperar el tiempo propicio. Cuando queremos hablar con alguien, aconsejarle o darle alguna palabra de aliento y no lo hacemos en el momento oportuno, es muy probable que nuestra ayuda sea malentendida o hasta ridiculizada. Pero, cuando es el momento justo, hay que utilizarlo. Así como aquella mujer que, perdió el colectivo y tuvo que esperar una media hora más al siguiente. Sin embargo no se enojó, sino que se sentó en un banco y esperó. Al lado suyo estaba sentada otra mujer que, parecía encontrarse triste. Y allí la mujer se animó, motivó el diálogo, escuchó acerca de sus penas, pudo dar alguna palabra de consuelo y también pudo charlar acerca de su fe. Dios le obsequió a estas dos mujeres un tiempo en común y la pudieron aprovechar.

El segundo aspecto: poder reconocer la voluntad de Dios. Leemos: “Entiendan cuál es la voluntad del Señor”. ¿Cómo es esto? En tanto se escucha la palabra de Dios, se la lee, se la medita y se pide ayuda en oración para poder comprenderla. Cada cristiano debería tomarse un tiempo cada día para tener como así le llamamos un momento de devocional. Que nadie diga que no tiene un tiempo para esto. “Así que tengan cuidado de su manera de vivir”. Es decir no dejemos que, cosas sin importancia nos roben el tiempo. De Martín Lutero, un muy ocupado teólogo y reformador sabemos que, a menudo pasaba horas meditando sobre la Biblia y orando. Hasta una vez llego a decir: “Si en un día tengo muchas cosas para hacer, entonces en ese día necesito más tiempo para orar”

El tercer aspecto: La cuestión de las bebidas alcohólicas. Leemos: “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu”. Algunos afirman que un cristiano no debería tomar alcohol directamente, pero no es eso lo que aquí se dice. Sólo dice: “emborracharse“. Eso significa no tan a menudo y no tanto. Si alguien en una fiesta familiar toma un par de vasos de vino, no se dice nada en contra. Pero quien bebe sin control o bebe a diario una botella de vino está haciendo algo equivocado. Luego se dice “desenfreno”, hasta quizás sea esta una palabra suave, hasta se puede traducir del original como ‘no salvo o sin salvación’.
Una vez recuerdo que, me llamaron para ayudar a sacar a un hombre de su casa pues estaba borracho. Fuimos hasta la casa y había allí un completo borracho tirado en el piso. Tuvimos que levantarlo y lo llevamos al interior de la casa y lo acostamos en su cama. Su casa era muy precaria, diría más bien mal arreglada. No había adornos o cuadros colgados en las habitaciones, apenas un par de muebles, por doquier basura y mugre. En el medio del living un colchón desparramado, esa era la cama del bebedor. Allí lo acostamos para que pudiese dormir hasta que se le pasara la borrachera. ¡Qué situación desastrosa, qué difícil poder cambiar esa vida!
El cuarto aspecto: alabar a Dios comunitariamente. Leemos: “Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón”. A eso lo hacemos con entusiasmo en nuestros cultos dominicales. Aquí podemos aprender que, no sólo lo hacemos para alegrar a Dios sino también para ofrecer un servicio a los demás. Cuando aquí entonamos hermosos himnos y canciones, nos alentamos unos a otros, los tristes se alegran y los temerosos cobran valor. Aunque no vamos a hablar sobre este tema hoy, simplemente llevémoslo a la práctica.

El quinto aspecto: vivir con agradecimiento. Leemos: “dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Ahí seguramente estaremos pensando, ¡pero si a eso lo hacemos! Sin embargo prestemos atención a la letra chica que, muchas veces se pasa por alto: “siempre” “por todo”. ¿Conocen ustedes la historia de Corrie Ten Boom en el campo de concentración, aquella historia con las pulgas? Corrie Ten Boom era conocida por su fe inquebrantable. Aún en medio de las circunstancias más adversas en un campo de concentración se reunía todos los días en la barraca dormitorio con su hermana Betsie y otras presas y tenían un devocional. En sus oraciones no dejaban de agradecer por todo motivo que, tuvieran para agradecer.
Una vez llegó hasta agradecer por las pulgas en las camas. Pero esto fue demasiado para su hermana Betsie, pues las pulgas le causaban mucho pesar. Pero Corrie Ten Boom le respondió a su hermana: “Claro que también estoy agradecida por las pulgas. Piensa que, si no estarían las pulgas, las guardas del campo estarían constantemente controlándonos y nos interrumpirían nuestros devocionales, pero gracias a las pulgas nos dejan en paz!”

El sexto aspecto: el servicio unos a otros. Leemos: “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo”. La palabra someterse no nos cae muy cómoda. Pero no hay otra, si se quiere seguir el ejemplo del Señor Jesucristo. Allí hay que dejar de lado los intereses propios y las necesidades y considerar qué es lo que el otro u otra pueden estar necesitando y le haría bien. Y pienso otra vez en la mujer en la parada del colectivo. Hubiese podido hablar con la mujer triste sólo acerca de lo que ella tenía ganas de hablar. Hubiese podido despotricar sobre los colectivos, el tiempo, la economía y la política, como es típico de muchas al querer sacar sólo conversación. Pero ella vio qué triste estaba aquella mujer y se sometió, le sirvió, hizo el esfuerzo de escucharla y entabló una conversación constructiva. Si cada uno de nosotros haría eso qué maravillosa y atractiva sería toda comunidad cristiana.

Estimados hermanos y hermanas en Cristo, debemos prestar atención a vivir una vida con sabiduría y dedicación, pues queremos vivir como redimidos del Señor, como discípulos del Señor Jesucristo. Pablo lo expresó así, de esa forma yo se lo transmito a ustedes. Dios lo quiere así. Esta predicación llega a su fin ahora, pero en realidad debe continuar en nuestra vida durante esta nueva semana cuando dejamos la iglesia.
Sí, en realidad de eso se trata. De que nosotros debemos comenzar aquí y durante la semana a mostrar lo que Dios nos impulsa hacer, después de lo grandioso que él ya ha obrado en nuestras vidas. Amén

Tener fe es ya un milagro

17mo. Domingo después de Trinidad

“Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos”.
Efesios 4:1-6

Sal 1
Gn 20:1-7
Mc 12:28-34

En el día de hoy nos toca hablar sobre la fe. Casi podríamos decir que, podemos hablar de la fe de dos maneras. La fe en tanto pertenecía a la iglesia de Jesucristo y la fe acompañada de la confianza que, nos impulsa a mantenernos en contacto con Dios día a día.

El tema que, se desprende del evangelio para el día de hoy tiene que ver con la fe práctica, aferrada a la confianza que, logra enternecer a Jesús y logra que Dios mismo bendiga a aquella mujer considerada ajena al pueblo elegido de Dios. Esa es la fe que debe acompañarnos a diario. Una fe, plena de amor a Dios, de agradecimiento y por supuesto de una confianza a toda prueba. Esa es la fe que nos mantiene unidos a Cristo. Como por ejemplo sucedía con Pablo allí en la prisión. A pesar de sus privaciones y sufrimiento, puede enorgullecerse de mantener la fe en Cristo y quiere mediante su testimonio contagiar a los demás cristianos a que hagan lo mismo que él. Esa es una fe a toda prueba. La fe que canta, cuando la tristeza está presente. La fe que ora, cuando las pruebas acechan, la fe que mantiene la fidelidad a Dios, a pesar que nuestros ojos humanos no puedan ver una solución visible. La fe que, nos impulsa a seguir a delante a pesar que estamos rodeados de personas negativas. La fe, es ese fuego encendido que, confía en que la palabra de Dios es aún real que, Dios es un Dios poderoso, justo y amoroso que, quiere lo mejor para sus hijos y que promete asistirlos en todo momento.

