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¿Tienes un devocional diario?

Domingo de RamosDevocional

“Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.  Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.  Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”.

Hebreos 12:1-3 ss

 

Sal 69

Is 50:4-9

Jn 12:12-19

 

Recuerdo que, cuando estudiaba teología, durante el primer año, el pastor capellán de los estudiantes, nos invitó a un grupo de estudiantes a visitar monasterios y conocer la vida espiritual de los monjes. El tomó su Kombi y viajamos la primera vez a un monasterio benedictino cerca de la ciudad y en otro viaje a un monasterio trapense a 300 Km de la capital. Allí nos hospedamos con los monjes en habitaciones para visitantes, pero estábamos invitados a realizar la misma vida que ellos. Despertarse a las 4 de la mañana, devocionales, desayuno, trabajo, almuerzo a las 11, devocionales, siesta, trabajo, devocionales, cena y a dormir a las 9:00 de la noche. ¡Fue una experiencia interesante, especialmente aquella invitación de levantarse a las 3:30 de la mañana!

Pero lo más interesante que, aprendí de ellos y que por muchos años no  tuve en cuenta y que me pareció más una cuestión de costumbre y disciplina monástica fue el hecho que, a ciertas horas fijas ellos tenían devocionales, es decir un devocional consiste en una invocación a Dios, lectura de un salmo, oración y también puede tener lugar un canto. Ellos lo hacían de forma comunitaria, es decir cantaban todos y repetían todos una misma oración de esa manera todos participaban del devocional. Todo esto me parecía en aquel entonces muy ritual y no sentía esa necesidad. Con el tiempo, y recién hace pocos años, me di cuenta de la gran riqueza de poder realizar estos devocionales y la gran fuerza espiritual que uno adquiere si puede llevarlos a cabo todos los días.

“Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe… consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”.

Tenemos que mantenernos firmes en la fe, para poder vencer los ataques del diablo. Tenemos que mantenernos firmes en la fe para lograr nuestra victoria en nuestra vida cristiana. Yo no sé ustedes si tienen una vida devocional. No sé, si es que no la tienen, ¿por qué no la tienen? Quizás nadie les haya enseñado esto correctamente. Eso debería ser enseñado en las iglesias. No debería ser enseñado desde el púlpito, sino que debería ser enseñado desde temprano en la escuela dominical, luego en el curso de confirmación y luego en los estudios bíblicos semanales que debieran existir en toda comunidad cristiana. Pero si el caso es que no haya sido enseñado, bien se puede enseñar sobre esto también desde el púlpito.

¿Qué es un devocional diario familiar o personal? Como lo dije más arriba un devocional es un momento, especialmente a la mañana o puede ser también al terminar el día o en ambos horarios, donde de forma personal o familiar tenemos una especie de ‘mini culto’. Puede durar pocos minutos o puede durar más tiempo. Pero es esencial que, todos los que nos consideramos cristianos tengamos una vez al día un momento devocional. Allí hacemos una oración, leemos un pasaje de la Biblia y también podemos cantar un himno. ¿Es necesario hacerlo, como por ejemplo lo hacen los monjes con esa duración, frecuencia y disciplina? No, no es necesario así. Pero sí tenemos que tener la disciplina de dirigirnos a Dios diariamente, además de los domingos, pues necesitamos que Dios fortalezca nuestra fe y necesitamos de las energías espirituales para afrontar el día a día. Recordemos que, como seres humanos estamos formados por un cuerpo físico, una mente, pero lo que dirige todo nuestro ser es el espíritu de cada uno de nosotros que, habita en nuestro interior.

Si el espíritu se encuentra bien desde nuestra temprana edad, todo lo demás también andará bien. Si el espíritu no se alimenta a diario con la oración y la palabra de Dios todo nuestro ser comienza a funcionar mal. De allí que, comencé a entender palabras tan insípidas como “disciplina” en cuanto se refiere a los devocionales. Me di cuenta que, es importantísimo tener una conducta diaria de encuentro con Dios por medio de devocionales, pues éstos me sirven nada más y nada menos que para mi fortalecimiento de la fe y para robustecer mi perseverancia y fortaleza espiritual.

Podemos comparar el alimento espiritual diario que, logramos por medio de los devocionales con el alimento que nuestros cuerpos necesitan también a diario. Sabemos lo que es la comida. ¡Es tan lindo comer cuando uno está sano y tiene hambre! No queremos dejar de comer, no sólo porque es placentero sino también porque sabemos que eso nos fortifica nos da las energías para caminar, para trabajar, para vivir. Cuando una persona está enferma no tiene deseos de comer. Si el médico nos pregunta si comemos y le decimos que no, que no tenemos hambre, él nos va a decir que hay un problema que, estamos seguramente enfermos porque eso no es lo normal en una persona sana. Entonces comenzará a hacer análisis para descubrir qué es lo que está andando mal. De la misma manera, si nosotros cristianos, no tenemos deseos de orar y de alimentarnos con la lectura de la palabra de Dios, entonces es porque hay una anomalía espiritual. Hay algo que no está funcionando bien en el área de nuestro espíritu. No podemos pasar más de un día sin alimentarnos espiritualmente, sin tener aunque más no sea un breve devocional. Si esto existe, hay un problema, no es ya físico, sino es espiritual. Quizás esto nos parezca raro y exagerado, pero así es. Muchas veces nos quejamos que, no tenemos fe requerida que, la fe es débil que, sólo debemos afrontar pruebas y problemas en la vida y que nos sentimos espiritualmente débiles, quebrados, ansiosos, enfermos, y hasta con el tiempo físicamente por problemas que, se originaron en el área espiritual. Hoy muchos médicos y científicos, incluso no creyentes, se están dando cuenta que la gran mayoría de las enfermedades físicas tienen una raíz mental como ellos le llaman, y a lo que nosotros podemos identificar más exactamente como espiritual. Porque, la mente, es decir el cerebro es tan solo un órgano físico que, es controlado por el espíritu de la persona. La Biblia misma está llena de versículos donde se afirma que el espíritu tiene el control incluso sobre todos los síntomas físicos de la persona. “Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos” (Pro 17:22)

“Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”.

De la única forma en la cual podemos mantener el ánimo y estar fuertes y perseverantes en la fe frente a las asechanzas del malvado y los problemas que, nos quiere generar en esta vida es manteniéndonos nosotros mismos firmes en la fe. Sujetos a Jesucristo en plena comunión diaria con él. No hace falta orar mucho tiempo o leer mucho tiempo la Biblia todos los días. Lo más importante es la calidad de ese tiempo. Si tan sólo hiciéramos una pequeña oración y leyéramos la Biblia durante 5 minutos diarios cada mañana y cada noche antes de acostarnos eso marcaría una diferencia fundamental en nuestra calidad de vida espiritual de allí en más que, claro esto redundaría en una vida óptima en todas las áreas de nuestro ser. Es sabido que, al dejar de comer, nos debilitamos y hasta enfermamos, entonces cómo nos pondríamos si no podemos alimentarnos espiritualmente por medio de un devocional diario, teniendo en cuenta que el Espíritu tiene aún más control sobre nuestro ser que nuestro mismo cuerpo?

Hay muchas personas que, quisieran tener más fe, más fortaleza, más confianza en Dios más poder en Cristo. Jesús mismo dijo: “Porque ustedes tienen tan poca fe…Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible (Mt 17:20)…. “Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración” (Mt 21:22). Estas son promesas reales y valiosas de Jesucristo para hacer frente a los problemas de nuestra vida. La pregunta es, ¿por qué no tenemos esa fe? ¿Si Dios lo prometió a cada uno de nosotros? Y la respuesta es porque quizás no nos estamos alimentando a diario de forma espiritual de modo de fortalecer nuestro espíritu.

Allí aprendí y comprendí la razón de los ejercicios espirituales de disciplina de los monjes. No se trata de tener devocionales por creerse más religioso o más santo delante de la gente. Con un devocional, tengo que tener la misma disciplina que, tengo para desayunar, almorzar y cenar. Tengo que alimentarme si de veras quiero mantenerme firme en la fe. ¿Cinco minutos diarios parece poco no? Pero si calculamos 5 minutos diarios durante cuatro semanas son 140 minutos, es decir dos horas y veinte que, hemos pasado alimentándonos junto a Cristo. Si nunca lo has hecho, o lo has intentado hacer alguna vez, y quizás hayas pasado hasta una media hora de gran entusiasmo espiritual, pero después no lo hiciste más durante mucho tiempo, digamos 3 meses, entonces no es mejor dos horas y veinte en un mes que, 10 minutos al mes, si hacemos el promedio? Lo mejor es aunque más no sea un poquito cada día. El apóstol Pablo decía refiriéndose a la infancia espiritual, hablando sobre otros temas “Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo.  Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía,  pues aún son inmaduros” (1 Co 3:1-3) Si nunca hemos tenido la disciplina de tener un momento devocional puede que nos comparemos a aquellos que no han comido por meses. Ya han perdido el hambre, deben comenzar a alimentarse poco a poco, pues el cuerpo ha perdido la disciplina fisiológica de comer y puede ser contraproducente. En el caso espiritual, puede ser que perdamos la disciplina de alimentarnos. Si no hemos tenido esa disciplina, en las palabras del apóstol Pablo, somos como bebés espirituales que debemos ser alimentados con comida mínima y de a poco para recuperar esa costumbre.

