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Por eso es que tenemos esperanza

Domingo de Pascua de ResurrecciónResurreccion

“Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales.

Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron. De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir, pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será destruido es la muerte, pues Dios «ha sometido todo a su dominio». Al decir que «todo» ha quedado sometido a su dominio, es claro que no se incluye a Dios mismo, quien todo lo sometió a Cristo. Y cuando todo le sea sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todo, para que Dios sea todo en todos.

1 Co 15:19-28

Sal 118:14-24

1 Sa 2:1-6

Mt 28:1-10

 

Cristo resucitó, él está vivo. Las profecías se cumplieron. El fue y es el mesías esperado, el ungido, el elegido de Dios. El redentor, el salvador. Sólo por medio de él tenemos un acceso directo al Padre, a Dios. Todos los que desean ser salvos y heredar la vida eterna están invitados a creer en él. ¿Creer en qué? Creer en todo esto .Esa es la única opción.

¿Cómo puedo creer, si yo no estuve allí? No conviví con Jesús, no vi sus milagros, no vi su resurrección, no vi las marcas de los clavos en sus manos. Jesús le dice al escéptico Tomás que, había incluso conocido a Jesús y visto todo lo que él hizo durante su ministerio: “—Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás Luego le dijo a Tomás:

—Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.

—¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás.

—Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen. (Jn 20:25ss)

El cristianismo no es una filosofía de vida, una doctrina que, se aprende, un concepto intelectual que, hay que aprender. Cuando queremos enseñar a los más jóvenes en la iglesia, sea en la escuela dominical o en la confirmación, nuestra intención, si es que eso aún no sucedió en el hogar, es poder acercarles la oportunidad de aceptar creer en Jesucristo como Hijo de Dios. Es una invitación y la persona es libre de aceptar o no. Y eso tiene lugar en su mismo espíritu. Nosotros, los cristianos no lavamos el cerebro a nadie, ni tenemos los argumentos más convincentes del mundo. De hecho, si debiéramos basarnos en la razón como la mayoría del mundo lo hace, el cristianismo no tendría muchos argumentos científicos para sostenerse. Pero la ciencia no lo es todo en este universo. Así como también el hombre y sus logros tampoco lo son todo. Hay una dimensión más en este universo que, es la inteligencia sabia y universal a la que conocemos como nuestro padre Dios que, excede nuestra comprensión racional y va más allá de ella. La fe no niega la ciencia, ni los logros del ser humano, pero son dos cosas distintas. En Dios se nos invita a creer, a aceptar, no a juzgar, sopesar, probar según los parámetros del ser humano.

Dos hombres, ambos borrachos, salieron de la taberna y subieron al bote que debía llevarlos al otro lado de la bahía. Se sentaron y comenzaron a remar. Trabajaron toda la noche, y no podían comprender por qué no llegaban nunca al otro lado. Cuando amaneció, descubrieron que el bote estaba anclado. Se habían olvidado de levar el ancla.

Así pasa con muchos que, están esforzándose por poder creer para entrar en el reino de los cielos. No pueden creer, porque están anclados a este mundo. ¡A veces es necesario cortar el cable! Confesar nuestra falta de fe y entregarse por completo a Cristo ¡Liberarse del peso de las cosas terrenas, para poder acceder a Cristo!

Cuando la persona, especialmente desde la más tierna edad ha aceptado a Jesucristo, esa persona sentirá desde lo más profundo de su espíritu la necesidad de informarse acerca de la palabra de Dios. Para eso queremos en la iglesia brindar la oportunidad de que la persona, los fieles, puedan aprender acerca de la palabra de Dios, tanto sea en la escuela dominical, como en el curso de confirmación y especialmente durante toda la vida por medio de los estudios bíblicos y distintas actividades en la iglesia que, sirven para el aprendizaje de la Palabra de Dios. La palabra de Dios se nos muestra, se nos ofrece, no se adoctrina. Nosotros una vez que la aceptamos estamos en condiciones de poder aprenderla cada día al leerse y explicarse la Biblia. Hay muchas iglesias que, tienen pocas personas activas pues, no ha habido lamentablemente aún un momento donde se invita a la persona a aceptar conscientemente a Cristo. No queremos tampoco nosotros descuidar esta tarea tan importante que, se llama evangelización.

Hoy es el día donde recordamos que, Jesús resucitó. Muchos de nosotros hoy aquí, ojalá todos, hemos aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador, nos consideramos cristianos, pero más que nada, salvos por su palabra cuando él nos dice: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3:16) Sabemos que, los que hemos aceptado a Cristo tenemos la vida eterna. Los que hemos aceptado a Cristo, hemos sido bendecidos con el Espíritu Santo, así lo dice la Palabra: “En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido” (Ef 1:13-14)  En el momento que aceptamos a Cristo, el Espíritu de Dios viene a habitar en nosotros y éste nos da la certeza de su existencia. Pero si aún no lo hemos hecho, es necesario que lo hagamos para que él pueda vivir en nosotros (Ro 8:9b).

Por lo tanto, la mejor manera de poder tener fe en la resurrección es primero por medio de la invitación a creer en Jesucristo. Ese es el primer paso. No hay otra forma. Es imposible decir que creemos en la resurrección si primero no hemos aceptado a Cristo. El único que nos muestra las pruebas y nos dará la certeza en nuestro propio espíritu, es el Espíritu Santo. Dios no se maneja con las pautas científicas de la humanidad. Dios se maneja en otra dimensión, además de la dimensión material que, tanto impera en nuestro tiempo.

Una vez al famoso predicador inglés Charles H. Spurgeon se le pidió que predique de forma que pudiera convencer a la gente que la Biblia era efectivamente verdad y él contestó con una frase muy gráfica: “¿Qué defienda la Biblia? Sería como defender a un león. Solo déjela libre y se defenderá a sí misma.”

El Espíritu de Dios no necesita ser defendido por nadie. Dios es Dios y no necesita ser defendido por nadie. En todo caso, es al revés cada uno de nosotros tiene la oportunidad única de aceptar a Dios y poder modificar su destino eterno.

¿Qué haga todo lo posible para que la gente crea? Cuál es la mejor manera para que la gente crea. En primer lugar, yo debo creer. Yo personalmente debo haber aceptado creer en Cristo como Hijo de Dios, resucitado. En segundo lugar, debo dar testimonio de mi fe, mostrar los frutos de esa fe. Mostrar mi testimonio de amor para con los demás. Mostrar que, mi forma de vida es distinta a la que el mundo plantea, esa manera de comportarse y de ser será una de las mejores propagandas que tendrá el cristianismo para extender la fe.

Y en tercer lugar, debo invitar, debo hablar de Jesucristo, debo acercar la palabra de Dios a los más pequeños, a los niños, a los jóvenes y claro está a cualquiera. La tarea de evangelizar no es sólo de los pastores es de cada uno de nosotros que, somos cristianos.

Si hemos aceptado a Cristo, el Espíritu Santo habita en nosotros. Por tanto tenemos toda la capacidad para creer. Aceptemos por fe que Jesús resucitó. Pidámosle al Espíritu Santo de Dios que, fortalezca nuestra fe, nuestra confianza en Dios que, tengamos la fe y confianza necesaria para que Cristo pueda obrar con su poder en nuestras vidas, no tan sólo de la forma humana, de la que estamos acostumbrados, sino también de forma divina, como es propio de Dios.

El apóstol Pablo le dice a la congregación de los corintios que, como muchos de los cristianos de hoy en día, pudieron haber estado débiles y dubitativos en la fe:

“Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales”.

No, claro que no. Nosotros cristianos sabemos que esta vida en esta tierra no lo es todo. Va a haber una resurrección de los muertos en cuerpo y en Espíritu. Así como Cristo resucitó primero, luego resucitaremos nosotros, todos aquellos que, hemos aceptado a Cristo e inclusive los no cristianos también resucitarán y todos tendremos que comparecer ante el juicio de Dios. Pero nosotros ya sabemos que Dios nos informó sobre los resultados de esa sentencia. Nosotros seremos justificados, seremos hallados libres de culpa, a los que hemos aceptado creer en Cristo se nos otorgará la salvación.

En este día de la pascua de resurrección, te puedo decir: Si no crees en la resurrección como Tomás, acepta a Jesucristo como tu Señor y Salvador y pídele al Espíritu Santo tomar control de tu vida, Dios te dará la fe para creer. Si estás deprimido en esta vida, pero crees en Cristo, no pierdas las esperanzas, esta vida en la tierra no lo es todo, prepárate para el encuentro con Dios.

Es bueno estudiar la Biblia y leer muchos libros sobre la Biblia, la iglesia y sus tradiciones, pero lo más importante es que Dios esté vivo en tu corazón que, puedas creer en él y que puedas estar listo para dar testimonio de tu fe delante de aquellos que no creen. Si de veras crees serás salvo, eso es un hecho, aunque haya muchos a nuestro alrededor que, no crean, Cristo vive y vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, porque él es el Hijo de Dios. Amén.