Ese es el tipo de fe que necesitamos cada vez que nos levantamos por la mañana y es el tipo de fe que necesitamos para poder irnos a dormir confiados y tranquilos por la noche. La fe permeada de la confianza. Esa es la fe que Pablo nos alienta a tener. La fe que a pesar de todo lo negativo y problemático que podamos estar viviendo nos dice que hay que seguir adelante. Esa fe que, nos impulsa a dar el paso siguiente, aunque todo en el futuro parezca nebuloso y no veamos más allá que el día de hoy.
Esa es la fe que, es característica de los cristianos, es una fe que no se fundamenta en las palabras incrédulas o negativas de los que nos rodean sino en el poder y las promesas de Dios. Esa fe que nos dice el evangelio: “Para el que cree, todo es posible” (Mc 9:23) Jesús está hablando allí concretamente en que, si depositamos nuestra confianza en él, él puede actuar en cosas que, para el común de la gente es imposible. Puede actuar aún más allá de la lógica del ser humano, de la razón o de lo que parece objetivo o científico. Esa es la fe que no tenemos que perder, es más, es la fe que tenemos que cultivar, es el fuego que tenemos que mantener y avivar.

La fe permeada de la confianza es la que, produce esperanza y la esperanza es el motor que nos permite seguir adelante hacia la meta exitosa, hacia lo que Dios desea para nosotros.

Por otro lado el apóstol nos está hablando de la fe en tanto reconocer que Jesucristo es el Hijo de Dios, que él es Dios, que él es nuestro Señor y Salvador que, él es el único que nos puede regalar la vida eterna más allá de esta vida.
Y aquí quiero hacer una referencia al bautismo. Hoy tenemos la oportunidad de bautizar a tres personas. Han sido traídos aquí por la fe de sus padres. Eso es muy importante. Tener esta fe no es para cualquiera. ¿Ustedes saben que, no todos tienen esta fe? ¿Ustedes saben que no todas las personas creen en Jesucristo como hijo de Dios y que inclusive hay muchas personas que, ni siquiera pueden creer en la existencia de Dios? Quizás, no hayan sido educados en la fe. Y eso es un caso grave. Hay tantas personas que, llegaron a la fe, gracias a la educación en la fe que recibieron de sus padres o seres queridos de su familia que, les transmitieron la fe con amor y precisamente con fe.

Theodore Roosevelt, si bien bastante alejado de Dios, dijo una vez lo siguiente: “Si se quiere formar a una persona para su vida se debe comenzar en la niñez. Las probabilidades de éxito están en el niño, no en el hombre”.
Algunos psicólogos dicen que, “Si un niño tiene tres años de edad ya han hecho bastante más los padres que todo lo que podrán hacer más adelante” Lo expresado apoya el siguiente enunciado: “Si educas a tu hijo cuidadosamente hasta los siete años, entonces tendrás ya la tres cuartas parte de toda su educación”.
“Durante los primeros años de la infancia se construye el cimiento para el carácter y la vida del niño. Toda educación, que proseguirá será sólo la complementación a edificar. Cuando la complementación en los años subsiguientes falle, será entonces porque la base o el cimiento en los años infantiles no han sido correctamente colocados.
Las sectas y las organizaciones políticas se preocupan mucho por los niños. Aprovechan la capacidad de aprendizaje de los niños. La iglesia católica tuvo mucho éxito por medio de la instalación de escuelas. Especialmente padres jesuitas muy doctos instruían a los niños. El padre jesuita Franz Xavier dijo: “Dadnos los niños hasta los siete años de edad y permanecerán en la doctrina del catolicismo”.
El poder de los regímenes totalitaristas del mundo radica precisamente en influir sobre los niños y jóvenes por medio de la propaganda y las doctrinas. Se dice que, los países comunistas se ocupan especialmente de los niños en las edades comprendidas entre los tres y seis años. Los maestros saben exactamente que el comportamiento para la vida en sociedad se plasma en esos años. Los niños que han sido educados esas doctrinas, intentarán proseguir con ese influjo. Por lo tanto, es también posible, que los niños educados en el cristianismo influyan en su entorno.
Otras religiones y organizaciones y sectas aprovechan también la capacidad de aprendizaje de los niños, para ganarlos para sí. Si la comunidad de Cristo no permanece despierta y no aprovecha la ocasión de ganar a los niños para Jesús, expondrá a los niños a la influencia del enemigo.
Es muy importante educar a nuestros pequeños en la fe. Pero aún los adultos también pueden comenzar a creer, por medio del poder de Dios del Espíritu Santo de Dios.
A veces nos parece a nosotros que, todo el mundo cree en Dios porque nosotros creemos. Pero no todos pueden creer. Creer no es para cualquiera. Si tú puedes creer en Dios, entonces te tengo que decir, eso es una bendición de Dios.

Cuando la persona comienza a creer en Jesucristo, realmente el Espíritu Santo ha comenzado a obrar allí. Tampoco queremos descuidar nuestra oración. Es por eso que, oramos para que aún dentro de las iglesias haya personas que, realmente crean en Cristo y entreguen sus vidas a él. Hay muchas personas que creen en la iglesia, como una institución o parte de la tradición cultural pero aún no creen en Dios como un Señor, es decir alguien a quien hay que amar y se elije obedecer por medio de lo que dice su palabra. Si todavía no podemos obedecer o por lo menos tener el sincero deseo de obedecer la palabra de Dios, de poner la palabra de Dios y la iglesia como prioridad en nuestras vidas nos falta un paso más para tener la fe de la cual Pablo nos está hablando.

Muchas personas no creen, porque han tenido problemas en su vida. Y piensan que, Dios los castigó o por ese sufrimiento le echan la culpa a Dios por sus problemas. Pero en este mundo los problemas siempre van a existir. Alejarte de Dios no te va a servir de nada. Por el contrario te va a atraer aún muchos más problemas y pruebas. Dios quiere protegernos y bendecirnos, pero debemos mantenernos fieles a él. Tenemos que esforzarnos por mantener la llama del Espíritu viva en nuestras vidas, por medio de la oración personal y en familia, por medio de la lectura diaria de la Biblia y por medio de la asistencia regular a la iglesia. Esa es una característica de los cristianos con fe. Si tu fe no te impulsa a llevar una vida así. No es esa precisamente esa fe de la cual habla el apóstol: “Les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido”.

No importa cuál sea la excusa o la buena causa que, te mantiene o te haya alejado de Dios, hoy Dios nos está llamando otra vez, él quiere protegernos, cuidarnos, bendecirnos, brindarnos todas aquellas cosas que aún te faltan y necesitas y que seguramente oras o te preocupas. Si hoy has venido a la iglesia no es una mera casualidad. Es porque Dios quiere que, tu fe se incremente y que puedas vivir una vida a pleno. Está en ti aceptar esa invitación. Acepta la nueva vida que Cristo te ofrece. Recuerda que tener fe es ya un milagro, y no todos están bendecidos con ese milagro. Pero tú si puedes tener esa fe. Imita la sencilla fe de aquella mujer cananea que, aún discriminada por el pueblo de Jesús, se jugó por él con fe y con confianza y Jesús la sanó y la salvó.

Que Dios pueda bendecirnos con el milagro de la fe. Queridos padres ustedes tienen una gran responsabilidad al respecto en el futuro de sus hijos. Cada uno de nosotros tenemos una gran responsabilidad en tanto elegir donde queremos pasar la eternidad. Que Dios nos bendiga con el milagro de la fe en este día. Amén.

Alabar, compartir y dar

Día de acción de gracias por las cosechasCornucopia Pilgrim

“Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque ésos son los sacrificios que agradan a Dios”.

