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Maravilloso Cristo

2do. Domingo después de Epifaníavino

“Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo:

—Ya no tienen vino.

—Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? —respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi hora.

Su madre dijo a los sirvientes:

—Hagan lo que él les ordene.

Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros.

Jesús dijo a los sirvientes:

—Llenen de agua las tinajas.

Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.

—Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete —les dijo Jesús.

Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio 10 y le dijo:

—Todos sirven primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora”.

Juan 2:1-11

Ésta, la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
Las bodas de Caná nos conmemoran un momento de alegría tanto en la vida de Jesús, como también en la vida de cada uno de nosotros. A quién no le gusta una fiesta y cuanto más es apreciada una fiesta de casamiento. Las bodas son uno de los acontecimientos más felices en la vida de la gente.

Jesús se encuentra en una fiesta. Había sido invitado junto con sus discípulos; seguramente serían amigos con el novio o la novia.
Y en el medio de esa importante boda sucede algo inesperado, el vino se acaba. La bebida que, nos imaginamos habrá sido mucho más saludable y orgánica que nuestros vinos actuales, era parte de la celebración y acompañaba la comida. No se trataba tanto que eran afectos a beber vino, sino que era la bebida por excelencia para las celebraciones luego del agua. Hoy tenemos innumerables bebidas, gaseosas y aperitivos a disposición; allí no obstante el vino quizás haya sido una de las únicas bebidas especiales con las cuales contaban para una ocasión especial.

Hay muchos que se inquietan al ver la abundancia de vino que se tomaba y que Jesús era parte de esa celebración, aprobando esa manera opípara de beber y de seguro de comer también. Casi seguro que cada uno habrá tomado una copa de más, y no solo para satisfacer su sed, pero también había mucha gente y se necesitaba mucha bebida y como dijimos el vino que se tomaba en aquel entonces era quizás más ligero, más parecido a nuestros mostos actuales, casi se podría decir como un jugo de uvas con poco alcohol. No queremos negar que no se tomara en aquel entonces y tampoco queremos negar que no se pueda festejar con bebidas, pero por otro lado es seguro que hayan sido mucho más saludables y benévolas con nuestros vinos actuales.
Lo cierto es que era una fiesta, un momento de alegría y Jesús fue parte de esa fiesta, y aprobó la alegría y es más intervino milagrosamente para que esa fiesta y esa alegría puedan continuar. Allí manifestó por vez primera su gloria, su poder y su maravilla. Y hoy especialmente en el tiempo de Epifanía queremos recordar su intervención en el mundo y no como un buen maestro como muchos que no creen describen a Jesús, sino como un ser poderoso, como Hijo del Dios Altísimo, también Todopoderoso.

Queremos explicar algunas cosas que nos van ayudar a entender mejor este suceso.
Cuando María le dice a Jesús que no tenían más vino, el responde: “Mi hora aún no ha llegado” con su hora se piensa que es el momento en el cual Jesús debía comenzar su ministerio. Con eso está mostrando quien era él en realidad, y a ese momento sólo Dios lo determinaría.
Luego se habla de unas tinajas que eran usadas por los judíos para purificación. Antes de comer los judíos se lavaban las manos y la cara para no estar impuros. Aunque no se trataba tanto de limpieza como de un asunto religioso: sólo lo que era puro podía estar cerca de Dios.
Se mencionan unas tinajas de piedra que, otras versiones bíblicas dicen que contenían dos o tres cántaros. Estos cántaros en griego eran llamados “metretes” y contenían unos 39 litros. Así que las tinajas contendrían unos 100 litros cada una. El total era de seiscientos litros de agua que se convirtieron en vino.
El maestresala, o el catador o el encargado del banquete como tres versiones de la Biblia mencionan era aquella persona encargada de la preparación previa y servicio nada más que las comidas y bebidas. Algo así como hoy mencionaríamos un servicio de catering para fiestas.
Cuando Jesús realiza ese milagro la Biblia nos habla de señales, que es lo mismo que decir milagros, y nosotros cristianos sabemos que, un milagro es un suceso en el que podemos ver el obrar inmediato de Dios.
Al final se nos habla que Jesús: “Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él”. Gloria quiere decir lo que le da prestigio y poder a una persona. La Biblia acostumbra a mostrar la gloria de Dios mediante un resplandor brillante.

Jesús manifiesta su gloria en medio de un acontecimiento festivo. El favorece y promueve la alegría de su pueblo, en tanto realiza un milagro material y quiere mostrar que su señorío tiene que ver también con este aspecto de la vida de las personas.
Muchas veces nos preguntamos cuál es el sentido de los milagros de Jesús, como curaciones, milagros de multiplicación de la comida, etc. En síntesis podemos decir que él buscaba el bienestar de su pueblo e inclusive dejó la posibilidad también que sus mismos seguidores pudieran llegar a obrar el mismo tipo de milagros cuando nos dice:

“Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas. Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores” Jn 14:11.12

Las señales son parte del ministerio y también de la enseñanza de Jesús. Por medio de las señales él manifestó su gloria y también motiva a sus discípulos a hacer lo mismo. Los discípulos no sólo fueron sus apóstoles y seguidores contemporáneos sino también cada uno de nosotros somos llamados a creer y a realizar señales de Dios por medio de nuestra fe en él. Los milagros también son parte de la vida de los cristianos. Si negaríamos los milagros de Dios, entonces tendríamos que negar la existencia de Cristo como Hijo de Dios, pues él mediante la resurrección mostró el milagro más grande donde se muestra que él es efectivamente Dios. El cristianismo sin el poder patente de Dios sería nada más que una mera doctrina o filosofía o movimiento intelectual o hasta una costumbre o legado cultural; pero no es así. El ser cristianos es una relación viva y que se nutre a diario con el Dios Todopoderoso, y a partir de esta relación con un Dios omnipotente nuestra vida es plasmada también del aspecto sobrenatural.

Jesús en este domingo cuyo tema tradicionalmente es el “Maestro de alegría” nos quiere hablar por cierto de la alegría. De la alegría que viene producto de tener una relación con Dios; de la alegría que proviene de saberse hijos de Dios; de la alegría que proviene saber que los hijos de Dios heredarán el cielo; de la alegría que proviene de saber que tenemos a un Dios omnipresente, todopoderoso, omnisciente que cuida de nosotros cuando clamamos a él y en especial cuando creemos en él.
Para mostrarnos esa alegría una de las señales de su gloria tiene lugar en una fiesta, en una fiesta de bodas que, para nosotros es sinónimo de gran alegría en nuestras vidas. Donde no sólo nos unimos a nuestra esposa o esposo en amor sino también que queremos compartir esa alegría con todos nuestros seres queridos.

La alegría produce gozo, felicidad, risas… ¿Cuántos de nosotros tenemos alegrías a diario? Cuántos de nosotros sentimos el gozo, la alegría que proviene de Dios, del Espíritu Santo de Dios que en primer lugar no es algo producto de las cosas materiales sino que es un gozo constante e interno que viene de la bendición de Dios en nuestras vidas. Las fiestas son lindas porque son alegres, hay risas. Cuántos de nosotros reímos a diario. Cuántos de nosotros podemos reír a diario porque tenemos razones validas para hacerlo. Dios quiere la alegría, la risa, la felicidad y esas risas no vienen por cuestiones materiales. La felicidad proviene en primer lugar de que el Espíritu de Dios habita a nuestro lado, luego todo lo demás es secundario. Si apoyamos nuestra felicidad en las cosas materiales, dinero, salud, propiedades o inclusive hasta en la gente, eso un día se va a terminar. En cambio la alegría que proviene al buscar las cosas de Dios nos llena el alma y nos brinda felicidad todos los días. ¡Cuánto hace que no te ríes de felicidad!