Un día de victoria

Viernes SantoViernes Santo

¿Quién ha creído a nuestro mensaje

    y a quién se le ha revelado el poder del Señor?

Isaías 53:1ss

El mensaje para este día quiere ser un mensaje evangelístico. Esto significa que Dios quiere llamar al arrepentimiento y aceptarle a él verdaderamente para poder comenzar a vivir una vida como cristianos, pero en plenitud. ¿Creemos en verdad el mensaje de Dios? Hoy queremos recibir, en este día tan especial, día de victoria no de derrota, la certeza de la salvación que, Dios nos otorga. Una vez un niño dio una respuesta muy sabia acerca de lo que significa que Jesús haya muerto por nosotros. Le preguntaron ¿por qué Jesús murió por nosotros? –Para que nosotros podamos ir junto a su Padre Dios–. Una respuesta sencilla y completa, pero la única condición es que, creas en Jesús y que le entregues tu vida.

En el día de Viernes Santo, nosotros cristianos, especialmente queremos hablar sobre la vida, no sobre la muerte. La muerte es una realidad de la vida humana. Todos vamos a morir, no sabemos cuándo, pero sabemos que, la vida en esta tierra tiene una fecha marcada para cada uno de nosotros. Jóvenes y viejos van a morir. Algunos van a morir plácidamente como durmiendo, pero otros se irán antes, quizás hasta de forma abrupta y desgarradora para sus seres queridos. Pero esa es, nos guste o no la realidad de la vida del ser humano sobre esta tierra.

Por qué digo que en el día de Viernes Santo queremos hablar de la vida y no de la muerte, ya que el viernes Santo es el día en que recordamos la ‘muerte’ de Jesús. Porque en realidad Jesús murió como ser humano, pero resucitó como Hijo de Dios. De esta manera, él nos muestra que, él venció a la muerte. Que la muerte no es algo inamovible. No es la última realidad del ser humano. La muerte es tan sólo un umbral que, hay que atravesar, para encontrarnos con otro tipo de vida o de existencia. Para los que somos cristianos tenemos la recompensa de que seguiremos viviendo y con Dios y para los que no quieren creer en Jesucristo como Hijo de Dios esa promesa sin embargo no se cumplirá. La Biblia es clara a ese respecto.

“Quién ha creído a nuestro mensaje y a quién se le ha revelado el poder del Señor”, así dice el profeta Isaías, preguntando quizás un tanto desconsolado. Hoy también estamos experimentando en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad europea y occidental que, el cristianismo está experimentando en las iglesias tradicionales un retroceso claro. La gente apenas si va a la iglesia. Parece que hay un culto al progreso, a la prosperidad, a la salud, a todo lo material, y parece que la fe en Cristo se halla debilitada. Muchos hasta incluso se burlan del cristianismo. Muchos se avergüenzan de decir que son cristianos. Muchos no ponen en primer lugar a la iglesia, ni claro está a Dios, aunque ellos piensen que son cristianos. Y eso por qué ocurre, porque se está perdiendo la fe. La persona cree que, no necesita ya más de Dios, porque tiene todo lo necesario. Se siente que, ella misma es como un Dios que no necesita de nadie para vivir. Con un buen trabajo, una buena salud, haciendo buen dinero, vamos para adelante. Estamos bien. No necesitamos orar, ni menos ir a la iglesia, ni leer la Biblia, todo eso son tradiciones, costumbre de viejos, y así se deja la fe, la fe desaparece de la esfera de la persona. Y finalmente cuando uno le pregunta, eres cristiano: responden: no sé, creo que, la Biblia es un invento. Un escrito de los hombres. Empezamos con esas frases, decadentes y cursis y estereotipadas. Dios está en todas partes. Dios está en todas las religiones del mundo. Sí, eso es verdad, pero cuál es tú iglesia. Dónde adoras tú a ese Dios que dices creer. Y allí nos damos cuenta que esas afirmaciones son más que un susurrar de labios, un dicho de la boca para afuera.

Mi pregunta es: ¿Esas personas son cristianas? Un escritor alemán, Bertolt Brecht  que, escribió cosas lindas, pero otras cosas no tanto pues él era ateo, en una de sus obras llamada las historias del Señor Keuner decía

La pregunta acerca de si hay un Dios:

Una vez alguien le preguntó al señor Keuner si existía un Dios. El señor Keuner le dijo:

“Te recomiendo ponerte a pensar, en todo caso si tu postura cambiaría con la respuesta a esta pregunta. Si tu postura no cambiaría, entonces no necesitamos hacernos esta pregunta. Pero si esta respuesta haría cambiar tu postura, entonces déjame decirte para serte de ayuda que, ya te has decidido: Tú necesitas un Dios”.

Yo le diría al Señor Keuner, más bien Bertolt Brecht que, aunque no lo necesitemos o creamos que no lo necesitemos, Dios existe y lo necesitamos. Pues no somos dioses. Somos la creación de Dios.

Claro que, cada uno de nosotros puede elegir. Jesús no forzó a nadie a aceptarlo: a todos les decía ven sígueme. Y había personas que le seguían y otros que no. A nadie se le obliga ser cristiano. Pero si decimos que no necesitamos a Dios, no creamos que por pertenecer tradicionalmente a una iglesia eso nos hará cristianos y aún menos salvos.

El versículo más importante de la Biblia dice: “De tal manera amó Dios al mundo que, ha dado a su Hijo unigénito para que, todo aquel que en él crea no se pierda más tenga vida eterna”.

Cada uno puede vivir como quiera. Puede creerle más a los filósofos y escritores de turno en la historia de la humanidad. Pero tiene que saber que, esta vida tiene un límite y que al final de los tiempos, lo crea o no crea en Dios o no, se tendrá que poner delante del trono de Dios. Y allí tendrá que dar cuenta de su fe. Muchos que no creen en Dios, se nos pueden reír, claro está. Es una cuestión de creer, de fe. A nadie se le obliga a tener fe. Pero realmente, es una cuestión muy vital jugarse la vida y donde voy a pasar el resto de la eternidad.

Si tienes dudas dónde vas a pasar la mayor parte de tu existencia, sea en el infierno o en el cielo, puedes comprobarlo cuando te preguntas: ¿En quién o qué depositarías más tu fe?, en tu propia persona, en tus logros personales, en tu esfuerzo en tu trabajo, en tu estudio? ¿En las palabras de ciertos escritores o  filósofos; o pondrías tu confianza en Jesucristo un personaje que aunque los tiempos pasaron, aún todos hablan de él? Yo personalmente aunque a veces dudo como todo ser humano, tengo mis dudas. Prefiero agarrarme de algo sólido y flotable y no de algo que no me inspira confianza. En este caso también, yo voy a lo seguro, yo me juego por Jesucristo. Me juego por la palabra de Dios.

Y hay otra dimensión aún más hermosa en todos aquellos que, se juegan por Jesucristo. El aceptarle a él. Que pertenezcas a la iglesia en la cual naciste, no te hace necesariamente cristiano. Tienes que tomar una decisión consciente y decirle a Cristo, Creo en ti, te acepto como si Señor y salvador y comienza a jugarte por él, yendo a la iglesia, poniéndolo en primer lugar a él leyendo la Biblia y hablando a los tuyos acerca de Jesús. Si eso no está sucediendo en tu vida. Entonces tengo que decirte que te hace falta dar esa paso para poder tener la seguridad que eres salvo. Jesucristo no vino a fundar iglesias en el sentido de instituciones, la denominación y la tradición eclesial a la que pertenezco no me salva. Lo que me va a salvar es tener una relación con Jesucristo que muestre sus frutos. Cuando das ese paso de fe, de fe ciega. Comenzarás a ver, a experimentar el poder de Dios en tu vida. Y allí te darás cuenta que, Jesús Dios existe, no porque alguien te haya convencido por la doctrina o la filosofía, sino por el mismo Espíritu Santo que te dará el convencimiento e ti mismo que Dios existe porque lo sientes obrar en tu propia vida. Si no sientes a Dios en tu propia vida todos los días, si no sientes necesidad de orar, de leer la Biblia de venir regularmente a la iglesia, entonces estimado hermano hermana tengo que decirte que, necesitas dar ese paso de fe. Ese paso se llama aceptar a Cristo como tu Señor y salvador y comienza  a jugarte por él. No me mal interpretes, quizás algunas vez en tu vida ya lo hayas hecho. Pero también puede ser que te hayas alejado de él; vuelve al redil, dale tu vida a Cristo y aunque te quede poco tiempo de vida la calidad de tu vida de aquí en más cambiará maravillosamente y  además de ellos heredarás la vida eterna.

Jesús no inventó una denominación religiosa, Jesús murió por ti para salvarte del infierno y la muerte eterna. El quiere darte la vida ahora y más allá de la muerte. Está en ti aceptar este ofrecimiento que sucedió hace 2000 años un día de Viernes Santo.

