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Las principales tareas de la iglesia

diaconos“En aquellos días, al aumentar el número de los discípulos, se quejaron los judíos de habla griega contra los de habla aramea de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. Así que los doce reunieron a toda la comunidad de discípulos y les dijeron: «No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas. Hermanos, escojan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, para encargarles esta responsabilidad. Así nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra.»

 

Esta propuesta agradó a toda la asamblea. Escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos.

 

Y la palabra de Dios se difundía: el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén, e incluso muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”.

 

Hechos 6:1-7

Sal 112:5-9

Gn 4:1-16a

Lc 10:25-37

 

 

Un texto que nos narra los comienzos de la organización en la primera comunidad cristiana. A medida que la iglesia iba creciendo, iban teniendo lugar actividades distintas a las que acostumbraban tener los creyentes en su vida pasada. La comunidad cristiana valoraba la palabra de Jesucristo. Se reunían una vez a la semana, donde compartían no sólo la palabra de Dios y la oración, sino también el pan y el vino, y la comida en general. Pero necesitaban vivir y continuar con el trabajo y las actividades durante la semana. Una de las necesidades era asistir a los débiles y desposeídos. Entre ellos se encontraban las viudas que, eran en aquel entonces mujeres que no sólo estaban sin marido, sino también nadie se ocupaba de ellas a no ser que sus propios hijos lo hicieran. No poseían jubilación, ni pensión, ni hogar de ancianos ni asistencia médica, ni medicamentos, ni vitaminas. Y ni siquiera contaban con una casa confortable cálida en invierno y fresca en verano. Los cristianos se habían comprometido con la buena noticia de Jesucristo que, les encomendaba amar al prójimo con obras concretas de amor.

Pero aparentemente la ayuda material no se organizaba y la comunidad crecía, los predicadores ya no podrían dar a basto y se generaron roces entre los mismos por motivos que sólo eran de índole organizativos.

 

Allí surge lo que conocemos como la primera delimitación clara en la historia de la iglesia entre las actividades diacónicas y pastorales.

Los discípulos estaban encargados de predicar la palabra de Jesucristo. No podían dedicarse de lleno a actividades de mayordomía y servicio.

Así que dejaron en claro que, la misión de ellos era predicar la palabra de Dios, orar, sanar, reprender malos espíritus, etc. En concreto era la misión que Jesús les había encomendado al marcharse. Seguramente había más personas que tendrían el don de predicar, pero también estaban faltando personas que se encarguen del servicio concreto al necesitado y para ello seguramente también existían las personas con los dones necesitados.

 

Es importante en una congregación cristiana tener en claro cuáles son las actividades de que Dios nos encomienda que se hagan. Como vimos en distintos estudios bíblicos podemos decir que hay  básicamente 5 tareas vitales que toda iglesia debe emprender y mantener si queremos verdaderamente seguir la misión que Jesús nos encomienda.

La primera gran tarea es:

La adoración a Dios, eso lo hacemos todos los cristianos, especialmente en el culto los domingos. Es una de las tareas más importantes de la iglesia. El culto a Dios es una de las actividades más importantes de los cristianos. Lo hacemos en la iglesia, un lugar donde decidimos reunirnos, los domingos, el primer día de la semana donde recordamos que Jesús resucitó. De esa manera amamos a Dios por medio de la adoración. La adoración es eso simplemente: venir con un corazón agradecido a la iglesia. Allí podemos obedecer a Dios cuando se nos dice en el mandamiento más importante: Ama a Dios con todo tu corazón con toda tu alma y con toda tu mente”. Damos nuestro tiempo como regalo a Dios y le demostramos así nuestra devoción.

 

La segunda gran tarea es nuestro compromiso con la iglesia. Queremos mostrarnos como miembros activos de una iglesia. Es importante que todo cristiano decida pertenecer activamente a una iglesia. Ayudar al sostenimiento de la iglesia materialmente y con sus dones con su tiempo y dedicación. Eso significa el bautismo, somos llamados no sólo a creer en Dios sino también a pertenecer a la iglesia de Cristo.

 

La tercera gran tarea es la enseñanza: Enseñar a la congregación la palabra de Dios. Enseñar a entender y a interpretar la palabra de Dios que, lo hacemos por medio de la Biblia. Para ello existen los estudios bíblicos, en la iglesia o  en los hogares, escuela dominical para niños cursos de confirmación, el curso Alpha, por ej, reuniones para jóvenes. Capacitación para laicos que tengan dones de distintos tipos que quieran ponerlos al servicio de la iglesia, etc.

 

La cuarta gran tarea es el servicio al prójimo. Lo llamamos también diaconía o mayordomía cristiana en general. Cuando en la segunda parte del mandamiento más importante se nos dice: Ama a tu prójimo como a ti mismo” En esa actividad lo queremos mostrar. Y queremos ayudar a nuestro prójimo por medio de la ayuda concreta y material. Ayudar a los necesitados a los hambrientos a los pobres a los que necesitan nuestra ayuda concreta sea por medio de dinero o trabajo o cualquier esfuerzo que tienda a ayudar a paliar sus necesidades. La iglesia debe asumir una tarea concreta en ese sentido. Lo podemos hacer ayudando a entidades benéficas y caritativas, ayudado con dinero para la misión, y tratar de ser imaginativos en qué otras cosas como iglesia podemos ayudar a los necesitados en nuestra ciudad. Siempre claro está lo queremos hacer en el nombre de Jesucristo, no como una ayuda social solamente.

 

La quinta gran tarea es la evangelización. Es el anuncio concreto de aceptar el mensaje de Jesucristo y sucede concretamente por medio de la predicación, de sermones, de devocionales. Predicar el evangelio de Jesucristo. Lo hacemos en los cultos. Y también por medio de la predicación escrita, sea por distintos medios, TV, radios, diario, internet. Especialmente encargado de ello son los pastores y predicadores. Es una tarea que, no debe ser descuidada, especialmente por aquellos que fueron llamados a ser predicadores y pastores. Hay que anunciar el evangelio hacia afuera de las cuatro paredes de la iglesia. Hay que invitar a otros que todavía no conocen el evangelio de Cristo o que si lo conocen no lo están viviendo en sus vidas. Hay que invitar con amor con convicción con nuestro propio ejemplo a acercarse a Dios. Tenemos que hacer todo lo posible para que otras personas también escuchen el mensaje de invitación de Jesucristo. De esa manera Dios nos va a bendecir con crecimiento.

Así como lo vemos que sucedió en la lectura para hoy. Seguramente que cualquiera de los apóstoles hubiesen podido emprender una buena tarea diacónica. Pero esa no era su misión. No habían sido encomendados para ello. Lo mismo sucede en las iglesias. Cuando los pastores comienzan a realizar otras tareas que, bien pueden ser muy nobles y loables e iniciadas con un gran corazón, sin embargo no deberían ser emprendidas por estos. Otras personas deben asumir esta responsabilidad.

Ninguna de estas actividades es primera en importancia. Quizás podemos decir que se trata más bien de un círculo sin principio ni fin. La evangelización puede venir primero y por último la adoración, no importa. Lo más importante es que estás tareas sean realizadas por cada cristiano en su vida diaria y especialmente por la iglesia como una organización. La iglesia que no realiza claramente estas cuatro tareas no puede crecer ni recibir la gran bendición que Dios tiene preparada. Cuando cada una de estas tareas es ejercida aunque más no sea de forma humilde, pero sí consciente Jesús comienza a bendecir la iglesia por la misma devoción y obediencia a su palabra. Es imposible que, una iglesia que su agenda se rija por estas tareas no crezca. Muy por el contrario nos vamos a sorprender de los milagros que Dios podría manifestar para la iglesia cuando con amor, con fe, con esperanza ponemos en primer lugar las tareas más importantes que toda iglesia debe realizar.

 

Y por eso la iglesia de los primeros cristianos se extendió y comenzó a crecer exponencialmente. Pues tuvieron en claro cuáles eran las cosas prioritarias en la comunidad de los creyentes. Los apóstoles no descuidaron la predicación. Los nuevos integrantes en este caso los diáconos no dedicaron el servicio y la visitación a los enfermos y las viudas. Y así con el tiempo también se fueron distribuyendo las demás actividades y las personas encargadas para cada una de estas actividades vitales en la vida de la iglesia.

 

Recordemos que la iglesia tiene que: Evangelizar, predicar hacia afuera, invitar a otros a venir a la iglesia. Nosotros, los que somos parte de la iglesia y somos miembros activos tenemos una capacidad para poder llamar a otros que ni siquiera nos imaginamos, pues contamos con el favor de Dios. No nos avergoncemos de la iglesia y Dios tampoco se va a avergonzar de nosotros. “Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles” Lc 9:26.

No, nosotros no queremos avergonzarnos de Dios.