Hay una técnica moderna que se llama riso-terapia. Motivan a los pacientes a reírse y a buscar cosas que les hagan reír o bien comenzar a falsear la risa, también funciona. Se ha comprobado que la risa practicada todos los días genera unas hormonas o drogas naturales muy fuertes en el organismo llamadas endorfinas. Estas hormonas se ocupan de sanar enfermedades en el organismo, son lo opuesto a la adrenalina. Por tanto cuando uno ríe se esta sanando y viviendo más y mejor. Cuando uno es feliz vive más y mejor así lo afirman los médicos.

El vino como en las fiestas de Cana acompaña la felicidad, promueve las risas y el gozo. La gente es feliz cuando está en una fiesta. Jesús hizo el milagro del vino para que todos pudieran seguir festejando. Esa era la intención de Jesús. Pero este milagro también nos muestra que quien tiene la capacidad de prolongar nuestra alegría es sólo Cristo. Si nos mantenemos unidos a él, no solo vamos a poder gozar de la felicidad de las cosas materiales que también están contempladas en el plan de Dios, sino también en la felicidad perenne que proviene de nuestra fe y confianza en Cristo como Hijo de Dios. Amén

La clave para nuestra propia bendición

Primer Domingo de NavidadPrimer Domingo despues de Navidad

“En Jerusalén vivía un hombre justo y piadoso, llamado Simeón, que esperaba la salvación de Israel. El Espíritu Santo reposaba en él  y le había revelado que no moriría antes de que viera al Ungido del Señor.  Simón fue al templo, guiado por el Espíritu. Y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron al templo para cumplir con lo establecido por la ley,  él tomó al niño en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:

 «Señor, ahora despides a este siervo tuyo,
y lo despides en paz, de acuerdo a tu palabra.
Mis ojos han visto ya tu salvación,
que has preparado a la vista de todos los pueblos:
luz reveladora para las naciones,
y gloria para tu pueblo Israel.»
José y la madre del niño estaban asombrados de todo lo que de él se decía.  Simeón los bendijo, y a María, la madre del niño, le dijo: «Tu hijo ha venido para que muchos en Israel caigan o se levanten. Será una señal que muchos rechazarán  y que pondrá de manifiesto el pensamiento de muchos corazones, aunque a ti te traspasará el alma como una espada.»

 También estaba allí Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ana era una profetisa de edad muy avanzada. Desde su virginidad, había vivido siete años de matrimonio,  y ahora era una viuda de ochenta y cuatro años. Nunca se apartaba del templo, sino que de día y de noche rendía culto a Dios con ayunos y oraciones.  En ese mismo instante Ana se presentó, y dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.”

Lucas 2:25-38

A la luz de la profecía de Simeón, y de su adoración, encontramos la clave para nuestra propia bendición, bienestar y felicidad en el año por venir: ésta consiste en adoración, alabanza y gloria a Dios.
En el día de hoy queremos hablar sobre Simeón. ¿Quién era Simeón?

María hizo sus ofrendas de purificación y para presentar al nacido al Señor. Esta expresión significa que todo primogénito israelita tenía que ser rescatado al precio de cinco siclos de plata. También, la madre tenía que ofrecer un holocausto en sacrificio de acción de gracias. Lucas señala que María ofreció la ofrenda de los pobres: «Un par de tórtolas, o dos palominos». Una vez más queda evidente la modestia de medios de la familia. Pero el Mesías, a pesar de su humildad, no debía salir del Templo sin reconocimiento. Simeón, un piadoso anciano, se dirigió al santuario, movido por el Espíritu, y al ver al Niño, lo tomó en sus brazos. Dios le había prometido que no moriría antes de haber visto al Mesías. Simeón dio las gracias, y profetizó que su vida sería célebre y trágica. Ana, anciana profetisa que estaba permanentemente en el Templo, daba también testimonio de que el Cristo había venido. Así, hubo un testimonio notable acerca del verdadero carácter del recién nacido.

Además del testimonio de este devoto anciano Simeón, se nos muestra un aspecto muy importante a tener en cuenta que muchas veces pasamos de lado. En este domingo casi al umbral de un nuevo año, es bueno reflexionar sobre esto: la adoración y la reverencia. La adoración como nos atestigua Simeón es una de las actividades más importantes de los cristianos que, no debería quedar en segundo plano o más bien descuidada totalmente.
La adoración es un afecto y respeto hacia Dios. El Señor demanda una respuesta de corazón, un don de todo el ser. La honra y adoración que se le rinden en razón de lo que Él es en sí mismo y de lo que Él es a aquellos que se la dan. Se supone que el adorador tiene una relación con Dios, y que hay un orden establecido del servicio o de la adoración.

Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación… Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses… Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor. Porque Él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y el rebaño de su mano» (Sal 95:1-7).
Adorar y reverenciar a Dios en el día agitado que el mundo nos quiere vender no es algo popular. El adorar y reverenciar a Dios supone que voy a tomar unos minutos al día para estar en una postura pasiva física y que voy a concentrarme o a meditar en las cosas de Dios. Para ello, necesito la guía de la palabra de Dios que en todo momento está permeada por el Espíritu Santo o también en segundo lugar puede ser tener un devocionario diario que haga referencia a una lectura bíblica. De esa manera podremos concentrarnos en un tema particular de la vida de la fe cada día. Por qué hay que hacer esto todos los días? Porque tenemos que alimentar nuestro espíritu. La misma pregunta podríamos formular respecto de los alimentos para el cuerpo: Por qué hay que comer todos los días? Porque tenemos hambre y porque lo necesitamos para que nuestro cuerpo se mantenga vivo. Por qué nos alimentamos con la palabra de Dios y la oración porque es la única manera de alimentar nuestro Espíritu.

Muchas personas no sienten que su espíritu debe ser alimentado y no sienten tampoco un hambre espiritual. Esto es porque se encuentran espiritualmente anoréxicos. Es decir han perdido el hambre y la sensibilidad por lo espiritual o bien nunca han sabido que el espíritu debe ser alimentado.

No alimentar el espíritu es tan peligroso y aún más que no alimentar el cuerpo. Nuestro espíritu comanda nuestro cuerpo y mente. Tiene control sobre nuestro cuerpo. Pero si el espíritu está débil, la mente se torna débil y por último el cuerpo se corrompe aunque pueda estar suficientemente bien alimentado y vienen por lo general aquellas falencias del cuerpo que llamamos enfermedades. Especialmente aquellas enfermedades que no sabemos a ciencia cierta de dónde podrían haber provenido y por qué.
Esta es una explicación útil y provechosa para saber que necesitamos alimentar nuestro espíritu para estar conectados con Dios. Y eso se logra mediante nuestra reverencia y adoración a Dios diaria que, ocurre mediante la oración y la lectura de la palabra de Dios y también por su puesto por medio de la alabanza, es decir el canto.