Si quieres de verás aceptar el ofrecimiento que Cristo te ofrece, ora conmigo así:

Querido Señor Jesucristo, acepto tu invitación y vengo a ti con todo mi pecado, problemas y dependencias. Renuncio a todo lo malo y quiero dirigirme hacia ti, Señor Jesús.

Pongo toda mi confianza en ti. Tú eres el Hijo del Dios vivo. Creo de todo corazón lo que ahora confieso con mi boca:

Tú eres mi redentor, mi Señor y mi Dios.

Gracias por haber muerto en la cruz del Gólgota por mis pecados. Gracias por haberme redimido por medio de tu sangre y así me has purificado. Te agradezco por haberme aceptado como tu hijo. Me abro a tu Espíritu Santo y quiero seguirte todos los días de mi vida. Confío en ti y confío en tu guía. Se mi rey, mi Señor y mi salvador.

En el nombre de Jesús. Amén.

¿Tienes un devocional diario?

Domingo de RamosDevocional

“Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.  Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.  Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”.

Hebreos 12:1-3 ss

 

Sal 69

Is 50:4-9

Jn 12:12-19

 

Recuerdo que, cuando estudiaba teología, durante el primer año, el pastor capellán de los estudiantes, nos invitó a un grupo de estudiantes a visitar monasterios y conocer la vida espiritual de los monjes. El tomó su Kombi y viajamos la primera vez a un monasterio benedictino cerca de la ciudad y en otro viaje a un monasterio trapense a 300 Km de la capital. Allí nos hospedamos con los monjes en habitaciones para visitantes, pero estábamos invitados a realizar la misma vida que ellos. Despertarse a las 4 de la mañana, devocionales, desayuno, trabajo, almuerzo a las 11, devocionales, siesta, trabajo, devocionales, cena y a dormir a las 9:00 de la noche. ¡Fue una experiencia interesante, especialmente aquella invitación de levantarse a las 3:30 de la mañana!

Pero lo más interesante que, aprendí de ellos y que por muchos años no  tuve en cuenta y que me pareció más una cuestión de costumbre y disciplina monástica fue el hecho que, a ciertas horas fijas ellos tenían devocionales, es decir un devocional consiste en una invocación a Dios, lectura de un salmo, oración y también puede tener lugar un canto. Ellos lo hacían de forma comunitaria, es decir cantaban todos y repetían todos una misma oración de esa manera todos participaban del devocional. Todo esto me parecía en aquel entonces muy ritual y no sentía esa necesidad. Con el tiempo, y recién hace pocos años, me di cuenta de la gran riqueza de poder realizar estos devocionales y la gran fuerza espiritual que uno adquiere si puede llevarlos a cabo todos los días.

“Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe… consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”.

Tenemos que mantenernos firmes en la fe, para poder vencer los ataques del diablo. Tenemos que mantenernos firmes en la fe para lograr nuestra victoria en nuestra vida cristiana. Yo no sé ustedes si tienen una vida devocional. No sé, si es que no la tienen, ¿por qué no la tienen? Quizás nadie les haya enseñado esto correctamente. Eso debería ser enseñado en las iglesias. No debería ser enseñado desde el púlpito, sino que debería ser enseñado desde temprano en la escuela dominical, luego en el curso de confirmación y luego en los estudios bíblicos semanales que debieran existir en toda comunidad cristiana. Pero si el caso es que no haya sido enseñado, bien se puede enseñar sobre esto también desde el púlpito.

¿Qué es un devocional diario familiar o personal? Como lo dije más arriba un devocional es un momento, especialmente a la mañana o puede ser también al terminar el día o en ambos horarios, donde de forma personal o familiar tenemos una especie de ‘mini culto’. Puede durar pocos minutos o puede durar más tiempo. Pero es esencial que, todos los que nos consideramos cristianos tengamos una vez al día un momento devocional. Allí hacemos una oración, leemos un pasaje de la Biblia y también podemos cantar un himno. ¿Es necesario hacerlo, como por ejemplo lo hacen los monjes con esa duración, frecuencia y disciplina? No, no es necesario así. Pero sí tenemos que tener la disciplina de dirigirnos a Dios diariamente, además de los domingos, pues necesitamos que Dios fortalezca nuestra fe y necesitamos de las energías espirituales para afrontar el día a día. Recordemos que, como seres humanos estamos formados por un cuerpo físico, una mente, pero lo que dirige todo nuestro ser es el espíritu de cada uno de nosotros que, habita en nuestro interior.

Si el espíritu se encuentra bien desde nuestra temprana edad, todo lo demás también andará bien. Si el espíritu no se alimenta a diario con la oración y la palabra de Dios todo nuestro ser comienza a funcionar mal. De allí que, comencé a entender palabras tan insípidas como “disciplina” en cuanto se refiere a los devocionales. Me di cuenta que, es importantísimo tener una conducta diaria de encuentro con Dios por medio de devocionales, pues éstos me sirven nada más y nada menos que para mi fortalecimiento de la fe y para robustecer mi perseverancia y fortaleza espiritual.

Podemos comparar el alimento espiritual diario que, logramos por medio de los devocionales con el alimento que nuestros cuerpos necesitan también a diario. Sabemos lo que es la comida. ¡Es tan lindo comer cuando uno está sano y tiene hambre! No queremos dejar de comer, no sólo porque es placentero sino también porque sabemos que eso nos fortifica nos da las energías para caminar, para trabajar, para vivir. Cuando una persona está enferma no tiene deseos de comer. Si el médico nos pregunta si comemos y le decimos que no, que no tenemos hambre, él nos va a decir que hay un problema que, estamos seguramente enfermos porque eso no es lo normal en una persona sana. Entonces comenzará a hacer análisis para descubrir qué es lo que está andando mal. De la misma manera, si nosotros cristianos, no tenemos deseos de orar y de alimentarnos con la lectura de la palabra de Dios, entonces es porque hay una anomalía espiritual. Hay algo que no está funcionando bien en el área de nuestro espíritu. No podemos pasar más de un día sin alimentarnos espiritualmente, sin tener aunque más no sea un breve devocional. Si esto existe, hay un problema, no es ya físico, sino es espiritual. Quizás esto nos parezca raro y exagerado, pero así es. Muchas veces nos quejamos que, no tenemos fe requerida que, la fe es débil que, sólo debemos afrontar pruebas y problemas en la vida y que nos sentimos espiritualmente débiles, quebrados, ansiosos, enfermos, y hasta con el tiempo físicamente por problemas que, se originaron en el área espiritual. Hoy muchos médicos y científicos, incluso no creyentes, se están dando cuenta que la gran mayoría de las enfermedades físicas tienen una raíz mental como ellos le llaman, y a lo que nosotros podemos identificar más exactamente como espiritual. Porque, la mente, es decir el cerebro es tan solo un órgano físico que, es controlado por el espíritu de la persona. La Biblia misma está llena de versículos donde se afirma que el espíritu tiene el control incluso sobre todos los síntomas físicos de la persona. “Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos” (Pro 17:22)

“Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”.

De la única forma en la cual podemos mantener el ánimo y estar fuertes y perseverantes en la fe frente a las asechanzas del malvado y los problemas que, nos quiere generar en esta vida es manteniéndonos nosotros mismos firmes en la fe. Sujetos a Jesucristo en plena comunión diaria con él. No hace falta orar mucho tiempo o leer mucho tiempo la Biblia todos los días. Lo más importante es la calidad de ese tiempo. Si tan sólo hiciéramos una pequeña oración y leyéramos la Biblia durante 5 minutos diarios cada mañana y cada noche antes de acostarnos eso marcaría una diferencia fundamental en nuestra calidad de vida espiritual de allí en más que, claro esto redundaría en una vida óptima en todas las áreas de nuestro ser. Es sabido que, al dejar de comer, nos debilitamos y hasta enfermamos, entonces cómo nos pondríamos si no podemos alimentarnos espiritualmente por medio de un devocional diario, teniendo en cuenta que el Espíritu tiene aún más control sobre nuestro ser que nuestro mismo cuerpo?

Hay muchas personas que, quisieran tener más fe, más fortaleza, más confianza en Dios más poder en Cristo. Jesús mismo dijo: “Porque ustedes tienen tan poca fe…Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible (Mt 17:20)…. “Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración” (Mt 21:22). Estas son promesas reales y valiosas de Jesucristo para hacer frente a los problemas de nuestra vida. La pregunta es, ¿por qué no tenemos esa fe? ¿Si Dios lo prometió a cada uno de nosotros? Y la respuesta es porque quizás no nos estamos alimentando a diario de forma espiritual de modo de fortalecer nuestro espíritu.