Hebreos 13:15-16

Sal  104:27-30

Is 58:7-12

Lc 12:13-21

Hoy recordamos el día de acción de gracias por las cosechas. Es bueno venir a la iglesia en esta oportunidad, como así también es bueno venir cada domingo a la iglesia. Pues el sentido de venir a la iglesia es agradecer. Agradecemos por todo lo que tenemos pues todo proviene de Dios, y en cada iglesia es el lugar donde disponemos para agradecer a Dios en comunidad.

Quizás para muchos de nosotros que no tenemos un contacto directo con el campo, nos resulte un poco lejano el hecho de poder agradecer por los frutos del campo como hoy hemos dispuesto simbólicamente sobre el altar.
Pero podríamos imaginarnos que, un zapallo representa la casa que tenemos o la hipoteca que estamos pagando de nuestra casa. Uno de los panes representa el sueldo que recibimos mes a mes o la pensión o la jubilación que, damos por sentado que mes a mes la tendremos en nuestra cuenta de banco. Las otras verduras pueden representar que, tenemos un auto o más autos, pueden representar que todos los días tenemos comida en abundancia más de lo que podemos comer. Hasta el punto que debemos hacer muchas veces dieta, para comer menos porque la abundancia de comida que tenemos nos tienta a comer de más. Otros frutos pueden representar la salud que sí tenemos. Porque podemos caminar, podemos respirar, podemos hablar. Porque tenemos una casa confortable y cálida en invierno y fresca en verano. Porque podemos viajar donde queramos cuando queramos. Porque vivimos en un país ordenado donde casi nadie pasa hambre, donde no hay guerras, donde no hay violencia en las calles, donde no una corrupción generalizada que paraliza el progreso y la prosperidad del país. Donde no hay robos y secuestros a diarios sin control policial como sucede frecuentemente en otros países. Donde tenemos un sistema de salud gratis para toda la población. Donde quien quiere trabajar con honestidad puede prosperar materialmente. Y seguramente que, cada uno de nosotros puede mirar hoy alguno de esto frutos y encontrar qué motivo por el cual agradecer puede representar. Porque podemos tener una iglesia donde congregarnos.

Hoy se nos recuerda que hay que agradecer. Que hay que agradecer con los labios confesando el nombre de Dios. A esto lo hacemos cuando venimos a la iglesia y nos reunimos en comunidad. Lógicamente que, esto no se hace una vez al año, lo podemos hacer una vez a la semana. Y a la vez se nos dice que, esa alabanza es válida en tanto va acompañada de la acción. “No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque ésos son los sacrificios que agradan a Dios”. El agradecimiento se expresa también con actos, se expresa por la acción de dar y de compartir de aquello que hemos recibido.
Si sabemos que todo lo que tenemos viene de Dios, y que Dios no dice que, no nos olvidemos de hacer el bien y de compartir de aquello de lo que tenemos que, proviene de él, entonces quiere decir que, si no damos, Dios no va a querer seguir dándonos, pues no le estaremos obedeciendo a él. Por el contrario si somos obedientes a Dios y agradecidos con lo que recibimos de él, entonces tenemos que vivir confiados que de él recibiremos todo lo que necesitemos para nuestra vida. Si queremos agradar a Dios entonces, tenemos que dar, compartir lo que tenemos, esa es la única forma de mostrar agradecimiento y de agradar a Dios, además de hacerlo con nuestros labios en un lugar que denominamos iglesia.
El domingo pasado leímos un versículo de preparación para el día de acción de gracias que decía:
“De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen”. (Sal 127:2)
Si queremos recibir las bendiciones de Dios, tenemos que acordarnos que todo lo que tenemos proviene de él. Y él es el único que merece agradecimiento. ¿Cómo podemos agradecer a Dios? Como la lectura del la epístola para el día de hoy nos lo recuerda: “Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque ésos son los sacrificios que agradan a Dios”.
Adorar compartir y dar. Son los verbos claves para poder seguir recibiendo la bendición en nuestras vidas. Hemos hablado mucho, en mucho de los sermones acerca de lo que significa bendición y favor de Dios. Por supuesto que, cuando hablamos de bendición de Dios no sólo significa todo lo material, significa también la salvación y la vida eterna en primer lugar. Pero la vida de un cristiano agradecido adquiere calidad en esta tierra cuando reconocemos que todo lo que tenemos proviene de Dios y comenzamos a obedecer a Dios cuando nos pide ser agradecidos.
El agradecimiento es una virtud que, sólo unos pocos poseen. Es una noble virtud que, debe ser aprendida, enseñada, cultivada durante toda la vida. Si nadie nos enseñó a dar y a agradecer es muy difícil que podamos ser agradecidos. Pero Dios nos puede transformar con su amor y su Espíritu Santo para poder vivir una vida en la verdadera plenitu y abundancia si entregamos nuestra vida a él en obediencia y agradecimiento.
Seguramente que, muchos de nosotros estamos hoy en la iglesia, porque buscamos la ayuda de Dios y buscamos respuestas para problemas que aún ni tienen solución de nuestra vida. Una manera rápida de comenzar a resolver esos problemas es permitir que el Espíritu de Dios entre en nuestras vidas, pero para eso hace falta obediencia de nuestra parte a la palabra de Dios.
El otro día escuche de lejos que, alguien comentaba sobre un folleto que hay aquí en la iglesia que se titula “Tú vida puede ser más liviana” Y alguien preguntaba ¿Sí, pero cómo? Hoy tenemos la respuesta. Cada domingo en la iglesia recibimos la respuesta: Comienza a transitar en el camino de Dios, no sólo con fe, sino también con confianza y con obediencia a Dios. Decidido a poner en la práctica las cosas que sí sabes que Dios te está pidiendo y puedes hacer. Un dicho de Corrie Ten Boom dice: “No te preocupes por lo que no entiendas de la Biblia. Preocúpate por aquello que entiendes y no aplicas en tu vida”. Y yo agregaría no te preocupes por las cosas que no puedes hacer para obedecer a Dios. Comienza a poner en práctica las cosas que puedes hacer para obedecer a Dios, si de veras quiere que Dios cambie y bendiga tu vida.

Hoy Dios es muy claro, en un día como hoy que recordamos la acción de gracias anual: “Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque ésos son los sacrificios que agradan a Dios”.
No basta, con tener, fe, no basta con decir que soy cristiano o decir que pertenezco a una u otra iglesia. Dios nos pide hechos, actos de agradecimiento. Dios nos pide que, aunque nuestros hechos sean humildes o modestos sean actos hechos desde el corazón, desde la más profunda convicción queriendo agradar a Dios. Cuando comenzamos a vivir nuestro cristianismo sabiendo que lo hacemos para Dios y que él muy bien observa cómo vivimos nuestra vida, la forma en que comenzamos a vivir nuestra fe cambia substancialmente y naturalmente la forma en que Dios cambia y comienza a bendecir nuestra vida es notable.
Estamos buscando respuestas, soluciones, hoy Dios nos proporciona una: comencemos a alabar a Dios y comencemos a ser agradecidos en la práctica con él. Y él nos dará todas aquellas cosas que aún nos faltan para nuestra vida. Comencemos a agradecer por las cosas que sí tenemos y reconocer que todo lo que tenemos proviene sólo de Dios. Nuestra vida comenzará a cambiar rápidamente.
¿Saben por qué sólo uno de los leprosos retornó a Jesús en agradecimiento? Los otros nueve no volvieron pues quizás fueron éstas sus razones:
Uno estaba esperando todavía a ver si su cura era real.
Uno esperaba a ver si iba a durar.
Uno esperaba ver a Jesús más tarde.
Uno decidió que, nunca había tenido lepra.
Uno dijo que, de todas maneras habría andado bien.
Uno le dio la gloria a los sacerdotes.
Uno dijo, “Bueno, Jesús, en realidad no me hizo nada”.
Uno dijo, “Cualquier rabino lo hubiese podido hacer”
Uno dijo, “En realidad ya estaba mejorando bastante”.