Esto debe suceder a diario en nuestras vidas. ¿Que no tenemos tiempo? Entonces cómo decimos que tenemos tiempo para comer e inclusive en muchos casos con gran tiempo para una prolongada sobremesa? Dios no nos aconseja a que estemos mucho tiempo, tan sólo unos pocos minutos al día ya está bien pero debe ser realizado a conciencia sabiendo en primer lugar para que lo hacemos: para adorar y reverenciar a Dios y luego lógicamente con todos los beneficios que ello también nos confiere.
Eso lo debemos hacer a diario. Y hay una parte también muy importante que de la adoración y de la reverencia que Dios nos ordena hacerlo con los demás hermanos y hermanos en la fe por lo menos una vez a la semana, y ese es el culto de la comunidad de fe a la cual pertenecemos.

En el tercer mandamiento Dios nos dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” Es un mandamiento de Dios no es sólo un consejo. Es un mandamiento a adorar a Dios y a reverenciarlo. Y cada uno de nosotros sabemos qué significa un mandamiento.
Quizás cada una de estas cosas que hoy estamos explicando tomando el ejemplo de la adoración de Simeón y de Ana, es algo que ya sabíamos, pero en todo caso es bueno que lo repitamos y especialmente cuando un nuevo año está por comenzar: Si de veras queremos contar con la asistencia y el cuidado de Dios debemos hacer las cosas que él nos manda. La primera es observar el día de reposo y adoración. La segunda es mantenernos a diario alimentados espiritualmente para que nos vaya bien. Para que todo nuestro ser pueda gozar de una saluda integral y podamos tener una buena comunicación y relación con nuestro creador.

Los japoneses introdujeron en el mundo un árbol que se llama bonsái. Se lo mide en centímetros más que en metros como sucede con otros árboles. No se le permite llegar a cualquier lugar cerca de su potencial de crecimiento, sino que crece en una forma de miniatura, atrofiado. La razón de su crecimiento en forma retrasada es que cuando por primera vez brotó fuera de la tierra como un árbol joven, el dueño lo sacó de la tierra y ató su raíz principal y algunas de las raíces que alimentan las ramas y luego lo replantó. Al hacer esto, el productor atrofia deliberadamente su crecimiento mediante la limitación de la capacidad de las raíces para extenderse y crecer en profundidad y tomar suficiente de los nutrientes del suelo para un crecimiento normal. Lo que se hizo al árbol Bonsái por su propietario es lo que Satanás se ha propuesto hacer a los creyentes, si es que puede. Él va a tratar de atar nuestra raíz principal de la oración y de la adoración a Dios. Él quiere limitar nuestra recepción en la oración lo que Dios provee para nuestro crecimiento espiritual.

Como aquellas personas, como Ana como Simeón, si somos sinceros a la hora de rendirnos a Él, nosotros también, no vamos a tener problemas en participar de aquellas cosas que nos hacen bien y sirven para Su gloria y para su adoración; y en eso implica nuestra reputación, nuestro tiempo, nuestras finanzas, nuestros planes.
¿Cómo vamos a mostrar nosotros nuestra adoración al Señor Jesucristo en este tiempo de Navidad? Comencemos invitando a Cristo a nuestro corazón de modo que se transforme en nuestro Señor y Salvador y comencemos a mantenernos firmes en la adoración y la reverencia.

¡Venid adoremos a Cristo el Señor!
Amen

¿Quieres la buena noticia?

—Nochebuena—Krippe

“Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo.  Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor

Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer.»

Así que fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño que estaba acostado en el pesebre.  Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían dicho acerca de él,  y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían.  María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas.  Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho.

Lucas 2:10-20

Es muy probable que, hoy hayas venido a la iglesia a buscar inspiración, fuerzas para vivir, un mensaje positivo, una buena noticia. Si yo estaría sentado en los bancos y no estaría predicando, hoy quisiera escuchar eso en la iglesia. Soy cristiano y creo firmemente en Dios, creo en Jesucristo como mi Señor y Salvador, pero vivo en un mundo plagado de noticias negativas, muchas reales y otras exageradas por la prensa. Pero la noticia negativa está de moda hoy en día. Para la gente no cristiana ser positivo es casi una ofensa. Un autor cristiano afirmó: “No puedes vivir una vida positiva con una mente negativa”. Y en ello hay una gran verdad.

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (RV1960) así nos dice la Biblia acerca del ser humano. Pero no queremos apoyarnos sólo en la capacidad de ser positivos para enfrentar la vida, aunque esto también nos pide Dios, sino y más que nada queremos apoyarnos en la noticia más positiva que existe para transitar nuestra vida del día de hoy y para nuestro futuro más allá de nuestra vida.

Si has venido a escuchar una buena noticia, en esta noche has llegado al lugar indicado: “Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor”

Jesucristo es el único que nos puede dar la mejor buena noticia, para el día de hoy, para el día de mañana, a partir de hoy y por supuesto también la buena noticia acerca de dónde él quiere que pasemos el resto de tu existencia por toda la eternidad.

La intención de la iglesia es anunciar una y otra vez la llegada de un mesías, el Cristo, el salvador de la humanidad y brindar la oportunidad para que las personas acepten ese mensaje de salvación con fe y comiencen a vivir una vida diferente conforme a lo que Dios pide en su palabra la Biblia.

Por tanto hoy venimos a cargarnos las baterías con la mejor de las buenas noticias.

El mundo no tiene luz, las únicas luces, cosas buenas y positivas que vemos han surgido y provienen de cada uno de aquellos que llevan a Cristo en su corazón y son los únicos capaces de echar luz en medio de un mundo de oscuridad.

En el día de hoy estamos aquí porque queremos honrar a Dios, así como lo hacemos cada domingo del año, por habernos permitido alcanzar esa salvación. Por haber venido al mundo, haber dado su vida por nosotros en una muerte en cruz, no obstante haber salido victorioso de la muerte y haber mostrado que él es Dios mostrando el milagro de la resurrección.

Y a esto lo estamos recordando y estamos honrando cada domingo del año de la iglesia.

Allá afuera en la vida de todos los días, hay mucha gente que no es cristiana y que se pregunta ¿En qué consiste esa salvación? Hay mucha gente hambrienta de noticias positivas, de amor, del amor de Dios, pero no saben cómo conseguirlo y buscan por caminos errados que no llevan a buen puerto. A nosotros nos cupe esa responsabilidad, la de anunciarles el camino y conducirlos a la iglesia de Cristo.

Estimados hermanos y hermanas en la fe, la salvación en pocas palabras tiene que ver con ir a vivir con Dios más allá de esta vida. La salvación no es para todos. Muchas veces nos apoyamos en la Biblia para decir que Dios es amor y por tanto como Dios es amor no es malo y por tanto no va a condenar a nadie, todos vamos a ir al cielo. ¿Es verdad esto? La Biblia no lo expresa así. Dios es amor por tanto cada domingo, cada fiesta de la iglesia, cada navidad, en cada predicación cristiana Dios está queriendo que las personas tengan la oportunidad de escuchar el mensaje de Cristo y decidan creerlo, aceptarlo con humildad y comenzar a ponerlo en la práctica.