Allí aprendí y comprendí la razón de los ejercicios espirituales de disciplina de los monjes. No se trata de tener devocionales por creerse más religioso o más santo delante de la gente. Con un devocional, tengo que tener la misma disciplina que, tengo para desayunar, almorzar y cenar. Tengo que alimentarme si de veras quiero mantenerme firme en la fe. ¿Cinco minutos diarios parece poco no? Pero si calculamos 5 minutos diarios durante cuatro semanas son 140 minutos, es decir dos horas y veinte que, hemos pasado alimentándonos junto a Cristo. Si nunca lo has hecho, o lo has intentado hacer alguna vez, y quizás hayas pasado hasta una media hora de gran entusiasmo espiritual, pero después no lo hiciste más durante mucho tiempo, digamos 3 meses, entonces no es mejor dos horas y veinte en un mes que, 10 minutos al mes, si hacemos el promedio? Lo mejor es aunque más no sea un poquito cada día. El apóstol Pablo decía refiriéndose a la infancia espiritual, hablando sobre otros temas “Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo.  Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía,  pues aún son inmaduros” (1 Co 3:1-3) Si nunca hemos tenido la disciplina de tener un momento devocional puede que nos comparemos a aquellos que no han comido por meses. Ya han perdido el hambre, deben comenzar a alimentarse poco a poco, pues el cuerpo ha perdido la disciplina fisiológica de comer y puede ser contraproducente. En el caso espiritual, puede ser que perdamos la disciplina de alimentarnos. Si no hemos tenido esa disciplina, en las palabras del apóstol Pablo, somos como bebés espirituales que debemos ser alimentados con comida mínima y de a poco para recuperar esa costumbre.

Estoy seguro que, cada uno de nosotros quiere ser un buen cristiano y tener fortaleza en la fe y tener buen ánimo para enfrentar la vida y vivir en plena comunión con Cristo, ¿no es así? Entonces aprendamos de aquellos monjes y disciplinemos nuestra vida devocional de la misma forma que lo hacemos con los horarios de comida. Es por eso que, existe tanta publicación de libros devocionales como las Losungen en alemán y en inglés. U otros libros devocionales diarios como nuestro pan diario, el título es muy sugestivo. Podemos ir a las librerías y buscar una ayuda un buen libro sencillo, fácil de entender y comenzar a leer a diario. O simplemente toma tu Biblia, una buena Biblia moderna que, entiendas bien y lee dos o tres minutos diarios en voz alta, ora en voz alta canta un himno si también lo quieres en casa. Eso sí con disciplina, con perseverancia, comienza con 5 minutos diarios. Eso ya es una enormidad de tiempo y verás pronto cambios milagrosos en tu espíritu que, claro está redundarán en todo tu ser.

“Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo”. Amén.

El lugar santo

Golgota

Golgota

Domingo Judica- 5to. Domingo de Cuaresma

“Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que ofician en el tabernáculo. Porque el sumo sacerdote introduce la sangre de los animales en el Lugar Santísimo como sacrificio por el pecado, pero los cuerpos de esos animales se queman fuera del campamento. Por eso también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, sufrió fuera de la puerta de la ciudad. Por lo tanto, salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó, pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera”. Hebreos 13:10-14

 

Gn 22:1-13

Sal 43

Mc 10:35-45

La carta a los hebreos se dirige a cristianos que, estaban bien familiarizados con el Antiguo Testamento. De allí su nombre “a los Hebreos”. Se da por entendido que comprendían los conceptos de “campamento” y “tabernáculo o lugar santísimo”. Con “campamento” se entiende el conjunto de carpas en donde habitó el pueblo de Israel durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto. El tabernáculo (RV) es el lugar santísimo dentro de este campamento. Este era una especie de templo movible. Entre otras cosas había también allí un altar para holocaustos. En ese altar, se sacrificaban ofrendas de animales. Su sangre se depositaba en bandejas y los sumos sacerdotes la llevaban al lugar santísimo y asperjaban el lugar con esa sangre. Eso sucedía una vez al año en un gran día llamado día de reconciliación. De esa forma ordenaba Dios que, se procediera en los tiempos del Antiguo Testamento y de esa forma él prometía que por medio de la sangre de los animales sacrificados Israel obtendría el perdón de los pecados. Algunas partes selectas de los animales sacrificados se presentaban en holocausto en el altar, algunos otros trozos eran destinados para los sacerdotes. Las partes de menos valor, como por ejemplo los intestinos, se sacaban del campamento y se quemaban fuera del mismo. Esos cadáveres de animales eran considerados impuros; no había lugar para ellos en el lugar santísimo de Dios y dentro del santo pueblo de Dios.

Todo esto se daba por entendido para los lectores originales de la carta a los hebreos, cuando se dice: “El sumo sacerdote introduce la sangre de los animales en el Lugar Santísimo como sacrificio por el pecado, pero los cuerpos de esos animales se queman fuera del campamento”. Y entonces allí la carta a los hebreos da un salto en el tiempo dirigiéndose a los tiempos de Jesús: concretamente al día de viernes santo. En ese entonces ya no había más tabernáculos, el templo había asumido su función como tal. Tampoco existía el campamento en el desierto, pero la ciudad de Jerusalén había ocupado su lugar como lugar de residencia de los judíos, en cuyo centro se encontraba el templo. Y las ofrendas de los tiempos del Antiguo Testamento seguían realizándose exactamente como en los tiempos de la peregrinación en el desierto.

Y ahora la carta a los hebreos hace una brillante comparación: De la misma manera que los cadáveres de los animales sacrificados deben ser sacados fuera  pues eran considerados impuros y desechos no deseados, de la misma forma Jesús fue echado de los muros de la ciudad por ser considerado injusto y un hombre no deseado, por el consejo superior judío por haber sido considerado culpable, condenado por Poncio Pilatos y arrojado al monte calvario donde sería ejecutado como un criminal peligroso.  Aunque precisamente por medio de él Dios instituyó una nueva ofrenda y un nuevo pacto, más santo y más admirable que el antiguo: por medio de esta ofrenda en el Gólgota se irían a limpiar todos los pecados de la humanidad; no deberían hacerse ya más sacrificios. Sí, afuera del campamento, afuera del templo, ante las puertas de Jerusalén, tuvo lugar este sacrificio y por medio de éste Dios mostró que, el antiguo pacto con sus sacrificios de animales, su servicio en el templo y sus prescripciones acerca de la pureza llegaban a su fin. Con Cristo algo nuevo llegaba, algo mucho mejor. Es por eso que, Jesús echó a los mercaderes animales del templo. Con eso quiso demostrar que: ‘Con mi venida, se acaban todos estos sacrificios’. Es por eso que, los judíos de antaño lo odiaron y querían deshacerse de él al ser crucificado en una cruz como un cadáver a desechar. Pero lo que lograron, fue permitir que se cumpliese la profecía del salmo 118:22: “La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo”. Dios mismo mostró en el día de viernes Santo en el Gólgota, fuera de Jerusalén y fuera del templo: aquí está el perdón de los pecados y la vida eterna, aquí está el reino de Dios, aquí está el lugar correcto de vivienda para toda alma que, me busque. Sólo aquí, ya no más en la ciudad y en el templo, pues ese servicio provisorio de sacrificios del antiguo pacto ha finalizado.

¿Por qué es que la epístola a los hebreos hace esa comparación?. Bueno, el motivo ya se ha expresado: “Por lo tanto, salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó”. Los cristianos de aquel entonces, especialmente los judeocristianos, deberían de tener en claro que, ahora que tenemos a Jesús los sacrificios del templo ya no tienen más sentido para nosotros. Con Cristo ha comenzado el nuevo pacto, algo totalmente nuevo. El cristianismo no es una evolución del judaísmo, no es tampoco una reforma del judaísmo. No se puede estar con un pie en el judaísmo y con el otro pie en Cristo. Sólo con los dos pies nos tenemos que parar o dentro o fuera del campamento. Los cristianos están afuera, donde se encuentra el sacrificio de Cristo que, los purifica. “Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que ofician en el tabernáculo”, se dice claramente. Claro que, los cristianos acarrearon sobre sí la impopularidad por esto en muchos judíos y no fueron entendidos e inclusive fueron odiados y perseguidos. Pero no tenían que confundirse por estas cosas y mantener una posición clara acerca de donde pertenecían: “Salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó”

Estimados hermanos en Cristo, ya esto no es más nuestro problema. Ya no nos encontramos en el peligro de tener que regirnos por las leyes de los sacrificios del Antiguo Testamento y no tenemos que llevar ninguna deshonra desde el punto de vista del judaísmo. Pero lo que la epístola a los hebreos determina tiene todavía valor para nosotros. El lugar de vivienda de nuestra alma está fuera del campamento, donde está la cruz de Cristo, allí donde su sangre fue derramada para el perdón de nuestros pecados.

Si a esto lo tomamos en serio, si confesamos esta fe, entonces de alguna manera nos encontramos “fuera de”. Los cristianos en palestina, conformaban en aquel entonces una débil minoría entre los judíos. Nosotros cristianos, los que no lo somos sólo de nombre, también hoy conformamos una minoría frente a la generalidad de la opinión popular y de la religión popular. Sí, si nosotros de veras, salimos afuera al encuentro de Cristo y tenemos nuestro lugar de residencia donde está su cruz, entonces nos encontraremos en gran medida fuera del campamento de la opinión popular que, nos rodea. Y vamos a tener que, vérnosla con desventajas, con incomprensión, con burla y con “deshonras” por amor a Cristo.