Estoy seguro que, cada uno de nosotros quiere ser un buen cristiano y tener fortaleza en la fe y tener buen ánimo para enfrentar la vida y vivir en plena comunión con Cristo, ¿no es así? Entonces aprendamos de aquellos monjes y disciplinemos nuestra vida devocional de la misma forma que lo hacemos con los horarios de comida. Es por eso que, existe tanta publicación de libros devocionales como las Losungen en alemán y en inglés. U otros libros devocionales diarios como nuestro pan diario, el título es muy sugestivo. Podemos ir a las librerías y buscar una ayuda un buen libro sencillo, fácil de entender y comenzar a leer a diario. O simplemente toma tu Biblia, una buena Biblia moderna que, entiendas bien y lee dos o tres minutos diarios en voz alta, ora en voz alta canta un himno si también lo quieres en casa. Eso sí con disciplina, con perseverancia, comienza con 5 minutos diarios. Eso ya es una enormidad de tiempo y verás pronto cambios milagrosos en tu espíritu que, claro está redundarán en todo tu ser.

“Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”. Amén.

El lugar santo

Golgota

Golgota

Domingo Judica- 5to. Domingo de Cuaresma

“Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que ofician en el tabernáculo. Porque el sumo sacerdote introduce la sangre de los animales en el Lugar Santísimo como sacrificio por el pecado, pero los cuerpos de esos animales se queman fuera del campamento. Por eso también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, sufrió fuera de la puerta de la ciudad. Por lo tanto, salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó, pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera”. Hebreos 13:10-14

 

Gn 22:1-13

Sal 43

Mc 10:35-45

La carta a los hebreos se dirige a cristianos que, estaban bien familiarizados con el Antiguo Testamento. De allí su nombre “a los Hebreos”. Se da por entendido que comprendían los conceptos de “campamento” y “tabernáculo o lugar santísimo”. Con “campamento” se entiende el conjunto de carpas en donde habitó el pueblo de Israel durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto. El tabernáculo (RV) es el lugar santísimo dentro de este campamento. Este era una especie de templo movible. Entre otras cosas había también allí un altar para holocaustos. En ese altar, se sacrificaban ofrendas de animales. Su sangre se depositaba en bandejas y los sumos sacerdotes la llevaban al lugar santísimo y asperjaban el lugar con esa sangre. Eso sucedía una vez al año en un gran día llamado día de reconciliación. De esa forma ordenaba Dios que, se procediera en los tiempos del Antiguo Testamento y de esa forma él prometía que por medio de la sangre de los animales sacrificados Israel obtendría el perdón de los pecados. Algunas partes selectas de los animales sacrificados se presentaban en holocausto en el altar, algunos otros trozos eran destinados para los sacerdotes. Las partes de menos valor, como por ejemplo los intestinos, se sacaban del campamento y se quemaban fuera del mismo. Esos cadáveres de animales eran considerados impuros; no había lugar para ellos en el lugar santísimo de Dios y dentro del santo pueblo de Dios.

Todo esto se daba por entendido para los lectores originales de la carta a los hebreos, cuando se dice: “El sumo sacerdote introduce la sangre de los animales en el Lugar Santísimo como sacrificio por el pecado, pero los cuerpos de esos animales se queman fuera del campamento”. Y entonces allí la carta a los hebreos da un salto en el tiempo dirigiéndose a los tiempos de Jesús: concretamente al día de viernes santo. En ese entonces ya no había más tabernáculos, el templo había asumido su función como tal. Tampoco existía el campamento en el desierto, pero la ciudad de Jerusalén había ocupado su lugar como lugar de residencia de los judíos, en cuyo centro se encontraba el templo. Y las ofrendas de los tiempos del Antiguo Testamento seguían realizándose exactamente como en los tiempos de la peregrinación en el desierto.

Y ahora la carta a los hebreos hace una brillante comparación: De la misma manera que los cadáveres de los animales sacrificados deben ser sacados fuera  pues eran considerados impuros y desechos no deseados, de la misma forma Jesús fue echado de los muros de la ciudad por ser considerado injusto y un hombre no deseado, por el consejo superior judío por haber sido considerado culpable, condenado por Poncio Pilatos y arrojado al monte calvario donde sería ejecutado como un criminal peligroso.  Aunque precisamente por medio de él Dios instituyó una nueva ofrenda y un nuevo pacto, más santo y más admirable que el antiguo: por medio de esta ofrenda en el Gólgota se irían a limpiar todos los pecados de la humanidad; no deberían hacerse ya más sacrificios. Sí, afuera del campamento, afuera del templo, ante las puertas de Jerusalén, tuvo lugar este sacrificio y por medio de éste Dios mostró que, el antiguo pacto con sus sacrificios de animales, su servicio en el templo y sus prescripciones acerca de la pureza llegaban a su fin. Con Cristo algo nuevo llegaba, algo mucho mejor. Es por eso que, Jesús echó a los mercaderes animales del templo. Con eso quiso demostrar que: ‘Con mi venida, se acaban todos estos sacrificios’. Es por eso que, los judíos de antaño lo odiaron y querían deshacerse de él al ser crucificado en una cruz como un cadáver a desechar. Pero lo que lograron, fue permitir que se cumpliese la profecía del salmo 118:22: “La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo”. Dios mismo mostró en el día de viernes Santo en el Gólgota, fuera de Jerusalén y fuera del templo: aquí está el perdón de los pecados y la vida eterna, aquí está el reino de Dios, aquí está el lugar correcto de vivienda para toda alma que, me busque. Sólo aquí, ya no más en la ciudad y en el templo, pues ese servicio provisorio de sacrificios del antiguo pacto ha finalizado.

¿Por qué es que la epístola a los hebreos hace esa comparación?. Bueno, el motivo ya se ha expresado: “Por lo tanto, salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó”. Los cristianos de aquel entonces, especialmente los judeocristianos, deberían de tener en claro que, ahora que tenemos a Jesús los sacrificios del templo ya no tienen más sentido para nosotros. Con Cristo ha comenzado el nuevo pacto, algo totalmente nuevo. El cristianismo no es una evolución del judaísmo, no es tampoco una reforma del judaísmo. No se puede estar con un pie en el judaísmo y con el otro pie en Cristo. Sólo con los dos pies nos tenemos que parar o dentro o fuera del campamento. Los cristianos están afuera, donde se encuentra el sacrificio de Cristo que, los purifica. “Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que ofician en el tabernáculo”, se dice claramente. Claro que, los cristianos acarrearon sobre sí la impopularidad por esto en muchos judíos y no fueron entendidos e inclusive fueron odiados y perseguidos. Pero no tenían que confundirse por estas cosas y mantener una posición clara acerca de donde pertenecían: “Salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó”

Estimados hermanos en Cristo, ya esto no es más nuestro problema. Ya no nos encontramos en el peligro de tener que regirnos por las leyes de los sacrificios del Antiguo Testamento y no tenemos que llevar ninguna deshonra desde el punto de vista del judaísmo. Pero lo que la epístola a los hebreos determina tiene todavía valor para nosotros. El lugar de vivienda de nuestra alma está fuera del campamento, donde está la cruz de Cristo, allí donde su sangre fue derramada para el perdón de nuestros pecados.

Si a esto lo tomamos en serio, si confesamos esta fe, entonces de alguna manera nos encontramos “fuera de”. Los cristianos en palestina, conformaban en aquel entonces una débil minoría entre los judíos. Nosotros cristianos, los que no lo somos sólo de nombre, también hoy conformamos una minoría frente a la generalidad de la opinión popular y de la religión popular. Sí, si nosotros de veras, salimos afuera al encuentro de Cristo y tenemos nuestro lugar de residencia donde está su cruz, entonces nos encontraremos en gran medida fuera del campamento de la opinión popular que, nos rodea. Y vamos a tener que, vérnosla con desventajas, con incomprensión, con burla y con “deshonras” por amor a Cristo.

Quisiera dar algunos, quizás, sencillos ejemplos acerca de lo que significa habitar fuera del campamento. La sabiduría popular, “dentro del campamento” dice por ejemplo: La gente en el fondo es buena. Y puesto que estamos fuera, sabemos que, por la palabra de Dios que, el hombre por naturaleza es malo, contaminado por el pecado original y atrapado por el diablo. Sólo Jesús puede rescatarlo de ese pantano y sacarlo de allí. En el campamento, se considera a esta manera de pensar extraña, impuro y no apta para la vida en sociedad. Se nos considera como fanáticos o alejados de la realidad. Esta deshonra, sin embargo la queremos soportar por amor a Cristo.

Dentro del campamento se dice también: Ayúdate y Dios te ayudará. Y puesto que estamos fuera, sabemos que, por la palabra de Dios que, no nos podemos ayudar a nosotros mismos; con nuestras propias fuerzas nada podemos hacer, pues en breve estaríamos perdidos. Cristo tiene que hacerlo para que sea permanente y él lo quiere hacer, sólo se lo debemos pedir.

En el campamento se considera a esto como impuro, no apto para la vida en sociedad, y se nos considera no realistas y estúpidos. Esta deshonra la queremos llevar con gusto por amor a Cristo.

Dentro del campamento se dice, quien nunca se ha emborrachado o fumado o drogado ese no es hombre. Y puesto que, estamos fuera, sabemos por la palabra de Dios que, nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, santificado por la sangre de Cristo. A este templo no lo queremos profanar con comida en exceso, bebida, o drogas.