Hay muchas personas que no son cristianas que no creen en Jesucristo, hay muchas personas también que se dicen cristianas pero tampoco creen en Jesucristo, pues la fe se ve en las acciones de las personas. Y todas esas personas necesitan una y otra vez escuchar el mensaje de salvación de Dios de modo que puedan tener la oportunidad de creerlo y aceptarlo en verdad durante el tiempo de vida que tengan aquí en la tierra todavía.

Jesús vino al mundo trayendo la mejor noticia de todas, la óptima noticia de todas: Dios es amor y porque amó tanto al mundo dio a su Hijo único para que todo aquel que en él crea sea salvo. En el mundo que vivimos las buenas noticias son efímeras y superficiales, sin embargo a los cristianos se nos invita a vivir una vida llena de buenas noticias. La óptima noticia es que a partir del momento en que creemos en Cristo y decidimos cambiar nuestra vida y ponerla a su disposición, recibimos uno de los regalos más grandes del universo, somos salvos, se nos promete ir al encuentro con Dios y con todos los seres queridos que nos han precedido y que hayan andado en los caminos de Dios. Además de eso se nos promete que, durante esta vida tendremos la asistencia de Dios a diario, en cada segundo de nuestras vidas y eso en verdad es una buena noticia, yo diría la mejor de las buenas noticias que jamás podremos llegar a escuchar.

Dios por medio de la Navidad, sí nos está recordando a nosotros que, hay una salvación prometida para aquellos que crean en él, que acepten con humildad que hay un Dios que es mayor que todo logro del ser humano, que es nuestro Dios, Creador, Señor y Salvador.

No es suficiente con recordar las tradiciones de las iglesias para ser salvo. Debe haber un cambio fundamental en mí, no sólo en cuanto a creer en Dios sino también creer en Dios como mi Señor, como mí guía y en tanto cambio mi manera de vivir. Las tradiciones de las iglesias no nos salvan, nos salva en cambio sí un giro espiritual que nos impulsa a cambiar de vida poniendo a Dios en el primer lugar de nuestras vidas y poniendo su palabra como guía de nuestras vidas.

No nos engañemos, no todos van a recibir la vida eterna, aunque Dios sea amor. Por tanto si queremos ser partícipes en esta noche de la buena noticia más grande que hay, en recibir la salvación e ir al encuentro con Dios más allá de nuestra vida, aceptemos a Jesucristo como nuestro Señor y cambiemos nuestra vida. Martin Lutero decía no es lo mismo decir: el Señor Dios que decir “mi Señor Dios”. Si podemos decir lo segundo es porque hay una relación autentica y real con Dios.  Dios es mi Señor, pues me preocupo en hacer su voluntad. “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (Mt 7:21) Esto lo dice directamente Jesús. En este tiempo Dios nos está dando otra vez más una nueva oportunidad de poder decirle a él verdaderamente mi Señor, y comenzar a entablar una relación con él. Yo puedo conocer a una persona y ya está, pero no necesariamente puedo tener una relación con él, llámese una amistad. Dios quiere que nosotros tengamos una relación con él, de ida y vuelta, una relación diaria de honra y obediencia para poder llamarlo mi Señor.

La mejor buena noticia que vamos a escuchar jamás es esta: “Les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor” que está esperando nuestra respuesta que, está esperando un cambio en nuestra vida de modo que no sólo pueda darte la salvación que es lo más importante, sino también bendecir tu vida a partir de hoy en todos los aspectos que te puedas imaginar y darte la soluciones a todos los problemas que puedan estar aquejándote hoy y que quizás hayas venido hoy a la iglesia para buscar una palabra de consuelo. Dios va a solucionar tus problemas pero el primer paso es ponerlo a Dios en el primer lugar de la lista de cosas de tu vida. Hoy es un día de buenas noticias, esta es la mejor buena noticia, aprovéchala para que cada uno de tus días sea una verdadera fiesta de Navidad. Amen

El origen de las bendiciones

4to. Domingo de AdvientoAdventskranz 4. Advent

Entonces María dijo:

«Engrandece mi alma al Señor
y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador,
 porque ha mirado la bajeza de su sierva,
pues desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones,
 porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso.
¡Santo es su nombre,
 y su misericordia es de generación en generación
a los que le temen!
 Hizo proezas con su brazo;
esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
 Quitó de los tronos a los poderosos
y exaltó a los humildes.
 A los hambrientos colmó de bienes
y a los ricos envió vacíos.
 Socorrió a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
 —de la cual habló a nuestros padres—
para con Abraham y su descendencia para siempre.»

 

Lucas 1:46-55

 

María: humillación ante Dios—Engrandece a Dios—Reconoce al Salvador y al Señor

Estuve del dentista el otro día y al verme me dijo: ‘Así que en la iglesia dicen los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos’, y me lo dijo a manera de chiste, sin saber siquiera el significado y sin saber quién había pronunciado aquellas palabras.

Me detuve pensando en esas palabras de Jesús que, son muy importantes cuando tenemos que ver el testimonio de María.

María una joven humilde y sin un poder o riquezas humanas visibles, casi se podría decir que se asemejaba a una cenicienta como la de los cuentos. Y de repente es engrandecida por Dios. Quizás no se haya aún visto en esta vida, ante los ojos de los seres humanos en qué consiste esta grandeza. Pues no ha sido una grandeza humana. Pero al final de los tiempos María será una de las personas de la Biblia más bendecidas. Dios la eligió para que por medio de ella nazca Jesucristo, el Hijo de Dios, el salvador. Y eso en el cielo es uno de los honores más grandes.

 

En esta vida, los roles están invertidos. Por lo visto, los que más dinero tienen y los que más poder tienen parecen ser los más privilegiados y bendecidos aunque en la mayoría de los casos lamentablemente no es así. Sólo los que se humillan a Dios y colocan las cosas de Dios en primer lugar podrán conservar sus bienes y su poder según los criterios de Dios.

Las personas poderosas o ricas que no se humillen ante Dios y no reconozcan a Cristo, como Señor y Salvador, y no respeten la ley de Dios, se les será quitado todo lo que tienen. Y esto vale también para los que no son ricos o poderosos, pues lo que a Dios más le importa es que obedezcamos sus mandamientos.

María es un ejemplo de una persona, una mujer que, vivía conforme a Dios y que temía a Dios. Y Dios eligió de entre este tipo de personas para una misión y bendición muy importantes.

De la misma manera, Dios nos puede utilizar y puede bendecirnos para tareas muy importantes y trascendentes si nos humillamos a Dios, si le tememos como la Biblia lo expresa y respetamos sus mandamientos.

 

Alegría—Justicia, salvación—Misericordia—para los que temen a Dios.

La Navidad para los cristianos quiere ser un tiempo de alegría. De alegría porque esperemos la segunda venida de nuestro salvador en gloria que, vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos y a establecer la justicia divina, perfecta y definitiva y junto con ella nuestra salvación, nuestro destino eterno ir a vivir al paraíso con Dios. Esa es la alegría de la Navidad. Pero sólo pueden degustar de esta alegría todos aquellos que, son conscientes de esta buena noticia y ya conocen a Cristo y están seguros de su salvación. Si esto no sucedió aún en nuestras vidas, la única alegría que podremos sentir durante el tiempo que celebramos la Navidad es una alegría material y efímera.