Quisiera dar algunos, quizás, sencillos ejemplos acerca de lo que significa habitar fuera del campamento. La sabiduría popular, “dentro del campamento” dice por ejemplo: La gente en el fondo es buena. Y puesto que estamos fuera, sabemos que, por la palabra de Dios que, el hombre por naturaleza es malo, contaminado por el pecado original y atrapado por el diablo. Sólo Jesús puede rescatarlo de ese pantano y sacarlo de allí. En el campamento, se considera a esta manera de pensar extraña, impuro y no apta para la vida en sociedad. Se nos considera como fanáticos o alejados de la realidad. Esta deshonra, sin embargo la queremos soportar por amor a Cristo.

Dentro del campamento se dice también: Ayúdate y Dios te ayudará. Y puesto que estamos fuera, sabemos que, por la palabra de Dios que, no nos podemos ayudar a nosotros mismos; con nuestras propias fuerzas nada podemos hacer, pues en breve estaríamos perdidos. Cristo tiene que hacerlo para que sea permanente y él lo quiere hacer, sólo se lo debemos pedir.

En el campamento se considera a esto como impuro, no apto para la vida en sociedad, y se nos considera no realistas y estúpidos. Esta deshonra la queremos llevar con gusto por amor a Cristo.

Dentro del campamento se dice, quien nunca se ha emborrachado o fumado o drogado ese no es hombre. Y puesto que, estamos fuera, sabemos por la palabra de Dios que, nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, santificado por la sangre de Cristo. A este templo no lo queremos profanar con comida en exceso, bebida, o drogas.

En el campamento, esto es considerado como impuro, no apto para la vida en sociedad y quien no beba alcohol o coma en exceso o se drogue, es visto raro. Esta deshonra queremos soportar con agrado por amor de Cristo.

Dentro del campamento, se dice: ¡Yo voy a la iglesia cuando lo necesito!. Y puesto que, estamos fuera sabemos por la palabra de Dios que, él santificó el séptimo día para que en ese día nos ocupemos principalmente de escuchar la palabra de Dios y nos congreguemos en comunidad delante de su altar. No escuchamos a nuestras necesidades, sino a la invitación de Cristo y a su mandamiento. En el campamento se considera a esto como impuro y no apto para la vida en sociedad. Se piensa que somos exagerados o que queremos mostrarnos como santurrones delante de los demás. También en el campamento, existe la tendencia a enterrar la santidad del domingo, cuando cada vez más se colocan actividades los domingos por la mañana o cada vez más negocios que abren los domingos o se ponen más turnos de trabajos los domingos y a los que uno tranquilamente se encuentra en condiciones de rechazar.

Esta deshonra la queremos soportar con agrado por amor a Cristo.

Dentro del campamento se dice también que, ¡Lo más importante es la salud! ¡Lo más importante es un mundo sin contaminación! Y puesto que nos encontramos fuera, compartimos que la salud y la ecología son muy importantes, pero también conocemos algo que es más importante que eso y eso es la salvación del alma, la vida eterna. Y a eso sólo lo hallaremos siguiendo a Jesús, con la fe en el cordero de Dios Jesucristo que fue sacrificado por nosotros, allá afuera del campamento. En el campamento se callan cuando se habla acerca de la “vida eterna”, pues reina  una gran inseguridad, de si realmente hay un más allá después de esta vida física. La gente se aferra tremendamente a esta vida aquí y a este mundo como si sería el único.

Estimados hermanos en Cristo,  no queremos ir por el camino errado de las opiniones que predominan en el campamento. Queremos mantenernos firmes en la palabra de Dios y en nuestro Señor Jesucristo, aunque esto hoy en día la mayoría no lo entienda, aunque nos encontremos “fuera”. Nuestra alma no puede vivir en este espíritu del tiempo y a la vez en Cristo, sólo puede vivir en un solo lugar. Es por eso la exhortación de la Epístola a los hebreos: “Salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que él llevó pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera”. ¡Sí, estimados hermanos, sólo el lugar fuera del campamento tiene futuro, la ciudad futura, la Jerusalén celestial, el maravilloso lugar de residencia futuro de nuestras almas! Sólo el lugar junto a la cruz de Cristo tiene futuro. Amén

 

Una reconciliación con la iglesia

 Domingo LaetareEl nuevo pacto

“Te abandoné por un instante,

    pero con profunda compasión

    volveré a unirme contigo.

Por un momento, en un arrebato de enojo,

    escondí mi rostro de ti;

pero con amor eterno

    te tendré compasión

—dice el Señor, tu Redentor—.

»Para mí es como en los días de Noé,

    cuando juré que las aguas del diluvio

    no volverían a cubrir la tierra.

Así he jurado no enojarme más contigo,

    ni volver a reprenderte.

 Aunque cambien de lugar las montañas

    y se tambaleen las colinas,

no cambiará mi fiel amor por ti

    ni vacilará mi pacto de paz,

    —dice el Señor, que de ti se compadece—.”

Isaías 54:7-10

Sal 84:6-13

2 Co 1:3-7

Jn 6:47-51

Esta sección del libro del profeta Isaías pertenece a las joyas especiales del tesoro de las sagradas escrituras. Estas palabras reflejan con gran poder el amor de nuestro Dios. Estas palabras pueden entibiarnos y alegrarnos como los primeros soles de la primavera. Estas palabras hablan acerca del gran amor que Dios nos tiene. Estas palabras despiertan en nosotros la confianza en la misericordia de Dios, en su gracia, en su redención, en su fidelidad y en su pacto de paz. Veamos estas palabras con un poco más de profundidad de modo que podamos alegrarnos por la claridad que de ellas emanan.

Estas palabras no son otra cosa que, una mismísima declaración de amor. Hablan de yo y tú, se dirigen de de una persona a otra. “Te abandoné por un instante”, comienza, y de la misma manera continúa: de yo a ti. ¿Quién es ese yo, quien es el que habla aquí?. Quien habla, se presenta a sí mismo dos veces en esta sección: “—dice el Señor, tu Redentor—“. Y luego dice:    “—dice el Señor, que de ti se compadece—.” Sin duda alguna que, es Dios mismo quien habla aquí a través de sus propias palabras, el profeta Isaías es tan sólo un portavoz del Señor. Y a Dios se lo nombra en esta sección como Dios del amor y del favor: “Tu redentor” así se presenta y luego “quien de ti se compadece”

Estimados hermanos y hermanas en Cristo: ¡Qué es lo que no falta en la palabra „redentor”!

En tiempos antiguos un redentor era por ejemplo alguien que, compraba a los prisioneros de guerra y los liberaba de su esclavitud. Cuando Dios se presenta aquí como redentor, nos acordamos del segundo artículo de Martín Lutero sobre el Credo:

“Que me ha resucitado, adquirido y ganado, siendo yo un hombre perdido y condenado, al librarme del pecado, de la muerte y del poder del demonio, no a precio de oro y plata, sino por su santa sangre preciosa, por su padecimiento y muerte inocentes”.

Eso se dice de nuestro querido Señor Jesucristo, nuestro redentor, nuestro salvador. “Salvador” significa nada menos que redentor, y el nombre de Jesús mismo significa “salvador”. No es otro más que nuestro Señor Jesucristo quien pronuncia esta declaración de amor. Sí, es el mismo quien habla aquí en el Antiguo Testamento por medio del profeta Isaías, muchos siglos antes incluso que, él llegara al mundo. Jesús el Señor, el redentor quien se compadece, y ya allí elevó su voz.

¿Pero a quién habla él? ¿Quién es ese “tú” en el diálogo de esa declaración de amor? No es fácil poder descubrirlo, en toda esta sección no se aclara de quien se trata. Si se lee esta sección en hebreo, se puede descubrir que, ese “tú” es femenino, es decir que se habla a una persona femenina. En hebreo hay distintas palabras para tú (hombre) y tú (mujer). ¿Pero de qué persona femenina se trata aquí? Hay que hojear por completo los dos capítulos anteriores para encontrar la respuesta: se está hablando de Sión, Jerusalén, la ciudad santa, que Dios dispuso en los tiempos del Antiguo Testamento como su morada. No se trata, claro aquí de las piedras y de las calles de ciudad, sino de sus habitantes. En aquel entonces era el pueblo de los judíos, el pueblo de Israel. Por medio del Nuevo Testamento sabemos que, la cristiandad toda también es heredera del antiguo pueblo de Israel. La cristiandad es hoy la nueva Israel. Y lo mismo vale para Jerusalén: la iglesia es la nueva Sión, la esposa de Cristo, la congregación del Señor, “la comunión de los santos”, como confesamos todos los domingos por medio de las palabras del Credo Apostólico. Nuestro texto para el día de hoy se relaciona con la iglesia, estas palabras son una profecía. Es una declaración de amor de Cristo anticipada a su novia, la iglesia, la cristiandad. Ya hace más de dos mil años que nuestro Señor celestial mandó escribir estas palabras que, quiere que incluso hoy y aquí, sean repetidas para nosotros cristianos. Sí, esta es una declaración de amor para nosotros los creyentes.