El agradecimiento viene con la fe y con la confianza y con la entrega a Dios, en alabanza y en actos. Que Dios pueda bendecirnos con muchas más cosas materiales y con las demás cosas que necesitamos aún para nuestras vidas conforme a nuestro agradecimiento a él.
Amén

Todo lo que tenemos proviene de Dios

15to. Domingo después de Trinidadbienes terrenales

“Cuando Dios el Señor hizo la tierra y los cielos, aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra, ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra ni existía el hombre para que la cultivara. No obstante, salía de la tierra un manantial que regaba toda la superficie del suelo. Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente.

Dios el Señor plantó un jardín al oriente del Edén, y allí puso al hombre que había formado. Dios el Señor hizo que creciera toda clase de árboles hermosos, los cuales daban frutos buenos y apetecibles. En medio del jardín hizo crecer el árbol de la vida y también el árbol del conocimiento del bien y del mal.
Del Edén nacía un río que regaba el jardín, y que desde allí se dividía en cuatro ríos menores. El primero se llamaba Pisón, y recorría toda la región de Javilá, donde había oro. El oro de esa región era fino, y también había allí resina muy buena y piedra de ónice.  El segundo se llamaba Guijón, que recorría toda la región de Cus. El tercero se llamaba Tigris, que corría al este de Asiria. El cuarto era el Éufrates.

Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara”

Génesis 2:4b-9 (10-14).15

Sal 172:1-2

1 Pe 5:5-11

Mt 6:25-34

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1) Dios es el creador de la tierra.
2) Dios creó al ser humano.
3) Dios creó todo lo que crece y produce en la tierra
4) Dios nos puso como beneficiarios de la creación y a la vez como administradores fieles de todo lo material que él nos da.
Una vez más, para nosotros los cristianos los que creemos en la autoridad de la Biblia, se nos confirma que Dios es el creador de la tierra en donde vivimos. Estamos convencidos que Dios tiene un poder creador aún hoy en nuestros días y ese poder creador rige todo el universo. Eso es básicamente lo que podemos entender de esta sección del relato de la creación.

Dios también creó al ser humano. Creó un ser material, lo que hoy en día llamamos cuerpo, pero también se nos dice que cada uno de nosotros poseemos un espíritu que proviene del hálito de vida de Dios. Somos creados a imagen y semejanza de Dios, especialmente en el aspecto espiritual. Esta es una de las confirmaciones dadas por la Biblia que, nos dice que no somos una mera evolución animal, sin desmerecer a ningún ser animal, sino que somos creación consciente de Dios y contamos con un espíritu humano. A partir del espíritu dado por Dios nos convertimos en seres de su creación.

La parte que más queremos resaltar de este relato de la creación en este domingo, de acuerdo a la temática propuesta, es la creación de Dios en tanto naturaleza y todo lo material. Dios creó la tierra, en toda su hermosura y esplendor en toda su fertilidad y abundancia. Todo está dispuesto para que todos puedan hacer uso de los recursos de la tierra. Para que podamos alimentarnos de lo que sembramos y cosechamos y para que podamos servirnos del inagotable recurso que Dios nos dio si es que lo cuidamos y lo compartimos.

Desde los comienzos Dios, quiso que tuviéramos todo lo material que necesitáramos para que nuestra parte material, el cuerpo pudiera sobrevivir. Dios quiso que, incluso desde los comienzos de su creación el ser humano pudiese contar con todos los bienes necesarios para su subsistencia y que se encuentre a gusto. Ideó un lugar perfecto, para una creación que él considera perfecta.
Y una de las consignas más importantes que hoy queremos recordar es que, Dios nos puso como beneficiarios de su creación y a la vez como administradores fieles de lo que él nos confió.

Hoy queremos resaltar que, todo lo material que existe en nuestra tierra, desde la naturaleza en sí misma, es creación de Dios, por tanto pertenece a Dios. Dios nos concede toda su creación para que nosotros podamos vivir de ella. Durante los tiempos del ser humano en el jardín de Edén, esa creación estaba planeada para toda la eternidad. A partir del pecado del ser humano, esa creación sólo nos acompañará durante los años que dure nuestra vida sobre la tierra.

De todas formas todo lo que poseemos, es de Dios. Aunque creamos que hemos trabajado duro por ello, todo es prestado, todo es temporario, pasajero, no nos llevaremos nada más allá de esta vida en la tierra. Hay un no muy feliz dicho que dice “Las mortajas no tienen bolsillos”. Es decir la ropa que, se confeccionaba para los difuntos antiguamente, no era cosida con bolsillos, pues no tendría ningún uso. El dicho nos quiere decir que nada material podremos llevarnos más allá de esta vida, y especialmente como cristianos debemos darle a los bienes materiales su preciso lugar.

¿Cuál es el lugar adecuado que debemos darle a los bienes materiales? Se me ocurre pensar que, una buena explicación la podremos hallar a partir del primer mandamiento del decálogo que nos dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”.
Hoy en día uno de los dioses de la gente no creyente es lo material. Se llega a endiosar todo lo material, el dinero, las posesiones, los negocios, el rédito, el usufructo, las ganancias, la prosperidad, etc. Hemos elaborado un vocabulario muy amplio y prolífico para hablar siempre de lo mismo: los bienes materiales.

Hay personas, claro está los no creyentes, en primer lugar que, sus prioridad es lo material. No tienen tiempo para las cosas espirituales. Pues no comprenden que, también somos espíritu. En cambio, se nos llama a los cristianos a darnos cuenta que todo lo material que tenemos proviene de Dios y él es el que da y el que quita.

Hay personas que trabajan, quizás más que trabajar, aún se matan trabajando con un objetivo tan sólo material, descuidando la parte espiritual de sus vidas, para llegar al final de sus vidas y darse cuenta que su vida fue un desperdicio, fue un fracaso, no pudieron disfrutar de las cosas más importantes desde el punto de vista cristiano.

Las personas que atesoran más lo material, todavía no se han dado cuenta que, Dios quiere que cambien su estilo de vida. Las personas que no tienen tiempo para las cosas de Dios, no están transitando por la senda de Dios. Por ejemplo, quien no tenga tiempo una vez a la semana, un par de horas para estar en la presencia de Dios en una iglesia que escogió pertenecer, está mostrando, en principio, cuáles son las cosas más importantes para esas personas. Dios nos llama a un cambio de vida radical si es así.

Algunos viven preocupándose tanto por los bienes materiales en esta vida y viven una vida tan llena de miedo y ansiedad por tener menos o quedarse sin que, creen que todo depende de su trabajo y esfuerzo físico que las cosas salgan bien. Y sabemos que la lógica de Dios no es así, es al revés. Lo leímos en el evangelio para el día de hoy: ”Los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mt 6:32.33)

Dios nos asegura que como parte de la promesa de su jardín del Edén, nos asegura todo lo material. Pero tenemos que ponerlo a Dios en primer lugar. Si no estamos poniendo a las cosas de Dios en primer lugar, estamos mostrando dos cosas:

1) o que no somos creyentes,
2) o que no estamos confiando nuestra vida en Dios.

Lo peor de creer que, hay cosas más importantes que las cosas de Dios, no es sólo que nuestra calidad de vida con el correr de los años va empeorando, sino que, cada vez más contamos lamentablemente, cada vez menos con la bendición de Dios en nuestros cuerpos, nuestras mentes y espíritus, en nuestra salud integral y en nuestra prosperidad, en la protección y el favor que podríamos gozar a pleno de Dios.
Y lo peor de proseguir con este tipo de vida es que, al no poner las cosas de Dios en primer lugar, nos vamos alejando de Dios de tal manera que, por lo mucho que nos advierte la Biblia, no sabemos a ciencia cierta si de veras heredaremos la vida eterna. Y eso es lo peor que le puede pasar a un ser humano.