En el campamento, esto es considerado como impuro, no apto para la vida en sociedad y quien no beba alcohol o coma en exceso o se drogue, es visto raro. Esta deshonra queremos soportar con agrado por amor de Cristo.

Dentro del campamento, se dice: ¡Yo voy a la iglesia cuando lo necesito!. Y puesto que, estamos fuera sabemos por la palabra de Dios que, él santificó el séptimo día para que en ese día nos ocupemos principalmente de escuchar la palabra de Dios y nos congreguemos en comunidad delante de su altar. No escuchamos a nuestras necesidades, sino a la invitación de Cristo y a su mandamiento. En el campamento se considera a esto como impuro y no apto para la vida en sociedad. Se piensa que somos exagerados o que queremos mostrarnos como santurrones delante de los demás. También en el campamento, existe la tendencia a enterrar la santidad del domingo, cuando cada vez más se colocan actividades los domingos por la mañana o cada vez más negocios que abren los domingos o se ponen más turnos de trabajos los domingos y a los que uno tranquilamente se encuentra en condiciones de rechazar.

Esta deshonra la queremos soportar con agrado por amor a Cristo.

Dentro del campamento se dice también que, ¡Lo más importante es la salud! ¡Lo más importante es un mundo sin contaminación! Y puesto que nos encontramos fuera, compartimos que la salud y la ecología son muy importantes, pero también conocemos algo que es más importante que eso y eso es la salvación del alma, la vida eterna. Y a eso sólo lo hallaremos siguiendo a Jesús, con la fe en el cordero de Dios Jesucristo que fue sacrificado por nosotros, allá afuera del campamento. En el campamento se callan cuando se habla acerca de la “vida eterna”, pues reina  una gran inseguridad, de si realmente hay un más allá después de esta vida física. La gente se aferra tremendamente a esta vida aquí y a este mundo como si sería el único.

Estimados hermanos en Cristo,  no queremos ir por el camino errado de las opiniones que predominan en el campamento. Queremos mantenernos firmes en la palabra de Dios y en nuestro Señor Jesucristo, aunque esto hoy en día la mayoría no lo entienda, aunque nos encontremos “fuera”. Nuestra alma no puede vivir en este espíritu del tiempo y a la vez en Cristo, sólo puede vivir en un solo lugar. Es por eso la exhortación de la Epístola a los hebreos: “Salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera”. ¡Sí, estimados hermanos, sólo el lugar fuera del campamento tiene futuro, la ciudad futura, la Jerusalén celestial, el maravilloso lugar de residencia futuro de nuestras almas! Sólo el lugar junto a la cruz de Cristo tiene futuro. Amén

 

Una reconciliación con la iglesia

 Domingo LaetareEl nuevo pacto

“Te abandoné por un instante,

    pero con profunda compasión

    volveré a unirme contigo.

Por un momento, en un arrebato de enojo,

    escondí mi rostro de ti;

pero con amor eterno

    te tendré compasión

—dice el Señor, tu Redentor—.

»Para mí es como en los días de Noé,

    cuando juré que las aguas del diluvio

    no volverían a cubrir la tierra.

Así he jurado no enojarme más contigo,

    ni volver a reprenderte.

 Aunque cambien de lugar las montañas

    y se tambaleen las colinas,

no cambiará mi fiel amor por ti

    ni vacilará mi pacto de paz,

    —dice el Señor, que de ti se compadece—.”

Isaías 54:7-10

Sal 84:6-13

2 Co 1:3-7

Jn 6:47-51

Esta sección del libro del profeta Isaías pertenece a las joyas especiales del tesoro de las sagradas escrituras. Estas palabras reflejan con gran poder el amor de nuestro Dios. Estas palabras pueden entibiarnos y alegrarnos como los primeros soles de la primavera. Estas palabras hablan acerca del gran amor que Dios nos tiene. Estas palabras despiertan en nosotros la confianza en la misericordia de Dios, en su gracia, en su redención, en su fidelidad y en su pacto de paz. Veamos estas palabras con un poco más de profundidad de modo que podamos alegrarnos por la claridad que de ellas emanan.

Estas palabras no son otra cosa que, una mismísima declaración de amor. Hablan de yo y tú, se dirigen de de una persona a otra. “Te abandoné por un instante”, comienza, y de la misma manera continúa: de yo a ti. ¿Quién es ese yo, quien es el que habla aquí?. Quien habla, se presenta a sí mismo dos veces en esta sección: “—dice el Señor, tu Redentor—“. Y luego dice:    “—dice el Señor, que de ti se compadece—.” Sin duda alguna que, es Dios mismo quien habla aquí a través de sus propias palabras, el profeta Isaías es tan sólo un portavoz del Señor. Y a Dios se lo nombra en esta sección como Dios del amor y del favor: “Tu redentor” así se presenta y luego “quien de ti se compadece”

Estimados hermanos y hermanas en Cristo: ¡Qué es lo que no falta en la palabra „redentor”!

En tiempos antiguos un redentor era por ejemplo alguien que, compraba a los prisioneros de guerra y los liberaba de su esclavitud. Cuando Dios se presenta aquí como redentor, nos acordamos del segundo artículo de Martín Lutero sobre el Credo:

“Que me ha resucitado, adquirido y ganado, siendo yo un hombre perdido y condenado, al librarme del pecado, de la muerte y del poder del demonio, no a precio de oro y plata, sino por su santa sangre preciosa, por su padecimiento y muerte inocentes”.

Eso se dice de nuestro querido Señor Jesucristo, nuestro redentor, nuestro salvador. “Salvador” significa nada menos que redentor, y el nombre de Jesús mismo significa “salvador”. No es otro más que nuestro Señor Jesucristo quien pronuncia esta declaración de amor. Sí, es el mismo quien habla aquí en el Antiguo Testamento por medio del profeta Isaías, muchos siglos antes incluso que, él llegara al mundo. Jesús el Señor, el redentor quien se compadece, y ya allí elevó su voz.

¿Pero a quién habla él? ¿Quién es ese “tú” en el diálogo de esa declaración de amor? No es fácil poder descubrirlo, en toda esta sección no se aclara de quien se trata. Si se lee esta sección en hebreo, se puede descubrir que, ese “tú” es femenino, es decir que se habla a una persona femenina. En hebreo hay distintas palabras para tú (hombre) y tú (mujer). ¿Pero de qué persona femenina se trata aquí? Hay que hojear por completo los dos capítulos anteriores para encontrar la respuesta: se está hablando de Sión, Jerusalén, la ciudad santa, que Dios dispuso en los tiempos del Antiguo Testamento como su morada. No se trata, claro aquí de las piedras y de las calles de ciudad, sino de sus habitantes. En aquel entonces era el pueblo de los judíos, el pueblo de Israel. Por medio del Nuevo Testamento sabemos que, la cristiandad toda también es heredera del antiguo pueblo de Israel. La cristiandad es hoy la nueva Israel. Y lo mismo vale para Jerusalén: la iglesia es la nueva Sión, la esposa de Cristo, la congregación del Señor, “la comunión de los santos”, como confesamos todos los domingos por medio de las palabras del Credo Apostólico. Nuestro texto para el día de hoy se relaciona con la iglesia, estas palabras son una profecía. Es una declaración de amor de Cristo anticipada a su novia, la iglesia, la cristiandad. Ya hace más de dos mil años que nuestro Señor celestial mandó escribir estas palabras que, quiere que incluso hoy y aquí, sean repetidas para nosotros cristianos. Sí, esta es una declaración de amor para nosotros los creyentes.

¿Y cuál es el contenido de esta declaración de amor?

Podríamos ver el párrafo en dos secciones. En realidad ya está dividido así. Las dos partes están divididas por la mención que se hace al nombre de Dios:…” —dice el Señor, tu Redentor—“….

Y finaliza con:   “ —dice el Señor, que de ti se compadece—.”

¿Pero cuál es el contenido? El primer párrafo muestra más la gracia de Dios que su enojo:

“Te abandoné por un instante pero con profunda compasión volveré a unirme contigo Por un momento, en un arrebato de enojo, escondí mi rostro de ti; pero con amor eterno te tendré compasión”.

Aquí Cristo nos muestra el gran desequilibrio entre el enojo de Dios y la gracia de Dios. El enojo de Dios es menor y desaparece rápidamente, comparado con su gracia que, es grande y permanece por siempre. Imaginémonos una balanza de plato, en donde en un plato ponemos el enojo de Dios, allí colocamos todo lo que nos separa de Dios, nuestros pecados y enfermedades. En el otro plato, colocamos la gracia de Dios, su misericordia frente a nuestros pecados que, fue manifiesta en Jesucristo. ¡En segundos la bandeja de la ira de Dios se elevará, pues es mucho más liviana que la bandeja de la misericordia!