Mantenernos miembros activos de la iglesia. Mantener la enseñanza viva y activa en la iglesia. Mantener la adoración viva y activa en la iglesia cada domingo, tratando que nuestra adoración sea una adoracion viva y activa con himnos que podamos cantar y con letras que podamos entender y con oración que tengan sentido.

Y mantener una tarea concreta de ayuda a los pobres y a los necesitados de nuestro medio y a cualquier persona que lo necesite de una forma regular y organizada.

Esas son las cinco tareas que no queremos descuidar y que si nos jugamos por emprenderlas y mantenerlas no sólo estaremos obedeciendo a Dios como iglesia, sino que la unción de Dios se manifestará abundantemente en esta casa y con cada uno de sus miembros.

Que Dios pueda otorgarnos su paz y pueda darnos la valentía de emprender las tareas que son más importantes para que podamos disfrutar de sus abundantes promesas. Amen.

Las consecuencias del pecado

11mo. Domingo despues de TrinidadNatan y David

El Señor envió a Natán para que hablara con David. Cuando este profeta se presentó ante David, le dijo:

—Dos hombres vivían en un pueblo. El uno era rico, y el otro pobre. El rico tenía muchísimas ovejas y vacas; en cambio, el pobre no tenía más que una sola ovejita que él mismo había comprado y criado. La ovejita creció con él y con sus hijos: comía de su plato, bebía de su vaso y dormía en su regazo. Era para ese hombre como su propia hija. Pero sucedió que un viajero llegó de visita a casa del hombre rico, y como éste no quería matar ninguna de sus propias ovejas o vacas para darle de comer al huésped, le quitó al hombre pobre su única ovejita.

Tan grande fue el enojo de David contra aquel hombre, que le respondió a Natán:

—¡Tan cierto como que el Señor vive, que quien hizo esto merece la muerte! ¿Cómo pudo hacer algo tan ruin? ¡Ahora pagará cuatro veces el valor de la oveja!

Entonces Natán le dijo a David:

—¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor haciendo lo que me desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer.”…
Lo que tú hiciste a escondidas, yo lo haré a plena luz, a la vista de todo Israel.”

—¡He pecado contra el Señor! —reconoció David ante Natán.

—El Señor ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán—. Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al Señor.

Dicho esto, Natán volvió a su casa”.
2 Samuel 12:1-10.12-15a

Sal 113:1-8

Ef 2:4-10

Lc 18:9-14

En el día de hoy queremos hablar acerca de las consecuencias del pecado y también acerca de no querer o reconocer que somos pecadores.
Hoy se nos exhorta a tener la capacidad de reconocer nuestras faltas delante de Dios y la posibilidad de crecer en sabiduría para evitar vivir una vida en desobediencia a Dios con todas las consecuencias que ello implica.

Lo que hoy deseo predicar que, se desprende especialmente del texto del profeta Samuel, es un tanto difícil comunicarlo desde el púlpito. Es difícil porque no queremos ponernos en el lugar de Dios, porque no nos corresponde ni tampoco sabemos sobre esto. Y esto es concretamente, tratar de responder a la pregunta: ¿por qué nos suceden las cosas malas que nos pasan?

Hay muchas personas que, luego de un suceso malo se preguntan, por qué esto me pasa a mí. O personas que sucesivamente experimentan cosas malas en su vida. ¿Por qué? Podríamos responder desde la Biblia por qué nos suceden estas cosas. Y en este día, podremos irnos a nuestros hogares con cierto conocimiento de por qué nos pasan las cosas que nos pasan.

En la Biblia el apóstol nos dice: “No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra”. (Gl 6:7)
Esta es la lógica del universo que está también registrado en la Biblia. El principio físico de acción y reacción. O como esas filosofías de la “New Age” que, hoy pululan como “la ley de atracción” que, por otro lado no están muy lejos de lo que la Biblia ya expresa. En palabras simples lo que hacemos en la vida tiene sus consecuencias. Esas consecuencias pueden ser buenas o malas dependiendo directamente de nuestros pensamientos, palabras o acciones.
Es difícil predicar esto, pues no podemos aseverar que, tal o cual cosa que nos sucede es producto de alguna cosa mala que hemos pensado, dicho o hecho. Cuando nos creemos que podemos saber, discernir y juzgar sobre la vida de los demás nos convertimos en soberbios y necios y no nos damos cuenta que erramos y perdemos la humildad que Dios está queriendo de nosotros.
Pero sí es verdad poder decir que, todo aquello que pensamos, decimos y hacemos que no corresponde a lo que Dios nos pide, a partir de su palabra, tendrá sus consecuencias, independientemente que Dios nos ame y constantemente nos perdone.
Una prueba de ello se nos narra en la historia de David.

David en su soberbia, comete un pecado, una mala acción, manda a matar indirectamente a uno de sus generales para quedarse con su mujer. Embriagado de poder, no se da cuenta de la magnitud de su mala acción. Y cree poder ocultarla. Sin embargo Dios le revela esto al profeta Natán y él viene a escarmentarlo. David en su vergüenza y culpa no tiene más que arrepentirse y desesperado clama el perdón de Dios. Natán le asegura que Dios le perdonará, pero también le previene que tendrá que sufrir las consecuencias de ello. La consecuencia en este caso es la muerte de su hijo.
Muchas veces confundimos. Creemos que Dios castiga a David. Dios no puede hacerlo, pues él es un Dios de amor, un Dios perdonador. En todo caso, así como lo expresaba la sabia palabra del apóstol a los Gálatas, nosotros tenemos libre albedrío para pensar, hablar y actuar y en eso somos totalmente responsables de las consecuencias.

Lo mismo sucede en nuestras vidas. Dios está a nuestro lado cuidándonos, protegiéndonos. El quiere que vivamos una vida hacia la perfección y en la abundancia de sus bendiciones, pero está en nosotros cultivar una relación con Dios basada en nuestra humildad hacia él y en su sabiduría. Es difícil poder siquiera afirmarlo, pero es claro que todas las experiencias de nuestras vidas tienen una íntima relación con el tipo de pensamientos, palabras y acciones que tengamos.
Si estos están basados en lo que Dios nos pide, tendremos cada vez menos posibilidades de cosechar cosas que Dios no quiere para nosotros.
Es por eso que, es tan importante estar ligados a Dios, por medio del estudio de la palabra, la oración, la comunión con otros cristianos en nuestra iglesia y una decisión consciente de obedecer a Dios en pensamientos, palabras y acciones.

Se dice que, David, luego de haber reconocido este pecado escribió este conocido salmo 51, del cual queremos leer los siguientes versículos:
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me alejes de tu presencia
ni me quites tu santo Espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación;
que un espíritu obediente me sostenga.
Así enseñaré a los transgresores tus caminos,
y los pecadores se volverán a ti”. (Sal 51:10-13)

Esa es la oración que estamos invitados a hacer cada uno de nosotros cuando pecamos. Dios nos perdona una y otra vez eso es seguro. El quiere vernos bien, felices, prósperos, bendecidos caminando hacia la vida en plenitud ya desde el mismo momento de nuestro nacimiento espiritual. Pero está en nosotros que tengamos la capacidad de ser humildes a sus mandatos e intentar vivir una vida como a él le place.

Esta historia de David y el profeta Natán es una historia sobre el pecado del ser humano y también sobre la gracia de Dios. Dios perdonó este gran pecado a David, en una forma que, incluso permitió que David fuera uno de los reyes más importantes y personajes más importantes de su pueblo y para Dios. Pero también se nos recuerda que, en aquel momento preciso de su vida, David, plantó la semilla de sus malos actos cuyas consecuencias tuvo que, asumirlas, independientemente del perdón y de la gracia de Dios. Queremos aprender del rey David. Queremos aprender a confesar nuestros pecados a un Dios que sí perdona y queremos tener la sabiduría de saber que el tipo de acciones que hagamos tendrán su consecuencia en la calidad de vida que queramos vivir.