Sin embargo para cada uno de los que han aceptado a Cristo y con temor le servimos Dios, como a María, nos mostrará su gran misericordia.

 

Promesas—Justicia, bendición—Maria la bienaventurada.

Dios por medio de su Hijo Jesucristo es quien promete y cumple. Qué bueno es cuando se cumple lo que se promete. Hay muchos tipos de promesas. Dios nos está prometiendo algo muy grande. Nos está prometiendo la salvación eterna, más allá de nuestra vida. ¿No debería ser esto un motivo de alegría? ¿No debería ser esto un motivo de agradecimiento a Dios? Nosotros que nos decimos cristianos tenemos consciencia de esto, de que ya somos salvos?. He escuchado que muchos dicen si Dios quiere vamos a ir al cielo. Sí Dios quiere que vayamos al cielo el lo dice en Hch 16:31 : “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” esa es una promesa de Dios. Por tanto si creemos en Dios estamos ya seguros que Dios quiere nuestra salvación. Si no tenemos esa seguridad es porque todavía no hemos entregado nuestra vida a él con fe y con confianza.  No se puede vivir en la alegría y en la paz de Dios si aún no hemos dado ese paso de fe, entrega y humillación delante de Dios. La humillación como la de María.

 

Justicia—las prioridades del reino de Dios—Los ricos y poderosos que no se humillen ante Dios son destituidos de sus bienes y poder. Y no sólo a los ricos y a los poderosos sino a cualquiera que no tema a Dios: esparció a los soberbios…Quitó de los tronos a los poderosos… a los ricos envió vacíos

Dios nos promete, una justicia divina para todo el mundo. Para Dios no importa el poder, o el dinero que tengas. Para Dios lo más importante es la entrega que muestres hacia él. Para Dios lo más importante es ver en qué lugar lo pones a él en tu vida. Si de veras, lo pones en el primer lugar de tu vida, el va a extender tus bienes y bendiciones. Así como lo fue con María: “…desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones… su misericordia es de generación en generación a los que le temen… exaltó a los humildes… A los hambrientos colmó de bienes”

 

En este domingo se nos recuerda la alegría. La alegría que sintió María en los primeros meses de embarazo, cuando se encontraba de visita en la casa de su prima Isabel y era testigo de la experiencia de llevar en su seno al Cristo, al salvador del mundo, y allí es donde ella compone ese magnífico salmo de alabanza a Dios.

A su vez se nos quiere recordar la alegría de saber que para todos aquellos que hemos aceptado creer en Jesucristo, como Hijo de Dios y salvador de mundo, nos resta sólo esperar al final de los tiempos su venida, estemos vivos aún o hayamos fallecido ya muchos años: “Y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”.

Esa es la alegría que queremos expresar en esta época de Adviento y Navidad. La Navidad es una fiesta de la iglesia en primer lugar y de la familia, pero no debería acotarse a este tiempo. Es una alegría que debería permanecer constante durante todo el año. Y la única manera de alimentar esa alegría es manteniéndonos en contacto con Dios, por medio de la oración diaria, la lectura diaria de la Biblia y nuestra participación activa en la iglesia. Ser cristianos no es una tradición o una costumbre es una forma de vida, es una relación diaria y semanal que tenemos con Dios y que queremos compartir con otros cristianos en comunidad. No se puede mantener la  llama de la fe y de la alegría sin el Espíritu Santo de Dios. No se puede mantener la llama del Espíritu Santo de Dios si no la alimentamos por medio de una relación viva, diaria y semanal con Jesucristo por medio de lo que mencioné.

Que Dios en este tiempo de Adviento y Navidad nos permita descubrir, la alegría de ser cristianos, la alegría de sabernos ya salvos, la alegría de buscar su palabra y su iglesia incesantemente, la alegría de ver en verdad sus milagros y bendiciones es decir su actuar en nuestras vidas. De esa manera sólo podremos comprender el sentido de la alegría de la Navidad. Amen.

Promesas verdaderas

Tercer Domingo de Adviento3ro Adviento

“Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en otras ciudades.

Juan, que estaba en la cárcel, se enteró de los hechos de Cristo y envió a dos de sus discípulos para que le preguntaran: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?» Jesús les respondió: «Vuelvan y cuéntenle a Juan las cosas que han visto y oído. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncian las buenas noticias. Bienaventurado el que no tropieza por causa de mí.»

Mientras ellos se iban, Jesús comenzó a decir a la gente acerca de Juan: «¿Qué fueron ustedes a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa elegante? Los que se visten con ropa elegante se encuentran en los palacios. Pero ¿qué es lo que ustedes fueron a ver? ¿A un profeta? Yo les digo que sí, ¡y a alguien mayor que un profeta! Porque éste es de quien está escrito:

“Yo envío mi mensajero delante de ti,
El cual preparará tu camino.”
Mt 11:1-6 (7-10) 

Tercer domingo de Adviento, si bien todas estas son tan sólo hermosas tradiciones navideñas, me gustaría poder expresarlo de una forma un tanto más extrema y me gustaría poder decir que una semana más de las cuatro que recordamos del Adviento ha pasado y esta es la tercera vez que tendremos la oportunidad de escuchar un mensaje de Adviento que nos llama a aceptar a Jesucristo como Hijo de Dios y mesías enviado al mundo. Los mensajes de Adviento, por cierto tienen muy poco de navideños, en el sentido de lo que por lo visto muchos piensan qué es la Navidad. Muchos piensan en la Navidad como una época de adornos, regalos, comidas, encuentros familiares, recuerdos hermosos. Todo eso está bien, pero eso no es el mensaje central de la Navidad según la Biblia. La Navidad tiene que ver con vivir a Cristo todos los días de nuestra vida y mostrarlos con nuestra participación en una comunidad cristiana todos los domingos del año. La alegría de la Navidad es como la frutilla de la torta. Muchos tienen la frutilla de la torta pero lamentablemente no tienen la torta, no pueden disfrutar de comer la torta. Y la torta entera, si me permiten la comparación es vivir una vida en Cristo con la bendición que viene de Dios, por permanecer fieles a él. Si no hay una vida plena y comprometida con Cristo y su iglesia, ninguna lucecita navideña lo podrá reemplazar.

Durante los domingos de Adviento se nos habla especialmente de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo al mundo y de la inminencia de su venida. Desde los primeros tiempos de la iglesia cristiana, se celebró en primer lugar el Adviento antes que la Navidad. Los primeros cristianos le dieron un gran lugar a la recordación de la inminente segunda venida de Cristo al mundo.

Durante los cuatro domingos de Adviento queremos predicar sobre cuatro temas fundamentales de nuestra fe cristiana. El primer domingo el tema es: El Señor que viene, el segundo domingo es el Salvador que viene, el domingo que viene el cuarto domingo de Adviento será: La alegría se aproxima. Pero en el domingo de hoy 3er. Domingo de Adviento hablaremos sobre el precursor del Señor. Centrándonos en la figura de Juan el bautista.