¿Y cuál es el contenido de esta declaración de amor?

Podríamos ver el párrafo en dos secciones. En realidad ya está dividido así. Las dos partes están divididas por la mención que se hace al nombre de Dios:…” —dice el Señor, tu Redentor—“….

Y finaliza con:   “ —dice el Señor, que de ti se compadece—.”

¿Pero cuál es el contenido? El primer párrafo muestra más la gracia de Dios que su enojo:

“Te abandoné por un instante pero con profunda compasión volveré a unirme contigo Por un momento, en un arrebato de enojo, escondí mi rostro de ti; pero con amor eterno te tendré compasión”.

Aquí Cristo nos muestra el gran desequilibrio entre el enojo de Dios y la gracia de Dios. El enojo de Dios es menor y desaparece rápidamente, comparado con su gracia que, es grande y permanece por siempre. Imaginémonos una balanza de plato, en donde en un plato ponemos el enojo de Dios, allí colocamos todo lo que nos separa de Dios, nuestros pecados y enfermedades. En el otro plato, colocamos la gracia de Dios, su misericordia frente a nuestros pecados que, fue manifiesta en Jesucristo. ¡En segundos la bandeja de la ira de Dios se elevará, pues es mucho más liviana que la bandeja de la misericordia!

Estimados hermanos y hermanas en Cristo, esto es poderoso. Ya sabemos que el sufrimiento y la miseria del mundo están relacionados con nuestro pecado y el enojo de Dios proviene de nuestros pecados. Cuántos niños pasan hambre a diario, cuántos guerras bestiales son inventadas, cuántas personas quedarán inválidas por accidentes y enfermedades, cuánto dolor y desesperación se podrán encontrar tras los muros de nuestros hogares, hospitales y cárceles! Y cuántos quedaremos sin palabras, cuando la muerte se lleve a nuestros seres queridos y el vacío que dejarán… “Tu ira en verdad nos consume” dice el Sal 90:7. Sí el enojo de Dios es también grande y poderoso para con este mundo. En la misma Biblia somos testigos también de la ira de Dios. Leemos historias que muchas veces nos estremecen y desearíamos no haberlas jamás leído.

Pero también podemos leer lo maravilloso, también podemos leer de la declaración de amor de Cristo: ¡Toda esa ira poderosa de Dios es pequeña y breve comparada con su gracia y su misericordia!

Cuán poderosa debe ser la gracia de Dios y cuán poderosa la alegría eterna del cielo. Tan poderosa que, ni siquiera podemos llegar a imaginarnos.

Ahora que la merezcamos es otra cosa. Mereceríamos sólo la ira de Dios para siempre. En lugar de eso, el nos dice:

“Te abandoné por un instante”. “Asab” es la palabra hebrea para abandonar. Es la misma palabra utilizada por Jesús en la cruz cuando clamó: “¡Elí, Elí lama sabactaní!”- ¡Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado! Allí en ese momento Jesús soportó todo el abandono de Dios por causa de nuestros pecados y de esa manera poder redimirnos. Tendríamos que, también nosotros en nuestros peores momentos, en los momentos más oscuros de nuestra vida poder comprobar durante un instante, cómo es ese sentimiento del sentirse abandonados por Dios. Sí, y eso Cristo lo hizo y lo llevó tan sólo por amor.

El segundo párrafo de la declaración de amor trata acerca de la fidelidad de Dios:

“Para mí es como en los días de Noé, cuando juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra. Así he jurado no enojarme más contigo, ni volver a reprenderte. Aunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz”.

Cuando el diluvio terminó, Dios estableció un pacto con Noé y con todos los seres vivos después de él. El fortaleció este pacto con la señal del arco iris: Jamás vendrá un diluvio universal sobre la tierra, así lo juró Dios. De igual forma él le juró a la cristiandad que, su enojo no tendría la última palabra, sino su gracia. Las montañas y las colinas constituyen la esencia de la constancia: las fronteras y las ciudades pueden cambiar en los mapas con el correr de los siglos. Pero aunque la fuerza de los terremotos o la violencia del agua o cualquier otra fuerza quieran mover las montañas y las colinas, el pacto de paz de Dios con su iglesia permanecerá cada vez más fuerte. Sí, así lo declara solemnemente Cristo en este párrafo sobre su fidelidad que, Dios permanece junto a nosotros con su amor y su opinión tampoco cambiará.

Y esto también es poderoso. Sabemos que nosotros los seres humanos no somos muy dignos de confianza. Sabemos cómo somos: cuántas veces le hemos prometido cosas a otros y cuántas veces olvidamos y disolvemos todas las promesas hechas. También conocemos a los políticos, por ejemplo: antes de las elecciones prometen cosas maravillosas y de todo eso sólo pueden cumplir pocas cosas. Sin embargo, con Dios es diferente. El no es un ser humano y menos un político. Sus promesas permanecen inamovibles, son absolutamente confiables.

Sí, Dios es fiel y seguirá siendo fiel, él lo manifestó por medio de un juramento santo. El pacto de paz que, por cierto no caerá, es el nuevo pacto por medio de Jesucristo. Es el nuevo pacto en su sangre. Este es el pacto en donde la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado y que todos los que han sido bautizados y creen, serán salvos y vivirán por siempre.

Así es, estimados hermanos y hermanas en la fe, esta es la declaración de amor a Sión, a la iglesia, a la comunión de los santos, a toda la cristiandad a todos los creyentes, a nosotros hoy también.

¿Qué es lo que podemos hacer, cómo podemos comportarnos cuando escuchamos esta declaración? Cómo debemos reaccionar, cuando nuestro amado y novio de la iglesia Jesucristo nos llama de esta forma? Bueno, sería necio e hiriente rechazar una declaración de su amor. Pero si permitimos que la llama de nuestra comunión con él se apague o nos alejamos de él,  eso no sería sino otra cosa que, emigrar de Sión. Quien lo haga, no podrá ya más referirse a esa declaración de amor, y no podrá esperar de Dios nada más que ira y por toda la eternidad. Por eso debemos permanecer en Sión. Busquemos con ahínco la presencia de Dios en la congregación de los cristianos  y aceptemos su invitación. Permanezcamos en su palabra, la Biblia, a diario y permanezcamos en su sacramento, la Santa Cena todas las veces que podamos recibirla. Respondamos a su amor en palabra y en hechos con una vida santa que a él le agrade. ¡El nos ama sin medida! Tenemos el derecho de vivir felices y de ser felices. Amen

 

Dios que quiere que le adores

Tercer Domingo de Cuarema-OculiAltar

“Más tarde, la palabra del Señor vino a él.

—¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó.

—Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

El Señor le ordenó:

—Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí.

Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto.  Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.  Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva.

Entonces oyó una voz que le dijo:

—¿Qué haces aquí, Elías?

Él respondió:

—Me consume mi amor por ti, Señor, Dios Todopoderoso. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

El Señor le dijo:

—Regresa por el mismo camino, y ve al desierto de Damasco. Cuando llegues allá, unge a Jazael como rey de Siria,  y a Jehú hijo de Nimsi como rey de Israel; unge también a Eliseo hijo de Safat, de Abel Mejolá, para que te suceda como profeta.  Jehú dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jazael, y Eliseo dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jehú.  Sin embargo, yo preservaré a siete mil israelitas que no se han arrodillado ante Baal ni lo han besado”.

1 Reyes 19:9-18

Sal 34:16-23

Jer 20:7-13

Mc 12:41-44

Una vez estábamos sentados con varias personas en un comedor. Una señora de edad que, se encontraba allí sentada estaba indecisa de si tenía que pedir el postre con crema batida o sin esta. Finalmente se decidió también por la crema batida y dijo: “¡Bueno si vamos a pecar, vamos a pecar bien!”. Y allí di mi escéptica opinión: “¿Qué significa pecar bien? No se peca ‘bien o mal’, simplemente ‘se peca’ o se actúa bien”. La mujer no supo que decir. En realidad no sabía qué es pecar, así como la mayoría de la gente ya no lo saben más. Muchos piensan que “pecar” indica un ceder a ciertas pequeñas debilidades completamente inofensivas, totalmente excusables, y pronunciadas más que nada para aportar una cuota de humor. Sólo unos pocos saben que, el pecado es algo horrible que, mejor fuera ni hacer chistes sobre esto. Sólo unos pocos saben que, el pecado representa la ruptura entre el Dios creador y su creación. Que el pecado representa el echarse a perder que resulta al final en muerte que, veda el camino al cielo y abre el abismo hacia el infierno. Y sólo unos pocos saben que, lo que vence a ese echarse a perder con consecuencias mortales que, sana esa ruptura que, vence al infierno y abre el cielo es: la sangre de Jesucristo y su muerte en cruz.