Una vez un hombre le confesó a su pastor que, había cometido un acto deshonesto. Concretamente había robado. Le había robado una importante suma de dinero a un amigo. Entonces luego se arrepintió de ese pecado, pues el pecado no confesado le carcomía interiormente. Y le confesó su pecado al pastor. ¿Y qué le aconsejó aquel pastor? Le dijo: Usted tendría que tratar de remediar ese pecado. Devuelva ese dinero. Si no es posible devuélvalo a sus parientes o a alguien que lo necesite, así como lo tomó, devuelva. Y luego estimado hermano prepárese para asumir las consecuencias de ese pecado, si es que ya no las está sufriendo. ¿Cómo las consecuencias dijo el hombre? ¿Acaso Dios no me perdona, acaso Dios me castigará? No, le dijo el pastor, Dios le perdonó en el mismo momento que usted se arrepintió de su pecado. Dios lo limpió así como dice en la Biblia:
“Vengan, pongamos las cosas en claro —dice el Señor—.¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!” (Is 1:18).
Pero, recuerde que, usted sembró una semilla con su mala acción, y esa semilla germinará y crecerá, quizás luego se secará, pero mientras tanto tendrá que soportar el crecimiento de esa semilla. Esas son las consecuencias del pecado. Y muchas veces lo que vemos crecer en nuestras vidas es la consecuencia de lo que hemos sembrado y que tendremos que aguantarlo.
Cómo saber qué tipo de pensamientos pensar, qué tipo de palabras decir y qué tipo de acciones concretas tenemos que mostrar, a eso todo lo encontramos en la Biblia la palabra de Dios, pero una buena guía sería aquellas palabras de Jesucristo que nos dicen:
“Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas”. (Mt 7:12).
Pensemos de los demás como nos gustaría que los demás piensen sobre nosotros, pensemos acerca de cómo nos gustaría que nuestra vida realmente sea; hablemos de los demás así como nos gustaría que los demás hablen de nosotros, hablemos palabras de fe y confianza a nosotros mismos y a los demás; y actuemos de la misma manera que nos gustaría que los demás actuaran con nosotros. Y recordar que todo lo que hagamos sea para Dios en primer lugar. Esa es una primera guía, para comenzar a sembrar la buena semilla que dará buena cosecha en nuestras vidas.

Por eso el Señor hoy nos llama a ser sabios y a ser humildes a su palabra y obedecerle. Que nuestro pensamiento sea puro conforme al Espíritu Santo de Dios, nuestras palabras sean de bendición conforme a Dios y que nuestros hechos sean aquellos que, su Hijo Jesucristo nos enseño.
En la vida nos irá cada día mejor y tendremos una cosecha de amor en nosotros, nuestra familia y nuestra iglesia si de veras nos conducimos con humildad hacia su palabra y con sabiduría en nuestros pensamientos palabras y acciones. Amen.

Un recordatorio a la santidad

 8vo. Domingo después de Trinidadsantidad

 “Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor”.

Romanos 6:19-23

 

Sal 48:2-3.9-11

Is 2:1-5

Mt 5:13-16

El tema tradicional para este domingo es los frutos del Espíritu. Cada uno de los que nos llamamos cristianos, como lo dice el apóstol Pablo somos llamados al servicio de Dios. Una de las maneras concretas de servir a Dios es vivir en santidad. En el día de hoy se nos llama a ser santos. Sería bueno poder rescatar el real significado de la palabra santo. Hoy en día la palabra santo tiene más connotaciones negativas que positivas.

Hoy entendemos la palabra “santo” como más que nada o lo relacionado con las personalidades católicas o antiguos padres de la iglesia. La iglesia católica es la que de tanto en tanto está aprobando que una u otra persona de su grey sea considerada como santo. A la vez un significado popular del uso de la palabra “santo” es cuando nos referimos a una persona que, es muy buena y que casi no tiene maldad. Casi se podría decir que, “santo” es sinónimo de “buenísimo” en nuestro lenguaje cotidiano.

Si bien algunos de estos significados tienen contienen una gran verdad, no es precisamente ese el significado de “santo”, cuando el apóstol nos habla de la santidad.

Santo según los términos del nuevo testamento es una persona que se lleva una vida diferente. La palabra santo quizás pueda relacionarse mejor con nuestra palabra “diferente”, en el sentido de distinto, alternativo, especial. Y con ello se está pensando en llevar una vida diferente o especial comparada con el mundo, es decir con las personas del mundo que, aún no se han decidido a creer en y seguir a Jesucristo.

A partir de aquí, podemos entender mejor a lo que el apóstol Pablo se está refiriendo cuando nos habla de que debemos vivir una vida que lleve a la santidad.

Estos primeros cristianos romanos, por primera vez habían podido escuchar la buena noticia del evangelio. Habían pasado de vivir una vida que, no concordaba con lo que Cristo pedía, a vivir una vida conforme a Dios. Había tenido lugar en ellos un cambio fundamental en su manera de creer en Dios, confiar en él y pensar sobre como debía vivirse la vida. Ese cambio fundamental es lo que muchas veces escuchamos bajo el nombre de conversión. La palabra conversión, así como la palabra santo, también es utilizada en nuestro lenguaje cotidiano de diversas maneras y muchas veces nada tiene que ver con describir ese cambio fundamental que iba ocurriendo en aquellos primeros creyentes. Hoy voy a referirme a la palabra conversión como aquel cambio fundamental necesario que, experimentaron los primeros creyentes al aproximarse a Cristo por medio de la predicación del apóstol, que les hizo vivir de una vida impura y mala hacia una vida justa y conducida a la santidad.

Los primeros cristianos sabían muy bien a qué se refería Pablo cuando les escribía estas palabras. Ellos podían aún visualizar su vida antigua y podían ver el tipo de vida que llevaban en la actualidad. Podían comparar ambas.

Una buena pregunta en este día sería: ¿Nosotros podemos comparar una vida con la otra?, probablemente no. Pues la mayoría de nosotros provenimos de hogares de padres y hasta quizás incluso abuelos que han sido siempre miembros de iglesias cristianas. Han sido educados en la fe. Han tomado parte de todas los ritos cristianos que, eran necesarios en la institución… Pero todo ello está muy bien y es altamente edificante, siempre y cuando nuestras vidas estén mostrando actos de justicia y vayan conduciéndose a la santidad. En palabras más simples, como decía aquel viejo dicho popular: “No sólo hay que serlo, sino también parecerlo”.

No sólo tenemos que decir que somos cristianos o que pertenecemos a tal o cual institución y que somos los más devotos confesando nuestras teologías y credos, sino también tenemos que mostrar los frutos de santidad en nuestra vida como cristianos. En dos palabras tenemos que vivir una vida santa. Y como dijimos al principio vivir una vida santa significa que, vamos a vivir una vida diferente a las personas que no creen en Cristo, porque nuestra vida se basa en seguir la palabra de Dios, esto es la Biblia.

Una vez una persona me dijo, poniendo en tela de juicio la Biblia y criticando las diversas interpretaciones de la Biblia y la dudosa libertad que existe para que muchos interpreten la Biblia: “A la Biblia la interpretan como quieren, hay muchas interpretaciones de la Biblia”. Allí le respondí: “La mayoría de los grandes eruditos y exégetas de la Biblia, aún en las distintas confesiones cristianas, están de acuerdo que hay una única y común interpretación de la Biblia. El problema está cuando otros libros o tradiciones o nuestros intereses particulares quieren estar por encima de la Biblia. De allí vienen las múltiples interpretaciones. Por tanto, ante la duda, está en nosotros elegir, ¿a qué le vamos a dar más crédito a nuestros intereses o la Palabra de Dios?

Vivir una vida santa, no se trata de ser una persona perfecta. Es por eso que, el apóstol dice “servir a la justicia que lleva a la santidad”. Es cierto que, hay personas que son mejores que otras en los términos de obedecer la palabra de Dios. Eso es alguien que nadie lo puede negar. Pero eso es parte de un proceso. Cuando se nos habla de que debemos ser santos, no se nos está hablando de que debemos ser perfectos, “buenísimos” y participar de la competencia de ‘quién es más bueno para ganar el cielo’. En el  momento que aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, ya hemos ganado el cielo (Hch 16:31). Lo que sí se nos pide es que tengamos realmente consciencia de que somos cristianos. Se nos pide que no seamos hipócritas. Se nos pide que, realmente podamos “dar fe” de ese cristianismo que decimos que confesamos y que decimos que somos. Si nos consideramos cristianos por pertenecer desde el nacimiento a una institución cristiana, entonces para que realmente eso sea auténtico, debemos estar viviendo ( o tratando conscientemente) de vivir una vida en a obediencia a la palabra de Dios. Y esto es verdad de decirlo con todas las letras, porque sabemos que hay personas que, se piensan que son cristianas pero no son conscientes de que no están viviendo una vida como a Dios le agrada. No son conscientes de que ser cristiano es tratar de vivir todos los días  una vida que busque agradar a Dios conforme a sus mandatos. Así como lo expresa el tema tradicional de este domingo, no están mostrando frutos de vida cristiana en su cotidianidad. En su forma de pensar, sobre sí mismos y los demás, en su forma de actuar, en su forma de jugarse por las cosas que son justas y correctas en este mundo, a partir de la palabra de Dios y no tanto por lo que nosotros pensamos que la palabra de Dios nos estaría diciendo para nuestro interés particular que, muchas veces puede no coincidir con lo que Dios está pidiendo.