Estimados hermanos y hermanas en Cristo, esto es poderoso. Ya sabemos que el sufrimiento y la miseria del mundo están relacionados con nuestro pecado y el enojo de Dios proviene de nuestros pecados. Cuántos niños pasan hambre a diario, cuántos guerras bestiales son inventadas, cuántas personas quedarán inválidas por accidentes y enfermedades, cuánto dolor y desesperación se podrán encontrar tras los muros de nuestros hogares, hospitales y cárceles! Y cuántos quedaremos sin palabras, cuando la muerte se lleve a nuestros seres queridos y el vacío que dejarán… “Tu ira en verdad nos consume” dice el Sal 90:7. Sí el enojo de Dios es también grande y poderoso para con este mundo. En la misma Biblia somos testigos también de la ira de Dios. Leemos historias que muchas veces nos estremecen y desearíamos no haberlas jamás leído.

Pero también podemos leer lo maravilloso, también podemos leer de la declaración de amor de Cristo: ¡Toda esa ira poderosa de Dios es pequeña y breve comparada con su gracia y su misericordia!

Cuán poderosa debe ser la gracia de Dios y cuán poderosa la alegría eterna del cielo. Tan poderosa que, ni siquiera podemos llegar a imaginarnos.

Ahora que la merezcamos es otra cosa. Mereceríamos sólo la ira de Dios para siempre. En lugar de eso, el nos dice:

“Te abandoné por un instante”. “Asab” es la palabra hebrea para abandonar. Es la misma palabra utilizada por Jesús en la cruz cuando clamó: “¡Elí, Elí lama sabactaní!”- ¡Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado! Allí en ese momento Jesús soportó todo el abandono de Dios por causa de nuestros pecados y de esa manera poder redimirnos. Tendríamos que, también nosotros en nuestros peores momentos, en los momentos más oscuros de nuestra vida poder comprobar durante un instante, cómo es ese sentimiento del sentirse abandonados por Dios. Sí, y eso Cristo lo hizo y lo llevó tan sólo por amor.

El segundo párrafo de la declaración de amor trata acerca de la fidelidad de Dios:

“Para mí es como en los días de Noé, cuando juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra. Así he jurado no enojarme más contigo, ni volver a reprenderte. Aunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz”.

Cuando el diluvio terminó, Dios estableció un pacto con Noé y con todos los seres vivos después de él. El fortaleció este pacto con la señal del arco iris: Jamás vendrá un diluvio universal sobre la tierra, así lo juró Dios. De igual forma él le juró a la cristiandad que, su enojo no tendría la última palabra, sino su gracia. Las montañas y las colinas constituyen la esencia de la constancia: las fronteras y las ciudades pueden cambiar en los mapas con el correr de los siglos. Pero aunque la fuerza de los terremotos o la violencia del agua o cualquier otra fuerza quieran mover las montañas y las colinas, el pacto de paz de Dios con su iglesia permanecerá cada vez más fuerte. Sí, así lo declara solemnemente Cristo en este párrafo sobre su fidelidad que, Dios permanece junto a nosotros con su amor y su opinión tampoco cambiará.

Y esto también es poderoso. Sabemos que nosotros los seres humanos no somos muy dignos de confianza. Sabemos cómo somos: cuántas veces le hemos prometido cosas a otros y cuántas veces olvidamos y disolvemos todas las promesas hechas. También conocemos a los políticos, por ejemplo: antes de las elecciones prometen cosas maravillosas y de todo eso sólo pueden cumplir pocas cosas. Sin embargo, con Dios es diferente. El no es un ser humano y menos un político. Sus promesas permanecen inamovibles, son absolutamente confiables.

Sí, Dios es fiel y seguirá siendo fiel, él lo manifestó por medio de un juramento santo. El pacto de paz que, por cierto no caerá, es el nuevo pacto por medio de Jesucristo. Es el nuevo pacto en su sangre. Este es el pacto en donde la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado y que todos los que han sido bautizados y creen, serán salvos y vivirán por siempre.

Así es, estimados hermanos y hermanas en la fe, esta es la declaración de amor a Sión, a la iglesia, a la comunión de los santos, a toda la cristiandad a todos los creyentes, a nosotros hoy también.

¿Qué es lo que podemos hacer, cómo podemos comportarnos cuando escuchamos esta declaración? Cómo debemos reaccionar, cuando nuestro amado y novio de la iglesia Jesucristo nos llama de esta forma? Bueno, sería necio e hiriente rechazar una declaración de su amor. Pero si permitimos que la llama de nuestra comunión con él se apague o nos alejamos de él,  eso no sería sino otra cosa que, emigrar de Sión. Quien lo haga, no podrá ya más referirse a esa declaración de amor, y no podrá esperar de Dios nada más que ira y por toda la eternidad. Por eso debemos permanecer en Sión. Busquemos con ahínco la presencia de Dios en la congregación de los cristianos  y aceptemos su invitación. Permanezcamos en su palabra, la Biblia, a diario y permanezcamos en su sacramento, la Santa Cena todas las veces que podamos recibirla. Respondamos a su amor en palabra y en hechos con una vida santa que a él le agrade. ¡El nos ama sin medida! Tenemos el derecho de vivir felices y de ser felices. Amen

 

Dios que quiere que le adores

Tercer Domingo de Cuarema-OculiAltar

“Más tarde, la palabra del Señor vino a él.

—¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó.

—Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

El Señor le ordenó:

—Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí.

Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto.  Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.  Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva.

Entonces oyó una voz que le dijo:

—¿Qué haces aquí, Elías?

Él respondió:

—Me consume mi amor por ti, Señor, Dios Todopoderoso. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

El Señor le dijo:

—Regresa por el mismo camino, y ve al desierto de Damasco. Cuando llegues allá, unge a Jazael como rey de Siria,  y a Jehú hijo de Nimsi como rey de Israel; unge también a Eliseo hijo de Safat, de Abel Mejolá, para que te suceda como profeta.  Jehú dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jazael, y Eliseo dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jehú.  Sin embargo, yo preservaré a siete mil israelitas que no se han arrodillado ante Baal ni lo han besado”.

1 Reyes 19:9-18

Sal 34:16-23

Jer 20:7-13

Mc 12:41-44

Una vez estábamos sentados con varias personas en un comedor. Una señora de edad que, se encontraba allí sentada estaba indecisa de si tenía que pedir el postre con crema batida o sin esta. Finalmente se decidió también por la crema batida y dijo: “¡Bueno si vamos a pecar, vamos a pecar bien!”. Y allí di mi escéptica opinión: “¿Qué significa pecar bien? No se peca ‘bien o mal’, simplemente ‘se peca’ o se actúa bien”. La mujer no supo que decir. En realidad no sabía qué es pecar, así como la mayoría de la gente ya no lo saben más. Muchos piensan que “pecar” indica un ceder a ciertas pequeñas debilidades completamente inofensivas, totalmente excusables, y pronunciadas más que nada para aportar una cuota de humor. Sólo unos pocos saben que, el pecado es algo horrible que, mejor fuera ni hacer chistes sobre esto. Sólo unos pocos saben que, el pecado representa la ruptura entre el Dios creador y su creación. Que el pecado representa el echarse a perder que resulta al final en muerte que, veda el camino al cielo y abre el abismo hacia el infierno. Y sólo unos pocos saben que, lo que vence a ese echarse a perder con consecuencias mortales que, sana esa ruptura que, vence al infierno y abre el cielo es: la sangre de Jesucristo y su muerte en cruz.

Nosotros los cristianos que, sabemos y creemos esto, estamos viviendo en tiempos difíciles: La mayoría no saben ya más acerca de la fe y tampoco quieren saber. Los cristianos están solos en su lugar de trabajo, cuando sus colegas no son cristianos. Los cristianos están solos en el barrio, cuando sus vecinos no son cristianos. Los cristianos están solos en la escuela, cuando los compañeros no son cristianos. Toda oración y confesión de fe parecen no ser de gran ayuda. El cristianismo especialmente en el norte occidental y cristiano o también por así decirlo en los países desarrollados se encuentra en retroceso y otra religión se ha expandido: la religión de la salud, de la belleza, de la riqueza y del éxito. Muchas veces se escucha: “¡Lo importante es tener salud!” y qué pocas veces se escucha: “¡Lo más importante es ser salvo!”. Los cristianos están disminuyendo en número por lo menos en las zonas del mundo mencionadas. Las iglesias tradicionales y aquellas otras que, optan por doctrinas extrañas, alejándose cada vez más de la fidelidad de la Biblia se van cerrando, los edificios se van vendiendo, las congregaciones van dejando de existir, los cargos pastorales se quitan. A esto lo vivimos en nuestra propia denominación también, y en especial se lo ve en Europa.

El conocimiento de la Biblia y las verdades básicas del cristianismo han disminuido espantosamente en muchos de estos países. Inclusive muchos miembros activos ya no saben más del pavor ante el pecado y de cómo vencer el pecado por medio de Cristo. Desde muchos púlpitos, y esto pasa en todas partes, el mensaje central del evangelio casi no se predica más. Se sustituye por lindas historias, ilustraciones, hasta doctrinas ideológicas, psicológicas, políticas y sociales que, reemplazan el evangelio. Sí, verdaderamente vivimos en tiempos difíciles, y nuestra fe está siendo tentada constantemente. Es por eso que ansiamos poder asegurar nuestra fe en Dios, ansiamos la intervención de Dios y nuestros encuentros con él.