Sin embargo nosotros no queremos eso. Hoy y regularmente venimos a la iglesia porque creemos en Dios y queremos adorar sólo a Dios. Queremos ponerlo a Dios en primer lugar, queremos mostrarlo en primer lugar, con algo muy sencillo que, es tener el tiempo semanal para adorarlo en una iglesia, esta que es la que hemos elegido y aquí estamos. Queremos reconocer que todo lo que tenemos viene de Dios. Que Dios quiere alimentarnos, nutrirnos, cuidarnos, protegernos, darnos trabajo, dinero y todo lo material que necesitamos para sostener el estilo de vida que hemos elegido. A Dios le agrada que podamos trabajar, ser prósperos, fijarnos metas, e incluso que nos vaya bien en la vida en todos los sentidos. Pero siempre sin olvidar que él nos puso como administradores de las cosas que él creó. No somos dueños de nuestra vida material. Tenemos un Señor, es decir alguien a quien obedecer que es un Dios amoroso y nos quiere bendecir.
Pero tenemos que poner a Dios en el primer lugar de nuestras vidas y eso incluye lo material, nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro esfuerzo y trabajo. Y no sólo pasa por simplemente venir a la iglesia, sino que nuestro reconocimiento se note en nuestras acciones y especialmente que, ese reconocimiento surja de un corazón que quiere creer en Dios que, acepta que Dios es el creador de todo lo que existe y que todo lo que tenemos no importa cuán duro trabajemos todo viene exclusivamente de Dios y que Dios si lo desea puede darnos más o puede quitarnos todo de acuerdo a nuestra fidelidad a él. Recordemos que Dios quiere bendecirnos, pero no nos olvidemos que para eso debemos poner las cosas de Dios en el lugar que corresponden en nuestra vida.

“Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas”. Amén.

Las principales tareas de la iglesia

diaconos“En aquellos días, al aumentar el número de los discípulos, se quejaron los judíos de habla griega contra los de habla aramea de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. Así que los doce reunieron a toda la comunidad de discípulos y les dijeron: «No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas. Hermanos, escojan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, para encargarles esta responsabilidad. Así nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra.»

 

Esta propuesta agradó a toda la asamblea. Escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos.

 

Y la palabra de Dios se difundía: el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén, e incluso muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”.

 

Hechos 6:1-7

Sal 112:5-9

Gn 4:1-16a

Lc 10:25-37

 

 

Un texto que nos narra los comienzos de la organización en la primera comunidad cristiana. A medida que la iglesia iba creciendo, iban teniendo lugar actividades distintas a las que acostumbraban tener los creyentes en su vida pasada. La comunidad cristiana valoraba la palabra de Jesucristo. Se reunían una vez a la semana, donde compartían no sólo la palabra de Dios y la oración, sino también el pan y el vino, y la comida en general. Pero necesitaban vivir y continuar con el trabajo y las actividades durante la semana. Una de las necesidades era asistir a los débiles y desposeídos. Entre ellos se encontraban las viudas que, eran en aquel entonces mujeres que no sólo estaban sin marido, sino también nadie se ocupaba de ellas a no ser que sus propios hijos lo hicieran. No poseían jubilación, ni pensión, ni hogar de ancianos ni asistencia médica, ni medicamentos, ni vitaminas. Y ni siquiera contaban con una casa confortable cálida en invierno y fresca en verano. Los cristianos se habían comprometido con la buena noticia de Jesucristo que, les encomendaba amar al prójimo con obras concretas de amor.

Pero aparentemente la ayuda material no se organizaba y la comunidad crecía, los predicadores ya no podrían dar a basto y se generaron roces entre los mismos por motivos que sólo eran de índole organizativos.

 

Allí surge lo que conocemos como la primera delimitación clara en la historia de la iglesia entre las actividades diacónicas y pastorales.

Los discípulos estaban encargados de predicar la palabra de Jesucristo. No podían dedicarse de lleno a actividades de mayordomía y servicio.

Así que dejaron en claro que, la misión de ellos era predicar la palabra de Dios, orar, sanar, reprender malos espíritus, etc. En concreto era la misión que Jesús les había encomendado al marcharse. Seguramente había más personas que tendrían el don de predicar, pero también estaban faltando personas que se encarguen del servicio concreto al necesitado y para ello seguramente también existían las personas con los dones necesitados.

 

Es importante en una congregación cristiana tener en claro cuáles son las actividades de que Dios nos encomienda que se hagan. Como vimos en distintos estudios bíblicos podemos decir que hay  básicamente 5 tareas vitales que toda iglesia debe emprender y mantener si queremos verdaderamente seguir la misión que Jesús nos encomienda.

La primera gran tarea es:

La adoración a Dios, eso lo hacemos todos los cristianos, especialmente en el culto los domingos. Es una de las tareas más importantes de la iglesia. El culto a Dios es una de las actividades más importantes de los cristianos. Lo hacemos en la iglesia, un lugar donde decidimos reunirnos, los domingos, el primer día de la semana donde recordamos que Jesús resucitó. De esa manera amamos a Dios por medio de la adoración. La adoración es eso simplemente: venir con un corazón agradecido a la iglesia. Allí podemos obedecer a Dios cuando se nos dice en el mandamiento más importante: Ama a Dios con todo tu corazón con toda tu alma y con toda tu mente”. Damos nuestro tiempo como regalo a Dios y le demostramos así nuestra devoción.

 

La segunda gran tarea es nuestro compromiso con la iglesia. Queremos mostrarnos como miembros activos de una iglesia. Es importante que todo cristiano decida pertenecer activamente a una iglesia. Ayudar al sostenimiento de la iglesia materialmente y con sus dones con su tiempo y dedicación. Eso significa el bautismo, somos llamados no sólo a creer en Dios sino también a pertenecer a la iglesia de Cristo.

 

La tercera gran tarea es la enseñanza: Enseñar a la congregación la palabra de Dios. Enseñar a entender y a interpretar la palabra de Dios que, lo hacemos por medio de la Biblia. Para ello existen los estudios bíblicos, en la iglesia o  en los hogares, escuela dominical para niños cursos de confirmación, el curso Alpha, por ej, reuniones para jóvenes. Capacitación para laicos que tengan dones de distintos tipos que quieran ponerlos al servicio de la iglesia, etc.

 

La cuarta gran tarea es el servicio al prójimo. Lo llamamos también diaconía o mayordomía cristiana en general. Cuando en la segunda parte del mandamiento más importante se nos dice: Ama a tu prójimo como a ti mismo” En esa actividad lo queremos mostrar. Y queremos ayudar a nuestro prójimo por medio de la ayuda concreta y material. Ayudar a los necesitados a los hambrientos a los pobres a los que necesitan nuestra ayuda concreta sea por medio de dinero o trabajo o cualquier esfuerzo que tienda a ayudar a paliar sus necesidades. La iglesia debe asumir una tarea concreta en ese sentido. Lo podemos hacer ayudando a entidades benéficas y caritativas, ayudado con dinero para la misión, y tratar de ser imaginativos en qué otras cosas como iglesia podemos ayudar a los necesitados en nuestra ciudad. Siempre claro está lo queremos hacer en el nombre de Jesucristo, no como una ayuda social solamente.

 

La quinta gran tarea es la evangelización. Es el anuncio concreto de aceptar el mensaje de Jesucristo y sucede concretamente por medio de la predicación, de sermones, de devocionales. Predicar el evangelio de Jesucristo. Lo hacemos en los cultos. Y también por medio de la predicación escrita, sea por distintos medios, TV, radios, diario, internet. Especialmente encargado de ello son los pastores y predicadores. Es una tarea que, no debe ser descuidada, especialmente por aquellos que fueron llamados a ser predicadores y pastores. Hay que anunciar el evangelio hacia afuera de las cuatro paredes de la iglesia. Hay que invitar a otros que todavía no conocen el evangelio de Cristo o que si lo conocen no lo están viviendo en sus vidas. Hay que invitar con amor con convicción con nuestro propio ejemplo a acercarse a Dios. Tenemos que hacer todo lo posible para que otras personas también escuchen el mensaje de invitación de Jesucristo. De esa manera Dios nos va a bendecir con crecimiento.