Hay muchos cristianos que, necesitan que Dios les diga que él los ama, que Dios los perdona que, si le aceptan y creen en él serán salvos. Otros cristianos necesitan que les digan que, para mostrarse verdaderos cristianos no sólo basta creerse salvos o vivir dentro de una iglesia cristiana que, los crío desde niños con la buena virtud de tenerse por salvos y justificados por la fe, sino también es necesario que les digan que Dios nos llama a también mostrar frutos. Y los frutos son las buenas acciones, todo lo bueno que hagamos para los demás y para nosotros mismos en pensamiento, palabras y obras. A esto era lo que el apóstol Santiago se refería cuando decía: “Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley …Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?” (Sgo 2:12-14)

Esas obras, se basan naturalmente en la palabra de Dios. Por tanto uno debe medir sus obras conforme al parámetro de la Palabra, no hay otro parámetro. Nuestros parámetros de medición pueden no ser confiables, pero sí la Biblia.

Pablo les dice también a estos primeros creyentes: “Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia.  ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte!”

Ellos sabían muy bien a qué se refería Pablo. Ellos habían vivido una vida quizás en el desenfreno, o quizás simplemente sin Cristo, esto es sin la palabra de Cristo, y sin el Espíritu Santo. Nadie mejor que ellos para poder decir cómo era la otra vida. Aún así, Pablo tenia que recordárselas para que no caigan otra vez en una vida separada de Dios que sólo trae la muerte como paga de la desobediencia a la Palabra.

Cuánto más nosotros tenemos que ser recordados, pues muchos de nosotros no sabemos (enhorabuena) qué significa vivir apartados de la comunión de la palabra de Dios. Pero ese es el gran peligro, de aquellos de nosotros que, abandonan la fe, abandonan la iglesia, abandonan la relación y comunión con Dios pero y por sobre todo aquellos que aún siguen en su iglesia y no dan crédito a la Biblia como palabra de Dios.

Las palabras de Pablo acerca de lo que acarreamos con todos eso son terminantes: “la paga del pecado es muerte”. Como dijimos el domingo pasado: pecado es separación de Dios, ruptura de la relación con Dios que se da en una primera instancia con lo que enumeramos más arriba.

Pecado no es sólo un crimen mayor, pecado es ya no confiar en Dios y alejarse de la comunión con su palabra.

Un recordatorio, o como decimos en la iglesia, una exhortación es la que Pablo nos trae en este día para todos los que nos consideramos parte de la fe:

Busquemos vivir una vida en santidad, sí haciendo buenas obras, porque la salvación ya nos promete Dios, pero el quiere vernos sirviéndole, agradándole, mostrándole a él nuestro cristianismo y produciendo un tipo de misión milagrosa que, es la única exitosa y que es la que muestra a una iglesia haciendo buenas obras de amor a los demás. Mostremos que somos cristianos para que Dios este gozoso con nosotros y muchos más puedan hallarlo por nuestro testimonio. Si nunca lo has intentado, comienza ya y comienza en tu iglesia, cuando seas capaz de agradar a Dios en tu iglesia estarás capacitado para hacerlo fuera, en el nombre de Cristo, no antes. Esos son los milagros que logran que la misión de la iglesia sea eficaz. Mostremos que: “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. Amen

Soli Deo Gloria

¿Y si de veras creeríamos?

7mo. Domingo después de Trinidadpan

“Allí, en el desierto, toda la comunidad murmuró contra Moisés y Aarón:

 —¡Cómo quisiéramos que el Señor nos hubiera quitado la vida en Egipto! —les decían los israelitas—. Allá nos sentábamos en torno a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. ¡Ustedes han traído nuestra comunidad a este desierto para matarnos de hambre a todos!… El Señor habló con Moisés y le dijo:  «Han llegado a mis oídos las murmuraciones de los israelitas. Diles que antes de que caiga la noche comerán carne, y que mañana por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios.»

 Esa misma tarde el campamento se llenó de codornices, y por la mañana una capa de rocío rodeaba el campamento.  Al desaparecer el rocío, sobre el desierto quedaron unos copos muy finos, semejantes a la escarcha que cae sobre la tierra.  Como los israelitas no sabían lo que era, al verlo se preguntaban unos a otros: «¿Y esto qué es?» Moisés les respondió:

—Es el pan que el Señor les da para comer. 16 Y éstas son las órdenes que el Señor me ha dado: “Recoja cada uno de ustedes la cantidad que necesite para toda la familia, calculando dos litros por persona.”

 Así lo hicieron los israelitas. Algunos recogieron mucho; otros recogieron poco.  Pero cuando lo midieron por litros, ni al que recogió mucho le sobraba, ni al que recogió poco le faltaba: cada uno recogió la cantidad necesaria”.

Ex 16:2-3.11-18

Sal 107:2-9

Hch 2:41-47

Jn 6:1-15

 

Si de veras creeríamos, nos iría mejor en la vida. Nos preocuparíamos menos, estaríamos más consolados y más relajados. Tener fe significa confiar, y si confiáramos verdaderamente en el amor de Dios, entonces tendríamos la plena seguridad de que, nada podrá dañarnos. Dios se ocupa de suministrarnos todo lo que necesitamos. Dios no nos dejará que, nada nos destruya. Dios nos conducirá seguros durante nuestro tiempo hacia la eternidad. Y eso es lo que nuestro Señor Jesucristo le prometió a todos los que creyeran en él y eso nos regala también Jesús por medio del santo bautismo.

Es vergonzoso en ciertos momentos de la vida, vernos a nosotros mismos y ver también a otras personas incluso cristianas quejarse y murmurar en contra de Dios. Es muy común ver cristianos murmurar y quejarse todo el día, esto es una manera de vida que demuestra que la persona aún no está madura en la fe para poder incluso cambiar su manera de expresarse verbalmente. Pues esto es algo que, no agrada a Dios y no beneficia en nada a la persona, por el contrario la perjudica. Pero como decíamos es triste ver cristianos que, murmuran y critican a Dios mismo. Echándole incluso toda responsabilidad por las situaciones difíciles que deben de afrontar en la vida.

Quejarse de Dios, murmurar contra Dios es claramente un pecado. Un pecado pues demuestra la falta de fe y confianza en Dios y como desacreditamos nuestra propia creencia y nos desvirtuamos como creyentes. Nos desvirtuamos aún más cuando, comprobamos que Dios contesta nuestras oraciones y cambia nuestra situación y nuestra actitud y pensamiento frente a Dios cambia radicalmente.

Pero es, lamentablemente una característica muy humana, la falta de fe, la falta de confianza, la inestabilidad emocional y la debilidad de carácter. Todos los seres humanos en mayor o menor grado se comportan de la misma forma. Lógicamente aún así, aunque supuestamente en menor grado los cristianos, es decir aquellos que han decidido poner su vida al cuidado de Dios que, mayor poder tiene que ellos, esto es nosotros mismos.

La queja, la murmuración y la crítica: aunque nos hayan criado en un medio lleno de todo esto, nunca son buenas ni positivas. Hay una delgada línea, más bien casi inexistente entre la crítica llamada constructiva y la mera crítica que, siempre es negativa. Esto no aporta en nada. Y los únicos perjudicados somos nosotros mismos. La crítica hacia Dios es por tanto impensable, pues no sólo se trata de una falta de reverencia sino de un hábito pernicioso hacia nosotros mismos. Remitir la crítica hacia nosotros mismos y lógicamente hacia Dios es parte de un proceso que, tiene que ver con el crecimiento espiritual que, se basa en la fe y confianza en Dios. Hay personas que, no se animan a murmurar contra Dios en voz alta, pero lo demuestran con sus actitudes al alejarse de la iglesia, de la lectura de la Biblia, de la comunión con otros cristianos y de la oración. Esa es su manera, quizás subconsciente, de quejarse contra Dios y de distanciarse de la fe cristiana por las malas experiencias que hayan o estén pasando en sus vidas.

Dios sin embargo nos muestra su fidelidad cuando, a pesar del gran pecado de nuestra falta de confianza y de irreverencia el vuelve a confiar en nosotros y nos brinda una y otra vez una nueva oportunidad. Leemos en la Biblia que: Sin fe es imposible agradar a Dios (Heb 11:6). Cuando renegamos de nuestra fe y confianza en Dios, no estamos agradando a Dios, por tanto cortamos nuestra relación con él, nos distanciamos de él y a eso es lo que llamamos `pecado`.

Hay muchas personas que, no saben lo que significa el perdón. En primer lugar porque quizás debido a su propia crianza, jamás ha experimentado el perdón humano, de los padres por ejemplo. Hay muchos hogares de cristianos de tradición por ejemplo donde muchas veces he escuchado decir: “Yo perdono, pero no olvido” como si se tratase de un buen slogan como una especie de frase hecha que, nada tiene que ver con la palabra de Dios. Hay incluso personas dentro de estos hogares donde la palabra perdón y el ejercicio del mismo no existen. Si en estas personas no tienen lugar un encuentro verdadero con Dios, donde el mismo Espíritu Santo pueda darles el convencimiento de lo que el perdón significa, es imposible que puedan incluso comprender el amor y el perdón de Dios en sus propias vidas y así hasta creen que Dios no pueda perdonarles su falta de fidelidad en momentos de su vida. Tenemos que saber que, Dios es un Dios de amor, en este sentido y perdona, cuando hay arrepentimiento de nuestra parte y lo más hermoso es que, también olvida.