En eso, nos parecemos mucho al profeta Elías y a su tiempo. Su pueblo Israel le dio la espalda al Dios verdadero y sucumbió en la adoración a Baal. Así como hoy la religión de la salud, de la belleza, de la riqueza y del éxito, aparentemente impera, así predominaba en aquellos tiempos la religión del dios Baal. Elías también se encontraba sólo en su adoración a Dios. Muchos que lo rodeaban habían desertado. Elías había visto que, todos sus esfuerzos por anunciar la palabra de Dios no habían ayudado a ganar otra vez la fe y el respeto a Dios en su país, por el contrario, todo parecía empeorar. Encima de eso, su mayor enemiga personal, la reina Isebel, había jurado que, lo mataría, por su lucha en contra del dios Baal. Así se lamentaba Elías a Dios y le oraba: “—Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!”.

Elías no se sentía justificado; ya antes había orado, cansado y resignado: «¡Estoy harto, Señor! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados.»

Aunque, en este sentido, hoy nos va mejor que a Elías.  Elías huía de gente poderosa que, lo quería eliminar; a nosotros por suerte nadie nos persigue para matarnos. Elías se encontraba verdaderamente sólo. Se había escondido en una cueva en el monte Sinaí y no podía contarle a nadie de cómo se sentía. Nosotros, sí, tenemos aún una hermosa comunión unos con otros, tenemos nuestros cultos, tenemos nuestras distintas actividades congregacionales, donde podemos fortalecernos en la fe y en comunidad por medio de la palabra de Dios. Pero lo que nos une a nosotros con Elías es la tentación a la fe en un mundo que se está transformando en un mundo sin Dios, como así también en el ansia que tenemos por encontrarnos con Dios para asegurar y fortalecer nuestra fe.

“—¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó (Dios). —Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!”

Por qué no se le apareció Dios a Elías con tormenta, terremoto y fuego, sino que, con un suave murmullo, o un silbo apacible y delicado como dice la versión Reina Valera? Las grandes y violentas manifestaciones de la naturaleza siempre acompañaron la ley de Dios y eran muestras de su enojo por el pecado. En el monte Sinaí, Dios había dado la ley que, prometía a todos los que la obedecieran buena vida, pero a todos los pecadores, castigo y muerte. Ahora, Dios se mostraba con un suave soplido y su enojo y su ley no tenían la última palabra. El suave silbo es una muestra del amor y la misericordia de Dios, de su bondad paternal suave y perdonadora, donde se le puede hallar a Dios. Y finalmente el quiere vencer toda la impiedad del mundo. El suave silbo tiene que ver con el evangelio que, Dios legó a la humanidad por medio del nuevo pacto a través de su Hijo Jesucristo—y también a Elías mediante este suave silbo. Este suave murmullo o soplido representa al Espíritu Santo, pues en las lenguas originales de la Biblia, en hebreo y en griego, la palabra para “Espíritu” es viento, o hálito. Y por medio de esta palabra de Dios podemos aprender que, hoy Dios quiere encontrarse especialmente con nosotros, y no por medio de enojo y muerte, sino con amor perdonador y misericordia que, se reveló por medio de su Hijo Jesucristo y que nosotros podemos hallar en nuestros cultos a través de la palabra y sacramento.

“—¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó (Dios)”.

¿Qué haces hoy tú aquí en la iglesia?

Hay muchas personas que, no entienden para que venimos a la iglesia. ¿Sabes tú por qué? Tú dirás: ¿porque es mi costumbre? No, vengo a la iglesia porque en el tercer mandamiento dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Dios nos pide obediencia. Muchos no obtienen el favor y la bendición de Dios porque no le obedecen. Dios es amor y quiere bendecirnos, pero debemos tener la actitud humilde de obedecerle. Venimos a la iglesia simplemente a adorar a Dios. El sólo quiere eso nuestra fe, nuestra entrega, nuestra presencia. Cuando él ve eso, entonces su Espíritu Santo comienza a manifestarse. El quiere que vengas con esa actitud y también que invites a otros a venir a la iglesia, a tus familiares a tus amigos y les cuentes: “Yo voy a la iglesia no porque es mi costumbre, yo voy a la iglesia porque creo en Dios y voy a alabarlo cada domingo”. El apóstol Pablo decía: “No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios”. Cuando comienzas a jugarte por Cristo, Dios comienza a obrar primero en tu iglesia, luego en ti y luego en tu familia. Aunque este mundo predique otra cosa, Dios es un Dios que, se fija en el corazón. Como con la ofrenda de la viuda. Dios ve lo que tú tienes, no lo que tú le muestras a los demás. Dios te conoce interiormente y quiere que le seas fiel a él, no que quedes bien con los demás solamente. Dios se fija en la pureza, en la sinceridad de tu corazón cuando vienes a la iglesia. Como con Caín y con Abel, por qué a Dios no le agradó la ofrenda de Caín, porque no era sincera, lo hacía por costumbre no por fe y devoción a Dios. Yo no sé si podemos entenderlo, pero cada vez  que, disponemos de nuestro tiempo cada domingo para Dios, él nos bendice con su presencia con su Espíritu Santo, en cada culto no importa el idioma que sea, lo importante es nuestra fe y entrega a él. Si vienes con fe a cada culto vas a recibir de Dios. El Espíritu incomprensible de Dios que, sana enfermedades, que cubre de favor, que levanta el ánimo, que cambia las circunstancias humanamente imposibles que, convierte a los ateos que levanta iglesias y que mueve a multitudes.

El tema para hoy era “listos para renunciar”, así como la viuda renunció a sus bienes, así como Elías renunció a su prestigio y seguridad por predicar a Dios, así también Dios hoy quiere que tú renuncies a querer tener todo tu tiempo en un día de reposo y le entregues la parte más importante del día a él. Dios es un Dios celoso, él se fija mucho en cuánto le das y cómo se lo das y conforme a eso te premiará. Si hoy recibes a Jesús con esa fe y devoción, este no habrá sido un día perdido, sino que lo has ganado y tu semana no será la misma. Si has venido a adorar a Dios con fe y devoción Dios te acompañará con su Espíritu Santo en esta semana también. Amen

 

Tentado no cedas

Primer Domingo de Cuaresma (Invocavit)

La tentacion de Jesus

La tentacion de Jesus

“Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.

Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta.» Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.

Mis queridos hermanos, no se engañen. Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras. Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación”.

Santiago 1:12-18

Salmo 91:11-12

Gn 3:1-24

Mt 4:1-11

En alemán hay un dicho popular que, dice “Alles Gute kommt von oben” (Todo lo bueno viene de arriba) refiriéndose claro está a Dios. En el texto para hoy también se afirma eso que, Dios es un Dios que busca todo lo bueno ni busca llevar lo malo sus hijos y menos desearle que sufran. Este es un texto clave para entender esto que, lo malo no es enviado por Dios, como muchos sin ningún basamento evangélico afirman: Dios me está castigando, me está mandando sufrimiento, me está mandando pruebas.

Hay muchas personas, cristianas que, tienen un concepto sobre la vida y sobre Dios que, nada tiene que ver con la palabra de Dios y especialmente con los evangelios de nuestro Señor Jesucristo. Hablan, repiten dichos populares, aprendidos quien sabe dónde o repetidos por la gente y llegan a creer y a vivir esas filosofías que incluso no tienen nada que ver con el Evangelio. Y esto sucede porque no se lee la Biblia. Los protestantes nos hemos caracterizado siempre a diferencia de otras confesiones por grandes lectores de la Biblia. Pero hoy son pocas las personas que, aún teniendo más de una Biblia en sus casas la abren a diario para dejarse interpelar por Dios y conocer su voluntad. ¿Por qué sucede esto? Puede haber varias razones: falta de información; no saben cómo acudir a la Biblia; versiones inentendibles en el lenguaje de hoy o el nivel intelectual de la persona; falta de educación cristiana en cuanto a la necesidad de leer la Biblia. Y también hay una última y más sutil razón que, se desprende del tema para hoy: el sentirse tentado a no leer la Biblia. El sentir que no importa si no leo la Biblia; el creer que la Biblia es tan sólo un libro más del legado cultural de los seres humanos, un libro más de mi biblioteca. A fin de cuentas: la tentación de no creer en la Biblia como la palabra de Dios.

En primer lugar, quisiera referirme a la tentación en el sentido más general. La tentación ocurre, como dijimos no de parte de Dios, sino de Satanás. Una definición del diccionario dice en primer lugar refiriéndose al concepto religioso de la definición: “Solicitación al pecado inducida por el demonio”; la segunda más general dice: “Instigación o estímulo que induce el deseo de algo”.

A nosotros aquí nos interesa saber que, la tentación es el impulso que sentimos de parte de Satanás que, la mayoría de las veces lo sentimos, como propio, a hacer las cosas que no corresponden a la voluntad de Dios y por tanto no son del agrado de él; y por lo tanto no nos harán bien y nos van a separar de la comunión con Dios.

En este día me gustaría que, cada uno de nosotros podamos regresar a nuestros hogares teniendo una guía práctica para poder discernir en qué momentos somos tentados y así poder resistir la tentación.

El primer paso, como dice el apóstol es no decir: esto que me está tentando viene de Dios. No Dios no nos induce a hacer cosas malas que, están en contra de sus mandatos o de su voluntad. Cada uno de nosotros tiene mal o bien implantada la semilla de la conciencia en nuestro ser que, popularmente se conoce como el discernimiento entre lo malo y lo bueno. Aunque esto no es tampoco una garantía, para eso tenemos la palabra de Dios que, creemos está expresada en la Biblia. Sabemos que la Biblia debe ser interpretada correctamente, pero también sabemos que, como decía Martín Lutero, toda persona que “está en verdadera comunión con Dios”, puede valerse de su propia consciencia para decidir cuestiones vitales. Y él decía no es bueno ir en contra de la consciencia de cada uno.