Por tanto durante el Adviento predicamos sobre Jesús como el Señor de nuestras vidas, es decir un Dios que pide obediencia a su palabra. Predicamos sobre el salvador que viene, un Dios que vino a traer salvación sólo para aquellos que crean en él. Hoy hablaremos de aquellos que dieron su vida para anunciar a Cristo como Hijo de Dios, para que todos puedan aceptarlo.

Y el próximo domingo hablaremos de la alegría que se está aproximando cuando el Señor venga en su inminente segunda venida para todos aquellos que le hemos aceptado que, creemos en él y que hacemos todo lo posible por agradarle; la alegría que nos producirá ir al cielo al encuentro con él. De eso se trata el Adviento. Durante el tiempo del Adviento usamos el color púrpura en nuestros antependios litúrgicos, el mismo color que usamos en la cuaresma. Ustedes se preguntarán que tienen de parecidos la cuaresma, un tiempo de meditación, de reflexión y de penitencia. Y podemos decir que casi exactamente lo mismo. Eso representa el color púrpura en los colores litúrgicos. Si bien no es tan importante todo esto para los cristianos, son tan sólo símbolos, ayudas que nos hacen recordar los distintos motivos de predicación durante el año. Y todas las costumbres que en la vida de la iglesia nos ayuden a recordar a Cristo y a la proclamación del Evangelio son bienvenidas. El Adviento es una oportunidad para hacer penitencia, para arrepentirse a Dios si en el año que pasó no hemos sido fieles a la Iglesia de Cristo o si incluso aún no le hemos aceptado como Señor y Dios. Por tanto es un tiempo que demanda reflexión. Luego de haber escuchado estas predicaciones de Adviento quizás estaremos en condiciones de concentrarnos en la alegría que significa saberse salvos por Cristo por haberle aceptado. Y cada uno de los días a continuar del año podrá ser como una verdadera fiesta de Navidad, pero real y auténtica.

“Juan, que estaba en la cárcel, se enteró de los hechos de Cristo y envió a dos de sus discípulos para que le preguntaran: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”
Juan el bautista se encontraba en la cárcel, por haber sido fiel a Dios. El había anunciado sin temor durante los últimos tiempos la venida de un salvador. Había anunciado a Cristo. Y allí estando en la cárcel, angustiado y desahuciado, nos imaginamos, mando a preguntar a Jesús aquello. Quizás tenía dudas de si lo que él había anunciado y trabajado había valido la pena.

Muchas veces cada uno de nosotros los que trabajamos en la iglesia ya sea de forma voluntaria o profesional, los que dedicamos nuestra vida al trabajo en la iglesia, tanto sea pastores, predicadores o miembros de las comisiones directivas de las iglesias o diáconos o sacristanes o músicos o líderes de las mujeres o catequistas, nos preguntamos para qué. Ha valido la pena todo el trabajo que hacemos durante el año. Ha valido la pena gastarnos la voz para anunciar a Cristo. Ha valido la pena invitar a los miembros de nuestra familia. Ha valido la pena venir a la iglesia fielmente todos los domingos del año. Ha valido la pena dar generosamente durante todo el año. Ha valido la pena dar una parte importante para la obra de Cristo en la iglesia. Y aún fuera de la iglesia, ha valido la pena el superar mi vergüenza o mi incomodidad y hablarle de Cristo y la iglesia y de mi fe a aquellos duros de corazón o que incluso todavía se burlan de la iglesia porque no se han entregado todavía seriamente a Dios?

Si a Juan el bautista un profeta de Dios, le costó y estando en la cárcel un lugar donde un hijo de Dios no merecería estar jamás allí tuvo un moneto de duda y de debilidad y se formuló aquella pregunta. Cuánto más a nosotros nos puede suceder lo mismo y especialmente a esta altura del año cuando todo termina y comenzamos a hacernos balances en todos los sentidos.

Y qué le contesta Jesús a Juan el bautista:
«Vuelvan y cuéntenle a Juan las cosas que han visto y oído. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncian las buenas noticias. Bienaventurado el que no tropieza por causa de mí.»

Jesucristo le confirma a Juan que el poder de Dios se había manifestado en él que él en verdad no había anunciado una nueva filosofía. Como una vez una persona me dijo cuando yo predicaba l apalabra: ¡Pero esa es tu fe, esa es tu manera de ver las cosas! Yo tan sólo me anime a contestarle a esa persona. Sabes no estás equivocada no es mi fe. Lo que yo estoy hablando lo saqué de este libro que es la palabra de Dios. Si tú no quiere creer está bien, pero no me digas que no crees en mí, juégate y dile a Dios, Dios no creo en tu palabra.
Jesús le mostró a Juan que él era Dios para sanar y para perdonar pecados y para hacer milagros y maravillas que iban más allá del entendimiento de los sin fe.

Y agrega algo muy importante: Bienaventurados aquellos que no tropiezan en su fe. Es decir como dice otra versión de la Biblia: serán bendecidos aquellos que se han mantenido fieles a él.
Por tanto esa es nuestra palabra de esperanza para todos los que hemos trabajado en la iglesia este año y para cada uno de los que se mantuvo fiel a él. Dios en su palabra nos asegura su bendición. No así a los que tropiezan. Y esa es una muy buena noticia. Qué hermosa Navidad podría ser esa si mantenemos la promesa de esa buena noticia. Estamos siendo bendecidos y vamos a seguir siendo bendecidos durante el 2015 todos aquellos que nos hemos mantenido fieles a él.

Ese es el mejor regalo de Navidad y para todo el año 2015 que podemos recibir por haber permanecido fieles a él nos va a recompensar. Por tanto mantengámonos firmes en la fe y con valentía hagamos las cosas que Dios nos pide para su iglesia porque las promesas de bendición se multiplicarán para con esta iglesia y para cada uno de sus obreros.
Somos mensajeros de Dios y Dios promete bendecirnos. Amén.

Celebramos al Dios de la vida

Domingo de la eternidadVida

“Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: «¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación.»  Pero intencionalmente olvidan que desde tiempos antiguos, por la palabra de Dios, existía el cielo y también la tierra, que surgió del agua y mediante el agua.  Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado.  Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos.

Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.

Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada.

Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable  y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas.  Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia.

2 Pedro 3:3-13 [NVI]

En el día de hoy último domingo del año de la iglesia, queremos reflexionar acerca de las cosas ultimas, pero especialmente como el nombre del domingo lo dice acerca de la eternidad, de la promesa de salvación, del cielo nuevo y de la vida nueva prometida a cada uno de los hijos de Dios.

Hoy queremos hablar acerca de la esperanza, acerca de la promesa, acerca de la vida eterna prometida por Dios y de la esperanza de ayuda y presencia de Dios en cada instante de nuestra vida. Creemos en un Dios que fue crucificado, pero especialmente creemos en él porque resucitó porque venció a la muerte y a los infiernos y que vendrá en gloria a juzgar a los vivos y a los muertos. Por tanto creemos en un Dios vivo que, vive y tiene poder. Creemos en un Dios que está por encima de la muerte y de todo pesar y angustia. Creemos en un Dios de victoria, de gozo, de vida eterna, de milagros, de poder, de salvación de alegría, de paz y de amor.