Dios es bueno, Dios es perdonador y Dios es fiel. El cumple su palabra, está en nosotros valorar esto y creerlo. Si hay situaciones en nuestras vidas que, no van bien, la única posibilidad para buscar el cuidado de Dios es acercarnos a él con fe y confianza renovadas y buscar mantenernos bajo su abrigo. No hay otra posibilidad para el cristiano.

Es lamentable, ver como muchos cristianos caen abatidos, ante las situaciones difíciles y lo primero que hacen es culpar a Dios. En vez de quizás culpar a este mundo de pecado en el cual estamos insertos y tendremos que habitar durante toda nuestra existencia y donde las consecuencias de la maldad en el mundo pueda llegar a afectarnos a todos cristianos y no cristianos o de culpar al mismo enemigo de Dios quien es la razón de todo mal en este mundo, es notable que, lo primero que hacemos es culpar a Dios e incluso hasta murmurar contra Dios.

Hemos sido criados también, vaya a saber de dónde provenga esto que, Dios es un Dios castigador que, Dios es un Dios que exige que, no deja de controlar y vigilar a sus hijos y esa imagen está muy incorporada en muchos de nosotros. Nos cuesta ver a un Dios de amor que, no busca sancionar, sino busca poder retenernos con amor para que permanezcamos al amparo de sus bendiciones, de la vida abundante que, nos asegura la Biblia.

Dios además de ser un Dios de amor y perdonador, es un Dios que cuida de nosotros. Esta es una de las facetas más difíciles de comprender por los seres humanos. Que alguien, fuera de nuestra realidad pueda tener una influencia sobre nuestra provisión y cuidado. Que alguien a quien no vemos pueda estar ayudando concreta y materialmente a que podamos subsistir. Dos mundos se desafían en esta creencia el espiritual de Dios y parte de nuestro mundo el material. Y allí es donde más se ejercita nuestra fe y confianza en Dios. Jesucristo formula la pregunta del que duda: “¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?”. ¿De qué vamos a vivir? ¿Quién nos va a dar trabajo? ¿Vamos a conseguir otro trabajo, si renunciamos a este? ¿De qué vamos a vivir cuando seamos viejos? ¿Con qué vamos a llegar a fin de mes? ¿Cómo nos va a ir en este año de crisis? Todas estas típicas formulaciones de dudas no son muy distintas que las murmuraciones de los israelitas en el desierto. Son expresiones de duda y falta de confianza.

Una buena pregunta al respecto sería: cómo afectaría nuestro estado de ánimo el saber que Dios, se ocupará de todas nuestras necesidades materiales y durante nuestra vida nunca pasaremos escasez ni necesidades? Si la respuesta a esta pregunta cambia tu estado de ánimo, entonces tu problema es un problema de falta de confianza en Dios. “Diles que antes de que caiga la noche comerán carne, y que mañana por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios”.

De la misma forma Dios nos promete su provisión y prosperidad sin escasez ni necesidades a cada uno de sus hijos pues él es fiel a su promesa que, implica también los material cuando nos dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10:10)

Cuando Jesús les dice a sus discípulos en el relato del Evangelio: “Denle ustedes de comer”, también nos está diciendo a nosotros que, nuestra confianza es la que determina que las bendiciones de Dios puedan hacerse efectivas o no en nuestras vidas. Si de veras confiaríamos, nos iría mejor en la vida. Nos preocuparíamos menos, estaríamos más fortalecidos y más aliviados. Tener fe significa confiar, y si confiáramos verdaderamente en el amor de Dios, entonces tendríamos la plena seguridad de que, nada podrá dañarnos. Dios se ocupa de suministrarnos todo lo que necesitamos. Dios no nos dejará que, nada nos destruya. Dios nos conducirá seguros durante nuestro tiempo hacia la eternidad. Y eso es lo que nuestro Señor Jesucristo le prometió a todos los que creyeran en él y decidan formar parte de su rebaño. Amén

La única referencia válida

6to. Domingo después de Trinidadpiedra angular

 

Sal 139:1-16.23-24

Dt 7:6-12

Mt 18:15-20

“Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia,  deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación,  ahora que han probado lo bueno que es el Señor.

 Cristo es la piedra viva, rechazada por los seres humanos pero escogida y preciosa ante Dios. Al acercarse a él,  también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo.  Así dice la Escritura:

«Miren que pongo en Sión

    una piedra principal escogida y preciosa,

y el que confíe en ella

    no será jamás defraudado.»

 Para ustedes los creyentes, esta piedra es preciosa; pero para los incrédulos,

«la piedra que desecharon los constructores

    ha llegado a ser la piedra angular»,

 y también:

«una piedra de tropiezo

    y una roca que hace caer.»

Tropiezan al desobedecer la palabra, para lo cual estaban destinados.

 Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.  Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido.

1 Pe 2:1-10

 

El tema tradicional para este domingo es la vida a partir del bautismo.  Cada uno de los textos de nuestro leccionario quiere infundirnos una palabra desde la Biblia que, pueda edificarnos según cada uno de estos importantes temas que, tienen que ver con nuestra vida de fe.

Hoy como en cada uno de los domingos, el tema concretamente es: ¿qué testimonio estamos dando como cristianos, hijos de Dios, bautizados, es decir miembros activos de una iglesia?

No es suficiente, decir tengo fe. O decir, yo soy cristiano o incluso decir yo he sido bautizado o aún he sido confirmado. Todas estas cosas no nos salvan, lo sabían?. Lo que sí nos salva es la fe que tenemos en todas estas cosas. Si de veras crees que, por haber pasado por cada una de estas experiencias en tu vida, eso ya te garantiza que eres un cristiano y que vas a heredar la vida eterna, tengo que decirte que, estás equivocado.

Lo que nos garantiza la vida eterna y el ser parte de la familia de Dios es, tener una relación con Jesucristo basada en nuestra fe en él y nuestro de deseo de agradarle por medio de una vida basada en lo que la palabra de Dios nos pide. Podemos resumir en dos palabras que, muchas veces no son bien comprendidas que son fe, y obediencia a Dios.

Estamos acostumbrados a ponernos metas en la vida, a cumplir objetivos, a alcanzar esas metas. Por ejemplo a graduarnos, a conseguir un trabajo, a casarnos, a formar una familia. A obtener un buen empleo, a comprar una casa, a obtener un ascenso. A conseguir una buena jubilación. A poder pasar una ancianidad respetable, saludable y próspera. Durante toda la vida nos ponemos metas y queremos alcanzarlas. Algo así como el corredor que va superando, saltando las vallas una tras otra, pues su objetivo es, llegar a la meta incluso poder ganar la competencia, es decir para cada uno de nosotros alcanzar la excelencia en cada una de las metas que nos tracemos.

Y muchas veces, ponemos a la iglesia o lo que es peor, a nuestra vida de fe en alguna de estas categorías. Es una lástima ver cuando los jóvenes se confirman y no aparecen más por la iglesia hasta que, necesitan casarse. Es una lástima ver, a la gente venir a la iglesia, sólo para eventos casi diría sociales, navidad o pascua. Es una lástima aún más grande que, la gente venga a la iglesia sólo por una costumbre, no por una necesidad de la fe que, quiere obedecer a Dios.

Y esto sucede porque, no tenemos una relación con Jesucristo. La iglesia se transforma tan sólo en una institución más. Mas esa no es la intención de la iglesia. Bautizado significa que pertenezco a una iglesia que, he decidido ser parte activa de la iglesia de Cristo y congregarme en un lugar en particular. Ser cristiano significa que, he aceptado a Jesucristo y confieso que, él es el Hijo de Dios, mi Señor, y mi salvador. Y especialmente cuando afirmo que, él es mi Señor, estoy queriendo decir que, le estoy obedeciendo a él, por medio del cumplimiento de su palabra. No nos queda otra opción lamentablemente. Pero también muchas veces, la gente se olvida de las grandes recompensas y beneficios de ser un ‘verdadero’ cristiano.

Una de esas recompensas es la vida eterna, lo que también llamamos la salvación. Por eso es que, a Jesús le llamamos ‘mi salvador’.

El mensaje para este domingo, está dirigido principalmente hacia aquellos que ya son cristianos que, están entendiendo cabalmente el significado de ser bautizados, parte de la familia de Dios. Pero también está dirigido a cada uno de aquellos que, no sabía muy bien esto y que, tiene el deseo de seguir a Jesucristo y ser parte de su rebaño verdaderamente.