En todo caso, la mejor guía para saber si estamos siendo tentados o no es el contenido de la palabra de Dios, donde está contenida la voluntad de Dios.

El segundo paso es: saber que si estamos siendo seducidos por cosas que no son de Dios, tenemos que aplicar el poder de la voluntad personal cuando lo podemos hacer, cuando aún somos capaces de manejar nuestra voluntad. Y cortar con ello. Pues como el apóstol dice: “Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen.  Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte”.

Cuando caemos en la tentación de hacer lo que a Dios no le agrada hemos cometido pecado. La palabra pecado puede parecer especialmente para los no cristianos una palabra pasada de moda o retrógrada. Pero a nosotros los cristianos no nos asusta. Aún tiene un significado valedero. Pecado es simplemente alejamiento por voluntad propia o por la tentación de la comunión de Dios.

He escuchado de personas que, me han contado que, no pueden escapar de la tentación que los conduce al pecado. Una y otra vez son seducidos, tentados y luego cometen pecado. Se sienten que, no pueden salir de incurrir en los mismos pecados una y otra vez. No podemos hablar desde un púlpito de forma general. Cada persona es una situación en particular que debe ser tratada como amor y respeto y tratar de buscar la salida con la ayuda de otros cristianos. Pero sí lo que podemos decir de forma general es que, si se ha incurrido más de una vez en el mismo tipo de pecados dos cosas pueden suceder: 1. Que la persona no está atendiendo las advertencias del apóstol: “Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen”. La persona no pone de sí de la voluntad que sí tiene en el momento que corresponde hacerlo para evitar un mal mayor; 2. Que la persona no tenga más control sobre sí misma y necesite de la intercesión seria de los demás hermanos de la iglesia.

Martín Lutero decía que, la mejor manera de resistir al mal y al maligno era mediante la oración y la lectura de la Biblia. La lectura de la Biblia no como la lectura informativa que nos proporciona cualquier otro libro, sino la lectura adorativa de la Biblia donde vamos para alimentarnos espiritualmente de la palabra de Dios. A eso le llamamos tener una comunión con Dios, también no descuidando de ir a la iglesia y mantener también una comunión de adoración a Dios compartiendo con los demás cristianos y cristianas. Cuando dejamos esta comunión con Dios, es muy probable que las tentaciones comiencen a crecer y que nuestras fuerzas para lidiar con ellas sean cada vez inferiores.

Algunas personas hoy en día, incluso muchos cristianos, caen en la tentación, de no ver al diablo como tentador. Se ríen de la figura del diablo, creen que no es más que un mito, un invento, algo infantil. Y así van siendo seducidos hasta no creer ya en más nada de lo que la Biblia habla sobre Dios. Así han caído en la tentación y comienzan  a vivir una vida como incrédulos de Dios y el pecado es la forma de vida cotidiana, hasta que finalmente se van de la iglesia y ya no creen. Satanás ganó la batalla sobre ellos.

Todas las tentaciones vienen del diablo quien nos quiere apartar a los hijos de Dios de Dios. Muchos tratan al diablo con ingenuidad, no conocen su naturaleza “angélica” y espiritual y subestiman su gran poder. Satanás era un ángel. Luego cayó. Hay muchos que sí creen en la existencia y la ayuda de los ángeles. Eso también está en la Biblia que Dios envía muchas veces sus ángeles para que nosotros no caigamos en tentaciones.

Satanás es un ángel caído tremendamente poderoso. El tiene en mente ocasionar daños al cuerpo y al alma: falsas doctrinas, desesperación, malos deseos (Is 14:12-15–Eze 28:12-19).

La vida del cristiano está caracterizada por una constante lucha entre el bien y el mal, los ángeles santos y el diablo. Así se expresa en la oración para la mañana y para la noche de Lutero: “Que tu ángel santo esté conmigo para que el mal no tenga ningún poder sobre mí” La palabra de Dios y la oración son las mejores armas. Quien se sirva de éstas, los ángeles estarán de su lado. Las cosas amargas y difíciles a veces nos ayudan para acercarnos más a Dios y valorar más su ayuda. Sobre estas situaciones difíciles y sobre los ángeles de Dios tratan muchos himnos de nuestros himnarios. Paul Gerhardt poetizó durante la guerra de los treinta años:

Anchas ambas alas/ O Jesús mi alegría/ toma tu polluelo/ Satanás me quiere devorar/ Entonces que los ángeles canten/ “esta criatura no será herida”

          En los ángeles podemos ver el accionar del Dios lejano e inaccesible, también como un Dios cercano en la vida de todos los días. Por eso no es falso, cuando los padres le hablan algo a sus hijos acerca del ángel de la guarda (Mt 18:10) La majestad de Dios no es menos por esto. De esta manera los niños puedan tener más en claro que el mundo no es una máquina gigante, cruel e insensible. Dios ama la vida; él quiere cuidar su creación. Las fuerzas del bien que, se pueden invocar por medio de la palabra de Dios son en realidad mucho más numerosas de lo que uno cree.

No tengamos miedo al tentador y a la tentación, pero mantengámonos en comunión con Dios, viniendo a la iglesia a adorar a Dios, participando de la Santa Cena, orando en casa y leyendo la Biblia. Esas son las mejores armas para lidiar con la tentación.

Oremos con la oración escrita por Martín Lutero:

Te doy gracias, Padre celestial, por medio de Jesucristo, tu amado Hijo, porque me has protegido durante la noche de todo mal y peligro, y te ruego también que me preserves y me guardes de pecado y de todo mal en este día, para que en todos mis pensamientos, palabras y obras te pueda servir y agradar. En tus manos encomiendo el cuerpo, el alma y todo lo que es mío. Tu santo ángel me acompañe para que el maligno no tenga ningún poder sobre mí. Amén.

¿Qué cosas agradan a Dios?

Domingo Estomihi

Domingo Estomihi

Domingo Estomihi

»¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas!

    Alza tu voz como trompeta.

Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías;

    sus pecados, a los descendientes de Jacob.

Porque día tras día me buscan,

    y desean conocer mis caminos,

como si fueran una nación

    que practicara la justicia,

como si no hubieran abandonado

    mis mandamientos.

Me piden decisiones justas,

    y desean acercarse a mí,

y hasta me reclaman:

    “¿Para qué ayunamos, si no lo tomas en cuenta?

    ¿Para qué nos afligimos, si tú no lo notas?”

»Pero el día en que ustedes ayunan,

    hacen negocios y explotan a sus obreros.

Ustedes sólo ayunan para pelear y reñir,

    y darse puñetazos a mansalva.

Si quieren que el cielo atienda sus ruegos,

    ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen!

¿Acaso el ayuno que he escogido

    es sólo un día para que el hombre se mortifique?

¿Y sólo para que incline la cabeza como un junco,

    haga duelo y se cubra de ceniza?

¿A eso llaman ustedes día de ayuno

    y el día aceptable al Señor?

»El ayuno que he escogido,

    ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia

    y desatar las correas del yugo,

poner en libertad a los oprimidos

    y romper toda atadura?

¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento

    y dar refugio a los pobres sin techo,

vestir al desnudo

    y no dejar de lado a tus semejantes?

Si así procedes,

    tu luz despuntará como la aurora,

    y al instante llegará tu sanidad;

tu justicia te abrirá el camino,

    y la gloria del Señor te seguirá.

Llamarás, y el Señor responderá;

    pedirás ayuda, y él dirá: “¡Aquí estoy!

Isaías 58:1-9a

Sal 31:2-6

1 Co 13

Mc 8:31-38

¡Pero qué bien que les lanzó estas duras palabras el profeta Isaías a los judíos de aquel entonces!

Así podríamos afirmar desde una posición de espectadores cómodamente sentados, al escuchar estas palabras, encontrándonos a algunos milenios de distancia.

¿Pero cómo pueden haber llegado a pensar los judíos de aquel entonces que, sólo por medio de ciertos días de ayuno podrían alcanzar otra vez el favor de Dios, después de haber sufrido derrotas y de haber perdido su independencia como nación? ¿Realmente habrán pensado que, Dios se iba a dejar impresionar, al “inclinar la cabeza como un junco, y hacer duelo y cubrirse de ceniza”? ¿Sólo por privarse tan sólo de un día de comida y de bebida? Teniendo en cuenta que, ese ritual externo de penitencia no correspondía para nada con su actitud interna? Cuando al mismo tiempo los trabajadores sometidos eran oprimidos y maltratados o ni siquiera se les daban las más mínimas y necesarias limosnas a los pobres. No, con esas lágrimas de cocodrilo no iban a impresionar a Dios. ¡Pedir perdón de esa manera es una ofensa al Dios Todopoderoso!