Ese es el Dios de los cristianos ese es el Dios que salva y sana y revive a los cristianos y a las iglesias. La vida en el mundo está demasiado llena de muerte y pecado y nuestro Dios Jesucristo es un Dios que no manda pecado y muerte, aunque si juicio y vida eterna para todos los que decidan creer en él. Dios es un Dios que a pesar de la realidad de la muerte, el venció a la muerte y al diablo y nos quiere dar esa vida. Así como él lo promete: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10:10) los cristianos queremos aferrarnos más a la vida que a la muerte. Porque sabemos, si bien la muerte es una realidad, sabemos también que para los que hemos entregado nuestra vida a Cristo, ésta es tan sólo un paso más que nos conducirá al encuentro con nuestro Señor.

En nuestros días sin embargo, nos podremos encontrar con personas que, no crean más en Cristo, en la Biblia, en la iglesia. Personas que, creen que porque todo lo tienen, pueden llegar a manejar también la existencia o no de Dios. Personas que hasta incluso reniegan de la fe y hasta se burlan de la iglesia. Como una persona que una vez llamé por teléfono para invitarla a la iglesia y me dijo bien claro: ¡Yo pastor no necesito de la iglesia!, discúlpeme.  Cuando uno escucha estas palabras, lo primero que siente es rechazo a esas personas, pero después eso se convierte en pena y en lástima que haya personas que desprecien la invitación de Jesucristo, pues creen que están más allá de Dios que, con su propio pensamiento y lógica, con sus propios logros de la vida quieran pensar que Dios es un cuento o una historia inventada. El apóstol nos dice lo que dirán: “Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: «¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación” Es verdad hay gente que se mofa de los cristianos, de la iglesia pero también leemos en la Biblia, lamentablemente que Dios es también un Dios de juicio. »Si en alguna casa o pueblo se niegan a recibirlos o escucharlos, salgan de ese lugar y sacúdanse el polvo de los pies en señal de rechazo. Les aseguro que, en el día del juicio final, ese pueblo será más castigado que las ciudades de Sodoma y Gomorra”

Lamentablemente Dios es también un Dios de juicio. Y digo lamentablemente pues hay muchas personas que no se salvarán y eso es una realidad. Sin embargo hay tantas otras que claman por justicia que, han sido tratadas injustamente en la vida que han sufrido el maltrato de los demás, la habladuría, la calumnia, la deshonestidad, el fraude, la traición, la violencia, la tortura, la muerte y no han visto la justicia de Dios durante sus vidas. Dios nos dice, sin embargo que, va a ver justicia para sus hijos e hijas al final de los tiempos y una justicia perfecta de sabia equidad.

Hay personas especialmente los que se mofan de la Biblia y atacan a los cristianos que están siempre buscando la paja en el ojo ajeno, es decir ver el error del otro y no aportar y quizás dejarse interpelar por la Biblia. Generalmente los que atacan a la Biblia y la iglesia son personas que no leen la Biblia, que no la conocen. Pues de otro modo no lo harían, pues estarían ya bendecidos por el Espíritu Santo a través de la lectura de la misma.

Muchos decían en la época del apóstol: ‘cuándo vendría la segunda venida de Jesucristo’. Ni aún los ángeles del cielo lo saben, menos debemos pretender nosotros querer saberlo y encima juzgar a la Biblia como mentirosa. “Un día es como mil años, y mil años como un día”, los tiempos de Dios, los días de Dios no son como los nuestros.

Si él se está tardando en todo caso es porque está esperando el arrepentimiento de muchos para que puedan heredar, recibir la vida eterna. Pues hay algo claro, si no nos arrepentimos y aceptamos a Jesucristo como  nuestro Señor y Salvador no vamos a heredar la vida eterna. Eso es un hecho, es la justicia divina.

Dios es amor, pues él quiere que todos se salven, pero hay un tiempo establecido para ello y ese tiempo es el tiempo de nuestra vida. Por tanto si aún no lo hemos hecho, urgente tenemos que ponernos en orden con Dios y rendir nuestra vida a él y aceptarlo como Señor y Salvador comenzando a creer en él y a congregarnos con otros cristianos.

“Pero el día del Señor vendrá como un ladrón” Así también se nos decía en las lecturas para cultos pasados. Quiere decir que en cualquier momento puede venir Jesucristo y por eso debemos estar preparados.

¿No deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable  y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Así nos exhorta el apóstol. Puesto que creemos en la justicia divina de Dios y hemos creído en Jesucristo y le hemos aceptado y somos parte activa de la comunidad de creyentes, tenemos que estar tranquilos y vivir nuestra vida con felicidad sabiendo que, esta vida no lo es todo. Que hay una vida eterna para todos los hijos e hijas de Dios, por tanto por agradecimiento y sentimiento de paz y felicidad hacemos todo lo posible para agradar a Dios y amarnos unos a otros como él nos enseño.

Los cristianos creemos y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva. Esa es la promesa de Jesucristo. No es que negamos la muerte como parte de la realidad, sino que nos centramos especialmente en la vida que Dios nos regala en esta tierra para amarle y honrarle durante nuestra existencia y nos centramos en la promesa de una vida eterna que vendrá como recompensa para todos los creyentes más allá de esta vida.

Y especialmente cuando celebramos en los cementerios, allí en el lugar de la muerte, hablamos de la vida. Cuando celebramos cultos para los difuntos en los cementerios nos queremos concentrar no en todos los difuntos. Como cristianos sólo recordamos a los santos, es decir a aquellos que han vivido una vida en Cristo que, se han entregado a Cristo y los honramos porque nos dieron el ejemplo a seguir, porque honraron a Dios y a la iglesia con su entrega y sus testimonio y confiamos que ellos sí van a recibir la salvación. Nosotros cristianos luteranos no oramos por los muertos, ni intercedemos por los muertos. Los fallecidos ya han tenido su oportunidad de redención en vida. Nosotros cristianos evangélicos honramos la vida y atesoramos la promesa de la vida eterna para todos aquellos que se han entregado ya en esta vida a Dios y han comenzado ya a vivir una vida como Dios manda. Por eso es que nos centramos en este domingo en la eternidad. Dios murió, pero resucitó está vivo y esa es la razón de nuestra fe y esperanza.

“¿No deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?

Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia”.

Cuando nos concentramos en las cosas últimas nosotros los cristianos nos concentramos en la vida, en el Dios de luz, de amor de alegría y de paz. Claro pero para eso primero debe haber paz de espíritu en la persona. Si no tenemos todavía paz de espíritu en Dios, si todavía no hemos hecho las paces con Dios es muy difícil que podamos concentrarnos en la vida y en las promesas de Dios. Hoy Dios nos acerca una oportunidad más para aceptarlo a él. A entregarnos a él a aceptar creer en él como nuestro Señor y Salvador y a comenzar a congregarnos fielmente en su iglesia. El juicio divino es inminente y una realidad pero para los que hemos aceptado a Cristo, es una noticia de alegría y una promesa de paz, de luz de vida, pues nos espera un cielo nuevo y una tierra nueva. Amen.