El apóstol les dice a su comunidad y también estas palabras son para nosotros aquí y ahora que, nos despojemos totalmente de las cosas que no son de Dios. Que nos despojemos de lo que abunda en el mundo, como ser: “maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia” que, no nos parezcamos a la gente que vive en nuestro mundo y que vive según estos parámetros. Más bien que nos acerquemos a la palabra de Dios que, nos brinda una manera diferente de vivir. De allí la palabra “santa”. Poder vivir una vida diferente. Así como confesamos en nuestra fe: “Creo en la comunión de los santos”. Es decir creemos que Dios nos pide vivir una vida diferente y queremos hacerlo.

Pero para ello necesitamos nutrirnos de algo distinto a lo que el mundo nos ofrece. Para eso contamos con un alimento incontaminado y nutritivo. De la misma manera que, los médicos afirman que la leche materna es uno de los alimentos más completos para los primeros 6 meses del bebé. Así también el apóstol compara a alimentarse con la palabra de Dios como uno de los nutrientes más vigorosos para nuestra vida como cristianos.

Por tanto la vida del cristiano bautizado, debería caracterizarse por la lectura y el estudio de la palabra de Dios. Es imposible decir que, eres cristiano si no tienes a la Biblia como parte principal de tu alimento espiritual. Leer, meditar y estudiar la Biblia, regularmente es lo único que puede ayudarnos a crecer espiritualmente. Como en sermones anteriores hemos dicho no nos olvidemos que, la parte principal de nuestro ser es nuestro espíritu que, controla las demás partes y debe ser alimentado también, pero con alimento espiritual.

En segundo lugar, se nos habla simplemente de Cristo, lógicamente que, llegamos también a él por medio de la Biblia, la palabra de Dios, pero también llegamos a él por medio de nuestra oración y llegamos a él por medio de nuestra adoración a Dios cuando vamos dominicalmente a nuestro lugar de reunión: la iglesia.

Acercarse a Cristo, en esta forma es comparado con el apóstol con la piedra fundamental o también llamado piedra del ángulo. Antiguamente era la única y principal referencia para construir a nivel y a escuadra. Esta piedra debía ser en términos humanos, perfecta. De esa forma se podían tirar los hilos del nivel y la plomada para que toda la estructura esté escuadrada y nivelada.

Jesucristo es nuestra piedra del ángulo. Si tomamos a Cristo como referencia para la construcción de nuestra vida, entonces construiremos exitosamente. Todas nuestras metas en la vida que, de por cierto también le agradan a Dios, podrán concretarse y tener éxito en los términos de Dios.

Como les conté, anteriormente, uno de mis hobbies es la ebanistería. Después de haber comenzado con un par de proyectos y de haber casi fracasado en ellos, me di cuenta que la razón no había sido mi falta de aplicación y talento, sino que uno de las fallas principales había sido que no había medido bien. No había escuadrado la madera bien. Y esto hizo que al final lo que había construido se rompió! Porque la madera no pudo soportar las tensiones de piezas no escuadradas. Me di cuenta que el 80% del éxito del trabajo radicaba en la medición y escuadrado.

Y lo mismo pasa con nuestras vidas. Jesucristo es la referencia métrica de nuestras vidas, por así decirlo. Si nos atenemos a las leyes de su referencia todo lo que queramos construir en nuestras vidas, incluso más allá de nuestra vida en la tierra, tendrá éxito.

Así nos lo confirma la palabra de hoy: “también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual…Miren que pongo en Sión una piedra principal escogida y preciosa, y el que confíe en ella  no será jamás defraudado…” Esta es una maravillosa promesa. Especialmente para todos aquellos que, no entienden aún o a los que les cuesta poder poner en primer lugar a Cristo y a su iglesia o a los que piensan que por acercarse a Cristo van a perder sus libertades y no van a poder disfrutar de la vida. No es así, todo lo contrario. Ateniéndonos a la piedra angular de Cristo, como referencia para nuestras vidas vamos a convertirnos en “piedras vivas” y seremos capaces de construir nuestra vida espiritual que, no solo podrá darnos superación en nuestra propia vida sino también vamos a poder servir de referencia, o de testimonio para muchos otros más que, aún no conocen a Cristo o que aún no se animan a arrojarse a sus brazos y a entregarse por completo a él como verdaderos cristianos bautizados. “La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular” Nosotros creemos esto queremos construir nuestra vida según esta piedra y vamos a tener triunfo en todo lo que emprendamos. Y de la misma manera queremos comentarlo y divulgarlo con los demás que aún no conocen a Cristo, aunque estén bautizados, o confirmados o aún tengan una vida de venir a la iglesia.

Y por último, si tú estás en la categoría de las personas bautizadas que entiende esto y tu vida se rige por la referencia de Cristo, su palabra, entonces tienes que saber que, eres linaje escogido. No sólo eres hijo o hija de Dios sino también que eres como si fueras un miembro de la nobleza del reino de Dios. Eres amado por Dios y él quiere que seas capaz de vivir una vida con ese conocimiento y esa certeza: “para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Si de veras ese conocimiento, esa convicción está presente en nuestras vidas, vamos sí a ser de bendición y de agentes briosos en la misión diaria que, Dios nos invita a recorrer.

Que Dios pueda darnos la valentía de anunciar esto a todos aquellos de nuestros seres queridos que aún no lo saben. Y que Dios pueda darnos la valentía y el coraje para confiar nuestra vida en Cristo y en su palabra como referencia para nuestras vidas si aún no nos hemos entregado a él en obediencia a su palabra.

Amén.

 

Las cinco señales del seguimiento

5to. Domingo después de Trinidadseguimiento

 

“Por último, hermanos, oren por nosotros para que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y se le reciba con honor, tal como sucedió entre ustedes. Oren además para que seamos librados de personas perversas y malvadas, porque no todos tienen fe.  Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y los protegerá del maligno.  Confiamos en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo lo que les hemos enseñado.  Que el Señor los lleve a amar como Dios ama, y a perseverar como Cristo perseveró”.

2 Tesalonicenses 3:1-5

Sal 73:12-28

Gn 12:1-4ª

Lc 5:1-11

Cinco son las cosas que puso el apóstol Pablo en el corazón de los tesalonicenses al final de su epístola.

Esas mismas cinco cosas está poniendo Dios en nuestros corazones, cinco cosas que, podemos enumerar con los dedos de una mano:

  1. Intercesión; 2. Misión; 3. Lucha; 4. Obediencia y 5. Fidelidad. Queremos repasar en este domingo cada uno de estos puntos.

En primer lugar se encuentra la intercesión. “Oren por nosotros”, dice Pablo. Quien cree, ora y quien ora es porque cree. Así también cree el que pide por oración. Pablo sabe esto, pues él mismo afirma que, todo su esfuerzo por Cristo no sirve para nada, todos sus conocimientos teológicos no sirven para nada, todo el dinero y toda la salud del mundo no sirve para nada, si Dios no edifica la obra. En el salmo 127 se lo expresa claramente: „Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan os albañiles”. Y esto vale no sólo para una casa normal sino también para el reino de Dios que, el apóstol Pablo trataba de compartir en sus viajes misioneros. Y esto vale para todas las cosas que, construyas en tu vida, sea en el plano laboral o familiar, sea en el plano eclesial o político o privado. El famoso tocayo de Pablo, Paul Gerhardt, lo expresó en forma poética: “Oh, Señor, mi Dios esto viene de ti, / tú eres el que hace todo,/tú mantienes la guardia de nuestra puerta, y nos permites dormir seguros”. Quien lo sepa, orará mucho, sabrá escuchar a Dios y sabrá que El lo hace todo bien. Y también vamos a pedir a Dios por otros, pues llegará el momento donde no podremos hacer más nada por ellos y nos encontraremos al límite de nuestras fuerzas sin poder hacer como nos gustaría. Es por eso que, deberemos de recurrir a la intercesión, vamos a tener que decir como dice Pablo: “Oren por nosotros”. Es por tanto el primer punto, el primer dedo: la intercesión.

En segundo lugar está la misión. Pablo escribe: “oren por nosotros para que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y se le reciba con honor”. El mensaje del evangelio debe circular rápidamente. Es el mejor mensaje del mundo que, convoca a todos y llama así:

¡Reconcíliate con Dios por medio de Jesús. Toda tu culpa se borrará y todo aquello que te pesa. Encuentra el sentido a la vida que va más allá de la muerte!

Es una lástima que, este mensaje permanezca en una estantería de libros. Este mensaje, sería una lástima que, permaneciese entre las cuatro gruesas paredes de una iglesia. Este mensaje debe salir de la iglesia, debe circular, debe mezclarse entre la gente, debe filtrarse hacia el mundo. Este mensaje debe llegar a tantos oídos como sea posible de modo que pueda afectar también los corazones. Y en eso ayudará Dios, de modo que la gente reconozca y confiese sus pecados, para que puedan recibir el perdón, crean, sean bautizados y obtengan la salvación. De esa forma el evangelio será ensalzado, como fue el caso con los Tesalonicenses de antaño que, lo aceptaron con fe. Sí, la palabra de Dios debe circular por el mundo y ser alabada por la gente que, la acepte. Este es el segundo punto, el segundo dedo: la misión.