¡Y también Isaías les pega directo a muchos feligreses con estas palabras! Alguno que otro podría estar tentado incluso a releer el texto para nuestra realidad. Las personas que, se tienen por muy devotas, las ha habido siempre y apenas si esto ha cambiado con el correr del tiempo. ¡Cuántos piensan que, por poner una cara triste en Viernes Santo, lo van a poner contento a Dios que, van a conseguir el favor de Dios! Cuántos se arrodillan en cultos de penitencia, pero en el momento de recibir el perdón están tan ausentes, como por ejemplo el simple acto de vaciar el buzón de su casa. ¡Cuántos van los domingos a la iglesia y vuelven, sin embargo a sus casas sin el perdón, vuelven tan cargados como cuando fueron! Cuántos hay de los así llamados cristianos que, son desagradables y desamorados con más de uno de sus prójimos. Cuántos hay de los que piensan que, con sus oraciones en la mesa o sus devocionales matinales podrán ganar más puntos con Dios. ¡Cuántos hay que tienen versículos piadosos colgados en las paredes de sus casas, pero estos no reflejan para nada como viven sus vidas! No, Dios no se conmueve con tal devoción, si ésta realmente no viene del corazón, sino sólo se trata de una pretensión de querer agradar a Dios.

¡Y también Isaías le pega directo a los industriales y grandes terratenientes! Hay muchos que, gustan de releer sobre las quejas sociales del Antiguo Testamento para el momento presente. ¿Pero, es que acaso no suenan tan actuales?: “Pero el día en que ustedes ayunan, hacen negocios y explotan a sus obreros”. Uno pude imaginarse de inmediato a los empresarios que, los domingos no van a la iglesia y que se preocupan más por sus negocios y están viendo cómo pueden hacer más y más dinero. Y allí caen en la redada los ricos por ejemplo de los países subdesarrollados que, apenas si se ocupan de las necesidades dignas de los trabajadores y sus familias. ¿Y no exportan café, tabaco y frutas exóticas o los productos locales por una ganancia mucho mayor, en proporción que la que reciben sus asalariados? ¿Y estos también pretenden ser buenos cristianos? Acaso las palabras de Isaías no les van como anillo al dedo: “Compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes?”

Si seguiríamos pensando sobre esto, se nos irían ocurriendo una gran cantidad de personas que, entrarían en la lista de Isaías; personas de cerca y personas de lejos, personas del pasado y personas del presente. Siempre hubo y siempre habrá gente de piedad superficial y que sólo por fuera, en el culto, pretendan agradar al Creador, pero que al mismo tiempo tratarán a su prójimo sin amor y falsearán sus sentimientos.

Pero hay que ser precavidos. Cuando lanzamos estas fuertes palabras del profeta sobre otros,  fácilmente pueden convertirse en un boomerang que se nos vuelva. No decían también acaso las palabras de Jesús: “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?” (Mt 7:3) ¿Quién de nosotros va en verdad con alegría por la palabra de Dios y el sacramento al culto? ¿Quién de veras confiesa sus pecados pues éstos le atormentan y quiere librarse de los mismos? En cada uno de nosotros puede suceder que, surjan pensamientos impuros: el pensar que, sólo por una conducta piadosa vamos a alcanzar el favor de Dios, así como también vamos a ser vistos distintos por otros cristianos.

¿Y qué tal anda nuestra vida cotidiana con lo que escuchamos y confesamos en la iglesia? Isaías denuncia: “Ustedes sólo ayunan para pelear y reñir, y darse puñetazos a mansalva”. A veces los puñetazos no sólo son físicos; las palabras pueden muchas veces dañar mucho más. ¿Acaso tú no has descargado alguna vez tu enojo contra alguien en un día domingo? ¿Acaso no le has dicho a un miembro de tu familia palabras hirientes en un día que, lo habían comenzado en comunión con la palabra de Dios y con la oración? Dios dice por medio de las palabras de Isaías: “El ayuno que he escogido, ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura?” Un yugo es una madera pesada que, se le coloca al buey para que de esa forma pueda cinchar un carro o un arado. En sentido figurado, siempre vamos a ser culpables de ponerle yugos a nuestros prójimos.

Un yugo puede ser por ejemplo, un marido que a su mujer le exija las tareas diarias del hogar como un deber sobreentendido o que no dé ya más muestras de amor o que rechace tener diálogo con ella.

Un yugo de una esposa a su marido puede ser cuando constantemente le transmite su insatisfacción, le critica o lo pone en ridículo en público.

¡Los hijos pueden poner yugos sobre sus padres al ser desobedientes y desamorados!

¡Los padres pueden poner yugos sobre sus hijos cuando no los toman en serio o cuando no tienen tiempo para ellos! Los alumnos pueden poner yugos sobre sus maestros, los jefes sobre los empleados y también al revés. A los empleados públicos o a los comerciantes les podemos poner yugos cuando estamos constantemente criticando su institución o su empresa, si bien ellos no tienen la culpa a un nivel personal. Podemos ponerles yugos a los vecinos a veces. Cuando uno comienza a meditar sobre esto, comienza a encontrar innumerables ejemplos acerca de lo que menciona Isaías.

¿Y quien puede afirmar que verdaderamente comparte su pan con los hambrientos? Cuán a menudo hemos escuchado que nuestras donaciones para los necesitados son imperiosamente necesarias y cuán a menudo nos lo hemos dicho a nosotros mismos? ¿Pero damos lo suficiente? Muchos de nosotros en los así denominados países ricos cargamos la misma culpa que, los ricos de los países subdesarrollados que mencionamos anteriormente, aunque a los más pobres del mundo no los tengamos delante de nuestras puertas.

Por eso tenemos que reconocer que, cuando tomamos estas palabras del profeta en serio, se aplican a nosotros de la misma manera que con la gente de antaño.

No podemos así como así, echárselas a otros. Aquí nos la tenemos que ver con una predicación sobre la ley de Dios que, también nos acusa a nosotros. Si nos dejamos interpelar por esta predicación sobre la ley de Dios sólo una cosa resulta: todos vamos a tener que cerrar la boca; esto nos va a enmudecer.

Nosotros, la gente de hoy, sabemos tan poco sobre cómo comportarnos como los judíos de aquel entonces, y la promesa al final de las palabras del profeta se relaciona también con nosotros: “Si así procedes, tu luz despuntará como la aurora, y al instante llegará tu sanidad; tu justicia te abrirá el camino, y la gloria del Señor te seguirá”.

De esta manera ahora podemos saber y reconocer que, ya no estamos más bajo esa ley. Hubo uno que, cumplió la ley al pie de la letra y lo hizo por nosotros, y por medio de él obtuvimos la bendición. Durante la vida de Jesús el ayuno y la misericordia, el amor y el culto a Dios tenían una unidad perfecta, y él fue el único que pudo cumplir estas palabras del profeta. Pero la culpa de toda la demás gente, y también nuestra culpa, la llevó Jesús, de modo que podamos encontrar refugio en él por medio de nuestra fe y podamos saber que, ahora Dios tiene misericordia de nosotros, pero no porque fuimos obedientes a la fe, sino porque Jesús lo fue.

Si aceptamos esta buena noticia de corazón suceden dos cosas:

En primer lugar, no podemos juzgar a los demás con estas leyes del Antiguo Testamento. Cuando tomamos en serio el perdón, ya no podemos señalar con el dedo a otros y poner en duda su cristianismo. El ser cristiano no depende, en primer término de lo que hacemos o no hacemos, sino en primer lugar de si hemos aceptado lo que Cristo ha hecho por nosotros.

En segundo lugar, podemos decir que, recién ahora hemos llegado a conocer el verdadero amor. Un amor mayor no vamos a encontrar a no ser en la maravillosa obra de amor del evangelio de Dios, por medio de su obra redentora. Y porque ahora conocemos el amor, seremos capaces de amar nosotros mismos. Por amor, empezaremos a “ayunar”, es decir dentro y fuera del culto viviremos la comunión con Dios. Por amor, comenzaremos a amar a nuestros prójimos, a renunciar a nuestras propias ventajas, a romper yugos y dar a los necesitados, lo que ellos estén necesitando. Los psicólogos han descubierto que, sólo puede amar aquel que ha recibido amor. Un niño que, no recibió amor de su madre y siempre fue golpeado o insultado, apenas si estará en condiciones de amar, a no ser que pueda experimentar alguna vez el verdadero amor. El ser humano no puede encontrar el amor al prójimo sólo a través de la ley de Dios. Pero sí la persona acepta la ley de Dios, es decir la persona y obra de Jesucristo, será impulsado hacia el amor de Dios y aprenderá a amar.

Quizás esto sea aún difícil de vivir. Pero por suerte, no tenemos que preocuparnos por el éxito de nuestros esfuerzos. Ya conocemos el pedido: “¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes?” ¡Claro que queremos valorar este mandamiento! Pero también sabemos que no alcanzaremos el favor de Dios por nuestros méritos sino sólo por lo que ya Cristo hizo por nosotros de forma gratuita. Es por eso que, muchos cristianos podrían llegar a sorprenderse en el día del juicio final cuando Cristo les diga: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron; estuve desnudo, y me cubrieron” (Mt 25:35-36). Amén.

 

 

Vivir en la misericordia de Dios

Domingo SeptuagesimaDomingo Septuagesima

“Entonces, ¿qué diremos? ¿Que Dios es injusto? ¡De ninguna manera!  Porque Dios dijo a Moisés: «Tendré misericordia del que yo quiera, y me compadeceré del que yo quiera.» Así pues, no depende de que el hombre quiera o se esfuerce, sino de que Dios tenga misericordia. Porque la Escritura le dice a Faraón: «Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.»  De manera que Dios tiene misericordia de quien él quiere tenerla y endurece a quien él quiere endurecer.