Nosotros los cristianos que, sabemos y creemos esto, estamos viviendo en tiempos difíciles: La mayoría no saben ya más acerca de la fe y tampoco quieren saber. Los cristianos están solos en su lugar de trabajo, cuando sus colegas no son cristianos. Los cristianos están solos en el barrio, cuando sus vecinos no son cristianos. Los cristianos están solos en la escuela, cuando los compañeros no son cristianos. Toda oración y confesión de fe parecen no ser de gran ayuda. El cristianismo especialmente en el norte occidental y cristiano o también por así decirlo en los países desarrollados se encuentra en retroceso y otra religión se ha expandido: la religión de la salud, de la belleza, de la riqueza y del éxito. Muchas veces se escucha: “¡Lo importante es tener salud!” y qué pocas veces se escucha: “¡Lo más importante es ser salvo!”. Los cristianos están disminuyendo en número por lo menos en las zonas del mundo mencionadas. Las iglesias tradicionales y aquellas otras que, optan por doctrinas extrañas, alejándose cada vez más de la fidelidad de la Biblia se van cerrando, los edificios se van vendiendo, las congregaciones van dejando de existir, los cargos pastorales se quitan. A esto lo vivimos en nuestra propia denominación también, y en especial se lo ve en Europa.

El conocimiento de la Biblia y las verdades básicas del cristianismo han disminuido espantosamente en muchos de estos países. Inclusive muchos miembros activos ya no saben más del pavor ante el pecado y de cómo vencer el pecado por medio de Cristo. Desde muchos púlpitos, y esto pasa en todas partes, el mensaje central del evangelio casi no se predica más. Se sustituye por lindas historias, ilustraciones, hasta doctrinas ideológicas, psicológicas, políticas y sociales que, reemplazan el evangelio. Sí, verdaderamente vivimos en tiempos difíciles, y nuestra fe está siendo tentada constantemente. Es por eso que ansiamos poder asegurar nuestra fe en Dios, ansiamos la intervención de Dios y nuestros encuentros con él.

En eso, nos parecemos mucho al profeta Elías y a su tiempo. Su pueblo Israel le dio la espalda al Dios verdadero y sucumbió en la adoración a Baal. Así como hoy la religión de la salud, de la belleza, de la riqueza y del éxito, aparentemente impera, así predominaba en aquellos tiempos la religión del dios Baal. Elías también se encontraba sólo en su adoración a Dios. Muchos que lo rodeaban habían desertado. Elías había visto que, todos sus esfuerzos por anunciar la palabra de Dios no habían ayudado a ganar otra vez la fe y el respeto a Dios en su país, por el contrario, todo parecía empeorar. Encima de eso, su mayor enemiga personal, la reina Isebel, había jurado que, lo mataría, por su lucha en contra del dios Baal. Así se lamentaba Elías a Dios y le oraba: “—Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!”.

Elías no se sentía justificado; ya antes había orado, cansado y resignado: «¡Estoy harto, Señor! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados.»

Aunque, en este sentido, hoy nos va mejor que a Elías.  Elías huía de gente poderosa que, lo quería eliminar; a nosotros por suerte nadie nos persigue para matarnos. Elías se encontraba verdaderamente sólo. Se había escondido en una cueva en el monte Sinaí y no podía contarle a nadie de cómo se sentía. Nosotros, sí, tenemos aún una hermosa comunión unos con otros, tenemos nuestros cultos, tenemos nuestras distintas actividades congregacionales, donde podemos fortalecernos en la fe y en comunidad por medio de la palabra de Dios. Pero lo que nos une a nosotros con Elías es la tentación a la fe en un mundo que se está transformando en un mundo sin Dios, como así también en el ansia que tenemos por encontrarnos con Dios para asegurar y fortalecer nuestra fe.

“—¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó (Dios). —Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!”

Por qué no se le apareció Dios a Elías con tormenta, terremoto y fuego, sino que, con un suave murmullo, o un silbo apacible y delicado como dice la versión Reina Valera? Las grandes y violentas manifestaciones de la naturaleza siempre acompañaron la ley de Dios y eran muestras de su enojo por el pecado. En el monte Sinaí, Dios había dado la ley que, prometía a todos los que la obedecieran buena vida, pero a todos los pecadores, castigo y muerte. Ahora, Dios se mostraba con un suave soplido y su enojo y su ley no tenían la última palabra. El suave silbo es una muestra del amor y la misericordia de Dios, de su bondad paternal suave y perdonadora, donde se le puede hallar a Dios. Y finalmente el quiere vencer toda la impiedad del mundo. El suave silbo tiene que ver con el evangelio que, Dios legó a la humanidad por medio del nuevo pacto a través de su Hijo Jesucristo—y también a Elías mediante este suave silbo. Este suave murmullo o soplido representa al Espíritu Santo, pues en las lenguas originales de la Biblia, en hebreo y en griego, la palabra para “Espíritu” es viento, o hálito. Y por medio de esta palabra de Dios podemos aprender que, hoy Dios quiere encontrarse especialmente con nosotros, y no por medio de enojo y muerte, sino con amor perdonador y misericordia que, se reveló por medio de su Hijo Jesucristo y que nosotros podemos hallar en nuestros cultos a través de la palabra y sacramento.

“—¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó (Dios)”.

¿Qué haces hoy tú aquí en la iglesia?

Hay muchas personas que, no entienden para que venimos a la iglesia. ¿Sabes tú por qué? Tú dirás: ¿porque es mi costumbre? No, vengo a la iglesia porque en el tercer mandamiento dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Dios nos pide obediencia. Muchos no obtienen el favor y la bendición de Dios porque no le obedecen. Dios es amor y quiere bendecirnos, pero debemos tener la actitud humilde de obedecerle. Venimos a la iglesia simplemente a adorar a Dios. El sólo quiere eso nuestra fe, nuestra entrega, nuestra presencia. Cuando él ve eso, entonces su Espíritu Santo comienza a manifestarse. El quiere que vengas con esa actitud y también que invites a otros a venir a la iglesia, a tus familiares a tus amigos y les cuentes: “Yo voy a la iglesia no porque es mi costumbre, yo voy a la iglesia porque creo en Dios y voy a alabarlo cada domingo”. El apóstol Pablo decía: “No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios”. Cuando comienzas a jugarte por Cristo, Dios comienza a obrar primero en tu iglesia, luego en ti y luego en tu familia. Aunque este mundo predique otra cosa, Dios es un Dios que, se fija en el corazón. Como con la ofrenda de la viuda. Dios ve lo que tú tienes, no lo que tú le muestras a los demás. Dios te conoce interiormente y quiere que le seas fiel a él, no que quedes bien con los demás solamente. Dios se fija en la pureza, en la sinceridad de tu corazón cuando vienes a la iglesia. Como con Caín y con Abel, por qué a Dios no le agradó la ofrenda de Caín, porque no era sincera, lo hacía por costumbre no por fe y devoción a Dios. Yo no sé si podemos entenderlo, pero cada vez  que, disponemos de nuestro tiempo cada domingo para Dios, él nos bendice con su presencia con su Espíritu Santo, en cada culto no importa el idioma que sea, lo importante es nuestra fe y entrega a él. Si vienes con fe a cada culto vas a recibir de Dios. El Espíritu incomprensible de Dios que, sana enfermedades, que cubre de favor, que levanta el ánimo, que cambia las circunstancias humanamente imposibles que, convierte a los ateos que levanta iglesias y que mueve a multitudes.

El tema para hoy era “listos para renunciar”, así como la viuda renunció a sus bienes, así como Elías renunció a su prestigio y seguridad por predicar a Dios, así también Dios hoy quiere que tú renuncies a querer tener todo tu tiempo en un día de reposo y le entregues la parte más importante del día a él. Dios es un Dios celoso, él se fija mucho en cuánto le das y cómo se lo das y conforme a eso te premiará. Si hoy recibes a Jesús con esa fe y devoción, este no habrá sido un día perdido, sino que lo has ganado y tu semana no será la misma. Si has venido a adorar a Dios con fe y devoción Dios te acompañará con su Espíritu Santo en esta semana también. Amen

 

Tentado no cedas

Primer Domingo de Cuaresma (Invocavit)

La tentacion de Jesus

La tentacion de Jesus

“Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.

Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta.» Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.

Mis queridos hermanos, no se engañen. Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras. Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación”.

Santiago 1:12-18

Salmo 91:11-12

Gn 3:1-24

Mt 4:1-11

En alemán hay un dicho popular que, dice “Alles Gute kommt von oben” (Todo lo bueno viene de arriba) refiriéndose claro está a Dios. En el texto para hoy también se afirma eso que, Dios es un Dios que busca todo lo bueno ni busca llevar lo malo sus hijos y menos desearle que sufran. Este es un texto clave para entender esto que, lo malo no es enviado por Dios, como muchos sin ningún basamento evangélico afirman: Dios me está castigando, me está mandando sufrimiento, me está mandando pruebas.