Así como lo vemos que sucedió en la lectura para hoy. Seguramente que cualquiera de los apóstoles hubiesen podido emprender una buena tarea diacónica. Pero esa no era su misión. No habían sido encomendados para ello. Lo mismo sucede en las iglesias. Cuando los pastores comienzan a realizar otras tareas que, bien pueden ser muy nobles y loables e iniciadas con un gran corazón, sin embargo no deberían ser emprendidas por estos. Otras personas deben asumir esta responsabilidad.

Ninguna de estas actividades es primera en importancia. Quizás podemos decir que se trata más bien de un círculo sin principio ni fin. La evangelización puede venir primero y por último la adoración, no importa. Lo más importante es que estás tareas sean realizadas por cada cristiano en su vida diaria y especialmente por la iglesia como una organización. La iglesia que no realiza claramente estas cuatro tareas no puede crecer ni recibir la gran bendición que Dios tiene preparada. Cuando cada una de estas tareas es ejercida aunque más no sea de forma humilde, pero sí consciente Jesús comienza a bendecir la iglesia por la misma devoción y obediencia a su palabra. Es imposible que, una iglesia que su agenda se rija por estas tareas no crezca. Muy por el contrario nos vamos a sorprender de los milagros que Dios podría manifestar para la iglesia cuando con amor, con fe, con esperanza ponemos en primer lugar las tareas más importantes que toda iglesia debe realizar.

 

Y por eso la iglesia de los primeros cristianos se extendió y comenzó a crecer exponencialmente. Pues tuvieron en claro cuáles eran las cosas prioritarias en la comunidad de los creyentes. Los apóstoles no descuidaron la predicación. Los nuevos integrantes en este caso los diáconos no dedicaron el servicio y la visitación a los enfermos y las viudas. Y así con el tiempo también se fueron distribuyendo las demás actividades y las personas encargadas para cada una de estas actividades vitales en la vida de la iglesia.

 

Recordemos que la iglesia tiene que: Evangelizar, predicar hacia afuera, invitar a otros a venir a la iglesia. Nosotros, los que somos parte de la iglesia y somos miembros activos tenemos una capacidad para poder llamar a otros que ni siquiera nos imaginamos, pues contamos con el favor de Dios. No nos avergoncemos de la iglesia y Dios tampoco se va a avergonzar de nosotros. “Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles” Lc 9:26.

No, nosotros no queremos avergonzarnos de Dios.

Mantenernos miembros activos de la iglesia. Mantener la enseñanza viva y activa en la iglesia. Mantener la adoración viva y activa en la iglesia cada domingo, tratando que nuestra adoración sea una adoracion viva y activa con himnos que podamos cantar y con letras que podamos entender y con oración que tengan sentido.

Y mantener una tarea concreta de ayuda a los pobres y a los necesitados de nuestro medio y a cualquier persona que lo necesite de una forma regular y organizada.

Esas son las cinco tareas que no queremos descuidar y que si nos jugamos por emprenderlas y mantenerlas no sólo estaremos obedeciendo a Dios como iglesia, sino que la unción de Dios se manifestará abundantemente en esta casa y con cada uno de sus miembros.

Que Dios pueda otorgarnos su paz y pueda darnos la valentía de emprender las tareas que son más importantes para que podamos disfrutar de sus abundantes promesas. Amen.

Las consecuencias del pecado

11mo. Domingo despues de TrinidadNatan y David

El Señor envió a Natán para que hablara con David. Cuando este profeta se presentó ante David, le dijo:

—Dos hombres vivían en un pueblo. El uno era rico, y el otro pobre. El rico tenía muchísimas ovejas y vacas; en cambio, el pobre no tenía más que una sola ovejita que él mismo había comprado y criado. La ovejita creció con él y con sus hijos: comía de su plato, bebía de su vaso y dormía en su regazo. Era para ese hombre como su propia hija. Pero sucedió que un viajero llegó de visita a casa del hombre rico, y como éste no quería matar ninguna de sus propias ovejas o vacas para darle de comer al huésped, le quitó al hombre pobre su única ovejita.

Tan grande fue el enojo de David contra aquel hombre, que le respondió a Natán:

—¡Tan cierto como que el Señor vive, que quien hizo esto merece la muerte! ¿Cómo pudo hacer algo tan ruin? ¡Ahora pagará cuatro veces el valor de la oveja!

Entonces Natán le dijo a David:

—¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor haciendo lo que me desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer.”…
Lo que tú hiciste a escondidas, yo lo haré a plena luz, a la vista de todo Israel.”

—¡He pecado contra el Señor! —reconoció David ante Natán.

—El Señor ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán—. Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al Señor.

Dicho esto, Natán volvió a su casa”.
2 Samuel 12:1-10.12-15a

Sal 113:1-8

Ef 2:4-10

Lc 18:9-14

En el día de hoy queremos hablar acerca de las consecuencias del pecado y también acerca de no querer o reconocer que somos pecadores.
Hoy se nos exhorta a tener la capacidad de reconocer nuestras faltas delante de Dios y la posibilidad de crecer en sabiduría para evitar vivir una vida en desobediencia a Dios con todas las consecuencias que ello implica.

Lo que hoy deseo predicar que, se desprende especialmente del texto del profeta Samuel, es un tanto difícil comunicarlo desde el púlpito. Es difícil porque no queremos ponernos en el lugar de Dios, porque no nos corresponde ni tampoco sabemos sobre esto. Y esto es concretamente, tratar de responder a la pregunta: ¿por qué nos suceden las cosas malas que nos pasan?

Hay muchas personas que, luego de un suceso malo se preguntan, por qué esto me pasa a mí. O personas que sucesivamente experimentan cosas malas en su vida. ¿Por qué? Podríamos responder desde la Biblia por qué nos suceden estas cosas. Y en este día, podremos irnos a nuestros hogares con cierto conocimiento de por qué nos pasan las cosas que nos pasan.

En la Biblia el apóstol nos dice: “No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra”. (Gl 6:7)
Esta es la lógica del universo que está también registrado en la Biblia. El principio físico de acción y reacción. O como esas filosofías de la “New Age” que, hoy pululan como “la ley de atracción” que, por otro lado no están muy lejos de lo que la Biblia ya expresa. En palabras simples lo que hacemos en la vida tiene sus consecuencias. Esas consecuencias pueden ser buenas o malas dependiendo directamente de nuestros pensamientos, palabras o acciones.
Es difícil predicar esto, pues no podemos aseverar que, tal o cual cosa que nos sucede es producto de alguna cosa mala que hemos pensado, dicho o hecho. Cuando nos creemos que podemos saber, discernir y juzgar sobre la vida de los demás nos convertimos en soberbios y necios y no nos damos cuenta que erramos y perdemos la humildad que Dios está queriendo de nosotros.
Pero sí es verdad poder decir que, todo aquello que pensamos, decimos y hacemos que no corresponde a lo que Dios nos pide, a partir de su palabra, tendrá sus consecuencias, independientemente que Dios nos ame y constantemente nos perdone.
Una prueba de ello se nos narra en la historia de David.