Si podríamos vivir sólo del poder del Evangelio, entonces en la vida sería todo color de rosa. Sin embargo hay alguien que, está en contra del evangelio: este es el diablo, el adversario de Dios. Este lucha contra nosotros cristianos y consigue adeptos que, destruyen nuestra fe y quieren dañarnos. Es por eso que, durante todo el tiempo en que permanezcamos en esta tierra, estaremos en lucha. Es la lucha de la fe, sobre la cual escribe el apóstol Pablo en numerosos sitios de la Biblia. Esto es el tercer punto después de la intercesión y de la misión: la lucha. Sobre esto dice el apóstol Pablo que: “seamos librados de personas perversas y malvadas, porque no todos tienen fe”.  Personas perversas y malvadas, enemigos del evangelio los hubo antes y en todo tiempo. También en nuestros días tenemos que lidiar con ellos. En algunos países de la tierra hay persecuciones a los cristianos tan brutales como en los tiempos de los primeros cristianos que, no tienen lugar sin tortura y muerte. O en nuestro país, existen las personas ateas que, con argumentos racionales afirman que Dios es una invención cual un cuento infantil y tienen a la resurrección como si se tratase de un mito. Y ni que hablar de muchas cosas más de la Biblia que son tergiversadas sólo para estar de moda con los tiempos materialistas que vivimos o por falta de fe en las sagradas escrituras. O están también los cínicos, con los cuales no se puede hablar en serio de las cuestiones de la fe, pues en seguida se burlan de la iglesia y de Jesús. O están los indiferentes que, no les interesa para nada la palabra de Dios. Y lo peor son los que “aparentan serlo”, los perversos, como los nombra Pablo, los hipócritas, los lobos vestidos con pieles de oveja. Son las personas que, hacen todo como si creyeran en Dios y como si la Biblia y la iglesia fueran cosas muy importantes. Pero si uno observa bien en lo que confiesas, no están confesando al Dios en tres personas, no al Cristo resucitado, no al evangelio de la vida eterna, sino a una especie de cóctel entre humanidad y cuidado de la creación. Sí, de ellos nos guarde Dios, pues fácilmente podemos caer en el error si nos dejamos guiar por su pseudo-cristianismo y ser así embelesados. En la guerra espiritual, no seremos vencidos si confiamos no sólo en nuestras propias fuerzas sino principalmente en la asistencia de Dios, como Pablo lo afirma en su bendición: “Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y los protegerá del maligno”. Que Dios puede fortalecernos en esta lucha espiritual, este es el tercer punto, el tercer dedo.

Además de la intercesión, de la misión y de la lucha, llegamos a la cuarta que, es la obediencia. Pablo escribe: “Confiamos en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo lo que les hemos enseñado”. Pablo era en verdad un hombre pecador como tú y como yo, pero como apóstol estaba siendo capacitado y fortalecido por Dios, de modo que pudiera anunciar el evangelio. Por eso él lo cumplía en el nombre de Señor y lo realizaba en la confianza que, los creyentes aceptarían su mensaje como proveniente de Dios mismo. Jesús mismo les dijo a sus apóstoles: “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió” (Lc 10:16). Esa misma obediencia queremos tener a las sagradas escrituras, pues son el testimonio de los apóstoles y profetas y de la misma palabra y mandatos de Dios. Quien tome a la Biblia como poco confiable y errónea o quien piense que, pueda saber más que la sabiduría de la Biblia, esa misma persona se hace desobediente frente a Dios y por tanto no tiene fe. Lo mismo vale para los maestros y pastores, es decir para hombres y mujeres a los que Dios les ha encargado el ministerio pastoral y vale también para mí que, soy vuestro pastor. Si yo anuncio la palabra de Dios conforme a las enseñanzas de los apóstoles, entonces no es mi propia opinión personal, sino que ésta es la voz de Jesucristo a la que sólo hay que seguir. Naturalmente que, puede llegar el punto donde haya malentendidos, sí, y hasta puede suceder que, yo me equivoque. Pero si ustedes lo ven así, entonces tendrían que acercarse a mí y presentarme la cuestión y tendríamos que leer la Biblia comunitariamente para ver de qué se trata. De otra forma, yo esperaría al igual que el apóstol Pablo que ustedes respeten mi doctrina y predicación con la obediencia de la cual predica el apóstol Pablo que, se deba aceptar la palabra de Dios. Este es, lamentablemente un punto donde, la iglesia en nuestros tiempos está muy débil y se ha ablandado demasiado. Hay mucha necesidad, pecado y pobreza en la fe donde se ve que los miembros de las iglesias no aceptan el mensaje de sus pastores y lo siguen. Este era el cuarto punto, el cuarto dedo: la obediencia.

El quinto y último punto tiene que ver con la fidelidad. El apóstol Pablo escribe: “Que el Señor los lleve a amar como Dios ama, y a perseverar como Cristo perseveró”. El amor de Dios y la perseverancia de Cristo. En un primer momento se podría pensar que, Dios nos ama y Jesús ha tenido perseverancia con nosotros. Esto no es erróneo, pero por el contexto debe tratarse de otra cosa. De lo que aquí se trata es de algo que se dirige hacia nuestros corazones. Eso significa que, debemos amar, es decir a Dios y debemos ser perseverantes en la fe como en la fe en Cristo. Aquí se trata también de que, permanezcamos fieles en la fe. Quien ame a Dios, permanecerá fiel a él en las buenas y en las malas, pues el amor no se extingue. Y quien haya experimentado a Jesucristo como su Señor y Salvador, sabrá también que, tenemos que ser fieles hasta el fin y también obtendremos la vida eterna. Nos tenemos que parecer a aquellas diez prudentes vírgenes que, también conservaron aceite de reserva para los momentos de sueño que, digámoslo así permanecieron fieles a la palabra de Dios y a la santa cena.

Nos tendríamos que parecer a la viuda insistente que no se cansó de pedir justicia al juez. “Se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” Así nos promete Jesucristo. ¡De ser fieles en la fe de eso se trata!

Si no observamos este quinto punto, entonces los demás tampoco tienen sentido: la intercesión, la misión, la lucha y la obediencia. Pero si nos mantenemos fieles en la fe, seremos declarados inocentes ante el juicio de Dios. Es por eso que, queremos atesorar en gran manera este quinto punto: que el Señor llene nuestros corazones con el amor de Dios y con la perseverancia de Cristo, de modo de poder permanecer fieles en la fe. Amen.

La importancia de los pequeños actos de bien

4to. Domingo después de Trinidad

“No paguen a nadie mal por mal. Proactos de biencuren hacer lo bueno delante de todos.  Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.  No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor.  Antes bien,

«Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer;

    si tiene sed, dale de beber.

Actuando así, harás que se avergüence de su conducta.»

 No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien”.

Romanos 12:17-21

Sal 42:2-12

Gn 50:15-21

Lc 6:36-42

Seguramente que, hemos escuchado, leído y visto muchas historias sobre hacer el bien, dar, perdonar y también acerca de las consecuencias de los buenos actos. Todo lo bueno que tiene el mundo, se lo debemos a las personas que incansablemente hacen el bien. Todo lo malo del mundo se lo debemos a las personas que, no se esfuerzan por hacer el bien, más bien piensan mal, juzgan mal, critican y por consecuencia luego hacen el mal. Pero la palabra de Dios hoy nos trae una instrucción muy práctica: no cansarnos de hacer el bien. El tema para este domingo es la comunidad de pecadores. ¿Quiénes son los pecadores? Cada uno de nosotros. Si bien somos cristianos, hemos sido perdonados por Dios y aceptados como hijos suyos, aún seguimos pecando día a día en pensamientos, palabras y acciones. La única diferencia que, tenemos con aquellos que no son cristianos es que nosotros podemos saber cuál es la diferencia entre las cosas que están mal y las cosas que están bien.

Esta lectura para el día de hoy es bien práctica. Me agrada poder venir a la iglesia y poder irme de la misma teniendo una sugerencia práctica de cómo podemos comportarnos como verdaderos cristianos y cómo también poder ser avalados (bendecidos) por Dios por la manera en la cual vivimos como hijos de Dios.

Una pregunta interesante para hoy sería: ¿Por qué Jesús nos pide que hay que hacer el bien?