Hay muchas personas, cristianas que, tienen un concepto sobre la vida y sobre Dios que, nada tiene que ver con la palabra de Dios y especialmente con los evangelios de nuestro Señor Jesucristo. Hablan, repiten dichos populares, aprendidos quien sabe dónde o repetidos por la gente y llegan a creer y a vivir esas filosofías que incluso no tienen nada que ver con el Evangelio. Y esto sucede porque no se lee la Biblia. Los protestantes nos hemos caracterizado siempre a diferencia de otras confesiones por grandes lectores de la Biblia. Pero hoy son pocas las personas que, aún teniendo más de una Biblia en sus casas la abren a diario para dejarse interpelar por Dios y conocer su voluntad. ¿Por qué sucede esto? Puede haber varias razones: falta de información; no saben cómo acudir a la Biblia; versiones inentendibles en el lenguaje de hoy o el nivel intelectual de la persona; falta de educación cristiana en cuanto a la necesidad de leer la Biblia. Y también hay una última y más sutil razón que, se desprende del tema para hoy: el sentirse tentado a no leer la Biblia. El sentir que no importa si no leo la Biblia; el creer que la Biblia es tan sólo un libro más del legado cultural de los seres humanos, un libro más de mi biblioteca. A fin de cuentas: la tentación de no creer en la Biblia como la palabra de Dios.

En primer lugar, quisiera referirme a la tentación en el sentido más general. La tentación ocurre, como dijimos no de parte de Dios, sino de Satanás. Una definición del diccionario dice en primer lugar refiriéndose al concepto religioso de la definición: “Solicitación al pecado inducida por el demonio”; la segunda más general dice: “Instigación o estímulo que induce el deseo de algo”.

A nosotros aquí nos interesa saber que, la tentación es el impulso que sentimos de parte de Satanás que, la mayoría de las veces lo sentimos, como propio, a hacer las cosas que no corresponden a la voluntad de Dios y por tanto no son del agrado de él; y por lo tanto no nos harán bien y nos van a separar de la comunión con Dios.

En este día me gustaría que, cada uno de nosotros podamos regresar a nuestros hogares teniendo una guía práctica para poder discernir en qué momentos somos tentados y así poder resistir la tentación.

El primer paso, como dice el apóstol es no decir: esto que me está tentando viene de Dios. No Dios no nos induce a hacer cosas malas que, están en contra de sus mandatos o de su voluntad. Cada uno de nosotros tiene mal o bien implantada la semilla de la conciencia en nuestro ser que, popularmente se conoce como el discernimiento entre lo malo y lo bueno. Aunque esto no es tampoco una garantía, para eso tenemos la palabra de Dios que, creemos está expresada en la Biblia. Sabemos que la Biblia debe ser interpretada correctamente, pero también sabemos que, como decía Martín Lutero, toda persona que “está en verdadera comunión con Dios”, puede valerse de su propia consciencia para decidir cuestiones vitales. Y él decía no es bueno ir en contra de la consciencia de cada uno.

En todo caso, la mejor guía para saber si estamos siendo tentados o no es el contenido de la palabra de Dios, donde está contenida la voluntad de Dios.

El segundo paso es: saber que si estamos siendo seducidos por cosas que no son de Dios, tenemos que aplicar el poder de la voluntad personal cuando lo podemos hacer, cuando aún somos capaces de manejar nuestra voluntad. Y cortar con ello. Pues como el apóstol dice: “Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen.  Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte”.

Cuando caemos en la tentación de hacer lo que a Dios no le agrada hemos cometido pecado. La palabra pecado puede parecer especialmente para los no cristianos una palabra pasada de moda o retrógrada. Pero a nosotros los cristianos no nos asusta. Aún tiene un significado valedero. Pecado es simplemente alejamiento por voluntad propia o por la tentación de la comunión de Dios.

He escuchado de personas que, me han contado que, no pueden escapar de la tentación que los conduce al pecado. Una y otra vez son seducidos, tentados y luego cometen pecado. Se sienten que, no pueden salir de incurrir en los mismos pecados una y otra vez. No podemos hablar desde un púlpito de forma general. Cada persona es una situación en particular que debe ser tratada como amor y respeto y tratar de buscar la salida con la ayuda de otros cristianos. Pero sí lo que podemos decir de forma general es que, si se ha incurrido más de una vez en el mismo tipo de pecados dos cosas pueden suceder: 1. Que la persona no está atendiendo las advertencias del apóstol: “Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen”. La persona no pone de sí de la voluntad que sí tiene en el momento que corresponde hacerlo para evitar un mal mayor; 2. Que la persona no tenga más control sobre sí misma y necesite de la intercesión seria de los demás hermanos de la iglesia.

Martín Lutero decía que, la mejor manera de resistir al mal y al maligno era mediante la oración y la lectura de la Biblia. La lectura de la Biblia no como la lectura informativa que nos proporciona cualquier otro libro, sino la lectura adorativa de la Biblia donde vamos para alimentarnos espiritualmente de la palabra de Dios. A eso le llamamos tener una comunión con Dios, también no descuidando de ir a la iglesia y mantener también una comunión de adoración a Dios compartiendo con los demás cristianos y cristianas. Cuando dejamos esta comunión con Dios, es muy probable que las tentaciones comiencen a crecer y que nuestras fuerzas para lidiar con ellas sean cada vez inferiores.

Algunas personas hoy en día, incluso muchos cristianos, caen en la tentación, de no ver al diablo como tentador. Se ríen de la figura del diablo, creen que no es más que un mito, un invento, algo infantil. Y así van siendo seducidos hasta no creer ya en más nada de lo que la Biblia habla sobre Dios. Así han caído en la tentación y comienzan  a vivir una vida como incrédulos de Dios y el pecado es la forma de vida cotidiana, hasta que finalmente se van de la iglesia y ya no creen. Satanás ganó la batalla sobre ellos.

Todas las tentaciones vienen del diablo quien nos quiere apartar a los hijos de Dios de Dios. Muchos tratan al diablo con ingenuidad, no conocen su naturaleza “angélica” y espiritual y subestiman su gran poder. Satanás era un ángel. Luego cayó. Hay muchos que sí creen en la existencia y la ayuda de los ángeles. Eso también está en la Biblia que Dios envía muchas veces sus ángeles para que nosotros no caigamos en tentaciones.

Satanás es un ángel caído tremendamente poderoso. El tiene en mente ocasionar daños al cuerpo y al alma: falsas doctrinas, desesperación, malos deseos (Is 14:12-15–Eze 28:12-19).

La vida del cristiano está caracterizada por una constante lucha entre el bien y el mal, los ángeles santos y el diablo. Así se expresa en la oración para la mañana y para la noche de Lutero: “Que tu ángel santo esté conmigo para que el mal no tenga ningún poder sobre mí” La palabra de Dios y la oración son las mejores armas. Quien se sirva de éstas, los ángeles estarán de su lado. Las cosas amargas y difíciles a veces nos ayudan para acercarnos más a Dios y valorar más su ayuda. Sobre estas situaciones difíciles y sobre los ángeles de Dios tratan muchos himnos de nuestros himnarios. Paul Gerhardt poetizó durante la guerra de los treinta años:

Anchas ambas alas/ O Jesús mi alegría/ toma tu polluelo/ Satanás me quiere devorar/ Entonces que los ángeles canten/ “esta criatura no será herida”

          En los ángeles podemos ver el accionar del Dios lejano e inaccesible, también como un Dios cercano en la vida de todos los días. Por eso no es falso, cuando los padres le hablan algo a sus hijos acerca del ángel de la guarda (Mt 18:10) La majestad de Dios no es menos por esto. De esta manera los niños puedan tener más en claro que el mundo no es una máquina gigante, cruel e insensible. Dios ama la vida; él quiere cuidar su creación. Las fuerzas del bien que, se pueden invocar por medio de la palabra de Dios son en realidad mucho más numerosas de lo que uno cree.

No tengamos miedo al tentador y a la tentación, pero mantengámonos en comunión con Dios, viniendo a la iglesia a adorar a Dios, participando de la Santa Cena, orando en casa y leyendo la Biblia. Esas son las mejores armas para lidiar con la tentación.

Oremos con la oración escrita por Martín Lutero:

Te doy gracias, Padre celestial, por medio de Jesucristo, tu amado Hijo, porque me has protegido durante la noche de todo mal y peligro, y te ruego también que me preserves y me guardes de pecado y de todo mal en este día, para que en todos mis pensamientos, palabras y obras te pueda servir y agradar. En tus manos encomiendo el cuerpo, el alma y todo lo que es mío. Tu santo ángel me acompañe para que el maligno no tenga ningún poder sobre mí. Amén.