David en su soberbia, comete un pecado, una mala acción, manda a matar indirectamente a uno de sus generales para quedarse con su mujer. Embriagado de poder, no se da cuenta de la magnitud de su mala acción. Y cree poder ocultarla. Sin embargo Dios le revela esto al profeta Natán y él viene a escarmentarlo. David en su vergüenza y culpa no tiene más que arrepentirse y desesperado clama el perdón de Dios. Natán le asegura que Dios le perdonará, pero también le previene que tendrá que sufrir las consecuencias de ello. La consecuencia en este caso es la muerte de su hijo.
Muchas veces confundimos. Creemos que Dios castiga a David. Dios no puede hacerlo, pues él es un Dios de amor, un Dios perdonador. En todo caso, así como lo expresaba la sabia palabra del apóstol a los Gálatas, nosotros tenemos libre albedrío para pensar, hablar y actuar y en eso somos totalmente responsables de las consecuencias.

Lo mismo sucede en nuestras vidas. Dios está a nuestro lado cuidándonos, protegiéndonos. El quiere que vivamos una vida hacia la perfección y en la abundancia de sus bendiciones, pero está en nosotros cultivar una relación con Dios basada en nuestra humildad hacia él y en su sabiduría. Es difícil poder siquiera afirmarlo, pero es claro que todas las experiencias de nuestras vidas tienen una íntima relación con el tipo de pensamientos, palabras y acciones que tengamos.
Si estos están basados en lo que Dios nos pide, tendremos cada vez menos posibilidades de cosechar cosas que Dios no quiere para nosotros.
Es por eso que, es tan importante estar ligados a Dios, por medio del estudio de la palabra, la oración, la comunión con otros cristianos en nuestra iglesia y una decisión consciente de obedecer a Dios en pensamientos, palabras y acciones.

Se dice que, David, luego de haber reconocido este pecado escribió este conocido salmo 51, del cual queremos leer los siguientes versículos:
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me alejes de tu presencia
ni me quites tu santo Espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación;
que un espíritu obediente me sostenga.
Así enseñaré a los transgresores tus caminos,
y los pecadores se volverán a ti”. (Sal 51:10-13)

Esa es la oración que estamos invitados a hacer cada uno de nosotros cuando pecamos. Dios nos perdona una y otra vez eso es seguro. El quiere vernos bien, felices, prósperos, bendecidos caminando hacia la vida en plenitud ya desde el mismo momento de nuestro nacimiento espiritual. Pero está en nosotros que tengamos la capacidad de ser humildes a sus mandatos e intentar vivir una vida como a él le place.

Esta historia de David y el profeta Natán es una historia sobre el pecado del ser humano y también sobre la gracia de Dios. Dios perdonó este gran pecado a David, en una forma que, incluso permitió que David fuera uno de los reyes más importantes y personajes más importantes de su pueblo y para Dios. Pero también se nos recuerda que, en aquel momento preciso de su vida, David, plantó la semilla de sus malos actos cuyas consecuencias tuvo que, asumirlas, independientemente del perdón y de la gracia de Dios. Queremos aprender del rey David. Queremos aprender a confesar nuestros pecados a un Dios que sí perdona y queremos tener la sabiduría de saber que el tipo de acciones que hagamos tendrán su consecuencia en la calidad de vida que queramos vivir.

Una vez un hombre le confesó a su pastor que, había cometido un acto deshonesto. Concretamente había robado. Le había robado una importante suma de dinero a un amigo. Entonces luego se arrepintió de ese pecado, pues el pecado no confesado le carcomía interiormente. Y le confesó su pecado al pastor. ¿Y qué le aconsejó aquel pastor? Le dijo: Usted tendría que tratar de remediar ese pecado. Devuelva ese dinero. Si no es posible devuélvalo a sus parientes o a alguien que lo necesite, así como lo tomó, devuelva. Y luego estimado hermano prepárese para asumir las consecuencias de ese pecado, si es que ya no las está sufriendo. ¿Cómo las consecuencias dijo el hombre? ¿Acaso Dios no me perdona, acaso Dios me castigará? No, le dijo el pastor, Dios le perdonó en el mismo momento que usted se arrepintió de su pecado. Dios lo limpió así como dice en la Biblia:
“Vengan, pongamos las cosas en claro —dice el Señor—.¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!” (Is 1:18).
Pero, recuerde que, usted sembró una semilla con su mala acción, y esa semilla germinará y crecerá, quizás luego se secará, pero mientras tanto tendrá que soportar el crecimiento de esa semilla. Esas son las consecuencias del pecado. Y muchas veces lo que vemos crecer en nuestras vidas es la consecuencia de lo que hemos sembrado y que tendremos que aguantarlo.
Cómo saber qué tipo de pensamientos pensar, qué tipo de palabras decir y qué tipo de acciones concretas tenemos que mostrar, a eso todo lo encontramos en la Biblia la palabra de Dios, pero una buena guía sería aquellas palabras de Jesucristo que nos dicen:
“Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas”. (Mt 7:12).
Pensemos de los demás como nos gustaría que los demás piensen sobre nosotros, pensemos acerca de cómo nos gustaría que nuestra vida realmente sea; hablemos de los demás así como nos gustaría que los demás hablen de nosotros, hablemos palabras de fe y confianza a nosotros mismos y a los demás; y actuemos de la misma manera que nos gustaría que los demás actuaran con nosotros. Y recordar que todo lo que hagamos sea para Dios en primer lugar. Esa es una primera guía, para comenzar a sembrar la buena semilla que dará buena cosecha en nuestras vidas.

Por eso el Señor hoy nos llama a ser sabios y a ser humildes a su palabra y obedecerle. Que nuestro pensamiento sea puro conforme al Espíritu Santo de Dios, nuestras palabras sean de bendición conforme a Dios y que nuestros hechos sean aquellos que, su Hijo Jesucristo nos enseño.
En la vida nos irá cada día mejor y tendremos una cosecha de amor en nosotros, nuestra familia y nuestra iglesia si de veras nos conducimos con humildad hacia su palabra y con sabiduría en nuestros pensamientos palabras y acciones. Amen.

Un recordatorio a la santidad

 8vo. Domingo después de Trinidadsantidad

 “Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor”.

Romanos 6:19-23

 

Sal 48:2-3.9-11

Is 2:1-5

Mt 5:13-16

El tema tradicional para este domingo es los frutos del Espíritu. Cada uno de los que nos llamamos cristianos, como lo dice el apóstol Pablo somos llamados al servicio de Dios. Una de las maneras concretas de servir a Dios es vivir en santidad. En el día de hoy se nos llama a ser santos. Sería bueno poder rescatar el real significado de la palabra santo. Hoy en día la palabra santo tiene más connotaciones negativas que positivas.

Hoy entendemos la palabra “santo” como más que nada o lo relacionado con las personalidades católicas o antiguos padres de la iglesia. La iglesia católica es la que de tanto en tanto está aprobando que una u otra persona de su grey sea considerada como santo. A la vez un significado popular del uso de la palabra “santo” es cuando nos referimos a una persona que, es muy buena y que casi no tiene maldad. Casi se podría decir que, “santo” es sinónimo de “buenísimo” en nuestro lenguaje cotidiano.

Si bien algunos de estos significados tienen contienen una gran verdad, no es precisamente ese el significado de “santo”, cuando el apóstol nos habla de la santidad.

Santo según los términos del nuevo testamento es una persona que se lleva una vida diferente. La palabra santo quizás pueda relacionarse mejor con nuestra palabra “diferente”, en el sentido de distinto, alternativo, especial. Y con ello se está pensando en llevar una vida diferente o especial comparada con el mundo, es decir con las personas del mundo que, aún no se han decidido a creer en y seguir a Jesucristo.

A partir de aquí, podemos entender mejor a lo que el apóstol Pablo se está refiriendo cuando nos habla de que debemos vivir una vida que lleve a la santidad.