Cristianos veraces

 Penúltimo Domingo del año eclesialcristianos veraces

“El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”

Lucas 11:23

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Sal 50:1-23

Jer 8:4-7

2 Co 5:1-10

Mt 25:31-46

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¿Por qué las personas son bautizadas o incluso confirmadas en la iglesia? Bautizamos y confirmamos personas no porque sea parte de una honorable tradición cristiana. Tampoco bautizamos para mostrarles a la gente y a Dios cuán cristianos somos. Tampoco bautizamos porque pensamos que una persona va a estar así protegida de enfermedades y accidentes durante su vida. No, bautizamos por una razón clara y simple, porque Jesús nos encomendó bautizar. Jesús dijo luego de su resurrección a los once discípulos (Judas quien lo había traicionado ya no vivía más): “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”. (Mt 28:19-20)

Once discípulos por tanto recibieron el mandato de ir y bautizar, once amigos de Jesús. Esto puede relacionarse hoy con un equipo de fútbol. El equipo de fútbol es una buena comparación acerca del ser cristianos y acerca del reino de Dios, si me permiten el ejemplo. Cuando alguien es aceptado en el reino de Dios por medio del bautismo esto es un honor muy grande, así sucede también cuando un jugador es llamado para jugar en la selección nacional de fútbol. Quien sea jugador de fútbol pertenece al equipo de un director técnico nacional y quien sea bautizado, pertenece al equipo de Jesucristo. Esta comparación nos ayuda a entender la palabra de nuestro Señor  que queremos tratar en el día de hoy: Quien “está con Jesús”, pertenece a su equipo, a sus discípulos, a su familia, a su pueblo a su reino. Ser cristiano no es una filosofía más, tampoco es una convicción personal, sino que ser cristiano significa la pertenencia al reino de Dios que, él mismo nos regala. No hay nada mejor que pertenecer a Jesús y a su iglesia.

Cuando el director técnico del equipo de fútbol convoca a la selección nacional él espera de aquellos convocados que “se jueguen” con toda sus fuerzas por el equipo. Y cuando Jesús llama a las personas a ser sus discípulos por medio del bautismo, él espera de ellos en todo caso que “se jueguen” con todas sus fuerzas por el reino de Dios. En el Sermón del Monte lo expresó bien claro: “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt 6:33) Y en la palabra para el día de hoy nos dice: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”. En la comparación con el equipo de fútbol se lo aprecia bien. Quien no aparezca al entrenamiento, está rechazando al equipo y con ello muestra que para él no es algo que le importa. Y quien como bautizado no se reúna con los demás cristianos a escuchar la palabra de Dios, está demostrando que el reino de Dios no tiene importancia para éste.

Quien como jugador de fútbol no atienda las indicaciones del técnico pone en peligro el juego mismo de todo el equipo. Y quien como bautizado se burle de los mandatos de Dios, está no sólo dañándose a sí mismo sino también a sus semejantes.

Quien como jugador de fútbol durante una competencia se quede haraganeando en el banco de suplentes o le guste tirarse en el césped de la cancha, es porque carece del empuje necesario. Y quien como bautizado arroja por tierra sus dones o se compromete sólo parcialmente para Dios y para su iglesia, muestra que no está tomando a Dios en serio.

Si un arquero sale de su posición y deja el arco sin protección porque dice que él sólo quiere hacer goles, entonces no ha comprendido cuál es su lugar en el equipo. Lo mismo sucede cuando los cristianos no están de acuerdo con el lugar que Dios les ha asignado en la vida, por ejemplo como padres que deben educar cristianamente a  sus hijos; o como personas que reciben un salario y que deben comprometerse a contribuir también con su iglesia; o como miembros de comisiones directivas que deben comprometerse en la vida de la congregación; o como pastores que deben predicar la fiel y verdadera palabra de Dios sin tergiversaciones. Estos son un par de ejemplos que nos muestran cuáles son las cosas que Jesús espera de sus discípulos y qué significa “estar con Jesús”. Eso es lo que pensamos cuando Jesús nos dice: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”

¿Quién de nosotros todos no se siente interpelado por este llamado de Jesús? ¿Quién puede afirmar seriamente que, busca en primer lugar el reino de Dios y “se juega” lo suficiente en el equipo de Jesucristo?

Seamos claros, lo que Jesús menos puede soportar es tibieza.

Un ateo convencido es mejor para Jesús que un cristiano a medias. A la congregación en Laodicea se dirigen las firmes palabras de Jesús: “Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”. (Ap 3:15-16)

Sí, así dice en la Biblia: “te vomitaré”. Para Jesús el cristianismo tibio es vomitivo. Y por eso nos dice el texto para hoy: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”.

¿Qué es lo que significa entonces –“recoger” con Jesús?

Un equipo de fútbol no consiste simplemente de una “amorosa comunión”, sino y especialmente de ganar. Y el equipo de Jesús consiste no sólo en ser una “hermosa congregación” sino en ganar personas para el reino de Dios. Es eso exactamente  lo que se piensa con “recoger”. Es interesante el uso que Jesús hace de este verbo. Por ejemplo cuando habla de “recoger” la cosecha en graneros. He aquí una imagen sobre la misión y para salvación eterna. Dios recoge los frutos para la vida eterna en sus graneros. O por ejemplo el otro uso de “recoger” en la pesca con l ared. Otra imagen acerca de la misión y el cielo. Con esta imagen llama Jesús a Pedro, uno de sus discípulos principales a seguirle: “—No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5:10). Exactamente, es en esta cosecha y en esta pesca donde todo el equipo de Jesús ayuda. Y cada uno según sus posibilidades, capacidades y fuerzas. Cuando los padres traen a sus hijos pequeños a la iglesia para que aprendan la palabra de Dios, están allí “recogiendo” con Cristo. Cuando los cristianos van los domingos a la iglesia y no se sientan allí sólo de forma pasiva, sino que alegres deciden alabar a Dios y confesar claramente su fe, entonces están allí “cosechando” de la misma forma que Jesús lo pide.

Y cuando en la vida de todos los días se testimonia por medio de palabras y obras acerca del amor de Dios, eso es entonces “recoger” junto a Jesús.

Escuchemos una vez más sus palabras: “El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce”.

Jesús no está pidiendo de nosotros algo fuera de lo común o esfuerzos extraordinarios, o cosas que no estamos en condiciones de hacer. Hay una gran diferencia entre un equipo de fútbol y el equipo de Jesús. Del equipo de fútbol se espera tan sólo que gane y consiga el título. Si no se puede obtener la copa por mucho tiempo, los jugadores se cambian y hasta el técnico también y se exige aún más de los nuevos convocados. Pero Jesús no actúa de esa manera. Quien permanezca fiel a él, podrá pertenecer por siempre a él, aunque no haya tenido grandes logros. Pues para Jesús no cuentan las obras y grandes sacrificios en primer lugar, sino para Jesús cuenta en primer lugar sólo la fe y un corazón honesto y convencido en él. Y eso lo podemos ver en una persona que se va a bautizar, esta persona no pueda más que dejarse bendecir por la Gracia de Dios. Y allí mismo esa persona puede afirmar de qué se trata en todo caso en el reino de Dios: que la persona accede a ser obsequiada por Dios. Quien invite al reino de Dios de la misma forma, está recogiendo con Cristo. No importando si lo logra o tan sólo si lo intenta, no importando si gana a muchos o si gana unos pocos. Esa persona no obstante es y permanece en el equipo de Jesús, sigue siendo discípulo de Jesús, en el reino de Dios, en la una santa iglesia cristiana que nunca se acabará. Amen