En primer lugar, porque la venganza o el tomar revancha o castigar el mal no es algo que nos corresponde a nosotros hacer como cristianos, como hijos de Dios. El apóstol nos recuerda que, quien se encargará de ello es Dios, esa es su responsabilidad. Desde el momento que, pertenecemos a Dios, creemos que él se hace cargo de nosotros, nos salva, nos protege, nos alimenta, como así lo expresa el salmo 42:11 para este domingo: “¿Por qué voy a inquietarme?    ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza”. Y de la misma manera se expresa en toda la Biblia así también nuestro querido salmo 23:4 “Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo; con tu vara de pastor me infundes nuevo aliento”.

Una parte esencial de la fe, es la confianza, es creer que lo que la palabra de Dios nos dice es verdadera palabra de Dios y creer que, Dios nos habla por medio de ella. Es imposible ser cristiano, sin tener confianza en Dios. Muchas veces en esta cuestión de la revancha creemos que, somos nosotros los que debemos hacer justicia por mano propia. Hoy Dios nos exhorta a confiar en su cuidado. Nos exhorta a que podamos confiar especialmente en este aspecto de nuestras vidas. No pagar mal con mal. No devolver el mal que se nos ha hecho. Uno de los mandamientos más importantes de la Biblia es: Ama a tu prójimo como a ti mismo. A veces es difícil perdonar, es difícil olvidar el mal que se nos hizo o que se nos está haciendo y hasta a veces el mal que se nos ha cometido o se nos está cometiendo es tan grande que tenemos el impulso de vengarnos de pagarle al otro con la misma moneda. Y eso está terriblemente mal. Por dos razones:

Primero: por qué así estamos desobedeciendo a Jesucristo,

Segundo: porque eso nos muestra que no estamos confiando en su palabra y en su cuidado.

Y un tercero la Biblia misma está llena de esta sabiduría: lo que nosotros sembramos cosechamos. Quien da mal lo único que cosechará es más mal en su propia vida.

Por tanto confiemos que, Dios se ocupará de nuestro problema cuando él mal se cierna sobre nosotros o sobre nuestra comunidad. “A cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino, y que lo hundieran en el fondo del mar” Esa es la abundante promesa para nosotros y la terrible advertencia para los que nos persiguen y quieren el mal de la iglesia. Por tanto, Jesús hoy nos pide que, dejemos que él responda al mal y mostremos nuestra verdadera fe al poder confiar plenamente en su palabra.

Muchas personas dicen que, es difícil perdonar a alguien que nos ha hecho mucho mal. Es verdad, hay personas y personas. Algunos cristianos tienen el don de saber perdonar, hay otros en cambio que les cuesta mucho perdonar. Una buena sugerencia práctica para aquellos que les cueste perdonar, sería: si te cuesta mucho perdonar, recuerda que Jesús hoy nos dice que, por lo menos no pagues mal por mal. No devolver con la misma moneda. Si alguien te ha hecho mal y es difícil de perdonar, no le hagas tú lo mismo. Eso es no sólo un consejo sabio sino un mandato de Dios.

Hoy en día hay muchas filosofías de vida que, pululan por ahí que, en esencia son buenas porque buscan quizás, sin saber que la Biblia ya se ocupa de ello, de sanar a la gente y de procurar una forma de vida más plena. Una de las filosofías prácticas de las cuales he leído y que me parece muy acertada dice que, ante cualquier circunstancia contra la cual no podamos encontrar una solución lo más sabio es: “dejarlo irse”, “liberarse de las cargas”, perdonar y olvidar. Se han constatado miles de casos de personas que no sólo se han sanado a sí mismas mentalmente sino también hasta hubo casos de sanaciones milagrosas. La Biblia está llena de milagros. Y los milagros comienzan cuando depositas tu confianza en la palabra de Dios y comienzas a obedecer a Dios que, nos dice: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia: (Jn 10:10). Dios hoy nos pide también algo similar a esa filosofía se sanación: “dejarlo irse” dejar irse de nosotros el odio y el rencor. Dejar irse de nosotros todo sentimiento de falta de perdón y resentimiento. Pues eso sí en verdad nos enferma y nos aleja de Dios.

Entregarle a Dios nuestros malos sentimientos hacia nuestro prójimo, nuestros miedos, nuestras angustias, nuestras inseguridades, nuestro resentimiento, nuestra envidia, nuestros celos al pie de la cruz de Cristo. Es por eso que, cada vez que oramos en el culto declaramos que, traemos todo aquello que nos impide tener una buena relación con Dios y lo queremos depositar al pie de la cruz de nuestro altar de manera simbólica para que Cristo se ocupe de las cosas que, nosotros no podemos manejar.

De la misma manera hoy Dios nos dice: “No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos”. Esto no es sólo una linda formulación ética o lindos principios para la vida del ciudadano, esto es la palabra de Dios que, se nos pide obedecer para que nos vaya bien en la vida. Para que podamos obtener aquella vida en abundancia que Dios nos promete.

¿Se puede hacer el bien? Sí, siempre se puede hacer el bien. Todos los días hay millares de formas de hacer el bien. Desde detalles insignificantes hasta grandes obras. Si nunca te has propuesto hacer el bien hoy lo puedes comenzar a hacer. Y una de las primeras premisas que debemos tener en claro especialmente con aquellos que nos hacen el mal, frente a los cuales parecerá imposible hacer el bien es: “No paguen a nadie mal por mal”. En situaciones difíciles, será esta la mejor forma de hacer el bien.

Cómo podemos hacer el bien. Eso queda a la buena imaginación de cada uno de nosotros.

Lo importante es que en primer lugar nuestros pensamientos sean puros y buenos. Si pensamos bien sobre los demás, vamos a poder hablar bien sobre ellos y si hablamos bien vamos a poder actuar bien. Una cosa ayuda a la otra. Jesús se quejaba de los fariseos y decía: “Este pueblo me honra con los labios, Pero su corazón está lejos de mí” (Mt 15:8)

En primer lugar tenemos que pedirle a Dios fuerza para controlar la calidad de nuestros pensamientos. Pensemos en positivo y especialmente pensemos acerca de los demás como nos gustaría que los demás estén pensando acerca de nosotros. Y un buen lugar para comenzar a practicar esto es en nuestra iglesia, donde decimos que somos cristianos y decimos que nos amamos los unos a los otros.

En segundo lugar, Jesús decía de esas mismas personas: Lo que contamina al hombre no es lo que entra por su boca. “Lo que contamina al hombre es lo que sale de su boca” (Mt 15:11) Cuidar nuestras palabras. Lo que hablamos nos contamina, aunque no nos estén escuchando las personas con las cuales hablamos pero Dios sí escucha y los únicos perjudicados somos nosotros mismos. Comenzar a hablar sobre los demás como nos gustaría que los demás estén hablando de nosotros cuando nosotros no estamos, ese es un buen ejercicio y nos va a demostrar cómo son nuestras palabras, si son palabras de bien o de mal.

En la lengua hay poder de vida y muerte (Gn) Esta es una frase sorprendente y que deberíamos tomarla en serio. Cada vez que pronunciamos palabras estamos pronunciando vida o muerte a quienes nos oyen y a nosotros mismos; por tanto necesitamos ser cautos en cuanto a las palabras que decimos. Nuestra boca da expresión a lo que queremos, pensamos y sentimos; por tanto revela mucho acerca de la persona que habla. Podemos aprender mucho acerca de nosotros mismos solamente escuchando las cosas que decimos Mt 12:34 dice: “De la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón; el hombre malo saca cosas malas de su mal tesoro” Nuestras palabras son el resultado de nuestros pensamientos y actitudes interiores. Se podría decir que nuestras palabras son una pantalla de cine que, revela lo que hemos estado pensando y las actitudes que tenemos. Nuestras palabras también pueden aumentar o disminuir nuestro nivel de satisfacción. Pueden afectar las respuestas a nuestras oraciones y tienen un efecto negativo o positivo en nuestro futuro. Deberíamos prestar atención a lo que la palabra de Dios quiere enseñarnos acerca del poder de nuestras palabras. Cuando una persona no está satisfecha con el estado de su vida, sería bueno hacer un lista de las palabras que ha pronunciado.

Y finalmente vienen las acciones.”El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” dice un proverbio chino. Por más pequeño que sea el bien que podamos hacer a través de un acto puro y concreto de bien, eso no sólo agrada a Dios sino que también afecta todo nuestro mundo y nos trae a cada uno de nosotros bendición. Los físicos y meteorólogos han descubierto cosas increíbles cuando estudian el clima ellos dicen que: ‘Esta interrelación de causa-efecto se da en todos los eventos de la vida. Un pequeño cambio puede generar grandes resultados o hipotéticamente: “el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York”.

Imaginémonos todo el bien que podemos producir en el mundo si cada uno de nosotros decide pensar en positivo, hablar en positivo, orar, y hacer un pequeño acto de amor y bien, en nuestras familias, en nuestra iglesia y en nuestra sociedad. “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien”.