Estos primeros cristianos romanos, por primera vez habían podido escuchar la buena noticia del evangelio. Habían pasado de vivir una vida que, no concordaba con lo que Cristo pedía, a vivir una vida conforme a Dios. Había tenido lugar en ellos un cambio fundamental en su manera de creer en Dios, confiar en él y pensar sobre como debía vivirse la vida. Ese cambio fundamental es lo que muchas veces escuchamos bajo el nombre de conversión. La palabra conversión, así como la palabra santo, también es utilizada en nuestro lenguaje cotidiano de diversas maneras y muchas veces nada tiene que ver con describir ese cambio fundamental que iba ocurriendo en aquellos primeros creyentes. Hoy voy a referirme a la palabra conversión como aquel cambio fundamental necesario que, experimentaron los primeros creyentes al aproximarse a Cristo por medio de la predicación del apóstol, que les hizo vivir de una vida impura y mala hacia una vida justa y conducida a la santidad.

Los primeros cristianos sabían muy bien a qué se refería Pablo cuando les escribía estas palabras. Ellos podían aún visualizar su vida antigua y podían ver el tipo de vida que llevaban en la actualidad. Podían comparar ambas.

Una buena pregunta en este día sería: ¿Nosotros podemos comparar una vida con la otra?, probablemente no. Pues la mayoría de nosotros provenimos de hogares de padres y hasta quizás incluso abuelos que han sido siempre miembros de iglesias cristianas. Han sido educados en la fe. Han tomado parte de todas los ritos cristianos que, eran necesarios en la institución… Pero todo ello está muy bien y es altamente edificante, siempre y cuando nuestras vidas estén mostrando actos de justicia y vayan conduciéndose a la santidad. En palabras más simples, como decía aquel viejo dicho popular: “No sólo hay que serlo, sino también parecerlo”.

No sólo tenemos que decir que somos cristianos o que pertenecemos a tal o cual institución y que somos los más devotos confesando nuestras teologías y credos, sino también tenemos que mostrar los frutos de santidad en nuestra vida como cristianos. En dos palabras tenemos que vivir una vida santa. Y como dijimos al principio vivir una vida santa significa que, vamos a vivir una vida diferente a las personas que no creen en Cristo, porque nuestra vida se basa en seguir la palabra de Dios, esto es la Biblia.

Una vez una persona me dijo, poniendo en tela de juicio la Biblia y criticando las diversas interpretaciones de la Biblia y la dudosa libertad que existe para que muchos interpreten la Biblia: “A la Biblia la interpretan como quieren, hay muchas interpretaciones de la Biblia”. Allí le respondí: “La mayoría de los grandes eruditos y exégetas de la Biblia, aún en las distintas confesiones cristianas, están de acuerdo que hay una única y común interpretación de la Biblia. El problema está cuando otros libros o tradiciones o nuestros intereses particulares quieren estar por encima de la Biblia. De allí vienen las múltiples interpretaciones. Por tanto, ante la duda, está en nosotros elegir, ¿a qué le vamos a dar más crédito a nuestros intereses o la Palabra de Dios?

Vivir una vida santa, no se trata de ser una persona perfecta. Es por eso que, el apóstol dice “servir a la justicia que lleva a la santidad”. Es cierto que, hay personas que son mejores que otras en los términos de obedecer la palabra de Dios. Eso es alguien que nadie lo puede negar. Pero eso es parte de un proceso. Cuando se nos habla de que debemos ser santos, no se nos está hablando de que debemos ser perfectos, “buenísimos” y participar de la competencia de ‘quién es más bueno para ganar el cielo’. En el  momento que aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, ya hemos ganado el cielo (Hch 16:31). Lo que sí se nos pide es que tengamos realmente consciencia de que somos cristianos. Se nos pide que no seamos hipócritas. Se nos pide que, realmente podamos “dar fe” de ese cristianismo que decimos que confesamos y que decimos que somos. Si nos consideramos cristianos por pertenecer desde el nacimiento a una institución cristiana, entonces para que realmente eso sea auténtico, debemos estar viviendo ( o tratando conscientemente) de vivir una vida en a obediencia a la palabra de Dios. Y esto es verdad de decirlo con todas las letras, porque sabemos que hay personas que, se piensan que son cristianas pero no son conscientes de que no están viviendo una vida como a Dios le agrada. No son conscientes de que ser cristiano es tratar de vivir todos los días  una vida que busque agradar a Dios conforme a sus mandatos. Así como lo expresa el tema tradicional de este domingo, no están mostrando frutos de vida cristiana en su cotidianidad. En su forma de pensar, sobre sí mismos y los demás, en su forma de actuar, en su forma de jugarse por las cosas que son justas y correctas en este mundo, a partir de la palabra de Dios y no tanto por lo que nosotros pensamos que la palabra de Dios nos estaría diciendo para nuestro interés particular que, muchas veces puede no coincidir con lo que Dios está pidiendo.

Hay muchos cristianos que, necesitan que Dios les diga que él los ama, que Dios los perdona que, si le aceptan y creen en él serán salvos. Otros cristianos necesitan que les digan que, para mostrarse verdaderos cristianos no sólo basta creerse salvos o vivir dentro de una iglesia cristiana que, los crío desde niños con la buena virtud de tenerse por salvos y justificados por la fe, sino también es necesario que les digan que Dios nos llama a también mostrar frutos. Y los frutos son las buenas acciones, todo lo bueno que hagamos para los demás y para nosotros mismos en pensamiento, palabras y obras. A esto era lo que el apóstol Santiago se refería cuando decía: “Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley …Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?” (Sgo 2:12-14)

Esas obras, se basan naturalmente en la palabra de Dios. Por tanto uno debe medir sus obras conforme al parámetro de la Palabra, no hay otro parámetro. Nuestros parámetros de medición pueden no ser confiables, pero sí la Biblia.

Pablo les dice también a estos primeros creyentes: “Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia.  ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte!”

Ellos sabían muy bien a qué se refería Pablo. Ellos habían vivido una vida quizás en el desenfreno, o quizás simplemente sin Cristo, esto es sin la palabra de Cristo, y sin el Espíritu Santo. Nadie mejor que ellos para poder decir cómo era la otra vida. Aún así, Pablo tenia que recordárselas para que no caigan otra vez en una vida separada de Dios que sólo trae la muerte como paga de la desobediencia a la Palabra.

Cuánto más nosotros tenemos que ser recordados, pues muchos de nosotros no sabemos (enhorabuena) qué significa vivir apartados de la comunión de la palabra de Dios. Pero ese es el gran peligro, de aquellos de nosotros que, abandonan la fe, abandonan la iglesia, abandonan la relación y comunión con Dios pero y por sobre todo aquellos que aún siguen en su iglesia y no dan crédito a la Biblia como palabra de Dios.

Las palabras de Pablo acerca de lo que acarreamos con todos eso son terminantes: “la paga del pecado es muerte”. Como dijimos el domingo pasado: pecado es separación de Dios, ruptura de la relación con Dios que se da en una primera instancia con lo que enumeramos más arriba.

Pecado no es sólo un crimen mayor, pecado es ya no confiar en Dios y alejarse de la comunión con su palabra.

Un recordatorio, o como decimos en la iglesia, una exhortación es la que Pablo nos trae en este día para todos los que nos consideramos parte de la fe:

Busquemos vivir una vida en santidad, sí haciendo buenas obras, porque la salvación ya nos promete Dios, pero el quiere vernos sirviéndole, agradándole, mostrándole a él nuestro cristianismo y produciendo un tipo de misión milagrosa que, es la única exitosa y que es la que muestra a una iglesia haciendo buenas obras de amor a los demás. Mostremos que somos cristianos para que Dios este gozoso con nosotros y muchos más puedan hallarlo por nuestro testimonio. Si nunca lo has intentado, comienza ya y comienza en tu iglesia, cuando seas capaz de agradar a Dios en tu iglesia estarás capacitado para hacerlo fuera, en el nombre de Cristo, no antes. Esos son los milagros que logran que la misión de la iglesia sea eficaz. Mostremos que: “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. Amen

Soli Deo Gloria