Entonces me dirás: ¿Por qué Dios todavía nos echa la culpa? ¿Quién puede oponerse a su voluntad? Pero tú, hombre, ¿quién eres para discutir con Dios? ¿Acaso el vaso de barro le dirá al que lo formó por qué lo hizo así? ¿Qué, no tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira que estaban preparados para destrucción? ¿Y qué si, para dar a conocer las riquezas de su gloria, se las mostró a los vasos de misericordia que él de antemano preparó para esa gloria?  Esos somos nosotros, a quienes Dios llamó, no sólo de entre los judíos, sino también de entre los no judíos.

Romanos 9:14-24 

Sal 31:20-25

Jer 9:22-23

Mt 20:1-16

Hay muchas personas que, son  verdaderamente cristianos pero que, aún discuten interiormente con Dios. Quieren manejar a Dios con su propia manera de pensar. No pueden vivir alegres, felices en Dios. Siguen culpando a Dios por todo lo malo que, han vivido o por las cosas aún infelices de su vida; las cosas que a su juicio no son todavía buenas. Dios es un Dios bueno y justo, y especialmente para con aquellos que son sus hijos e hijas. Él tiene un plan especial para nosotros más allá de esta vida, pero también quiere que vivamos bien en esta vida. ¿De qué depende que nuestra vida sea una vida de calidad o no?

Estaba leyendo hace poco que, cuando una persona se siente bien, es imposible que tenga pensamientos negativos. Podríamos hacer la prueba de ello. Ustedes mismos podrían hacer la prueba. Yo creo que cada uno de nosotros tiene momentos donde se siente bien. ¿No es así? ¿O no hay ningún momento de su vida cotidiana en que sea así? No lo creo. Puede ser que algunos tengan más momentos de sentirse bien que otros, pero todos tenemos algún momento donde nos sentimos bien. Lo importante sería poder reconocer esos momentos y poder reconocer qué es lo que nos hace sentir bien. El mensaje para este domingo puede darnos la clave, por qué cosas podemos sentirnos bien al saber que somos hijos de Dios.

Como decía cuando una persona ser siente bien, es poco probable que, tengan pensamientos negativos, por lo menos en esos momentos. Los científicos que estudian estas cosas se dieron cuenta que, si cuando nos sentimos bien es casi imposible tener pensamientos negativos, esto quiere decir que, los sentimientos pueden cambiar nuestra manera de pensar. Y esto es muy importante: porque cuando nuestros pensamientos cambian toda nuestra realidad cambia. Ya lo dice la Biblia, por mencionar un par de citas bíblicas: “¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos!” (Isaías 26:3) Y también en el libro de Job 3:25: “Lo que más temía, me ha sucedido”. Porque a fin de cuentas lo que pensamos es lo que creemos y confiamos. Si durante todo el día tienes pensamientos negativos de derrota y falta de fe, como la misma Biblia lo dice cosecharás cosas indeseadas ya en esta vida: “Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá” (Mc 11:24)

Para nuestro Señor Jesucristo la fe es fundamental. No sólo para conseguir la salvación sino para vivir una vida de triunfo en esta vida que él nos concede en esta tierra. La fe puede considerarse como un sinónimo de nuestro pensar.

De esto deducimos que, sentirse bien es la clave. Cuando nos sentimos bien en Dios, estamos teniendo fe. Si tenemos fe estamos en armonía con él y como dice también la Biblia: “Si tuvieran fe como un grano de mostaza…¡Nada sería imposible para ustedes!” (Mt 17: 20). Y eso es algo que cualquiera de nosotros puede tener no importa la edad para ello. Todos podemos tener una fe poderosa si comenzamos a cambiar nuestros pensamientos y para ello debemos comenzar a cambiar nuestros sentimientos, es decir comenzar a sentirse bien. Y ustedes se preguntarán cómo puedo hacer para sentirme bien. ¿Cuáles son las cosas que pueden hacerme sentirnos bien? Los que no son cristianos te dirán simplemente tienes que sentirte bien para que puedas tener pensamientos positivos y los pensamientos positivos te ayudan a superarte en la vida y también a “atraer circunstancias y hechos positivos a tu vida”. Los cristianos diremos a partir de lo que nos dice nuestro Señor Jesucristo, la excusa para sentirnos bien es que, estamos teniendo fe de esa manera. ¿Qué puede motivarnos a tener fe?: una de las cosas que se desprenden del texto para este domingo.

En este domingo, queremos reflexionar acerca de la Gracia o de la misericordia inmerecida de Dios hacia su pueblo. Dios nos ama, por eso queremos sentirnos bien. Dios está a nuestro lado por eso queremos sentirnos bien. Dios nos salva, nos regala la salvación, el cielo, el paraíso, la vida eterna al final de esta vida en la tierra. ¿No es eso una buena excusa para vivir con una sonrisa en la cara todos los días y no con un ceño fruncido? Dios también nos da las herramientas para que las cosas nos salgan un poco mejor en esta vida. Pero esas sólo funcionan si tenemos fe: “Si tuvieran fe como un grano de mostaza…¡Nada sería imposible para ustedes!” (Mt 17: 20). Como dijimos, es hora de que empecemos a generar la fe, al sentirnos bien. Es hora de que comencemos a gozar a disfrutar de la vida. Hay personas que cuando escuchan esta afirmación piensan que disfrutar de la vida es un pecado. Piensan que la vida tiene que ser sufrimiento, castigo, pena, dolor. Es probable que muchos de nosotros hayamos sufrido en esta vida en algún momento de nuestra vida lamentablemente, pero eso no quiere decir que tenemos que arrastrar el mismo estado de ánimo que tuvimos cuando sufríamos que ahora en los años que vivimos que, para muchos de nosotros pueden ser distintos y de gran bendición.

Dios es un Dios bueno que recompensa a cualquiera que, a él se le dé la gana, porque él es Dios y Señor, es el soberano. Pero por supuesto que se acuerda de aquellos que son ya sus hijos, sus herederos: aquellos que han aceptado a su Hijo Jesucristo como su Señor y Salvador; aquellos que han decidido darle su vida a él. Esos automáticamente ya son salvos, somos salvos, porque él así nos lo prometió: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hch 16:31). ¿No es eso un motivo para sentirse bien? Qué esperamos para sentirnos bien en la paz que Dios nos ofrece? Qué estamos esperando a crecer, a ser más ancianos, a que una situación vivida cambie, cuando sabemos que hay cosas que no van a cambiar? ¿Qué estamos esperando que, nos pidan perdón, cuando sabemos que hay personas que nunca nos van a perdonar? Qué estamos esperando a que nos sanemos completamente, puedo suceder un milagro sí, pero sólo si cambiamos nuestros sentimientos que son los que logran la fe.

¿Qué estamos esperando para disfrutar de la vida, de los pocos o de los muchos años que todavía tenemos para vivir?

El mensaje principal para este domingo quizás para algunos pueda ser claro, quizás para otros no:

Dios es un Dios de amor, no de castigo, ni de sufrimiento ni un Dios vengativo. Dios es un Dios de amor que, quiere lo mejor para nosotros. A sus hijos les promete la vida eterna y la salvación. No tenemos nada que hacer por ello. Si te sientes mal por algo que hiciste en la vida, pídele perdón a Dios y olvida. Acepta a Jesucristo como tu Señor y Salvador, comienza ya a disfrutar de las promesas de un Dios misericordioso y bueno.  No te pongas a juzgar a la gente ni a juzgar a Dios, da gracias a Dios porque él es generoso y quiere que te sientas bien. No son las circunstancias externas que estamos viviendo lo que nos va a ser sentir mejor. No es el frío o el invierno, o el calor, o el dolor o la enfermedad o la gente o los precios o las noticias del mundo. Lo que nos va a poner mejor es nuestra actitud espiritual interna. La relación que decidamos tener con Dios. Hagamos las paces con Dios porque él quiere bendecirnos, él es un Dios bueno, él es un Dios de amor. Y si leemos su palabra, veremos que él quiere que vivamos una vida abundante no una vida miserable, pero para que ello ocurra debemos cambiar nuestros sentimientos, nuestra manera de sentirnos de ver a Dios, de ver la vida. Hoy Dios quiere decirnos que, él es un Dios misericordioso quiere darnos una vida abundante. No nos merecemos para nada esa vida, pero él nos la quiere regalar, simplemente porque a él se le antoja porque hemos decidido ser sus hijos en el momento que decidimos creer en él y entregarle nuestra vida. Comencemos a sentir esa promesa de la bendición y el amor de Dios en nosotros y que sea esa la excusa de nuestra alegría diaria. Contagiemos este entusiasmo con los demás. Hablémosles de Dios y de su amor a los demás. Y veremos que nuestra vida en esta tierra comienza a cambiar milagrosamente. La vida más allá ya está asegurada y será eterna para todos aquellos que ya creen en Jesucristo.

Oremos:

Gracias te damos Señor, porque sólo tú eres justo y sólo tú eres misericordioso. Gracias te damos porque nos diste la salvación a todos aquellos que ya te hemos aceptado. Y para los que lo hemos hecho, permítenos comenzar a sentirnos bien por ello todos los días y a compartir esa alegría y esa nueva noticia con aquellos que todavía no la conocen. Amen